miércoles, 16 de septiembre de 2026
MICROTEXTOS VXIII
El infierno
El infierno no se
encuentra en el subsuelo, donde se mueven las lavas candentes, sino sobre la
faz de la tierra, donde campean los jinetes del Apocalipsis, sembrando el
pánico y la muerte, las enfermedades, la miseria, las injusticias sociales, las
guerras y los desastres naturales. No hace falta llegar al infierno para saber
lo que es el infierno, porque el infierno está aquí, con nosotros, entre
nosotros. ¡¿Qué más infierno que el que padecemos en nuestras vidas, una veces
de día, otras veces de noche?!
Revolución y
contrarrevolución
Los revolucionarios, con los ideales al mismo
lado donde tienen el corazón, piensan que primero deben cambiarse las
estructuras socioeconómicas del sistema capitalista, para después cambiar tanto
la mentalidad como la conciencia de los humanos. Están convencidos, hasta la
médula de los huesos, que esos cambios permitirán forjar al hombre nuevo y
establecer una nueva sociedad sin explotados ni explotadores. No obstante, lo
que no se les pasa por la mente, por sí las moscas, es la posibilidad de que
pueda surgir una nueva élite burocrática dentro del Estado socialista, como una
fuerza contrarrevolucionaria dispuesta a revivir las mismas relaciones
socioeconómicas de la vieja sociedad, que la revolución creía haber sepultado
de una vez y para siempre.
La dinamita
En 1867, el químico sueco Alfred Nobel inventó
la dinamita, mezclando la nitroglicerina con la tierra de diatomeas, y los
mineros bolivianos aprendieron a usarla con destreza para reventar las rocas y
extraer los minerales del vientre de la Pachamama.
Lo que nunca imaginó Alfred Nobel era que los
mineros usarían también las dinamitas, troceadas en pequeños cachorros, para hacerlas detonar en las
marchas de protesta como si fuesen petardos lanzados al aire en los días de
fiesta.
Así fue como este potente explosivo, puesto en
manos de los mineros bolivianos, fue un recurso de lucha tan mortal como las
armas de fuego.
País soñado
El país de las maravillas, donde se vivía en paz y todo era amor y felicidad, no tenía un sistema económico capitalista ni comunista, sino un sistema donde el valor no estaba en el tener sino en el ser; era un país donde todos gozaban de los mismos derechos, necesidades y responsabilidades, un territorio libre donde se habían derribado los muros entre el hemisferio sur y el hemisferio norte, entre ricos y pobres, entre blancos y negros, entre indios y gringos, entre hombres y mujeres, entre gobernantes y gobernados, entre dioses y diablos; era un país ideal donde se habían construido puentes de comunicación entre las diversas culturas, razas, lenguas, religiones, ideologías y géneros; era un país que no existía en la realidad, sino en la mente de los humanos que soñaban con la libertad, la paz y la justicia social.
La música
Las melodías
armoniosas de las músicas que me encantan, hechas con voces, instrumentos de
cuerda, viento y percusión, se me clavan como dardos de amor y esperanza en la
mente y el corazón, como a todo amante de la música que fusiona lo antiguo y lo
moderno, lo nacional y lo internacional, en un haz de sonidos y silencios que
hacen vibrar de emoción y goce estético al son de ritmos escuchados con los
oídos aguzados y el alma en vilo.
Miedo a la libertad
Nosotros tenemos
temor de dar un paso hacia lo desconocido. Dar un paso adelante puede tener
consecuencias funestas. No es fácil ponerse a andar por caminos desconocidos.
No en vano reza el dicho popular: Más
vale ir por camino conocido que cientos por conocer.
El hecho de no dar
un paso en falso, por miedo a perder lo poco o lo mucho que ya se tiene, es
también el miedo a la libertad, Por eso tememos a los revolucionarios, quienes
pugnan por abolir la propiedad privada de los grandes medios de producción.
Incluso algunos han llegado a sentir miedo de la muerte, como si sus vidas
hubiesen sido compradas para vivir una eternidad.
La trágica muerte del dictador
El presidente René
Barrientos Ortuño, exboxeador,
piloto de aviación y general golpista, cargaba en su conciencia la pesada cruz con las maldiciones de los
dirigentes mineros César Lora e Isaac Camacho, de los guerrilleros de Ñancahuzú
y de las víctimas de la masacre de San Juan de 1967.
Las maldiciones se hicieron realidad la tarde del 27 de abril de 1969,
cuando el dictador visitó el pueblo de Arque, donde arengó en quechua y prometió fortalecer el Pacto
Militar-Campesino.
Al cabo de cumplir con su misión, se dirigió a su helicóptero Hiler OH-23, llamado Holofernes por alguna extraña razón, para retornar a Cochabamba y después a la sede de
gobierno.
El piloto puso en marcha
el motor
y el helicóptero se elevó del suelo
en medio de una polvareda infernal. No alcanzó muchos metros de altura, hasta que las hélices chocaron con un cable
telegráfico. Por un tiempo sin tiempo, el helicóptero revoloteó como un moscardón
en el aire y luego capotó
contra
el suelo, estallando y ardiendo
en llamas.Él dictador, junto al edecán y el piloto, falleció calcinado como un
gusano arrojado a las llamas de una fogata de San Juan, dejando la pesada cruz
de las maldiciones entre un montón chatarra y ceniza, que fue lo único que quedó del helicóptero
que le obsequiaron sus asesores yanquis.
La felicidad
Cómo iluminado por las sabias enseñanzas de
Buda, y después de haber vivido largos y fecundos años, sigo convencido,
como Platón, que la verdadera felicidad no está en la abundante riqueza, sino
en saber vivir con poco en medio de la abundante pobreza.
La espera
Ella esperó el retorno de su esposo por días,
meses y años, pero él no volvió ni vivo ni muerto, hasta que un día, de buenas
a primeras, se enteró de que su esposo formó otra familia en otro pueblo. Ella
se rasgó las vestiduras y lloró a mares, pero con el correr del tiempo, como es
de suponer, cansada de los desvelos y de tantos años de inútil espera, se
resignó a perderlo con todo el dolor de su corazón y, como liberándose de una
pesada carga que no la dejaba vivir en paz, se dijo a sí misma: Por fin se acabó este tormento, esta espera
que desespera.
Ruta equivocada
Cuando el borracho entró en el bus, se
sentó al lado de un hombre que tenía anteojos oscuros y una funda de oro en los
dientes. Por su apariencia pulcra, de cabellera lamida por la brillantina y su
forma de expresarse, daba la impresión de que se trataba de un hombre de bien.
Apenas lo vio con la facha desaliñada, la
cara de trasnochado y tambaleándose como un velamen, le preguntó:
–¿Eres un bebedor consuetudinario?
El borracho lo miró de reojo y,
relamiéndose los labios, le contestó con voz aguardentosa:
–No soy consuetudinario, sino un
desocupado.
–Ah –dijo–. ¿Esa es la razón por estar así
como estás?
–Sí –contestó, exhalando un fuerte aliento
a alcohol–, pero también porque tengo la mente desocupada.
–Eso es grave, muy grave –dijo y levantó la
mirada en dirección al cielo y, persignándose como si fuera a rezar, añadió–.
La mente desocupada es la guarida del Diablo...
