VICTOR MONTOYA
LA CUEVA DEL TIO DE LA MINA
viernes, 8 de mayo de 2026
UNA
ENTREVISTA INÉDITA EN BOLIVIA
Publicamos
una entrevista con el escritor Víctor Montoya, que nunca se leyó en Bolivia. El
periodista Mauricio Aira, en febrero de 2003, le contactó a Montoya para aborda
algunos temas relacionados con la literatura boliviana y latinoamericana.
Después de muchos años, reproducimos la entrevista por ser de interés general.
Leyendo a
Montoya
Por
Mauricio Aira
Es
que Víctor Montoya no ha dejado de producir, con una constancia digna de
encomio y quitándole tiempo al tiempo, ha sido capaz de mantenerse actualizado,
hurtándole al exilio su intención de condenar al hombre al ostracismo, al
olvido, para que pierda sus lectores y eventualmente a sus seguidores,
restándole la capacidad de influir en la formación de la opinión pública.
Víctor Montoya en la entrevista que sigue nos refiere parte de su biografía o
historia de vida, ciertos detalles sobre su trabajo literario y los escenarios
a los que llega con su producción. Sobran las palabras para ponderar un digno
esfuerzo por mantener con vida las letras bolivianas en la gélida planicie
donde nos toca vivir a muchos miles de kilómetros de la añorada Patria que, sin
embargo, está siempre presente en sus recuerdos, en sus visiones de cada día.
¿En los 20 años
de tu producción literaria, cuántos volúmenes y qué títulos han salido a luz?
No
son muchos, pero sí lo suficientes como para contar con los dedos de la mano.
Mi primer libro, que es una obra testimonial de la represión, la tortura y la
cárcel durante la dictadura militar de Hugo Banzer, se publicó en 1979, en una
pequeña editorial de Estocolmo. Desde entonces han salido a luz: "Días y
noches de angustia", que obtuvo el premio nacional de cuento otorgado por
la Universidad Técnica de Oruro, en 1984, "Cuentos violentos" (1991),
"El laberinto del pecado" (1993), "El eco de la conciencia"
(1994), "Antología del cuento latinoamericano en Suecia" (1995),
"Palabra encendida" (1996), "El niño en el cuento
boliviano" (1999), "Cuentos de la mina" (2000), "Entre
tumbas y pesadilla" (2002) y "Fugas y socavones" (2002).
Si tuvieras que
escoger la más querida, ¿cuál y por qué sería esta obra?
Pienso
que un escritor, como todos los padres, prefiere a todos sus hijos. Pero de
elegir alguno o algunos, como en este caso, diría que están entre la novela
"El laberinto del pecado" y los tres últimos libros de cuentos,
porque en ellos se reflejan mis ángeles y demonios, las experiencias de mi vida
y las ocurrencias de mi fantasía. Además, porque abordan los temas de la
persecución política, las creencias mineras y las pesadillas del exilio. Se
tratan de libros que, aparte de las consideraciones positivas de la crítica,
han sido bien recibidos por los lectores.
¿Y la más
difundida?
Es
el libro de ensayos y los volúmenes de cuentos, y no solo porque se leyeron en
forma de libros, sino también como textos sueltos. Se han reproducido en varios
países, tanto en periódicos como en revistas especializadas, algunos cuentos
incluso han sido traducidos a otros idiomas y publicados en antologías.
¿Cómo se lleva
la difusión de tus obras en Bolivia? ¿Estás contento?
Mis
libros, aunque se han publicado en su gran mayoría en Suecia, se difunden en
varios países hispanoamericanos. En Bolivia se distribuyen a través de la
editorial ”Los Amigos del Libro” y por otros medios particulares. Claro que de
haber sido lanzados por una editorial comercial, que cuenta con un gran
respaldo económico y publicitario, se hubiesen difundido más y, como es
natural, yo hubiese estado mucho más contento. Pero no me quejo, a pesar no
haber retornado a Bolivia desde cuando salí al exilio en 1977, mi obra es
conocida en los círculos literarios del país.
¿Entiendo que
alguno de tus libros se convirtió en texto escolar, te reporta algún beneficio
concreto?
Sé
que algunos de mis textos, sobre todo los de carácter pedagógico, se leen como
material de estudio en algunas universidades y colegios. Pero nunca se me ha
pedido autorización ni he recibido beneficio alguno. Mis textos, debido a mi
ausencia, no han sido considerados por la famosa Reforma Educativa. Es una
pena, pero esa es la realidad. Tampoco vivo con la ilusión de que algún día,
cuando retorne, las instituciones pertinentes me estén esperando con el cheque
en la mano, pues ese país es tan pobre, que ni siquiera permite que todos los
niños asistan a la escuela.
Sabemos de tu
viaje a China. ¿Qué ámbitos culturales alcanzó?
