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miércoles, 16 de septiembre de 2026

MICROTEXTOS VXIII

El infierno

El infierno no se encuentra en el subsuelo, donde se mueven las lavas candentes, sino sobre la faz de la tierra, donde campean los jinetes del Apocalipsis, sembrando el pánico y la muerte, las enfermedades, la miseria, las injusticias sociales, las guerras y los desastres naturales. No hace falta llegar al infierno para saber lo que es el infierno, porque el infierno está aquí, con nosotros, entre nosotros. ¡¿Qué más infierno que el que padecemos en nuestras vidas, una veces de día, otras veces de noche?!

Revolución y contrarrevolución

Los revolucionarios, con los ideales al mismo lado donde tienen el corazón, piensan que primero deben cambiarse las estructuras socioeconómicas del sistema capitalista, para después cambiar tanto la mentalidad como la conciencia de los humanos. Están convencidos, hasta la médula de los huesos, que esos cambios permitirán forjar al hombre nuevo y establecer una nueva sociedad sin explotados ni explotadores. No obstante, lo que no se les pasa por la mente, por sí las moscas, es la posibilidad de que pueda surgir una nueva élite burocrática dentro del Estado socialista, como una fuerza contrarrevolucionaria dispuesta a revivir las mismas relaciones socioeconómicas de la vieja sociedad, que la revolución creía haber sepultado de una vez y para siempre.

La dinamita

En 1867, el químico sueco Alfred Nobel inventó la dinamita, mezclando la nitroglicerina con la tierra de diatomeas, y los mineros bolivianos aprendieron a usarla con destreza para reventar las rocas y extraer los minerales del vientre de la Pachamama.

Lo que nunca imaginó Alfred Nobel era que los mineros usarían también las dinamitas, troceadas en pequeños cachorros, para hacerlas detonar en las marchas de protesta como si fuesen petardos lanzados al aire en los días de fiesta.

Así fue como este potente explosivo, puesto en manos de los mineros bolivianos, fue un recurso de lucha tan mortal como las armas de fuego.

País soñado

El país de las maravillas, donde se vivía en paz y todo era amor y felicidad, no tenía un sistema económico capitalista ni comunista, sino un sistema donde el valor no estaba en el tener sino en el ser; era un país donde todos gozaban de los mismos derechos, necesidades y responsabilidades, un territorio libre donde se habían derribado los muros entre el hemisferio sur y el hemisferio norte, entre ricos y pobres, entre blancos y negros, entre indios y gringos, entre hombres y mujeres, entre gobernantes y gobernados, entre dioses y diablos; era un país ideal donde se habían construido puentes de comunicación entre las diversas culturas, razas, lenguas, religiones, ideologías y géneros; era un país que no existía en la realidad, sino en la mente de los humanos que soñaban con la libertad, la paz y la justicia social.

La música

Las melodías armoniosas de las músicas que me encantan, hechas con voces, instrumentos de cuerda, viento y percusión, se me clavan como dardos de amor y esperanza en la mente y el corazón, como a todo amante de la música que fusiona lo antiguo y lo moderno, lo nacional y lo internacional, en un haz de sonidos y silencios que hacen vibrar de emoción y goce estético al son de ritmos escuchados con los oídos aguzados y el alma en vilo.

Miedo a la libertad

Nosotros tenemos temor de dar un paso hacia lo desconocido. Dar un paso adelante puede tener consecuencias funestas. No es fácil ponerse a andar por caminos desconocidos. No en vano reza el dicho popular: Más vale ir por camino conocido que cientos por conocer.

El hecho de no dar un paso en falso, por miedo a perder lo poco o lo mucho que ya se tiene, es también el miedo a la libertad, Por eso tememos a los revolucionarios, quienes pugnan por abolir la propiedad privada de los grandes medios de producción. Incluso algunos han llegado a sentir miedo de la muerte, como si sus vidas hubiesen sido compradas para vivir una eternidad.

La trágica muerte del dictador

El presidente René Barrientos Ortuño, exboxeador, piloto de aviación y general golpista, cargaba en su conciencia la pesada cruz con las maldiciones de los dirigentes mineros César Lora e Isaac Camacho, de los guerrilleros de Ñancahuzú y de las víctimas de la masacre de San Juan de 1967.

Las maldiciones se hicieron realidad la tarde del 27 de abril de 1969, cuando el dictador visitó el pueblo de Arque, donde arengó en quechua y prometió fortalecer el Pacto Militar-Campesino. Al cabo de cumplir con su misión, se dirigió a su helicóptero Hiler OH-23, llamado Holofernes por alguna extraña razón, para retornar a Cochabamba y después a la sede de gobierno.

El piloto puso en marcha el motor y el helicóptero se elevó del suelo en medio de una polvareda infernal. No alcanzó muchos metros de altura, hasta que las hélices chocaron con un cable telegráfico. Por un tiempo sin tiempo, el helicóptero revoloteó como un moscardón en el aire y luego capotó contra el suelo, estallando y ardiendo en llamas.Él dictador, junto al edecán y el piloto, falleció calcinado como un gusano arrojado a las llamas de una fogata de San Juan, dejando la pesada cruz de las maldiciones entre un montón chatarra y ceniza, que fue lo único que quedó del helicóptero que le obsequiaron sus asesores yanquis.

La felicidad

Cómo iluminado por las sabias enseñanzas de Buda, y después de haber vivido largos y fecundos años, sigo convencido, como Platón, que la verdadera felicidad no está en la abundante riqueza, sino en saber vivir con poco en medio de la abundante pobreza. 

La espera

Ella esperó el retorno de su esposo por días, meses y años, pero él no volvió ni vivo ni muerto, hasta que un día, de buenas a primeras, se enteró de que su esposo formó otra familia en otro pueblo. Ella se rasgó las vestiduras y lloró a mares, pero con el correr del tiempo, como es de suponer, cansada de los desvelos y de tantos años de inútil espera, se resignó a perderlo con todo el dolor de su corazón y, como liberándose de una pesada carga que no la dejaba vivir en paz, se dijo a sí misma: Por fin se acabó este tormento, esta espera que desespera.

Ruta equivocada

Cuando el borracho entró en el bus, se sentó al lado de un hombre que tenía anteojos oscuros y una funda de oro en los dientes. Por su apariencia pulcra, de cabellera lamida por la brillantina y su forma de expresarse, daba la impresión de que se trataba de un hombre de bien.

Apenas lo vio con la facha desaliñada, la cara de trasnochado y tambaleándose como un velamen, le preguntó:

–¿Eres un bebedor consuetudinario? 

El borracho lo miró de reojo y, relamiéndose los labios, le contestó con voz aguardentosa:

–No soy consuetudinario, sino un desocupado.

–Ah –dijo–. ¿Esa es la razón por estar así como estás?

–Sí –contestó, exhalando un fuerte aliento a alcohol–, pero también porque tengo la mente desocupada.

–Eso es grave, muy grave –dijo y levantó la mirada en dirección al cielo y, persignándose como si fuera a rezar, añadió–. La mente desocupada es la guarida del Diablo...