–¿Y la mente ocupada? –preguntó.
–Es el templo de Dios, mi hermano. Y todos
los que están en este bus son almas salvadas del infierno.
El borracho pensó un instante y, al darse
cuenta de que estaba en un lugar donde no debía, le preguntó:
–¿Hacia dónde va este bus?
–Hacia la Casa de Dios, hermano.
–¡Qué mierda! –exclamó el borracho,
salpicándole saliva en la cara–. ¡Volví a equivocarme de ruta!
Se levantó de golpe y salió corriendo como alma en pena, como quien huye de la mismísima persecución de un pastor evangélico.
martes, 1 de septiembre de 2026
MICROTEXTOS XVII
La prosa y la poesía
En mi vida, la poesía fue una tarea de soledad, se dijo Óscar Cerruto. ¿Y la prosa?, se
preguntó y se contestó a sí mismo: fue haber escrito Aluvión de fuego y Cerco de penumbras, mientras me tomaba
un trago y me fumaba un cigarrillo. Todo lo demás fue un tiempo ganado y otro
tiempo perdido, tanto en la diplomacia como en el periodismo.
El cuentista homicida
Se dedicaba a reescribir sus cuentos una y
otra vez, y nunca estaba conforme con el resultado final, hasta que lo
sorprendía la hora de dormir. Así que al día siguiente, apenas penetraba la luz
por la ventana, se levantaba y seguía puliendo los textos, como el artesano
pule y pule la obra de su creación, con la ilusión de dejarla acabada con su
luminoso fulgor.
Era escritor de escritores, un creador que se
rompía las manos para escribir un manojo de cuentos sin un punto menos ni una
coma por demás. Tanto la forma como el contenido debían fundirse como el
anverso y reverso de la moneda, en tanto los personajes debían tener vida
propia y vivir historias parecidas a la tuya y a la mía.
Cuando los tenía listos, festejaba su logro
con dos copas de licor, fijaba la mirada en los cuentos escritos en las hojas
de papel, los releía por última vez, cogía un encendedor y les prendía fuego
hasta reducirlos a nada, como todo cuentista homicida que les quita la vida a
sus personajes, con la esperanza de que no volvieran a nacer.
Discrepancias
No comparto opiniones con escritores que
reciben premios y condecoraciones de dictadores, cuyas manos están manchadas de
sangre. Tampoco con quienes hablan a nombre de los escritores exiliados, como
si todos hubiésemos olvidado y perdonado los crímenes de lesa humanidad que,
durante la denominada Operación Cóndor,
desangraron a los países del cono sur de América Latina.
La censura
Los pensamientos del escritor no se queman,
así sus libros ardan entre las llamas de la censura. Los censores pueden
arrojarlos a la papelera, prenderlos fuego y reducirlos a un puñado de cenizas,
creyendo que así terminan con el ímpetu de sus ideas y el fuego de su palabra,
aun sabiendo que el fuego, a pesar de todos los pesares, no quema al fuego, y
que los pensamientos del escritor, más temprano que tarde, vuelven a ser
impresos en el papel, como si renacieran de las cenizas como el ave Fénix.
El lenguaje
Se supone que los hombres primitivos, que
todavía moraban en las cavernas, hacían simples gestos acompañados de gritos e
interjecciones, a la manera de ciertos animales salvajes, hasta que pasó a
designar oralmente a las cosas de su entorno. Esta designación de las ideas
mediante sonidos constituyó la piedra angular en el desarrollo cultural y
social de los hombres primitivos, que inventaron el lenguaje para comunicarse
entre sí, habida cuenta de que cada signo o palabra representaba una idea común
para todos.
Después, para comunicarse y entenderse mejor,
tuvieron que estructurar un lenguaje sobre la base de normas gramaticales,
sintácticas, semánticas y otras de carácter lógico, como si tuviesen que añadir
un sexto sentido a los cinco tradicionales, debido a que el habla, una facultad
de coordinar las ideas mediante las palabras, los diferenciaba de los seres
irracionales, con los que compartían: vista, oído, tacto, olfato y gusto.
De modo que los hombres primitivos, dotados de
la facultad de hablar, habían dado nacimiento a las primeras palabras y frases,
coincidiendo con el empleo de los primeros utensilios para sobrevivir en medio
de la naturaleza salvaje. Desde entonces, el lenguaje no solo es una facultad social,
sino también un prodigioso instrumento que permite compartir pensamientos,
sentimientos y conocimientos.
Evolución del lenguaje
El idioma no es un producto hecho,
estático, sino una ejercicio dialéctico; una actividad viva en constante
transformación y de permanente actualización en los diccionarios de las
Academias de la Lengua. El lenguaje es tan vivo como el ser humano, algo que
evoluciona sin cesar, como evoluciona todo lo demás que se mueve en el cielo,
la tierra y el agua.
Sabido es que la lengua ha cambiado a
través de los años y los siglos. En el lenguaje es también aplicable el método
filosófico de Hegel, que explica cómo el pensamiento, la historia y la realidad
avanzan a través de tensiones y contradicciones, considerando que todo
evoluciona mediante un proceso dinámico compuesto por tres momentos
fundamentales, conocidos como la ley
tríadica: Tesis, antítesis y síntesis. Así es la dialéctica del lenguaje,
que se va probando constantemente en la práctica tanto en su forma oral como
escrita.
Si la evolución es el combustible del
progreso, entonces los poetas, en su condición de obreros de la palabra
escrita, son los principales revolucionarios del lenguaje, porque primero están
ellos y luego los gramáticos. No en vano se dice que donde terminan las normas
de la gramática, empiezan las creaciones de los poetas, que enseñan la belleza
del lenguaje desde el lenguaje mismo, que nunca se detiene y que siempre avanza
con las botas de siete leguas de Pulgarcito.
Charles
Darwin
El naturalista británico, padre de diez hijos, navegó y navegó, hasta
que en las Islas Galápagos, observando los picos de los pinzones, descubrió las
bases de sus futuras teorías.
El concepto central en la vida y obra de Charles Darwin, que parecía haber escrito el evangelio del diablo y haber afirmado que el hombre no fue creado por obra y gracia de un ser Supremo, estaba sustentada en sus investigaciones sobre la evolución biológica mediante la selección natural de las especies; una teoría que nos acercó a la adaptación, la complejidad y la diversidad entre las criaturas vivientes en la tierra, el cielo y el agua: una gran revolución en la ciencia y el nacimiento de la teoría evolutiva, cuyos conocimientos científicos, a contrapelo de las suposiciones creacionistas, iluminaron las conciencias contra el oscurantismo religioso y confirmaron que los humanos somos el resultado de un largo proceso de selección natural de las especies y que todas las especies descienden de un ancestro común, como las ramas de un árbol nacen del mismo tronco.
martes, 21 de julio de 2026
MICROTEXTOS
XVI
Amar
con el corazón
El
amor no es asunto del corazón, sino del cerebro. Las sensaciones del amor se
procesan en el cerebro, donde se liberan químicos como dopamina, oxitocina y
endorfina, generando placer y apego hacia el sexo contrario.
El
corazón no recibe las sensaciones del amor, sino la sangre oxigenada de los
pulmones, para luego suministrar, a través del sistema cardiovascular, a los
órganos y tejidos del cuerpo; en tanto el cerebro, que actúa como el centro de
mando y motor principal del cuerpo, tiene por función procesar los pensamientos
y sentimientos del amor.