Mi
viaje a China se debió a una conferencia sobre literatura minera boliviana que
debía dictar en la Universidad de Pekín. Ahí nació el interés por traducir
parte de mi obra. El trabajo quedó a cargo del profesor Ding Wen Lin, decano de
la facultad de idioma español y literatura hispanoamericana, quien es el responsable
directo de las traducciones. El trabajo está listo y está a la espera de su
publicación, que se ha demorado un poco debido a algunos inconvenientes, entre
otros, a la censura oficial que prohíbe la traducción y publicación de obras
que tienen alusiones eróticas, como ocurre en varios de mis textos que, de
haber dado mi visto bueno, corrían el riesgo de haber sido mutilados o
procesados por la censura.
¿Existe interés
por la literatura latinoamericana y por qué?
En
China, aunque parezca extraño, existe un gran interés no solo por la literatura
latinoamericana, sino por la suerte de nuestro continente. Por razones de
expansión cultural y política, desde la llamada "revolución
cultural", el gobierno ha incentivado en colegios y universidades el
aprendizaje del idioma español. En la actualidad, la facultad de lenguas
romances es una de las más grandes en la Universidad de Pekín. Hay mucho
interés de parte de los chinos por mantener una relación más fluida y estrecha
con el continente latinoamericano, que en su visión sigue siendo un mundo
remoto y extraño.
¿Piensas
continuar difundiendo en el medio chino?
Siempre
que se me ofrezcan las posibilidades editoriales, puesto que se trata de un
país donde la literatura boliviana apenas se conoce por referencias. No hay
obras traducidas, salvo la novela "El metal del diablo", de Augusto
Céspedes, y catorce poesías que forman parte de un libro bilingüe titulado
"Antología de poesía latinoamericana", donde figuran Jaimes Freyre,
Tamayo, Reynolds, Cerruto, Suárez, Saenz, Camargo y Urzagasti, entre otros.
¿Qué
satisfacciones te ha producido tu viaje a México?
Varias
satisfacciones, tanto en lo personal como en lo profesional. México es un
enorme abanico donde se confunde lo real con lo fantástico. Es, como decía André
Breton, una país surrealista, lleno de contrastes por donde se lo mire. Yo tuve
la satisfacción de estar por segunda vez en Ciudad de México. La primera vez
fui en calidad de estudiantes en 1984 y ahora en calidad de escritor. Aprendí y
gocé mucho, como suele ocurrir en estos viajes que se viven con intensidad y
desmesura desde todo punto de vista. Con decirte que, de haber tenido la
posibilidad, hubiera elegido México como país de refugio, te lo digo todo.
Además, cabe recordar que los bolivianos nos reconocemos mucho en México,
puesto que durante decenios hemos tenido grandes influencias de su cultura a
través del cine, la música y la literatura.
¿Pudiste cumplir
un programa a la altura de tus expectativas?
Sí,
mi viaje obedeció a dos razones fundamentales. Por una parte, asistí en
representación de Bolivia a la Tercera Conferencia Regional del PEN-Club
(Asociación Mundial de Escritores), que se realizó en San Miguel de Allende,
para tratar el tema de la libertad de expresión y los derechos del autor; y,
por otra, fui a cumplir con una invitación que me extendió la Casa del Libro de
la Universidad Nacional Autónoma de México, donde dicté una conferencia sobre
literatura boliviana y presenté mi libro "Fugas y socavones", que en
esos días apareció bajo el sello de la editorial mexicana Ficticia. Aproveché
también mi estadía para visitar las pirámides de Teotihuacán, el museo
antropológico, el museo de León Trotsky, Diego Rivera y Frida Kalho. Cumplí con
un programa apretado pero provechoso. Ah, también tuve la satisfacción de
compartir momentos inolvidables con algunos amigos entrañables como Coco Manto,
Mario Miranda Pacheco, Rodolfo Saavedra, Gonzalo Torrico y Carlos Vargas, entre
otros.
¿Cuáles son las
diferencias entre la literatura mexicana y la boliviana?
Considero
que cada literatura, como cada país, tiene sus propias peculiaridades. Empero,
entre la literatura mexicana y boliviana existen más similitudes que
diferencias, debido a que provenimos de un mismo pasado histórico y de una
misma tradición literaria, que en idioma español se inicia a partir el
descubrimiento de América y el sometimiento de las culturas precolombinas.
Asimismo, no es casual que varios de los escritores bolivianos hayan escrito,
consciente o inconscientemente, bajo las influencias de autores como Azuela,
Rulfo, Paz o Fuentes. Si bien es cierto que los mexicanos carecen de una
literatura minera, a diferencia de lo que ocurre en Bolivia, es cierto también
que cuentan con obras de ambiente rural, que son análogas a nuestra literatura
de carácter indigenista. Otra cosa que llama la atención es el hecho de que si
en México se recreó literariamente los episodios de la revolución de 1910, en
Bolivia no existe una sola obra que tenga como eje temático la revolución
nacionalista de 1952. Salvo estas y otras diferencias, considero que, de modo
general, tanto los mexicanos como los bolivianos compartimos una misma
tradición literaria.