–¿Y la mente ocupada? –preguntó.

–Es el templo de Dios, mi hermano. Y todos los que están en este bus son almas salvadas del infierno.

El borracho pensó un instante y, al darse cuenta de que estaba en un lugar donde no debía, le preguntó:

–¿Hacia dónde va este bus?

–Hacia la Casa de Dios, hermano.

–¡Qué mierda! –exclamó el borracho, salpicándole saliva en la cara–. ¡Volví a equivocarme de ruta!

Se levantó de golpe y salió corriendo como alma en pena, como quien huye de la mismísima persecución de un pastor evangélico.

martes, 1 de septiembre de 2026

MICROTEXTOS XVII

La prosa y la poesía

En mi vida, la poesía fue una tarea de soledad, se dijo Óscar Cerruto. ¿Y la prosa?, se preguntó y se contestó a sí mismo: fue haber escrito Aluvión de fuego  y Cerco de penumbras, mientras me tomaba un trago y me fumaba un cigarrillo. Todo lo demás fue un tiempo ganado y otro tiempo perdido, tanto en la diplomacia como en el periodismo.

El cuentista homicida

Se dedicaba a reescribir sus cuentos una y otra vez, y nunca estaba conforme con el resultado final, hasta que lo sorprendía la hora de dormir. Así que al día siguiente, apenas penetraba la luz por la ventana, se levantaba y seguía puliendo los textos, como el artesano pule y pule la obra de su creación, con la ilusión de dejarla acabada con su luminoso fulgor.

Era escritor de escritores, un creador que se rompía las manos para escribir un manojo de cuentos sin un punto menos ni una coma por demás. Tanto la forma como el contenido debían fundirse como el anverso y reverso de la moneda, en tanto los personajes debían tener vida propia y vivir historias parecidas a la tuya y a la mía.

Cuando los tenía listos, festejaba su logro con dos copas de licor, fijaba la mirada en los cuentos escritos en las hojas de papel, los releía por última vez, cogía un encendedor y les prendía fuego hasta reducirlos a nada, como todo cuentista homicida que les quita la vida a sus personajes, con la esperanza de que no volvieran a nacer.

Discrepancias

No comparto opiniones con escritores que reciben premios y condecoraciones de dictadores, cuyas manos están manchadas de sangre. Tampoco con quienes hablan a nombre de los escritores exiliados, como si todos hubiésemos olvidado y perdonado los crímenes de lesa humanidad que, durante la denominada Operación Cóndor, desangraron a los países del cono sur de América Latina.

La censura

Los pensamientos del escritor no se queman, así sus libros ardan entre las llamas de la censura. Los censores pueden arrojarlos a la papelera, prenderlos fuego y reducirlos a un puñado de cenizas, creyendo que así terminan con el ímpetu de sus ideas y el fuego de su palabra, aun sabiendo que el fuego, a pesar de todos los pesares, no quema al fuego, y que los pensamientos del escritor, más temprano que tarde, vuelven a ser impresos en el papel, como si renacieran de las cenizas como el ave Fénix.

El lenguaje

Se supone que los hombres primitivos, que todavía moraban en las cavernas, hacían simples gestos acompañados de gritos e interjecciones, a la manera de ciertos animales salvajes, hasta que pasó a designar oralmente a las cosas de su entorno. Esta designación de las ideas mediante sonidos constituyó la piedra angular en el desarrollo cultural y social de los hombres primitivos, que inventaron el lenguaje para comunicarse entre sí, habida cuenta de que cada signo o palabra representaba una idea común para todos.

Después, para comunicarse y entenderse mejor, tuvieron que estructurar un lenguaje sobre la base de normas gramaticales, sintácticas, semánticas y otras de carácter lógico, como si tuviesen que añadir un sexto sentido a los cinco tradicionales, debido a que el habla, una facultad de coordinar las ideas mediante las palabras, los diferenciaba de los seres irracionales, con los que compartían: vista, oído, tacto, olfato y gusto.

De modo que los hombres primitivos, dotados de la facultad de hablar, habían dado nacimiento a las primeras palabras y frases, coincidiendo con el empleo de los primeros utensilios para sobrevivir en medio de la naturaleza salvaje. Desde entonces, el lenguaje no solo es una facultad social, sino también un prodigioso instrumento que permite compartir pensamientos, sentimientos y conocimientos.

Evolución del lenguaje

El idioma no es un producto hecho, estático, sino una ejercicio dialéctico; una actividad viva en constante transformación y de permanente actualización en los diccionarios de las Academias de la Lengua. El lenguaje es tan vivo como el ser humano, algo que evoluciona sin cesar, como evoluciona todo lo demás que se mueve en el cielo, la tierra y el agua.

Sabido es que la lengua ha cambiado a través de los años y los siglos. En el lenguaje es también aplicable el método filosófico de Hegel, que explica cómo el pensamiento, la historia y la realidad avanzan a través de tensiones y contradicciones, considerando que todo evoluciona mediante un proceso dinámico compuesto por tres momentos fundamentales, conocidos como la ley tríadica: Tesis, antítesis y síntesis. Así es la dialéctica del lenguaje, que se va probando constantemente en la práctica tanto en su forma oral como escrita.

Si la evolución es el combustible del progreso, entonces los poetas, en su condición de obreros de la palabra escrita, son los principales revolucionarios del lenguaje, porque primero están ellos y luego los gramáticos. No en vano se dice que donde terminan las normas de la gramática, empiezan las creaciones de los poetas, que enseñan la belleza del lenguaje desde el lenguaje mismo, que nunca se detiene y que siempre avanza con las botas de siete leguas de Pulgarcito.

Charles Darwin

El naturalista británico, padre de diez hijos, navegó y navegó, hasta que en las Islas Galápagos, observando los picos de los pinzones, descubrió las bases de sus futuras teorías.

El concepto central en la vida y obra de Charles Darwin, que parecía haber escrito el evangelio del diablo y haber afirmado que el hombre no fue creado por obra y gracia de un ser Supremo, estaba sustentada en sus investigaciones sobre la evolución biológica mediante la selección natural de las especies; una teoría que nos acercó a la adaptación, la complejidad y la diversidad entre las criaturas vivientes en la tierra, el cielo y el agua: una gran revolución en la ciencia y el nacimiento de la teoría evolutiva, cuyos conocimientos científicos, a contrapelo de las suposiciones creacionistas, iluminaron las conciencias contra el oscurantismo religioso y confirmaron que los humanos somos el resultado de un largo proceso de selección natural de las especies y que todas las especies descienden de un ancestro común, como las ramas de un árbol nacen del mismo tronco.

martes, 21 de julio de 2026

 

MICROTEXTOS XVI

Amar con el corazón

El amor no es asunto del corazón, sino del cerebro. Las sensaciones del amor se procesan en el cerebro, donde se liberan químicos como dopamina, oxitocina y endorfina, generando placer y apego hacia el sexo contrario.