Lo cierto es que, lejos de toda explicación científica, la reacción física
del amor se siente en el pecho, como burbujas de una gaseosa y como mariposas
revoloteando en el estómago, a pesar de que una persona no ama con el corazón
sino con la cabeza. Amar con el corazón
es una simple metáfora, como cuando se dice que en el cielo está el reino de
Dios.
Inmenso
amor
Toda
vez que repito tu nombre, se me anuda la lengua, como cada vez que te miro, se
me derraman los ojos. ¿Acaso no te das cuenta que, cuando me hablas con pasión,
respiro tu tibio aliento, teniéndote metida en mi corazón como te tengo metida
en mis pensamientos?
Siento
tu amor en el modo de hacer eso. Solo yo sé cómo se siente cada vez que estás
conmigo, recostada sobre un manto de estrellas y un cielo raso desnudo como la
luna, cobijándonos cual confidente amiga y escondiendo nuestros secretos que,
más que secretos, son pruebas diáfanas de nuestro inmenso amor.
Estar
contigo es sentir un mar de felicidad y estar lejos es como estar sumido en una
impenetrable oscuridad. Ojalá que tu mirada iluminara siempre nuestros senderos
y muestras vidas, que tienen más vida cada vez que nos fundimos en el fuego de
nuestros cuerpos.
El
amante
Abrió
la puerta con la misma llave que ella le entregó, cogió la manilla y la empujé
hacia adentro, franqueó el dintel y se enfrentó al rostro del amante de su
mujer, quien estaba parado cerca, como a punto de abrir la puerta desde el otro
lado. Penetró barriendo el helado aire y él se hizo a un lado, luego el amante
cerró la puerta y se volvió como empujado por el viento, que le sopló en el
rostro como anunciándole una inminente tragedia.
Ella
estaba todavía tendida en la cama, desnuda y arreglándose los mechones. Al ver
a su marido, se puso de pie, se cubrió los senos con los brazos y entornó los
ojos como si nada hubiese pasado.
–¿Así
que me engañabas? –preguntó con un soplo de desaliento.
–Así
es –contestó ella–. Te engañaba porque tú nunca estabas en casa.
Él
sacó el revólver del cinto y le plantó dos tiros en el pecho.
–¡Qué
has hecho! –gritó el amante.
El
marido de la mujer le apuntó con el revólver y, con los ojos empañados por las
lágrimas y exhalando un profundo suspiro, le dijo:
–Tú
no has visto nada, así que desaparece y no vuelvas a cruzarte en mi camino.
El
amante abrió la puerta, ganó la calle y, mientras caminaba con rumbo
desconocido, escuchó otros dos disparos en la vivienda que él frecuentaba cada
día.
Una
pareja perfecta
La
mujer, siempre que hablaba con su esposo, hablaba en voz alta y hasta
chillando, le reprochaba por todo y por nada; en cambio él hacía todo lo que se
le venía en gana, galanteaba con cuanta mujer encontraba y hasta la engañaba
sin que se diera cuenta. A pesar de todo, de puertas para afuera, parecían una
pareja perfecta. Él era sordo y ella era ciega.
El
túnel
Bastará decir
que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el
proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores
explicaciones sobre mi persona. Así comienza el primer capítulo de la
novela El túnel, de Ernesto Sábato,
que no es otra cosa que una poderosa confesión convertida en una metáfora
existencial que simboliza la soledad absoluta. Juan Pablo Castel es el
feminicida que comete un crimen pasional por amor obsesivo, celos enfermizos y
que, por vivir de espaldas al mundo y la mente perdida en un túnel sin salida,
es víctima de sus bajos instintos y pasiones destructivas, que desenlazan en el
asesinato de la mujer amada, la locura y la tragedia sin retorno ni perdón.
Ritual
mañanero
La
gringa, cuya belleza tenía más fulgores que todas las luces del universo, era
una mujer liberada de los prejuicios y las ataduras sexuales; por eso mismo,
todas las mañanas, al salir a su exuberante jardín, se acercaba al palomar y,
mirando a los curiosos que la observaban desde sus balcones, saludaba a la
fresca madrugada con todos los poros de la piel y respiraba a todo pulmón.
Después dejaba escapar de su mano una paloma blanca y de su blanca bata una
blanca teta, aureolada por un pezón rosado, propio de las mujeres que superan
el rubio platinado. Volvía a entrar en el dormitorio, cerraba las cortinas de
la ventana y no volvía a aparecer en el jardín hasta el día siguiente, a la
misma hora en que los curiosos acudían a sus balcones para verla repetir su
ritual mañanero entre una bandada de palomas que revoloteaban alrededor y una
explosión de flores que exaltaban su belleza.
La
cama
La
cama es el territorio más libre de la vida, donde el acto sexual adquiere
dimensiones sacramentales, como en el rito hindú, donde tanto el hombre como la
mujer, antes de acostarse, deben bañar cuidadosamente sus intimidades,
limpiarse los dientes, aplicarse una cantidad limitada de ungüentos y perfumes.
Luego
acostarse en la cama, predispuestos a someterse a las llamas del amor,
trenzarse con brazos y piernas, devorarse a besos, acariciarse las concavidades
del cuerpo y estallar en vibrantes sensaciones, hasta fundirse en una entrega
total, practicando el estilo 69, con el cunnilingus y la felación, que es una
variante sexual en la que cada uno puede estimular, con labios y lengua, los
órganos genitales de la pareja. Luego entregarse a las pasiones carnales sin
ninguna inhibición ni ataduras morales, abriéndose a un paraíso de prácticas
eróticas, desde la postura del “misionero”, hasta la postura del perrito, cuando la mujer se pone de
cuatro y el hombre la embiste por atrás.
Siempre
es mejor practicar el amor en la cama, con sábanas o sin ellas, porque la cama,
sin importar el material del que esté fabricada, el precio, la forma y el
tamaño, es el único escenario donde los enamorados pueden alcanzar las
estrellas con las manos y el clímax con la imaginación.
Los
besos
Si
el hombre logra hacer un nudo con el tallo de la cereza, solo con la lengua y
sin tocarlo con las manos, significa que sabe besar como un amante perfecto; lo
mismo que la mujer que puede comer una salteña jugosa, sin derramar una sola
gota del jigote, sabe besar como succionando un chupete de cerezas.
El
amor
En una discusión de pareja, la mujer le recriminó a su esposo, diciéndole que él no le mostraba su amor ni en sus gestos ni en sus acciones. A lo que él, postrándose de rodillas y besándole la mano, le replicó: El amor se siente, pero no se ve, mi amor, porque lo esencial es invisible a los ojos, como afirmó el zorro, en El principito, la obra clásica de Antoine de Saint-Exupéry.
domingo, 14 de junio de 2026
MICROTEXTOS
XV
Franz
Kafka
Cuando
despertó, la cucaracha todavía estaba mirándolo desde el techo.
Iósif
Stalin
El
amante de su propia personalidad, el dictador más abominable del comunismo
soviético, lo tenía a León Trotsky, su principal enemigo, metido hasta en sus
pesadillas.