Hablar de otras
obras y de otros autores siempre es difícil, ¿pero cuáles son en la hora
presente los autores bolivianos más difundidos?
Debo
confesar que no tengo problemas de hablar positivamente de las obras y los
autores bolivianos, porque hace tiempo ya que me liberé de ese horrible pecado
humano que es la envidia, quizás porque vivo fuera de Bolivia y porque no tengo
la mínima intención de quitarle el espacio a nadie. Una prueba de lo que afirmo
es el hecho de que, además de pensar en mi propia obra, pienso en la obra de
otros autores. Ahí están las antologías que elaboré con la obra de autores
bolivianos y latinoamericanos. No creo en el "sálvese quien pueda",
sino en el "salvémonos todos", dándonos la mano el uno al otro. Con
todo, debo reconocer que en la actualidad son varios los escritores bolivianos
que se van abriendo espacios cada vez mayores en el mercado internacional del
libro, debido, en parte, a los certámenes literarios respaldados por el Estado
y las iniciativas privadas, como son el Premio Nacional de Novela, el Premio de
Poesía ”Yolanda Bedregal”, el incremento de nuevas casas editoriales y, sobre
todo, la buena y oportuna intención de difundir la literatura boliviana más
allá de nuestras fronteras.
¿Puedes citar
algunas obras que te hubieran impactado y por qué?
En
el contexto boliviano creo que ninguno en particular, aparte de alguna novela y
algunos cuentos que, por razones más personales que literarias, han calado
hondo en mi sensibilidad o subjetividad de lector. Por ejemplo, el relato
"Tempestad en la cordillera", de Guevara Arce, quien, sin ser un
escritor de profesión, tuvo el acierto de describir la majestuosidad del
altiplano y la tragedia de los protagonistas con una prosa llana e impactante.
Ahora, sin lugar a duda, hay varias obras de mi preferencia y que muy bien
podrían parangonarse con lo mejor de la literatura latinoamericana. Ahí
tenemos: ”Juan de la Rosa”, ”Raza de Bronce”, ”El metal del diablo”, ”Los
fundadores del alba”, ”Felipe Delgado”, ”En el país del silencio”, solo por
citar algunos que ahora tengo en mente.
Los escritores
más galardonados son Paz Soldán y Eduardo Mitre. ¿Los conoces personalmente?,
¿conoces sus obras?
No
los conozco personalmente, pero he leído sus obras. Es un avance para la
literatura boliviana que estos escritores, junto a otros, estén ayudando a
consolidar nuestras letras en el ámbito de la literatura latinoamericana. Con
respecto a los premios o galardones, debo decirte que es un asunto muy
relativo. Obtener un premio nacional o internacional no es una garantía para
que el autor sea más leído o conocido. Esto ha pasado incluso con varios
premios Nobel de Literatura, de cuyos nombres y obras nadie se acuerda, a
diferencia de lo que pasa con otros escritores que, sin haber recibido premio
alguno, están más vivos que nunca, como Cervantes, Tolstoi, Kafka, Proust,
Yoyce, Borges, Vallejo, Rulfo, Cortázar, Saenz y un largo etcétera. Ahora bien,
en un país como Bolivia, donde no se lee mucho y menos a los autores
nacionales, hace falta, y es hasta saludable, que alguien se atribuya los
méritos de ser el más leído y conocido internacionalmente. Pero, como digo, las
celebridades, a veces prefabricadas por la mercadotecnia, tienen mucho más que
ver con las modas pasajeras y el afán de ganar dinero, que con las virtudes
reales del autor o la calidad de su obra. En estos casos, como en muchos otros,
más vale la pena dejar hablar al tiempo.
¿Qué es de los
clásicos bolivianos, todavía se leen?
Sin
duda alguna, se leen porque son los padres de la moderna literatura boliviana.
No se los puede echar a la basura, so pretexto de que han pasado de moda. Más
de un escritor de la "nueva ola", con la arrogancia propia de los
jóvenes y principiantes, ha manifestado en más de una ocasión que eso de
escribir sobre la realidad del campo o las minas es una pérdida de tiempo, como
diciendo que escribir sobre las discotecas de moda, la pichicata, las hijitas
de papá y las innovaciones de la cibernética son temas más afines a la realidad
boliviana. Da la impresión de que estos escritores viven fuera de su entorno
social, soñando en que se puede hacer literatura boliviana con temas ajenos y
lenguajes prestados al contexto nacional. Tampoco comparto la opinión de quienes
creen que es lo mismo escribir sobre el filamento de un foco, que sobre la
realidad dramática de los hambrientos y marginados del mundo. Más todavía, no
creo en la literatura comercial, sino en aquella que circula de boca en boca y
de mano en mano.