El corazón no recibe las sensaciones del amor, sino la sangre oxigenada de los pulmones, para luego suministrar, a través del sistema cardiovascular, a los órganos y tejidos del cuerpo; en tanto el cerebro, que actúa como el centro de mando y motor principal del cuerpo, tiene por función procesar los pensamientos y sentimientos del amor.

Lo cierto es que, lejos de toda explicación científica, la reacción física del amor se siente en el pecho, como burbujas de una gaseosa y como mariposas revoloteando en el estómago, a pesar de que una persona no ama con el corazón sino con la cabeza. Amar con el corazón es una simple metáfora, como cuando se dice que en el cielo está el reino de Dios.

Inmenso amor

Toda vez que repito tu nombre, se me anuda la lengua, como cada vez que te miro, se me derraman los ojos. ¿Acaso no te das cuenta que, cuando me hablas con pasión, respiro tu tibio aliento, teniéndote metida en mi corazón como te tengo metida en mis pensamientos?

Siento tu amor en el modo de hacer eso. Solo yo sé cómo se siente cada vez que estás conmigo, recostada sobre un manto de estrellas y un cielo raso desnudo como la luna, cobijándonos cual confidente amiga y escondiendo nuestros secretos que, más que secretos, son pruebas diáfanas de nuestro inmenso amor.

Estar contigo es sentir un mar de felicidad y estar lejos es como estar sumido en una impenetrable oscuridad. Ojalá que tu mirada iluminara siempre nuestros senderos y muestras vidas, que tienen más vida cada vez que nos fundimos en el fuego de nuestros cuerpos.

El amante

Abrió la puerta con la misma llave que ella le entregó, cogió la manilla y la empujé hacia adentro, franqueó el dintel y se enfrentó al rostro del amante de su mujer, quien estaba parado cerca, como a punto de abrir la puerta desde el otro lado. Penetró barriendo el helado aire y él se hizo a un lado, luego el amante cerró la puerta y se volvió como empujado por el viento, que le sopló en el rostro como anunciándole una inminente tragedia.

Ella estaba todavía tendida en la cama, desnuda y arreglándose los mechones. Al ver a su marido, se puso de pie, se cubrió los senos con los brazos y entornó los ojos como si nada hubiese pasado.

–¿Así que me engañabas? –preguntó con un soplo de desaliento.

–Así es –contestó ella–. Te engañaba porque tú nunca estabas en casa.

Él sacó el revólver del cinto y le plantó dos tiros en el pecho.

–¡Qué has hecho! –gritó el amante.

El marido de la mujer le apuntó con el revólver y, con los ojos empañados por las lágrimas y exhalando un profundo suspiro, le dijo:

–Tú no has visto nada, así que desaparece y no vuelvas a cruzarte en mi camino.

El amante abrió la puerta, ganó la calle y, mientras caminaba con rumbo desconocido, escuchó otros dos disparos en la vivienda que él frecuentaba cada día.

Una pareja perfecta

La mujer, siempre que hablaba con su esposo, hablaba en voz alta y hasta chillando, le reprochaba por todo y por nada; en cambio él hacía todo lo que se le venía en gana, galanteaba con cuanta mujer encontraba y hasta la engañaba sin que se diera cuenta. A pesar de todo, de puertas para afuera, parecían una pareja perfecta. Él era sordo y ella era ciega.  

El túnel

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Así comienza el primer capítulo de la novela El túnel, de Ernesto Sábato, que no es otra cosa que una poderosa confesión convertida en una metáfora existencial que simboliza la soledad absoluta. Juan Pablo Castel es el feminicida que comete un crimen pasional por amor obsesivo, celos enfermizos y que, por vivir de espaldas al mundo y la mente perdida en un túnel sin salida, es víctima de sus bajos instintos y pasiones destructivas, que desenlazan en el asesinato de la mujer amada, la locura y la tragedia sin retorno ni perdón.

Ritual mañanero

La gringa, cuya belleza tenía más fulgores que todas las luces del universo, era una mujer liberada de los prejuicios y las ataduras sexuales; por eso mismo, todas las mañanas, al salir a su exuberante jardín, se acercaba al palomar y, mirando a los curiosos que la observaban desde sus balcones, saludaba a la fresca madrugada con todos los poros de la piel y respiraba a todo pulmón. Después dejaba escapar de su mano una paloma blanca y de su blanca bata una blanca teta, aureolada por un pezón rosado, propio de las mujeres que superan el rubio platinado. Volvía a entrar en el dormitorio, cerraba las cortinas de la ventana y no volvía a aparecer en el jardín hasta el día siguiente, a la misma hora en que los curiosos acudían a sus balcones para verla repetir su ritual mañanero entre una bandada de palomas que revoloteaban alrededor y una explosión de flores que exaltaban su belleza. 

La cama

La cama es el territorio más libre de la vida, donde el acto sexual adquiere dimensiones sacramentales, como en el rito hindú, donde tanto el hombre como la mujer, antes de acostarse, deben bañar cuidadosamente sus intimidades, limpiarse los dientes, aplicarse una cantidad limitada de ungüentos y perfumes.

Luego acostarse en la cama, predispuestos a someterse a las llamas del amor, trenzarse con brazos y piernas, devorarse a besos, acariciarse las concavidades del cuerpo y estallar en vibrantes sensaciones, hasta fundirse en una entrega total, practicando el estilo 69, con el cunnilingus y la felación, que es una variante sexual en la que cada uno puede estimular, con labios y lengua, los órganos genitales de la pareja. Luego entregarse a las pasiones carnales sin ninguna inhibición ni ataduras morales, abriéndose a un paraíso de prácticas eróticas, desde la postura del “misionero”, hasta la postura del perrito, cuando la mujer se pone de cuatro y el hombre la embiste por atrás.

Siempre es mejor practicar el amor en la cama, con sábanas o sin ellas, porque la cama, sin importar el material del que esté fabricada, el precio, la forma y el tamaño, es el único escenario donde los enamorados pueden alcanzar las estrellas con las manos y el clímax con la imaginación.

Los besos

Si el hombre logra hacer un nudo con el tallo de la cereza, solo con la lengua y sin tocarlo con las manos, significa que sabe besar como un amante perfecto; lo mismo que la mujer que puede comer una salteña jugosa, sin derramar una sola gota del jigote, sabe besar como succionando un chupete de cerezas.

El amor

En una discusión de pareja, la mujer le recriminó a su esposo, diciéndole que él no le mostraba su amor ni en sus gestos ni en sus acciones. A lo que él, postrándose de rodillas y besándole la mano, le replicó: El amor se siente, pero no se ve, mi amor, porque lo esencial es invisible a los ojos, como afirmó el zorro, en El principito, la obra clásica de Antoine de Saint-Exupéry.

domingo, 14 de junio de 2026

 

MICROTEXTOS XV

Franz Kafka

Cuando despertó, la cucaracha todavía estaba mirándolo desde el techo.

Iósif Stalin

El amante de su propia personalidad, el dictador más abominable del comunismo soviético, lo tenía a León Trotsky, su principal enemigo, metido hasta en sus pesadillas.