Frida
Kalho
La
artista que pintó sus retratos en la cama, con la cadera rota, la pierna
amputada y los ideales al lado de su corazón partido, tenía una Frida de noche
y una Frida de día, una Frida sana y una Frida herida.
Túpac
Katari
El indio rebelde, antes de que sus verdugos le cortaran la lengua y fuese atado de pies y manos a la cincha de cuatro caballos para ser descuartizado, los miró de frente y lanzó un estremecedor grito en el pueblo de Peñas: ¡Volveré y seré millones, carajo!
Baruch
Spinoza
Al
filósofo neerlandés, de origen sefardí, las autoridades religiosas judías, por
pensar demasiado y estar acusado de ateo, le lanzaron las siguientes maldiciones:
Maldito sea de
día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando
se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor
no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre
y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley…
Spinoza
se rió por dentro y, sin dejar de escribir sus tratados sobre metafísica,
ética, teología y política, esperó pacientemente morirse a los 44 años, minado
por la tuberculosis y no por un castigo divino, como lo tenían pensado sus
detractores, que vivían aferrados a la Biblia y a la mano del Señor.
Miguel
Alandia Pantoja
El
pintor revolucionario, nacido en una población minera del norte de Potosí,
pintó obreros y campesinos en actitud combativa, pintó hombres con hambre de
justicia y mujeres envueltas en banderas libertarias. Pintó también a los
guardianes de la oligarquía minero-feudal, con armas en las manos y prestos a
ahogar a los explotados en baños de sangre.
Pintó
lo que le dictaba su conciencia, con los pinceles de sus manos hechas de
compromiso social y los colores encendidos de su corazón rebelde. Pintó todo lo
que pintó, en muros y lienzos, con su desbordante creatividad convertida en la
ideología revolucionaria de la clase obrera.
Solo sé que nada sé
Un
amigo bibliotecario, de cuyo nombre prefiero no acordarme, leía todo, todo el
tiempo. Leía las enciclopedias desde la letra A hasta la letra Z. Era erudito
en muchas ciencias del saber humano, una auténtica biblioteca andante, aunque
él solía repetir la clásica frase de Sócrates: Solo sé que nada sé, pues mientras más leía, de noche y de día, se
daba cuenta de que sabía menos, debido a que los conocimientos eran infinitos y
que un sabiondo era un pobre ignorante con pretensiones de sabio.
Miguel de Cervantes
El
Manco de Lepanto, prisionero en la
Cárcel Real de Sevilla, por deudas pendientes y acusaciones de apropiaciones de
fondos públicos, pergeñó su obra clásica: El
ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, necesitado de un caballero
andante para sentirse como si estuviese libre, recorriendo por el mundo al
galope de su caballo Rocinante, para
imponer justicia, defender a los humildes y ganarse honores a punta de
lanza y filo de espada. Necesitaba un Quijote, enfrentándose con enemigos
imaginarios, locamente enamorado de Dulcinea del Toboso, acompañado de su
escudero Sancho Panza y protegido por sus amigos y parientes. Necesitaba crear
a Alonso Quijano, el héroe trocado en loco de tanto leer novelas de caballería,
un alter ego de Miguel de Cervantes, un hidalgo de contextura alta y delgada,
piel pálida, nariz picuda, bigotes poblados y barba larga. El escritor, atormentado en su cautiverio, con la pluma en ristre y sin dejar nada en el tintero, tenía la necesidad de crear un
Quijote de la Mancha, no importaba si loco o cuerdo, pero viviendo en libertad y no
encerrado entre los gruesos muros de la cárcel.
Bartolina
Sisa
La
heroína aymara fue descuartizada por sus verdugos. Su cabeza y extremidades
fueron exhibidas en distintos ayllus y caminos, donde ella, junto a su esposo
Túpac Katari, resistió en la lucha contra los realistas al servicio de la
Corona Española. Su cabeza fue clavada en la picota del escarnio en
Jayujayu-Marka, hoy provincia Aroma del departamento de La Paz, para escarmiento de los indios que osaban
rebelarse contra el sistema colonial. Sus extremidades fueron enviadas a
Tinta-Marka, comunidad situada en la actual república del Perú, donde también
fueron exhibidas en la punta de sendas picotas. Pero de nada sirvió tanta
barbarie y crueldad, porque los herederos de Bartolina Sisa siguieron su
ejemplo y, juntando las partes desmembradas de su cuerpo y recogiendo cada gota
de su sangre derramada, siguieron luchando por conquistar sus derechos y
conquistar la liberación de las naciones originarias del Abya Yala.
César
Vallejo
El excelso poeta peruano, conocedor de la vida de los mineros y el saqueo imperialista en Quiruvilca, cerca de su natal Santiago de Chuco, escribió la novela El tungsteno, a modo de protesta y denuncia desde la literatura, con el mensaje revolucionario de que solo la conciencia de clase y la organización de los trabajadores eran las armas para sepultar a los explotadores y las indispensables llaves para abrir las alamedas de la liberación proletaria. El poeta de pocos recursos económicos, pero de muchos poemas hechos de sentimientos humanos y compromiso social, estaba convencido de la tesis marxista de que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los propios trabajadores y quien no entienda estito estaba condenado a ser un eterno esclavo del sistema capitalista.
lunes, 1 de junio de 2026
MICROTEXTOS XIV
El antirracista
A diferencia del xenófobo, no se fijaba en el color de
piel que su amada tiene por fuera, sino en los valores humanos que tiene por
dentro.
Experiencia
De joven le gustaban las mujeres voluptuosas, de pechos y nalgas
enormes, hasta que un día, su abuelo, como todo viejo que hablaba con la voz de
la experiencia, le dijo: “A la mujer, mientras más delgada, el clavo le entra
mejor”.
Justicia por mano propia
Una turba enfurecida sepultó vivo a un adolescente de 16 años, acusado
de violar y descuartizar a una niña de 5 años. Todos estaban de acuerdo en
hacer justicia por mano propia. Primero, lo capturaron como a una bestia
salvaje, lo maniataron y obligaron a asistir al velorio de la víctima. Luego,
entre golpes y gritos, lo condujeron hacia el cementerio, donde lo tiraron en
una fosa profunda, con las manos todavía amarradas a la espalda, y le echaron
palas de tierra, hasta provocarle la muerte por asfixia.
Amigo imaginario
Mi amigo imaginario, mientras había luz, siempre fue mi sombra, con
quien hablaba, reía, lloraba y jugaba, hasta que caía la noche y mi sombra, que
no era un muñeco ni un animal de peluche, se despedía y desaparecía pidiéndome
esperarlo a la luz de un nuevo día.
Varón domado
Desde que ella lo tenía bajo su dominio, él ya no era el mismo, parecía
un hombre sin alma ni cerebro. Ella lo manejaba, sin mirarle ni dirigirle la
palabra, como a cualquier don nadie; incluso, desde que perdió su autoridad y
dignidad de hombre, ella pensaba y sentía por él, quien no se reconocía ni
estando delante del espejo. Ella lo envolvía en un dedo y él no decía nada, lo
desenvolvía y tampoco decía nada. Lo envolvía una y otra vez en el dedo, como
se envuelve el hilo en el carrete, y él no decía nada, solo movía los ojos,
mirándola como el esclavo mira a su amada ama.
Soledad
El hombre vivía solo en la soledad, amparado en la pobreza y el olvido.