¿Existe algún movimiento
popular para incentivar la lectura en Bolivia?
Sí,
conozco algunos que, a nivel de ONGs e instituciones educativas, están
incentivando la lectura sobre todo entre los niños y jóvenes. En Cochabamba,
por ejemplo, sé que el Centro Portales cumple esta función, lo mismo que el
proyecto "T'huruchapitas", dirigida por la escritora Gaby Vallejo.
Sin embargo, pienso que debería de ser un deber del gobierno la promoción de la
lectura a escala nacional. Pero, así como están las cosas, es cada vez mayor la
deserción escolar y existe el riesgo de que se multipliquen los analfabetos
funcionales.
¿La Sociedad de
Escritores, funciona?
Tengo
entendido que la Sociedad de Escritores Bolivianos ha funcionando, sin recursos
ni sede propia, desde 1984. No hace mucho que eligieron a su nuevo directorio,
presidido por Eusebio Gironda y Mariano Baptista Gumucio. Es una organización
amplia de la cual tengo el honor de ser uno de sus representantes en Europa.
Tiene planteado un proyecto que engloba aspectos como el incentivo de
actividades culturales con la juventud, la participación más activa a nivel
internacional, la creación de un premio nacional de Ensayo y un registro de la
bibliografía de los autores. Espero, pues, que todo lo acordado en su última reunión
no se quede, como tantas veces, en puras palabras y buenas intenciones, justo
ahora que necesitamos anudar lazos para oponernos, desde la palabra escrita,
contra la llamada globalización cultural, que pone en peligro nuestra identidad
cultural como nación.
Gotemburgo, Suecia, febrero de 2003
Mauricio Aira, periodista boliviano radicado en Suecia.
lunes, 4 de mayo de 2026
MICROTEXTOS
XIII
El
surfista de novelas negras
El
lector aficionado a las novelas negras debe tener siempre una tabla de
salvación. Si la ola de novelas de crimen ponen en jaque su vida, el surfista debe
asirse a la tabla de salvación y surfear, surfear y surfear sobre la cresta de
las novelas negras, para que no lo alcancen los disparos que salen de las
páginas como una lluvia de afiladas estrellas en un combate entre samuráis.
Releer
Algunos
lectores, a contrapelo de la abundante oferta editorial, se ocupan más de
releer que de leer, salvo que para releer se necesita haber leído, una y otra
vez, el mismo libro que se releerá por enésima vez.
Hijos
del alma
Los
libros son como los hijos inmortales del alma, sobre todo, si se tratan de
auténticas autobiografías, donde el fuero interno se plasma en letras de molde,
dejando traslucir los pensamientos y sentimientos de quien se refleja de cuerpo
entero en una suerte de espejo, donde las imágenes e ideas quedan perpetuadas
para siempre.
Metáfora
La
metáfora dice mucho en pocas palabras, como esa que se repite en todas las
lenguas: Echaré la casa por la ventana;
metáfora de la que nacieron muchas otras como las correas nacen del mismo
cuero.
Cambio
de grafía
En
un texto, en verso o en prosa, un error de tipografía puede cambiar el
significado de una frase, como cuando se cambia el grafema V por la F. Por cuanto escribir:
En el inVierno hace frío, no es lo
mismo que escribir: En el inFierno hace frío.
Género
literario para la inmensa minoría
La
poesía, en su condición de arte mayor entre las letras, es el género más
brillante de la literatura, el que más cultores y aficionados tiene en el
mundo. No obstante, aun siendo uno de los géneros literarios más extendidos, es
uno de los menos leídos y valorados por la vorágine comercial, casi siempre
impuesta por las leyes de la oferta y la demanda del mercantilismo editorial.
Quizás por eso, a diferencia de los lectores militantes de la prosa, Juan Ramón
Jiménez no dudó en aseverar que la belleza de la poesía solo estaba dirigida a la inmensa minoría.
Albor
El
Centro de Arte y Cultura Albor es el teatro de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano.
La
Feria del Libro de los libreros
La
gran fiesta de los libreros está en la Feria del Libro, donde se dan cita las
letras del mundo, con la finalidad de encantar a los apasionados de la
literatura.
En
la Feria del Libro, los lectores encuentran libros grandes y libros pequeños,
libros gruesos y libros delgados, libros en colores y libros en blanco y negro,
libros para los enamorados de la lectura, libros para estimular la inteligencia
de los intelectuales y libros para cultivar el hábito de la lectura de los
niños, jóvenes y adultos.
La
Feria del Libro de los libreros es un ponderable evento festivo, que tiende
puentes entre los escritores y los amantes de los libros, esos maravillosos
objetos hechos de papel, tinta y letras, que son una suerte de cajitas mágicas,
donde están encerrados los tesoros creados por los escritores de todos los
tiempos, países y culturas.