Frida Kalho

La artista que pintó sus retratos en la cama, con la cadera rota, la pierna amputada y los ideales al lado de su corazón partido, tenía una Frida de noche y una Frida de día, una Frida sana y una Frida herida.

Túpac Katari

El indio rebelde, antes de que sus verdugos le cortaran la lengua y fuese atado de pies y manos a la cincha de cuatro caballos para ser descuartizado, los miró de frente y lanzó un estremecedor grito en el pueblo de Peñas: ¡Volveré y seré millones, carajo!

Baruch Spinoza

Al filósofo neerlandés, de origen sefardí, las autoridades religiosas judías, por pensar demasiado y estar acusado de ateo, le lanzaron las siguientes maldiciones:

Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley…

Spinoza se rió por dentro y, sin dejar de escribir sus tratados sobre metafísica, ética, teología y política, esperó pacientemente morirse a los 44 años, minado por la tuberculosis y no por un castigo divino, como lo tenían pensado sus detractores, que vivían aferrados a la Biblia y a la mano del Señor.

Miguel Alandia Pantoja

El pintor revolucionario, nacido en una población minera del norte de Potosí, pintó obreros y campesinos en actitud combativa, pintó hombres con hambre de justicia y mujeres envueltas en banderas libertarias. Pintó también a los guardianes de la oligarquía minero-feudal, con armas en las manos y prestos a ahogar a los explotados en baños de sangre.

Pintó lo que le dictaba su conciencia, con los pinceles de sus manos hechas de compromiso social y los colores encendidos de su corazón rebelde. Pintó todo lo que pintó, en muros y lienzos, con su desbordante creatividad convertida en la ideología revolucionaria de la clase obrera.

Solo sé que nada sé

Un amigo bibliotecario, de cuyo nombre prefiero no acordarme, leía todo, todo el tiempo. Leía las enciclopedias desde la letra A hasta la letra Z. Era erudito en muchas ciencias del saber humano, una auténtica biblioteca andante, aunque él solía repetir la clásica frase de Sócrates: Solo sé que nada sé, pues mientras más leía, de noche y de día, se daba cuenta de que sabía menos, debido a que los conocimientos eran infinitos y que un sabiondo era un pobre ignorante con pretensiones de sabio.

Miguel de Cervantes

El Manco de Lepanto, prisionero en la Cárcel Real de Sevilla, por deudas pendientes y acusaciones de apropiaciones de fondos públicos, pergeñó su obra clásica: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, necesitado de un caballero andante para sentirse como si estuviese libre, recorriendo por el mundo al galope de su caballo Rocinante, para  imponer justicia, defender a los humildes y ganarse honores a punta de lanza y filo de espada. Necesitaba un Quijote, enfrentándose con enemigos imaginarios, locamente enamorado de Dulcinea del Toboso, acompañado de su escudero Sancho Panza y protegido por sus amigos y parientes. Necesitaba crear a Alonso Quijano, el héroe trocado en loco de tanto leer novelas de caballería, un alter ego de Miguel de Cervantes, un hidalgo de contextura alta y delgada, piel pálida, nariz picuda, bigotes poblados y barba larga. El escritor, atormentado en su cautiverio, con la pluma en ristre y sin dejar nada en el tintero, tenía la necesidad de crear un Quijote de la Mancha, no importaba si loco o cuerdo, pero viviendo en libertad y no encerrado entre los gruesos muros de la cárcel.

Bartolina Sisa

La heroína aymara fue descuartizada por sus verdugos. Su cabeza y extremidades fueron exhibidas en distintos ayllus y caminos, donde ella, junto a su esposo Túpac Katari, resistió en la lucha contra los realistas al servicio de la Corona Española. Su cabeza fue clavada en la picota del escarnio en Jayujayu-Marka, hoy provincia Aroma del departamento de La Paz, para escarmiento de los indios que osaban rebelarse contra el sistema colonial. Sus extremidades fueron enviadas a Tinta-Marka, comunidad situada en la actual república del Perú, donde también fueron exhibidas en la punta de sendas picotas. Pero de nada sirvió tanta barbarie y crueldad, porque los herederos de Bartolina Sisa siguieron su ejemplo y, juntando las partes desmembradas de su cuerpo y recogiendo cada gota de su sangre derramada, siguieron luchando por conquistar sus derechos y conquistar la liberación de las naciones originarias del Abya Yala.

César Vallejo

El excelso poeta peruano, conocedor de la vida de los mineros y el saqueo imperialista en Quiruvilca, cerca de su natal Santiago de Chuco, escribió la novela El tungsteno, a modo de protesta y denuncia desde la literatura, con el mensaje revolucionario de que solo la conciencia de clase y la organización de los trabajadores eran las armas para sepultar a los explotadores y las indispensables llaves para abrir las alamedas de la liberación proletaria. El poeta de pocos recursos económicos, pero de muchos poemas hechos de sentimientos humanos y compromiso social, estaba convencido de la tesis marxista de que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los propios trabajadores y quien no entienda estito estaba condenado a ser un eterno esclavo del sistema capitalista.

lunes, 1 de junio de 2026

MICROTEXTOS XIV

El antirracista

A diferencia del xenófobo, no se fijaba en el color de piel que su amada tiene por fuera, sino en los valores humanos que tiene por dentro.

Experiencia

De joven le gustaban las mujeres voluptuosas, de pechos y nalgas enormes, hasta que un día, su abuelo, como todo viejo que hablaba con la voz de la experiencia, le dijo: “A la mujer, mientras más delgada, el clavo le entra mejor”.

Justicia por mano propia

Una turba enfurecida sepultó vivo a un adolescente de 16 años, acusado de violar y descuartizar a una niña de 5 años. Todos estaban de acuerdo en hacer justicia por mano propia. Primero, lo capturaron como a una bestia salvaje, lo maniataron y obligaron a asistir al velorio de la víctima. Luego, entre golpes y gritos, lo condujeron hacia el cementerio, donde lo tiraron en una fosa profunda, con las manos todavía amarradas a la espalda, y le echaron palas de tierra, hasta provocarle la muerte por asfixia.

Amigo imaginario

Mi amigo imaginario, mientras había luz, siempre fue mi sombra, con quien hablaba, reía, lloraba y jugaba, hasta que caía la noche y mi sombra, que no era un muñeco ni un animal de peluche, se despedía y desaparecía pidiéndome esperarlo a la luz de un nuevo día.

Varón domado

Desde que ella lo tenía bajo su dominio, él ya no era el mismo, parecía un hombre sin alma ni cerebro. Ella lo manejaba, sin mirarle ni dirigirle la palabra, como a cualquier don nadie; incluso, desde que perdió su autoridad y dignidad de hombre, ella pensaba y sentía por él, quien no se reconocía ni estando delante del espejo. Ella lo envolvía en un dedo y él no decía nada, lo desenvolvía y tampoco decía nada. Lo envolvía una y otra vez en el dedo, como se envuelve el hilo en el carrete, y él no decía nada, solo movía los ojos, mirándola como el esclavo mira a su amada ama.