Nadie lo visitaba ni se preocupaba por él, salvo un famélico perrito convertido
en su única compañía, el que le daba cariño y lo seguía por donde iba.
Femimachista
Una feminista de marras, como las que andan por ahí, alguna vez me dijo
que el peor enemigo de la mujer no es el hombre, sino otra mujer machista.
Olores
El autobús se detuvo en un tramo de la carretera. Se
abrió la puerta, subió un hombre, miró en derredor y dijo:
–Sube un nuevo pasajero con olor a indio. No me van a
discriminar, ¿ya?
–Aquí no hay gringos –contestó uno–. Todos somos
indios, pero con olor a gringos.
–¿Y cómo es el olor a gringos? –preguntó otro.
–A gringos –contestaron los pasajeros al unísono.
El autobús estalló en risas y bromas, mientras se
cerraba la puerta para proseguir el trayecto.
Paro
del transporte
Cuando
el transporte se declara en paro, por falta de diésel y gasolina, para todo,
para la vida y para la muerte. La ciudad de El Alto se viene abajo. No se oyen
motores en las calles y los peatones viajan sobre sus pies, como si el mundo
dejara de orbitar alrededor del sol y dejara de girar sobre su eje. Cuando el
transporte se declara en paro, por la escasez de combustible, paran las agujas
del reloj, callan los motores, paran los conductores y no queda otro camino que
movilizarse en autopie.
Una granja al revés
En esta granja, donde las leyes de la naturaleza no siguen las normas de
Darwin ni de Dios, los animales viven a su libre albedrio: el gato ladra y el
perro maúlla; la vaca relincha y el caballo muge; el sapo trina y el pájaro
croa; el gallo gruñe y el cerdo cacarea…
En este reino animal, donde las
leyes de la naturaleza están al revés, el loco es el más curdo entre los
cuerdos, mientras el cuerdo, que no habla pero rebuzna, es un auténtico loco de
remate.
Necrofilia
Cuando murió su amada, la mujer a quien no podía apartarla de su vida, él no soportó la soledad y decidió profanar la tumba donde ella yacía bajo una cruz de hierro y una lápida de mármol. Se metió en el cementerio a medianoche, escarbó la tierra con las manos, desenterró el cadáver con la misma desesperación de un violador de sepulturas. Y, sin que nadie lo viera bajo el reflejo plateado de la luna, llevó el cuerpo a su casa y lo recostó en la cama. Lo restauró, maquilló y vistió con sus mejores galas. La perfumó, la devoró a besos, la exploró con las manos y, excitado como un perro azuzado, le hizo el amor como la primera vez que la poseyó en la misma cama.
lunes, 4 de mayo de 2026
MICROTEXTOS
XIII
El
surfista de novelas negras
El
lector aficionado a las novelas negras debe tener siempre una tabla de
salvación. Si la ola de novelas de crimen ponen en jaque su vida, el surfista debe
asirse a la tabla de salvación y surfear, surfear y surfear sobre la cresta de
las novelas negras, para no ser alcanzado por los disparos que salen de las
páginas como una lluvia de afiladas estrellas en un combate entre samuráis.
Releer
Algunos
lectores, a contrapelo de la abundante oferta editorial, se ocupan más de
releer que de leer, salvo que para releer se necesita haber leído, una y otra
vez, el mismo libro que se releerá por enésima vez.
Hijos
del alma
Los
libros son como los hijos inmortales del alma, sobre todo, si se tratan de
auténticas autobiografías, donde el fuero interno se plasma en letras de molde,
dejando traslucir los pensamientos y sentimientos de quien se refleja de cuerpo
entero en una suerte de espejo, donde las imágenes e ideas quedan perpetuadas
para siempre.
Metáfora
La
metáfora dice mucho en pocas palabras, como esa que se repite en todas las
lenguas: Echaré la casa por la ventana;
metáfora de la que nacieron muchas otras como las correas nacen del mismo
cuero.
Cambio
de grafía
En
un texto, en verso o en prosa, un error de tipografía puede cambiar el
significado de una frase, como cuando se cambia el grafema V por la F. Por cuanto escribir:
En el inVierno hace frío, no es lo
mismo que escribir: En el inFierno hace frío.
Género
literario para la inmensa minoría
La
poesía, en su condición de arte mayor entre las letras, es el género más
brillante de la literatura, el que más cultores y aficionados tiene en el
mundo. No obstante, aun siendo uno de los géneros literarios más extendidos, es
uno de los menos leídos y valorados por la vorágine comercial, casi siempre
impuesta por las leyes de la oferta y la demanda del mercantilismo editorial.
Quizás por eso, a diferencia de los lectores militantes de la prosa, Juan Ramón
Jiménez no dudó en aseverar que la belleza de la poesía solo estaba dirigida a la inmensa minoría.
Albor
El
Centro de Arte y Cultura Albor es el teatro de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano.
La
Feria del Libro de los libreros
La
gran fiesta de los libreros está en la Feria del Libro, donde se dan cita las
letras del mundo, con la finalidad de encantar a los apasionados de la
literatura.
En
la Feria del Libro, los lectores encuentran libros grandes y libros pequeños,
libros gruesos y libros delgados, libros en colores y libros en blanco y negro,
libros para los enamorados de la lectura, libros para estimular la inteligencia
de los intelectuales y libros para cultivar el hábito de la lectura de los
niños, jóvenes y adultos.
La
Feria del Libro de los libreros es un ponderable evento festivo, que tiende
puentes entre los escritores y los amantes de los libros, esos maravillosos
objetos hechos de papel, tinta y letras, que son una suerte de cajitas mágicas,
donde están encerrados los tesoros creados por los escritores de todos los
tiempos, países y culturas.
La Feria del Libro de los libreros es fiesta, feria, fiesta…
miércoles, 7 de enero de 2026
MICROTEXTOS
XII
Los muñecos
En varias calles de la ciudad de El Alto, acechadas por la delincuencia
diurna y nocturna, los vecinos colgaron enormes muñecos de las luminarias.
Están hechos de ropas embutidas con trapos de todos los colores y tamaños. No tienen
rostros, ni edades, ni nombres, pero sí un letrero en el pecho y un texto
parecido a la sangre: Ladrón pillado será linchado y quemado.
El líder
Sembraba
la palabra, con vehemencia y coherencia, sin saber si sus partidarios eran
tierras fecundas, donde un día podían cosecharse sus ideas revolucionarias. Hablaba y hablaba, en
las asambleas, congresos y reuniones, no por ser un hablador, sino un auténtico
líder de las masas y un magnífico representante de las aspiraciones populares.
La corrupción
En
un país bananero, donde todo anda de cabeza, el político que roba es aplaudido
y el policía honesto es ridiculizado, el que miente es aplaudido y el que dice
la verdad es abucheado. En un país bananero, donde todo anda patas arriba, la
honestidad es plata y la corrupción es oro.