La Feria del Libro de los libreros es fiesta, feria, fiesta…
viernes, 17 de abril de 2026
EL
TÍO SIN TATUAJES
En
el segundo piso de una galería ubicada en la Avenida Antofagasta, de la zona
Villa Dolores de La Ceja de la ciudad de El Alto, donde se leían por doquier
luminosos letreros destacando la palabra tattoos
–y cuyos propietarios, de un modo general, eran jóvenes que ostentaban
tatuajes, como ornamentación corporal, en las manos, los brazos y el rostro–,
conocí a Freddy, Dark y Dayko Requena, tres amigos con quienes, desde el primer
roce personal, me llevé muy bien, quizás porque, a través de la amena charla
que sostuvimos, nos dimos cuenta de que coincidíamos en algunos principios básicos
de la filosofía práctica de la vida.
En
mi primer encuentro con ellos, que se dio de un modo casual, eché un vistazo a
la redonda y advertí que el estudio estaba bastante equipado, porque, aparte de
cumplir con las normas sanitarias de rigor, contaba con camillas, lámparas,
máquinas de tatuar eléctricas, unos para delinear y otras para sombrear, agujas
de diversos calibres, cartuchos de tinta en una gama de colores, pigmentos,
guantes de tipo quirúrgico, además de materiales esterilizados y de protección.
Mientras
conversábamos de temas diversos, me di cuenta que esta forma de arte corporal
consistía en inyectar la tinta en la dermis, mediante el uso de maquinitas
eléctricas con agujas, que causan un leve sangrado y dolor; una profesión que
requiere de paciencia, experiencia y mucha creatividad, debido a que los
diseños, plasmados en las piernas, los brazos, la espalda, el torso y el
rostro, pueden ir desde la composición de un texto, como una simple rosa de
colores encendidos, hasta la compleja réplica de una fotografía, pasando por
los tatuajes basados en tintas de colores primarios.
Dayko
Requena, que ejercía esta profesión desde hace tiempo, había adquirido
experiencia en Argentina, a pesar del estigma social que todavía existe en
torno a las personas que portan en el cuerpo tatuajes de diversa índole, ya que
esta forma de arte, más allá del sentido estético, es una forma de identificarse
con los seres rebeldes, irreverentes con las normas éticas y morales de una
sociedad religiosa, conservadora y retrógrada, que los identifica con las
subculturas underground, donde estos
movimientos artísticos y culturales alternativos viven en situaciones de
marginalidad, cargando el peso de los prejuicios desfavorables que los
convierten en los outsiders de una
colectividad forjada sobre la base de reglas establecidas por los poderes de
dominación y los ciudadanos de buen vivir,
que asocian los tatuajes con el crimen y la delincuencia.
Con
todo, Dayko Requena y sus compañeros corresponden a esa categoría de artistas
profesionales que, además de tener un pulso firme para el dibujo, deben grabar
imágenes permanentes en la piel utilizando agujas y pigmentos, a partir de
diseños propios o a partir de la preferencia del cliente.
Otro
detalle que me llamó la atención fue el enorme agujero en el lóbulo de la oreja
de donde pendía una joya y ese piercing
microdermal en el pómulo de Dayko, ese piercing
que, siendo otra forma de arte corporal, refuerza el carácter de su
personalidad. Me imagino que esas pequeñas perforaciones realizadas con una
cánula especial en partes del rostro le causó un dolor parecido a la picazón de
una abeja, para luego ser atravesada por una joya de titanio u oro de 18
quilates.
Mientras
conversábamos de ángeles y demonios, de la máscara de diablo que pendía de la
pared y la Ñatita rodeada de copas de
alcohol, puñados de coca y un cigarrillo entre los dientes, se me ocurrió
proponerle la realización de una estatuilla del Tío de la mina, personaje que
él conocía desde su infancia, debido a que tanto su padre como sus parientes
fueron trabajadores del subsuelo en la población minera de Caracoles. Le dije
que hiciera un Tío, pero sin tatuajes en el cuerpo, ni en el rostro, ni en el
alma.
Me
miró con cierto escepticismo, pensó un instante y aceptó el reto de hacer la
estatuilla a cambio de mis libros que despertaron su interés, con solo ver las
portadas y leer los títulos: Cuentos de
la mina, Conversaciones con el Tío de
Potosí, Cuentos violentos y El eco de la conciencia. Le agradecí por
su predisposición y le estreché la mano amiga.
No
era casual que los libros le llamaran la atención, debido a que Dayko Requena conocía
el mundo minero tanto como yo, porque su padre y sus parientes fueron mineros
en Caracoles, donde incluso fue asesinado su tío paterno cerca de la bocamina,
poco después de la asonada militar, conocida como el narco-golpe de Estado,
protagonizada por García Meza y Arce Gómez,
en julio de 1980; ocasión en que las tropas del ejército intervinieron la
población minera, dejando muertos, heridos y, sobre todo, viudas y huérfanos
sumidos en el dolor y el llanto.