Soledad

El hombre vivía solo en la soledad, amparado en la pobreza y el olvido. Nadie lo visitaba ni se preocupaba por él, salvo un famélico perrito convertido en su única compañía, el que le daba cariño y lo seguía por donde iba.

Femimachista

Una feminista de marras, como las que andan por ahí, alguna vez me dijo que el peor enemigo de la mujer no es el hombre, sino otra mujer machista.

Olores

El autobús se detuvo en un tramo de la carretera. Se abrió la puerta, subió un hombre, miró en derredor y dijo:

–Sube un nuevo pasajero con olor a indio. No me van a discriminar, ¿ya?

–Aquí no hay gringos –contestó uno–. Todos somos indios, pero con olor a gringos.

–¿Y cómo es el olor a gringos? –preguntó otro.

–A gringos –contestaron los pasajeros al unísono.

El autobús estalló en risas y bromas, mientras se cerraba la puerta para proseguir el trayecto.

Paro del transporte

Cuando el transporte se declara en paro, por falta de diésel y gasolina, para todo, para la vida y para la muerte. La ciudad de El Alto se viene abajo. No se oyen motores en las calles y los peatones viajan sobre sus pies, como si el mundo dejara de orbitar alrededor del sol y dejara de girar sobre su eje. Cuando el transporte se declara en paro, por la escasez de combustible, paran las agujas del reloj, callan los motores, paran los conductores y no queda otro camino que movilizarse en autopie.

Una granja al revés

En esta granja, donde las leyes de la naturaleza no siguen las normas de Darwin ni de Dios, los animales viven a su libre albedrio: el gato ladra y el perro maúlla; la vaca relincha y el caballo muge; el sapo trina y el pájaro croa; el gallo gruñe y el cerdo cacarea…

En este reino animal,  donde las leyes de la naturaleza están al revés, el loco es el más curdo entre los cuerdos, mientras el cuerdo, que no habla pero rebuzna, es un auténtico loco de remate.

Necrofilia

Cuando murió su amada, la mujer a quien no podía apartarla de su vida, él no soportó la soledad y decidió profanar la tumba donde ella yacía bajo una cruz de hierro y una lápida de mármol. Se metió en el cementerio a medianoche, escarbó la tierra con las manos, desenterró el cadáver con la misma desesperación de un violador de sepulturas. Y, sin que nadie lo viera bajo el reflejo plateado de la luna, llevó el cuerpo a su casa y lo recostó en la cama. Lo restauró, maquilló y vistió con sus mejores galas. La perfumó, la devoró a besos, la exploró con las manos y, excitado como un perro azuzado, le hizo el amor como la primera vez que la poseyó en la misma cama.

lunes, 4 de mayo de 2026

MICROTEXTOS XIII

El surfista de novelas negras

El lector aficionado a las novelas negras debe tener siempre una tabla de salvación. Si la ola de novelas de crimen ponen en jaque su vida, el surfista debe asirse a la tabla de salvación y surfear, surfear y surfear sobre la cresta de las novelas negras, para no ser alcanzado por los disparos que salen de las páginas como una lluvia de afiladas estrellas en un combate entre samuráis.

Releer

Algunos lectores, a contrapelo de la abundante oferta editorial, se ocupan más de releer que de leer, salvo que para releer se necesita haber leído, una y otra vez, el mismo libro que se releerá por enésima vez.

Hijos del alma

Los libros son como los hijos inmortales del alma, sobre todo, si se tratan de auténticas autobiografías, donde el fuero interno se plasma en letras de molde, dejando traslucir los pensamientos y sentimientos de quien se refleja de cuerpo entero en una suerte de espejo, donde las imágenes e ideas quedan perpetuadas para siempre.

Metáfora

La metáfora dice mucho en pocas palabras, como esa que se repite en todas las lenguas: Echaré la casa por la ventana; metáfora de la que nacieron muchas otras como las correas nacen del mismo cuero.

Cambio de grafía     

En un texto, en verso o en prosa, un error de tipografía puede cambiar el significado de una frase, como cuando se cambia el grafema V por la F. Por cuanto escribir: En el inVierno hace frío, no es lo mismo que escribir: En el inFierno hace frío.

Género literario para la inmensa minoría

La poesía, en su condición de arte mayor entre las letras, es el género más brillante de la literatura, el que más cultores y aficionados tiene en el mundo. No obstante, aun siendo uno de los géneros literarios más extendidos, es uno de los menos leídos y valorados por la vorágine comercial, casi siempre impuesta por las leyes de la oferta y la demanda del mercantilismo editorial. Quizás por eso, a diferencia de los lectores militantes de la prosa, Juan Ramón Jiménez no dudó en aseverar que la belleza de la poesía solo estaba dirigida a la inmensa minoría.

Albor

El Centro de Arte y Cultura Albor es el teatro de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano.

La Feria del Libro de los libreros

La gran fiesta de los libreros está en la Feria del Libro, donde se dan cita las letras del mundo, con la finalidad de encantar a los apasionados de la literatura.

En la Feria del Libro, los lectores encuentran libros grandes y libros pequeños, libros gruesos y libros delgados, libros en colores y libros en blanco y negro, libros para los enamorados de la lectura, libros para estimular la inteligencia de los intelectuales y libros para cultivar el hábito de la lectura de los niños, jóvenes y adultos.

La Feria del Libro de los libreros es un ponderable evento festivo, que tiende puentes entre los escritores y los amantes de los libros, esos maravillosos objetos hechos de papel, tinta y letras, que son una suerte de cajitas mágicas, donde están encerrados los tesoros creados por los escritores de todos los tiempos, países y culturas.

La Feria del Libro de los libreros es fiesta, feria, fiesta…

miércoles, 7 de enero de 2026

MICROTEXTOS XII

Los muñecos

En varias calles de la ciudad de El Alto, acechadas por la delincuencia diurna y nocturna, los vecinos colgaron enormes muñecos de las luminarias. Están hechos de ropas embutidas con trapos de todos los colores y tamaños. No tienen rostros, ni edades, ni nombres, pero sí un letrero en el pecho y un texto parecido a la sangre: Ladrón pillado será linchado y quemado.

El líder

Sembraba la palabra, con vehemencia y coherencia, sin saber si sus partidarios eran tierras fecundas, donde un día podían cosecharse sus ideas revolucionarias. Hablaba y hablaba, en las asambleas, congresos y reuniones, no por ser un hablador, sino un auténtico líder de las masas y un magnífico representante de las aspiraciones populares. 

La corrupción

En un país bananero, donde todo anda de cabeza, el político que roba es aplaudido y el policía honesto es ridiculizado, el que miente es aplaudido y el que dice la verdad es abucheado. En un país bananero, donde todo anda patas arriba, la honestidad es plata y la corrupción es oro.