El pecado
Dicen
que en el Paraíso, el Diablo tomó la forma de una serpiente, una criatura
dotada del don de la palabra y capaz de expresar sus pensamientos con
deslumbrante lucidez. Se alzó sobre su cola y le convenció a Eva para que le
diera de comer el fruto prohibido a Adán, ya que si ambos comían del árbol de
la sabiduría, de lo Bueno y lo Malo, no morirían, como les dejó dicho Dios,
sino que se les abrirían los ojos y los oídos, y serían como su Creador. Ella le
obedeció como mujer sumisa y probó el fruto prohibido del árbol de la
sabiduría, que Dios, por alguna divina equivocación, puso en medio del jardín
del Edén. Poco después, Eva le entregó la fruta prohibida a Adán, quien, como
hombre sumiso, hincó los dientes en la manzana. Así fue como nuestros primeros
padres, incitados por la serpiente y desobedeciendo el mandamiento de su
Creador, introdujeron el pecado y la muerte en este mundo.
Cuestión de gatos
Eduardo
Mondragón no compartía la idea de que los gatos eran animales sagrados, como se
imaginaban los antiguos egipcios, y mucho menos dioses protectores de la salud
y la fortuna. Tampoco había por qué venerarlos ni mimarlos como lo hacían los
budistas tibetanos, que los consideraban acompañantes en el tránsito obituario
y que en la vida eran como hermanos del alma, sobre todo, si se los trataba con
consideración y cariño.
Tampoco
le interesaba si Julio Cortázar tuvo una
extraordinaria afición por los gatos en París, si Ernest Hemingway criaba
numerosos gatos en su casa de Cuba, si Carlos Monsiváis vivía rodeado de gatos,
si Edgar Allan Poe inmortalizó a su gato negro y si Stephen King, en su novela, Cementerio de animales, retrató a un gato capaz de resucitar a los
muertos, ni para qué citar a los otros querendones de felinos como T.S. Eliot,
Mark Twain, Charles Dickens y otros.
Le tenía sin cuidado que también las escritoras como Charlotte Brontë, Colette, Patricia Highsmith, Elizabeth Bishop, Elena Poniatowska y Doris Lessing, entre otras, hayan sido amantes de los gatos. Lo único que le interesaba a Eduardo Mondragón, el enemigo principal de los gatos, era que estos felinos, que por las noches se tornaban en pardos, desaparecieran del mapa por ser carniceros de dientes afilados. Los odiaba con todas las fuerzas de su alma, desde el día en que un gato se entró por la ventana de su cuarto y se comió al canario de su vida.
jueves, 4 de diciembre de 2025
MICROTEXTOS
XI
Sobreviviente
Los
corsarios del Caribe cazaron a un gigantesco animal marino y en su vientre, entre
otros objetos, hallaron anclas de barcos mercantes, cañones de fragatas
sucumbidas en las batallas y, atónitos de asombro, hallaron a un hombre vivo,
quien permaneció durante tres días y tres noches en el vientre del animal, que
Dios puso entre las olas de alta mar para salvarlo del naufragio.
Criaturas
imperfectas
Desde
el principio, desde la génesis del mundo, el hombre y la mujer no fueron
criaturas perfectas, como si Dios los hubiese creado más como un pasatiempo que
a su imagen y semejanza. Desde entonces se jodió la humanidad entera. Por Adán
y Eva entró la muerte en la tierra, y por Caín y Abel, sus hijos enemigos,
entró la violencia en el cuerpo y el alma del género humano.
Equidad de
género
La
relación entre un hombre y una mujer, a pesar de las leyes promulgadas en torno
a la equidad de género, seguirá siendo compleja, debido a que los sentimientos
más profundos no siempre son lineales ni eternos, como hubiésemos deseado que
fuesen, sino sensaciones variables que no dejan de sorprendernos a lo largo de
la vida.
Las
relaciones humanas no han cambiado en lo esencial durante milenios ni cambiará
jamás, como no cambiará la relación compleja entre los géneros.
Sin
embargo, no cabe duda de que el amor entre el hombre y la mujer haya sido uno
de los motores impulsores del desarrollo de las sociedades. No pocos hombres
han protagonizado guerras por el amor de una mujer o mujeres que se han movido
como maquinarias detrás de los triunfos de un hombre. Desde esta perspectiva
social, biológica y emocional, es lógico suponer que la complementariedad en
una relación de pareja es un poderoso instrumento capaz de trocar los sueños en
realidad.
Los mil y un
cuentos
Soy
el Sultán Sahinar de Las mil y una noches, capaz de recontar
los mil y un cuentos que escuché en boca de la joven y hermosa Scheherezade,
quien, con voz dulce y dulce cuerpo, me entretuvo noche tras noche con sus
fabulosas narraciones, encadenándolas una tras otra y dentro de otra, para poner
a salvo su vida y no terminar como las tres mil mujeres que desposé, que mandé
decapitar y encerrar en el secreto sótano de mi palacio, temeroso de que me
traicionaran con otros hombres mejor dotados que yo.
Complementariedad
En todo hay complementariedad, como en la cosmogonía andina, donde el día se complementa con la noche, la mujer con el hombre, el blanco con el negro, la vida con la muerte, la bondad con la maldad y, quiérase o no, el bien se complementa con el mal, como Dios se complementa con el Diablo, para bien o para mal.
miércoles, 14 de mayo de 2025
MICROTEXTOS
X
Amado
El
amadísimo Amado, un egocéntrico de dimensiones monumentales, se amaba a sí
mismo cuando nadie lo amaba.
Mujeres
Las
mujeres adultas, que ya no tienen la piel ni los senos de veinteañeras, sino
arrugas y cabellos argentados, son la belleza en el cenit de la madurez, la
experiencia andante, pensante y hablante. Las mujeres mayores, a diferencia de
las jovencitas de piel tersa y senos turgentes, son sabias para vivir y amar,
mujeres a carta cabal.
Complejo de
inferioridad
En
los sueños se veía conviviendo con las celebridades que admiraba en su vida,
pero ellos, mirándole con indiferencia, no le dirigían ni la palabra, como si
no existiera en el mundo. Y, al despertar, se sentía con el complejo de
inferioridad atormentándole como una pesadilla.
Lucifer
El
sacerdote se marchó al infierno y retornó de allí, convertido en Lucifer
tentador de hombres y encantador de mujeres.
¿Cuál es primero?
Si el
hombre es producto de la historia y la historia es producto del hombre.
Entonces cuál es primero: ¿El huevo o la gallina?
Racismo
Todos
somos iguales debajo del color de la piel. Todos tenemos la sangre roja, nadie
la tiene de color azul, y el que no lo crea, que se haga un corte en la piel y
así sabrá que el racismo no es una “ciencia biológica”, sino el invento de la
estupidez del “hombre blanco”.
El amor
La amo
infinitamente, es la que da vida a mi vida, la razón de mis alegrías y
esperanzas, la mujer que encontré sin buscarla, la compañera de siempre y para
siempre, la que apacigua mis iras, troca mis penas en sonrisas y estimula mis
ilusiones con meditadas sugerencias.
Me
siento feliz de solo respirar su aliento y acariciar su piel con el hálito de
mis palabras. No hay mayor dicha en el mundo que tenerle a mi lado, sentir como
un fuego su mirada bajo el claro de la luna, que parece clavada en el firmamento,
empapándome la piel con las gotas de los luceros del alba, como en los soleados
días en que ella calienta la frigidez de mi cuerpo con la temperatura de su
cuerpo.