Después
de la amena charla, quedamos en vernos otro día, cuando la estatuilla estuviese
terminada. Así ocurrió al cabo de un tiempo. Él me recibió con la amabilidad de
siempre y me enseñó su creación al ritmo de la música rap. Apenas vi la
estatuilla del Tío de la mina, nacida de las manos y la imaginación de este artista
del tatuaje, el dibujo y la escultura, me pareció una excelente obra de arte.
Como es natural, me quedé fascinado ante esta maravilla que estaba destinada a
formar parte de mi colección personal, donde atesoro a varios Tíos y una
Chinasupay, elaborados en distintos materiales y por la fuerza creativa de
varios artistas nacionales.
Le
agradecí por su generosidad, sin dejar de alagar su talento, que le brotaba a
flor de piel. Él no dejaba de sonreír, haciendo más amplia su boca por los
tatuajes que, en formas de delgados cordones, le nacían en la comisura de los
labios y se perdían detrás de las patillas. Le entregué los libros, como habíamos
acordado, y en el libro Conversaciones
con el Tío de Potosí, estampé mi autógrafo, con un texto que decía: De un hijo de minero para otro hijo de
minero.
El
Tío no tenía tatuajes en el cuerpo ni en la cara, estaba limpió como el pecho
de una monja, pero sí tenía el aspecto de diablo, de ese personaje del mundo
mágico y mítico de los mineros, de ese Lucifer del Carnaval de Oruro, donde los
mitayos de la época de la colonia, en
actitud de sumisión y veneración, decidieron disfrazarse de Tío, para rendirle honor y pleitesía,
bailando la danza de la diablada en presencia de la Virgen de la Candelaria, la
mamita milagrosa del Socavón.
Así
comenzó la manifestación cultural de la festividad pagano-religiosa, cuyos usos
y costumbres tienen su origen en el sincretismo religioso entre el catolicismo
occidental y el paganismo de las civilizaciones ancestrales; una fusión de la imagen
del Tío de las entrañas de la tierra y del diablo Occidental, que dio origen a
la danza de la diablada, donde se representa la lucha del Bien contra el Mal,
entre el arcángel San Miguel y el Lucifer de los infiernos; una danza infernal
de tradición minera, en la que convergen lo sagrado y lo profano.
Este
Tío de la mina es el amo y señor de los mineros, desde la época de los mitayos de la colonia, quienes,
influidos por las creencias católicas de los catequizadores y extirpadores de
idolatrías, confundieron al Supay de
la cosmovisión andina –a ese ser que habita en las profundidades del Ukhupacha–, con el diablo de la religión
católica, cuyo protagonista central es Luzbel, conocido como el ángel rebelde,
de cola y cuernos, señor de las tinieblas y tentador del género humano.
Sin
embargo, el Tío, según cuentan las diversas leyendas ancestrales, es la
encarnación del dios Huari de los Urus, el absoluto dueño de las riquezas
minerales y el protector de los trabajadores del subsuelo. El Tío es, en su
condición de dios y diablo a la vez, el único e incuestionable soberano de las
minas bolivianas.
Antes
de llevármelo a casa, y por razones de respeto y tradición ancestral, abrimos
las granadas de Singani y ch’allamos
en honor a la estatuilla del Tío, encendiéndole un cigarrillo en los labios.
En la ch’alla nos acompañó Freddy y
la novia de Dayko. Después nos metimos otro trago entre pecho y espalda, para
soldar nuestra amistad ante la fulgurante mirada del Tío.
Retorné a casa más feliz que nunca, cargando la estatuilla como una joya preciosa, teniendo el cuidado de no tropezar en el empedrado de la acera ni hacerlo caer en el camino. Lo cargué como a una guagua recién nacida, con todos los cuidados y consideraciones. De modo que de solo tener la estatuilla en mis brazos, me hacía palpitar el corazón con honda satisfacción y me iluminaba la mente con ilusiones de candor y regocijo, porque me sentía como un niño que tenía un nuevo juguetito entre las manos.
viernes, 10 de abril de 2026
LA
SOLEDAD DEL ESCRITOR
Escribo
con gran pasión desde el día en que concebí la idea de que mi oficio era contar
historias tanto ficticias como reales. A partir de entonces no ostento títulos
ni rótulos en la puerta de mi modesta vivienda, no reparto Biblias entre los
niños, no prendo crucifijos en la solapa de los caballeros, no cuelgo rosarios
en el cuello de las damas ni me dedico a predicar como los falsos profetas.
No
ejerzo trabajos públicos ni pertenezco a ningún cenáculo de celebridades. No
formo parte de aquellos que, cuando suena un estampido de aplausos, sienten
regocijo en el corazón, en tanto la vanagloria de la fama se les trepa como el
humo a la cabeza, aunque las desgracias, enfermedades y achaques de la vida son
los únicos que cambian la conducta de las personas, más que los premios, el
dinero y la fama.