El pecado

Dicen que en el Paraíso, el Diablo tomó la forma de una serpiente, una criatura dotada del don de la palabra y capaz de expresar sus pensamientos con deslumbrante lucidez. Se alzó sobre su cola y le convenció a Eva para que le diera de comer el fruto prohibido a Adán, ya que si ambos comían del árbol de la sabiduría, de lo Bueno y lo Malo, no morirían, como les dejó dicho Dios, sino que se les abrirían los ojos y los oídos, y serían como su Creador. Ella le obedeció como mujer sumisa y probó el fruto prohibido del árbol de la sabiduría, que Dios, por alguna divina equivocación, puso en medio del jardín del Edén. Poco después, Eva le entregó la fruta prohibida a Adán, quien, como hombre sumiso, hincó los dientes en la manzana. Así fue como nuestros primeros padres, incitados por la serpiente y desobedeciendo el mandamiento de su Creador, introdujeron el pecado y la muerte en este mundo.

Cuestión de gatos

Eduardo Mondragón no compartía la idea de que los gatos eran animales sagrados, como se imaginaban los antiguos egipcios, y mucho menos dioses protectores de la salud y la fortuna. Tampoco había por qué venerarlos ni mimarlos como lo hacían los budistas tibetanos, que los consideraban acompañantes en el tránsito obituario y que en la vida eran como hermanos del alma, sobre todo, si se los trataba con consideración y cariño.

Tampoco le interesaba si  Julio Cortázar tuvo una extraordinaria afición por los gatos en París, si Ernest Hemingway criaba numerosos gatos en su casa de Cuba, si Carlos Monsiváis vivía rodeado de gatos, si Edgar Allan Poe inmortalizó a su gato negro y si Stephen King, en su novela, Cementerio de animales, retrató a un gato capaz de resucitar a los muertos, ni para qué citar a los otros querendones de felinos como T.S. Eliot, Mark Twain, Charles Dickens y otros.

Le tenía sin cuidado que también las escritoras como Charlotte Brontë, Colette, Patricia Highsmith, Elizabeth Bishop, Elena Poniatowska y Doris Lessing, entre otras, hayan sido amantes de los gatos. Lo único que le interesaba a Eduardo Mondragón, el enemigo principal de los gatos, era que estos felinos, que por las noches se tornaban en pardos, desaparecieran del mapa por ser carniceros de dientes afilados. Los odiaba con todas las fuerzas de su alma, desde el día en que un gato se entró por la ventana de su cuarto y se comió al canario de su vida.

jueves, 4 de diciembre de 2025

MICROTEXTOS XI

Sobreviviente

Los corsarios del Caribe cazaron a un gigantesco animal marino y en su vientre, entre otros objetos, hallaron anclas de barcos mercantes, cañones de fragatas sucumbidas en las batallas y, atónitos de asombro, hallaron a un hombre vivo, quien permaneció durante tres días y tres noches en el vientre del animal, que Dios puso entre las olas de alta mar para salvarlo del naufragio.

Criaturas imperfectas

Desde el principio, desde la génesis del mundo, el hombre y la mujer no fueron criaturas perfectas, como si Dios los hubiese creado más como un pasatiempo que a su imagen y semejanza. Desde entonces se jodió la humanidad entera. Por Adán y Eva entró la muerte en la tierra, y por Caín y Abel, sus hijos enemigos, entró la violencia en el cuerpo y el alma del género humano.

Equidad de género

La relación entre un hombre y una mujer, a pesar de las leyes promulgadas en torno a la equidad de género, seguirá siendo compleja, debido a que los sentimientos más profundos no siempre son lineales ni eternos, como hubiésemos deseado que fuesen, sino sensaciones variables que no dejan de sorprendernos a lo largo de la vida.

Las relaciones humanas no han cambiado en lo esencial durante milenios ni cambiará jamás, como no cambiará la relación compleja entre los géneros.

Sin embargo, no cabe duda de que el amor entre el hombre y la mujer haya sido uno de los motores impulsores del desarrollo de las sociedades. No pocos hombres han protagonizado guerras por el amor de una mujer o mujeres que se han movido como maquinarias detrás de los triunfos de un hombre. Desde esta perspectiva social, biológica y emocional, es lógico suponer que la complementariedad en una relación de pareja es un poderoso instrumento capaz de trocar los sueños en realidad.

Los mil y un cuentos

Soy el Sultán Sahinar  de Las mil y una noches, capaz de recontar los mil y un cuentos que escuché en boca de la joven y hermosa Scheherezade, quien, con voz dulce y dulce cuerpo, me entretuvo noche tras noche con sus fabulosas narraciones, encadenándolas una tras otra y dentro de otra, para poner a salvo su vida y no terminar como las tres mil mujeres que desposé, que mandé decapitar y encerrar en el secreto sótano de mi palacio, temeroso de que me traicionaran con otros hombres mejor dotados que yo.

Complementariedad

En todo hay complementariedad, como en la cosmogonía andina, donde el día se complementa con la noche, la mujer con el hombre, el blanco con el negro, la vida con la muerte, la bondad con la maldad y, quiérase o no, el bien se complementa con el mal, como Dios se complementa con el Diablo, para bien o para mal.

miércoles, 14 de mayo de 2025

MICROTEXTOS X

Amado

El amadísimo Amado, un egocéntrico de dimensiones monumentales, se amaba a sí mismo cuando nadie lo amaba.

Mujeres

Las mujeres adultas, que ya no tienen la piel ni los senos de veinteañeras, sino arrugas y cabellos argentados, son la belleza en el cenit de la madurez, la experiencia andante, pensante y hablante. Las mujeres mayores, a diferencia de las jovencitas de piel tersa y senos turgentes, son sabias para vivir y amar, mujeres a carta cabal.

Complejo de inferioridad

En los sueños se veía conviviendo con las celebridades que admiraba en su vida, pero ellos, mirándole con indiferencia, no le dirigían ni la palabra, como si no existiera en el mundo. Y, al despertar, se sentía con el complejo de inferioridad atormentándole como una pesadilla.   

Lucifer

El sacerdote se marchó al infierno y retornó de allí, convertido en Lucifer tentador de hombres y encantador de mujeres.

¿Cuál es primero?

Si el hombre es producto de la historia y la historia es producto del hombre. Entonces cuál es primero: ¿El huevo o la gallina?

Racismo

Todos somos iguales debajo del color de la piel. Todos tenemos la sangre roja, nadie la tiene de color azul, y el que no lo crea, que se haga un corte en la piel y así sabrá que el racismo no es una “ciencia biológica”, sino el invento de la estupidez del “hombre blanco”.

El amor

La amo infinitamente, es la que da vida a mi vida, la razón de mis alegrías y esperanzas, la mujer que encontré sin buscarla, la compañera de siempre y para siempre, la que apacigua mis iras, troca mis penas en sonrisas y estimula mis ilusiones con meditadas sugerencias. 

Me siento feliz de solo respirar su aliento y acariciar su piel con el hálito de mis palabras. No hay mayor dicha en el mundo que tenerle a mi lado, sentir como un fuego su mirada bajo el claro de la luna, que parece clavada en el firmamento, empapándome la piel con las gotas de los luceros del alba, como en los soleados días en que ella calienta la frigidez de mi cuerpo con la temperatura de su cuerpo.

El amor cobra sentido cuando palpo las sensibilidades de su alma y los latidos de su corazón, que destila ternura y sencillez a raudales, permitiéndome ser parte de su vida, de sus pensamientos y sentimientos pletóricos de los nobles ideales de libertad y justicia. 