El amor
cobra sentido cuando palpo las sensibilidades de su alma y los latidos de su
corazón, que destila ternura y sencillez a raudales, permitiéndome ser parte de
su vida, de sus pensamientos y sentimientos pletóricos de los nobles ideales de
libertad y justicia.
Enciclopedias de la
vida
Los
libros no deben revelarnos los secretos íntimos de la vida, sino que,
simplemente y llanamente, deben ayudarnos a descubrirlas como cuando
descubrimos los conocimientos universales en las sabias enciclopedias de la
vida misma.
La máscara
El hombre que lleva una máscara de Diablo, no es que pretenda ser Diablo, sino que es Diablo, al igual que el otro que lleva una máscara de Moreno, que no pretende ser Moreno, sino que se siente Moreno.
La
máscara forma parte de la identidad personal, de la psiquis más profunda, del
mundo inconsciente que se expresa a través de la máscara que vive y late en el
estado irracional y que no solo existe en el reino del mito y el simbolismo. Si
se les pregunta: ¿Están disfrazados para el Carnaval? Ellos se miran en el
espejo y aseveran que no están disfrazados, sino que son la máscara
cubriéndoles el rostro. El Diablo es Diablo y el Moreno es Moreno, sea en el Carnaval o en cualquier parte.
Memorables pedos
Don
Mamerto era un anciano residenciado en un pueblito valluno de Cochabamba. Vivía
solo en una casa que tenía un pequeño huerto, donde criaba gallinas, patos y
pavos. Don Mamerto, además de chicato y jorobado, era calvo y sordomudo.
En mi
niñez, junto a mis amiguitos de juego, lo seguíamos a hurtadillas y detrás de
sus espaldas, para que no nos vea ni se dé cuenta. Lo seguíamos, fisgoneando y
entre risitas burlonas, toda vez que cruzaba por la plaza del pueblo, pues a
cada paso que daba, se echaba un pedo tras otro, dándonos la sensación de que
su calzoncillo debía estar manchado como por un soplete cargado de chocolate.
Suponíamos
que él mismo no se daba cuenta de que arrojaba reverendas ventosas a lo largo
de su itinerario. Lo interesante es que don Mamerto, a diferencia de lo que
suelen hacer otras personas, no disimulaba sus pedos con gritos ni toses, los
dejaba escapar como quien padecía de gastritis o comía demasiados porotos y
lentejas. Nos daba la impresión de que no estaba consciente de la fetidez y la
orquesta que tenía en el ano, ya que, a veces, sus ventosas le salían de manera
sonora y prolongada, como una carcajada de perdigones.
Para
nosotros, que lo seguíamos los talones, era todo un jolgorio escuchar los gases
expelidos por don Mamerto; quizás, porque sus pedos, que parecían un solo pedo,
nos causaba mucha gracia y, al recordarlos y contarlos entre amigos, nos
partíamos de la risa, sin saber que a todos, en la plenitud de la vejez, nos
podía pasar lo mismo, así controláramos nuestros gases que, sin saberlo ni
quererlo, podían tener consecuencias por demás lamentables, no en vano reza el
dicho popular: “Confianza ni en el pedo, porque hasta por peer uno se caga”.
Así
nos divertíamos a costa de don Mamerto, hasta el día en que, al ser
descubiertos por una señora conocida por su mal talante, que cruzaba por
nuestro camino, nos detuvimos en seco y la respiración en vilo. Ella nos cogió
por el cuello y, en tono de reproche y advertencia, nos dijo:
–¿Por
qué se ríen? ¡Ustedes cuando sean viejos serán como don Mamerto!
Desde ese día, dejamos de perseguirle a don Mamerto, comprendiendo que no era bueno burlarse del padecimiento ajeno, que todos llegaríamos a viejos y que nadie estaba libre de sufrir flatulencias, salvo que nosotros, los traviesos niños del pueblo, jamás nos olvidaríamos de los memorables pedos que escuchamos en la infancia.
viernes, 11 de abril de 2025
MICROTEXTOS IX
El ladrón
Se robó la Biblia,
sin saber que estaba robándose la palabra de Dios.
La espera
A la muerte hay que esperarla como se espera a la mujer
amada, porque llega cuando le da la gana y mientras menos se la espera.
La vida
–¿Cuál es el significado de la vida? –preguntó uno,
barriendo el aire con un tono de persona escéptica.
–La respuesta es simple –contestó otro, de manera breve y
categórica–. El significado de la vida es la vida misma.
Ellas
Las damas de compañía, mujeres de belleza divina y juveniles
años, son vidas que inspiran y amores que matan.
Pasión secreta
El control de la autosatisfacción está
simbolizado por el cinturón de castidad, que evita la masturbación, considerada
todavía un pecado mortal y, como
dirían algunas novicias sometidas al voto de castidad, evita que los traviesos
dedos de la mano jueguen con el pequeñín que genera el mayor placer de las
pasiones secretas.
Oralidad
Cristo predicó hasta el cansancio. Era maestro de la
tradición oral. Sus sabias enseñanzas no las escribió en un libro, sino en la
memoria de sus discípulos. Si alguna vez intentó escribir algo en la arena, las
olas se encargaron de borrar para no dejar constancia de su amor por
Magdalena.
Hijo del Hombre
No debe ser fácil nacer por obra y gracia divina, ser
sufrido entre los sufridos, azotado en el vía crucis, agonizar en el Gólgota,
morir claveteado en los maderos y, como si fuera poco, resucitar para ser rey
entre los reyes, nada menos ni nada más que por ser el Hijo del Hombre.
Gato negro
En la Edad Media, de acuerdo a las supersticiones, se creía que el Diablo se encarnaba en el gato
negro, en esta mascota preferida por las brujas. Si una persona se cruzaba en
el camino con un gato negro, este tendría no solo un día de mala suerte, sino
un día menos de vida, porque no se cruzó con el gato sino con el Diablo.
Llamarada
Tu amor me arde en el pecho como una llamarada, llamándome
amor desde el fondo de tu alma.
Quijote
En
todo hombre anida un Quijote, un soñador, un justiciero, un aventurero y un
loco enamorado, dispuesto a vivir batallas, desafíos, desilusiones, requiebros,
amores, tormentas y disparates.
No
es casual que el luchador social sea el prototipo del Quijote. Simboliza, por
antonomasia, la abnegación y la entrega a nobles causas, como son los ideales
de la libertad y la justicia.
El
hombre, común y corriente, es un Quijote desarmado. No lleva yelmo, ni cota con
anillos de acero, ni coraza de hierro para protegerse de las afiladas espadas y
las armas de fuego. No lleva adarga al brazo ni lanza en ristre para acometer
contra los enemigos del género humano.
El
hombre es un Quijote que solo necesita armarse de coraje, como todo caballero
de armas llevar, y acometer contra el adversario con la firme decisión de
infligirle una derrota. Así lo hizo el caballero de la triste figura cuando se
enfrentó al rebaño de ovejas y a los molinos de viento, creyéndolos enemigos
invencibles por su ferocidad y sed de sangre.
El
hombre, incluso cuando se trata de conquistar a una mujer, es un Quijote de
sentimientos desenfrenados, un Quijote capaz de perder los estribos de su
corazón y entregarse en cuerpo y alma a la mujer que ama con la fidelidad de un
escudero y un perro galgo.