Pertenezco,
contrariamente a lo que muchos se imaginan, a esa particular categoría de
artesanos de la palabra escrita, que viven pegados a su escritorio, donde
forjan su propio mundo con un material tan noble como es la fantasía, a esa
categoría de seres que prefieren mantenerse alejados de la petulancia y la
soberbia; actitudes de las que, de manera consciente o inconsciente, suelen
adolecer algunos talentos jóvenes, proclives a lucir sus plumas de pavorreales
en los corrales del espectáculo mundano.
Salgo
muy poco a la calle y las pocas veces que lo hago es para tomar un poco de aire
fresco y no empezar a trepar por las paredes de mi cuarto. Si salgo es para
recuperar la necesidad de estar solo y seguir dedicando el máximo del tiempo a
la escritura, con la esperanza de crear alguna obra literaria que, a pesar del
carácter introspectivo y solitario del autor, tenga algún valor ético y
estético. Todo lo demás no tiene sentido de ser, no, al menos, si se considera
que el acto creativo es un oficio que consiste en reflejar, con pasión e
intuición, el carácter y el alma de los individuos, indistintamente de su
condición social, racial o sexual.
No
me pregunten por qué busco la soledad en la misma soledad, pues yo mismo no lo
sé. Por cuanto un prolongado silencio sería mi única respuesta. Y si insisten,
les diré que quizás sea porque prefiero refugiarme en la soledad para recobrar
un poco de felicidad. Elegí vivir apartado de las máscaras de la hipocresía,
porque no soporto las falsas adulaciones que, por desgracia para las almas
sinceras y cautas, son frecuentes entre los individuos dados a las pasarelas,
espectáculos y escenarios donde se representan las comedias y los dramas de la
condición humana.
A
pesar del ascetismo existencial, que parece una forma de vida extraña,
reconozco que siempre intenté buscar la felicidad a través del silencio y la
fantasía, como cualquier persona que confía más en el poder de la imaginación
que en el racionalismo de una sociedad hecha a golpes de superficialidad y
mercantilismo; más todavía, debo reconocer que si de niño tenía miedo a la
oscuridad, a los maestros autoritarios y a los individuos de miradas
amenazantes, ahora tengo miedo a los pantallazos luminosos del espectáculo
público, donde uno queda radiografiado de pies a cabeza; quizás por eso, no me
apetece formar parte de los espectáculos masivos, prefiero mantenerme como el
hombre primitivo, quien huye de las pantallas y cámaras fotográficas para
evitar que le rapten el alma.
Después
de muchos años de encierro en mi propio mundo, no tengo dificultades para
convivir con la soledad –convertida en mi mejor compañera–, a escuchar la
cadenciosa música del silencio y a dialogar conmigo mismo como un ventrílocuo,
repitiéndome las mismas historias como en un interminable soliloquio. He
aprendido, asimismo, que la elección voluntaria de la soledad, a veces parecida
a la de un ermitaño, permite elaborar, entre el silencio y la meditación, ideas
coherentes con la realidad y opiniones fundamentales para cualquiera que tenga
dos dedos de frente. No en vano Henrik Ibsen, escritor y dramaturgo noruego,
aseveró: Solo soy verdaderamente yo mismo
cuando maduro mis pensamientos en soledad, consciente de que el hombre más fuerte es el que está más solo;
sobre todo, si se considera que la soledad es imprescindible para el desarrollo
libre del pensamiento y la creación literaria. Ahora bien, esto no implica que
la soledad signifique aislarse del mundo, ser misántropo y rehuir el contacto
con la gente.
De
otro lado, manifiesto que no sigo a las corrientes literarias de moda ni me
preocupo de las opiniones de los críticos del arte y la literatura. Escribo,
simple y llanamente, para mí mismo y solo cuando me pican los dedos de las
manos. No escribo por encargo de nadie, ni siquiera de mí mismo, y mucho menos
por mandato del mercado editorial.
Tampoco
leo las obras de los escritores catalogados como célebres o famosos, no
solo porque no dispongo de tiempo, sino porque prefiero deleitarme con las
obras de los escritores marginales, de esos cuyos nombres y cuyas caras nunca
aparecen en los medios de comunicación ni tienen la mínima intención de figurar
y hacer protagonismo en la palestra pública, donde brillan más quienes menos se
lo merecen, como esa tracalada de mediocres que se hacen cargo de elaborar
antologías a sueldo y a pedido de
alguna institución privada o estatal, y esa otra tracalada de comentaristas que
pasan por especialistas a la hora de elaborar doctos ensayos sobre literatura; cuando en realidad no hacen otra
cosa que echarse rosas entre compinches que forman parte de la misma cofradía
de aduladores y figurones, incluyendo a los muertos y a quienes no representan
una seria amenaza para su carrera
literaria, y excluyendo, deliberadamente y con los sentimientos más oscuros
del celo profesional, a quienes les echan sombras al poco brillo que tienen, a
pesar del gran esfuerzo que hacen por tragarse incluso las luces ajenas.