Enciclopedias de la vida

Los libros no deben revelarnos los secretos íntimos de la vida, sino que, simplemente y llanamente, deben ayudarnos a descubrirlas como cuando descubrimos los conocimientos universales en las sabias enciclopedias de la vida misma.

La máscara

El hombre que lleva una máscara de Diablo, no es que pretenda ser Diablo, sino que es Diablo, al igual que el otro que lleva una máscara de Moreno, que no pretende ser Moreno, sino que se siente Moreno.

La máscara forma parte de la identidad personal, de la psiquis más profunda, del mundo inconsciente que se expresa a través de la máscara que vive y late en el estado irracional y que no solo existe en el reino del mito y el simbolismo. Si se les pregunta: ¿Están disfrazados para el Carnaval? Ellos se miran en el espejo y aseveran que no están disfrazados, sino que son la máscara cubriéndoles el rostro. El Diablo es Diablo y el Moreno es Moreno, sea en el Carnaval o en cualquier parte.

Memorables pedos

Don Mamerto era un anciano residenciado en un pueblito valluno de Cochabamba. Vivía solo en una casa que tenía un pequeño huerto, donde criaba gallinas, patos y pavos. Don Mamerto, además de chicato y jorobado, era calvo y sordomudo.

En mi niñez, junto a mis amiguitos de juego, lo seguíamos a hurtadillas y detrás de sus espaldas, para que no nos vea ni se dé cuenta. Lo seguíamos, fisgoneando y entre risitas burlonas, toda vez que cruzaba por la plaza del pueblo, pues a cada paso que daba, se echaba un pedo tras otro, dándonos la sensación de que su calzoncillo debía estar manchado como por un soplete cargado de chocolate.

Suponíamos que él mismo no se daba cuenta de que arrojaba reverendas ventosas a lo largo de su itinerario. Lo interesante es que don Mamerto, a diferencia de lo que suelen hacer otras personas, no disimulaba sus pedos con gritos ni toses, los dejaba escapar como quien padecía de gastritis o comía demasiados porotos y lentejas. Nos daba la impresión de que no estaba consciente de la fetidez y la orquesta que tenía en el ano, ya que, a veces, sus ventosas le salían de manera sonora y prolongada, como una carcajada de perdigones.

Para nosotros, que lo seguíamos los talones, era todo un jolgorio escuchar los gases expelidos por don Mamerto; quizás, porque sus pedos, que parecían un solo pedo, nos causaba mucha gracia y, al recordarlos y contarlos entre amigos, nos partíamos de la risa, sin saber que a todos, en la plenitud de la vejez, nos podía pasar lo mismo, así controláramos nuestros gases que, sin saberlo ni quererlo, podían tener consecuencias por demás lamentables, no en vano reza el dicho popular: “Confianza ni en el pedo, porque hasta por peer uno se caga”.

Así nos divertíamos a costa de don Mamerto, hasta el día en que, al ser descubiertos por una señora conocida por su mal talante, que cruzaba por nuestro camino, nos detuvimos en seco y la respiración en vilo. Ella nos cogió por el cuello y, en tono de reproche y advertencia, nos dijo:

–¿Por qué se ríen? ¡Ustedes cuando sean viejos serán como don Mamerto!

Desde ese día, dejamos de perseguirle a don Mamerto, comprendiendo que no era bueno burlarse del padecimiento ajeno, que todos llegaríamos a viejos y que nadie estaba libre de sufrir flatulencias, salvo que nosotros, los traviesos niños del pueblo, jamás nos olvidaríamos de los memorables pedos que escuchamos en la infancia. 

viernes, 11 de abril de 2025

MICROTEXTOS IX

El ladrón

Se robó la Biblia, sin saber que estaba robándose la palabra de Dios.

La espera

A la muerte hay que esperarla como se espera a la mujer amada, porque llega cuando le da la gana y mientras menos se la espera.

La vida

–¿Cuál es el significado de la vida? –preguntó uno, barriendo el aire con un tono de persona escéptica.

–La respuesta es simple –contestó otro, de manera breve y categórica–. El significado de la vida es la vida misma.

Ellas                                                                                                                 

Las damas de compañía, mujeres de belleza divina y juveniles años, son vidas que inspiran y amores que matan.

Pasión secreta

El control de la autosatisfacción está simbolizado por el cinturón de castidad, que evita la masturbación, considerada todavía un pecado mortal y, como dirían algunas novicias sometidas al voto de castidad, evita que los traviesos dedos de la mano jueguen con el pequeñín que genera el mayor placer de las pasiones secretas.

Oralidad

Cristo predicó hasta el cansancio. Era maestro de la tradición oral. Sus sabias enseñanzas no las escribió en un libro, sino en la memoria de sus discípulos. Si alguna vez intentó escribir algo en la arena, las olas se encargaron de borrar para no dejar constancia de su amor por Magdalena. 

Hijo del Hombre

No debe ser fácil nacer por obra y gracia divina, ser sufrido entre los sufridos, azotado en el vía crucis, agonizar en el Gólgota, morir claveteado en los maderos y, como si fuera poco, resucitar para ser rey entre los reyes, nada menos ni nada más que por ser el Hijo del Hombre.

Gato negro

En la Edad Media, de acuerdo a las supersticiones, se creía que el Diablo se encarnaba en el gato negro, en esta mascota preferida por las brujas. Si una persona se cruzaba en el camino con un gato negro, este tendría no solo un día de mala suerte, sino un día menos de vida, porque no se cruzó con el gato sino con el Diablo.

Llamarada

Tu amor me arde en el pecho como una llamarada, llamándome amor desde el fondo de tu alma.

Quijote

En todo hombre anida un Quijote, un soñador, un justiciero, un aventurero y un loco enamorado, dispuesto a vivir batallas, desafíos, desilusiones, requiebros, amores, tormentas y disparates.

No es casual que el luchador social sea el prototipo del Quijote. Simboliza, por antonomasia, la abnegación y la entrega a nobles causas, como son los ideales de la libertad y la justicia.

El hombre, común y corriente, es un Quijote desarmado. No lleva yelmo, ni cota con anillos de acero, ni coraza de hierro para protegerse de las afiladas espadas y las armas de fuego. No lleva adarga al brazo ni lanza en ristre para acometer contra los enemigos del género humano.

El hombre es un Quijote que solo necesita armarse de coraje, como todo caballero de armas llevar, y acometer contra el adversario con la firme decisión de infligirle una derrota. Así lo hizo el caballero de la triste figura cuando se enfrentó al rebaño de ovejas y a los molinos de viento, creyéndolos enemigos invencibles por su ferocidad y sed de sangre.

El hombre, incluso cuando se trata de conquistar a una mujer, es un Quijote de sentimientos desenfrenados, un Quijote capaz de perder los estribos de su corazón y entregarse en cuerpo y alma a la mujer que ama con la fidelidad de un escudero y un perro galgo.