El hombre es un Quijote apasionado, que puede enloquecer por un amor platónico, ataviarse con armaduras de ternura, cabalgar en un Rocinante de ilusiones, desenvainar la afilada espada de la paz y desbaratar los peligros que amenazan la vida de su amada, aunque la bellísima Dulcinea solo exista en su imaginación y en su loco corazón de enamorado.
miércoles, 15 de enero de 2025
MICROTEXTOS
VII
Los
prodigios del alcohol
La
borrachera de los poetas malditos no
es en vano, ni mucho menos una absurda pérdida de tiempo, ya que después de
salir de la resaca, la borrachera es fuente de inspiración lírica y un tema de
interés tanto para los abstemios como para los adictos a las bebidas
espirituosas. A continuación les presento un poema de altos grados de invención
poética y oficio escritural:
…Copete nuestro
que estás envasado,/ santificado sea tu grado,/ venga a nosotros tu alcohol,/
hágase tu voluntad,/ así en caja como en botella./ Danos hoy la chela de cada
día,/ perdona a los que no toman/ como nosotros perdonamos/ a los que no
convidan./ No nos dejes caer al suelo/ y líbranos del yogurt...
Este
poema, quizás anónimo, pero con la fuerza semántica y prosódica de las palabras
articuladas armónicamente en cada verso, es un regio ejemplo de que la
borrachera, desdeñada por los puritanos del clero y las damiselas mojigatas, es
una actividad donde doblar el codo es un ejercicio estimulante para la
ingeniosa creatividad de los poetas
malditos, quienes, aferrados a los prodigios del alcohol, respiran poesía
por todos los poros de la piel.
Derribar
muros
Derribar
muros y vallas, las fronteras entre ricos y pobres, entre blancos y negros,
entre indios y gringos; entre hombres y mujeres, entre inmigrantes legales e
ilegales, debe ser el objetivo de todos y cada uno de nosotros, que deseamos
vivir en un mundo donde todos tengamos los mismos derechos y las mismas
responsabilidades, indistintamente de las diferencias culturales, raciales,
lingüísticas, religiosas y las diversidades ideológicas y de género.
Derribar
los muros entre el Sur y el Norte, entre la vida y la muerte, entre Dios y el
Diablo, entre creyentes y ateos, entre gobernantes y gobernados, debe ser el
objetivo para forjar un sistema socioeconómico que no sea capitalista ni
comunista (Uds. pónganle el nombre a la nueva sociedad), sino una patria grande
y equitativa, sin explotados ni explotadores, donde reine el amor y la paz, la
hermandad y la felicidad, y donde el valor humano no esté basado en el
principio del tener, sino del ser, del ser un individuo con derecho a elegir,
en absoluta libertad, la vida que se quiere vivir en armonía y plenitud.
Cuarto
periodo del sueño
Según
mis cálculos oníricos y no según los cálculos de los psicoanalistas, mi sueño
estaba dividido en cuatro períodos sucesivos pero diferentes. En el cuarto
periodo, vi a Fromm agarrado de la mano de Freud y a Engels agarrado de la mano
de Marx. Los vi a los cuatro encerrados en un cuarto a media luz, donde Fromm y
Freud yacían sobre un diván, con los ojos cerrados y la hebra de un cigarro en
los labios; en tanto Engels y Marx estaban sentados en un mullido sillón,
mirándose a los ojos y discutiendo acaloradamente, como si sus voces se
sobrepusieran al tiempo y la muerte. Y, como es de suponer, de estas sesudas
discusiones el que no sale dormido, al menos, sale jodido y confundido.
Cuando
desperté, los cuatro estaban todavía en el cuarto, como fantasmas que retornan
al reino de los vivos, para repetirse, una y otra vez, hasta que sus razonamientos
dejen de ser simples teorías para convertirse en pilares fundamentales de las
ciencias humanas.
Supersticiones
Mi
bisabuela decía que una mujer, durante la menstruación, no era la misma de
siempre. No podía hacer mantequilla, mayonesa, ni preparar productos lácteos,
porque la leche se cortaría. Tampoco podía sembrar en el campo o en la casa,
porque las plantas se secarían como quemadas por un implacable sol. Tampoco
podía dar de comer a los animales domésticos, porque éstos se morirían como
atacados por un virus desconocido. Las supersticiones de mi bisabuela, sin
lugar a dudas, estaban relacionadas con la pureza y la impureza de la mujer,
como si la menstruación no fuese un proceso biológico normal, sino una
maldición divina.
Justicia
comunitaria
La
niña fue violada por su padrastro desde que ella tenía 13 años, mientras la
madre, todas las mañanas, se marchaba a trabajar en el campo.
Así
pasó el tiempo, sin que la madre se diera cuenta de lo qué estaba pasando en su
propia casa, hasta que la niña, que no asistía a la escuela, terminó
embarazada. Cuando empezó a crecerle el vientre y llegó el momento en que no
pudo ocultar más el delito de la violación, la niña, que se la pasaba encerrada
y llorando en su cuarto, no sabía cómo confesarle a su madre que era víctima de
toques impúdicos y agresiones sexuales por parte de su padrastro, un hombre de
sesenta años, desocupado y depravado sexual.
La
madre, al darse cuenta que algo andaba mal, le preguntó qué le estaba pasando.
La menor, luego de insistencias y deshecha en lágrimas, logró revelarle la
verdad, una verdad que conmocionaría a la pequeña población campesina.
–Si
no te conté era porque él, apuntándome con un cuchillo, me amenazaba de muerte…
La
madre, luego de salir del shock, se abalanzó sobre su hija, la abrazó con
ternura y lloró junto con ella, como a quien se le derrumba el mundo y se le
acaban las ganas de vivir.
Pero
no todo estaba perdido. La madre, asesorada por una mujer adulta, denunció el
detestable hecho a las autoridades de la comunidad. El padrastro fue detenido y
sometido a medidas cautelares, mientras se procedía a la investigación del
insólito caso.
Cuando
las autoridades dictaminaron la culpabilidad del padrastro, todos los
implicados batieron palmas y mostraron su conformidad con el fallo de la
justicia comunitaria. No obstante, el autor de la violación y el embarazo, para
evitar la cárcel, tomó la decisión de casarse con su hijastra.
Así
fue cómo la menor, poco antes de cumplir los catorce años y con el
consentimiento de su madre y la justicia indígena comunitaria, dio a luz a un
niño cuyo espeluznante aspecto, con malformaciones físicas que, de solo
mirarlo, dejaba a cualquiera con la boca abierta y la sangre helada en las
venas.
Las vecinas no salían de su asombro al saber que
el violador, como si nada hubiese pasado en su vida, seguía conviviendo con la
madre y la hija.
–¡Este
viejo cochino! –maldecían las mujeres cargadas de rencor–. ¡Debía morirse para
arder en el infierno!
La menor, cuando salía de compras al mercado, llevaba a su criatura cargada a la espalda. Aunque ya tenía catorce años, la gente la miraba con lástima, no solo porque todavía era niña, sino porque el bebé, que nació con el cuerpo contrahecho, no era el fruto del amor, sino el producto de una violación sexual, un delito penado por ley y con años de prisión, pero absuelto por las normas internas de una pequeña localidad campesina, donde algunos delitos se resolvían por acuerdos y conciliación entre las partes en conflicto.