El hombre es un Quijote apasionado, que puede enloquecer por un amor platónico, ataviarse con armaduras de ternura, cabalgar en un Rocinante de ilusiones, desenvainar la afilada espada de la paz y desbaratar los peligros que amenazan la vida de su amada, aunque la bellísima Dulcinea solo exista en su imaginación y en su loco corazón de enamorado.

miércoles, 15 de enero de 2025

MICROTEXTOS VII

Los prodigios del alcohol

La borrachera de los poetas malditos no es en vano, ni mucho menos una absurda pérdida de tiempo, ya que después de salir de la resaca, la borrachera es fuente de inspiración lírica y un tema de interés tanto para los abstemios como para los adictos a las bebidas espirituosas. A continuación les presento un poema de altos grados de invención poética y oficio escritural:

…Copete nuestro que estás envasado,/ santificado sea tu grado,/ venga a nosotros tu alcohol,/ hágase tu voluntad,/ así en caja como en botella./ Danos hoy la chela de cada día,/ perdona a los que no toman/ como nosotros perdonamos/ a los que no convidan./ No nos dejes caer al suelo/ y líbranos del yogurt...

Este poema, quizás anónimo, pero con la fuerza semántica y prosódica de las palabras articuladas armónicamente en cada verso, es un regio ejemplo de que la borrachera, desdeñada por los puritanos del clero y las damiselas mojigatas, es una actividad donde doblar el codo es un ejercicio estimulante para la ingeniosa creatividad de los poetas malditos, quienes, aferrados a los prodigios del alcohol, respiran poesía por todos los poros de la piel.

Derribar muros

Derribar muros y vallas, las fronteras entre ricos y pobres, entre blancos y negros, entre indios y gringos; entre hombres y mujeres, entre inmigrantes legales e ilegales, debe ser el objetivo de todos y cada uno de nosotros, que deseamos vivir en un mundo donde todos tengamos los mismos derechos y las mismas responsabilidades, indistintamente de las diferencias culturales, raciales, lingüísticas, religiosas y las diversidades ideológicas y de género.

Derribar los muros entre el Sur y el Norte, entre la vida y la muerte, entre Dios y el Diablo, entre creyentes y ateos, entre gobernantes y gobernados, debe ser el objetivo para forjar un sistema socioeconómico que no sea capitalista ni comunista (Uds. pónganle el nombre a la nueva sociedad), sino una patria grande y equitativa, sin explotados ni explotadores, donde reine el amor y la paz, la hermandad y la felicidad, y donde el valor humano no esté basado en el principio del tener, sino del ser, del ser un individuo con derecho a elegir, en absoluta libertad, la vida que se quiere vivir en armonía y plenitud. 

Cuarto periodo del sueño

Según mis cálculos oníricos y no según los cálculos de los psicoanalistas, mi sueño estaba dividido en cuatro períodos sucesivos pero diferentes. En el cuarto periodo, vi a Fromm agarrado de la mano de Freud y a Engels agarrado de la mano de Marx. Los vi a los cuatro encerrados en un cuarto a media luz, donde Fromm y Freud yacían sobre un diván, con los ojos cerrados y la hebra de un cigarro en los labios; en tanto Engels y Marx estaban sentados en un mullido sillón, mirándose a los ojos y discutiendo acaloradamente, como si sus voces se sobrepusieran al tiempo y la muerte. Y, como es de suponer, de estas sesudas discusiones el que no sale dormido, al menos, sale jodido y confundido.

Cuando desperté, los cuatro estaban todavía en el cuarto, como fantasmas que retornan al reino de los vivos, para repetirse, una y otra vez, hasta que sus razonamientos dejen de ser simples teorías para convertirse en pilares fundamentales de las ciencias humanas.

Supersticiones

Mi bisabuela decía que una mujer, durante la menstruación, no era la misma de siempre. No podía hacer mantequilla, mayonesa, ni preparar productos lácteos, porque la leche se cortaría. Tampoco podía sembrar en el campo o en la casa, porque las plantas se secarían como quemadas por un implacable sol. Tampoco podía dar de comer a los animales domésticos, porque éstos se morirían como atacados por un virus desconocido. Las supersticiones de mi bisabuela, sin lugar a dudas, estaban relacionadas con la pureza y la impureza de la mujer, como si la menstruación no fuese un proceso biológico normal, sino una maldición divina.

Justicia comunitaria

La niña fue violada por su padrastro desde que ella tenía 13 años, mientras la madre, todas las mañanas, se marchaba a trabajar en el campo.

Así pasó el tiempo, sin que la madre se diera cuenta de lo qué estaba pasando en su propia casa, hasta que la niña, que no asistía a la escuela, terminó embarazada. Cuando empezó a crecerle el vientre y llegó el momento en que no pudo ocultar más el delito de la violación, la niña, que se la pasaba encerrada y llorando en su cuarto, no sabía cómo confesarle a su madre que era víctima de toques impúdicos y agresiones sexuales por parte de su padrastro, un hombre de sesenta años, desocupado y depravado sexual.

La madre, al darse cuenta que algo andaba mal, le preguntó qué le estaba pasando. La menor, luego de insistencias y deshecha en lágrimas, logró revelarle la verdad, una verdad que conmocionaría a la pequeña población campesina.

–Si no te conté era porque él, apuntándome con un cuchillo, me amenazaba de muerte…

La madre, luego de salir del shock, se abalanzó sobre su hija, la abrazó con ternura y lloró junto con ella, como a quien se le derrumba el mundo y se le acaban las ganas de vivir.

Pero no todo estaba perdido. La madre, asesorada por una mujer adulta, denunció el detestable hecho a las autoridades de la comunidad. El padrastro fue detenido y sometido a medidas cautelares, mientras se procedía a la investigación del insólito caso.

Cuando las autoridades dictaminaron la culpabilidad del padrastro, todos los implicados batieron palmas y mostraron su conformidad con el fallo de la justicia comunitaria. No obstante, el autor de la violación y el embarazo, para evitar la cárcel, tomó la decisión de casarse con su hijastra.

Así fue cómo la menor, poco antes de cumplir los catorce años y con el consentimiento de su madre y la justicia indígena comunitaria, dio a luz a un niño cuyo espeluznante aspecto, con malformaciones físicas que, de solo mirarlo, dejaba a cualquiera con la boca abierta y la sangre helada en las venas.

Las  vecinas no salían de su asombro al saber que el violador, como si nada hubiese pasado en su vida, seguía conviviendo con la madre y la hija.

–¡Este viejo cochino! –maldecían las mujeres cargadas de rencor–. ¡Debía morirse para arder en el infierno!

La menor, cuando salía de compras al mercado, llevaba a su criatura cargada a la espalda. Aunque ya tenía catorce años, la gente la miraba con lástima, no solo porque todavía era niña, sino porque el bebé, que nació con el cuerpo contrahecho, no era el fruto del amor, sino el producto de una violación sexual, un delito penado por ley y con años de prisión, pero absuelto por las normas internas de una pequeña localidad campesina, donde algunos delitos se resolvían por acuerdos y conciliación entre las partes en conflicto.