Con todo, debo aclararles que no estoy vendiendo un estereotipo de escritor, pues no todos somos iguales. Tampoco quiero insinuar que los escritores introvertidos sean mejores que los extrovertidos, ni mucho menos. Simplemente abogo por el escritor solitario que, por razones inherentes a su oficio, necesita del silencio para expresarse delante de una hoja de papel o delante de la pantalla del ordenador, quizás porque yo mismo necesito estar solo o, por mejor decir, sentirme solo, y esto solo es posible si se lleva una vida relativamente tranquila, alejada del bullicio y el superficial desenfreno que nos propone la sociedad moderna, que exige que las expresiones artísticas sean más un espectáculo de masas que una manifestación del fuero interno a través de la fantasía, que suele ser una de las válvulas de escape de las mentes creativas.
miércoles, 1 de abril de 2026
POESÍA
MINERA. ANTOLOGÍA HISPANOAMERICANA
La
poesía minera, que se constituye en una de las principales ramas del tronco de
la literatura boliviana, es un estremecedor grito emergente de los tenebrosos
socavones, donde los obreros rompen la roca a fuerza de exponer sus vidas a las
enfermedades pulmonares y los peligros que acechan a cada instante en las
dantescas galerías, donde los mineros, convertidos en clase en sí y clase para sí, se organizan en sindicatos y
partidos políticos para defender sus intereses de clase, en aras de conquistar
mejores condiciones de vida y trabajo.
La
poesía minera ha sido reunida en varias antologías desde mediados del siglo XX,
debido a su carácter realista, social y revolucionaria, que retrata el rostro
más visible y auténtico de un país que ha sido minero desde la época de la
colonia; una realidad, de despojo y violencia, que ha sido una formidable
fuente de inspiración para escritores, poetas y pintores de todos los tiempos,
que engrandecieron sus obras con la sangre y el sudor de los trabajadores del
subsuelo, sin eludir sus principios ideológicos que marcaron el rumbo de muchos
gobiernos desde la publicación de la Tesis
de Pulacayo en 1946 y el triunfo de la revolución nacionalista en 1952.
El
proletariado minero es el que mejor expresa la despiadada explotación
capitalista, desde que la minería se industrializó a fines del siglo XIX, de la
mano de los Barones del Estaño
(Patiño, Hoschild y Aramayo), que empezaron con una política extractivista de
los recursos naturales, que necesitaban las metrópolis de Europa y Estados
Unidos. Es entonces que los mineros, empleando su fuerza de trabajo a cambio de
un mísero salario, no demoraron en sindicalizarse a pesar de la prohibición
impuesta por los señores gringos de la
empresa. Esta hazaña les costó baños de sangre, que dejaron un reguero de
muertos y heridos desde las masacres de Uncía en 1919 y 1923, la masacre de
Catavi en 1942, la masacre de Siglo XX en 1949, La masacre de Milluni en 1965,
la masacre de San Juan en 1967, la masacre de Capacirca en 1979 y otras que
están registradas en la historia del movimiento obrero boliviano.
Los
poetas, comprometidos con los gritos de protesta de los mineros, son una suerte
de sirenas de las voces que se alzan desde los parajes donde reina el Tío,
dueño absoluto de las riquezas minerales y amo de los mineros, quienes le
rinden pleitesía ofrendándole cigarrillos, hojas de coca y botellas de
aguardiente, por tratarse de un ser ambivalente entre los profano y lo sagrado
en la mitología minera, tan importante como la Pachamama, que requiere del
respeto y la veneración de los trabajadores, ya que de él depende la bondad o
la maldad encerrada en los socavones que exhalan un aire hecho de tragedias y
esperanzas.
Los
poemas, parecidos a los discursos líricos de la Pachamama andina, que dio
tantas riquezas al mundo a cambio de pobreza, nos dan pistas de algunos
acontecimientos que no se consideraron en la historia oficial escrita por los
vencedores. Los poetas son quienes nos recuerdan las batallas beligerantes que
se libraron entre los mineros y los guardianes de la oligarquía minero-feudal,
retratándonos, con el poder de su palabra y su compromiso social, las tragedias
que dejaron su impronta en los anales de la historia nacional, que no es del
todo conocida por los estudiantes de escuelas, colegios y universidades.
Con
esta antología, donde se consignas a los mejores poetas de la temática minera, se
intenta despertar el interés de los educadores y educandos para que se lea y
difunda estas poesías que ya forman parte de los memorables episodios de la
historia nacional. Estos poemas, como una fiesta de palabras con melodía
propia, invitan al goce estético de un discurso que convierte la ruda realidad
en un ramillete de versos que los/las poetas entregan a los lectores enamorados
de la libertad y la injusticia social.
Los
mineros, en los distritos poblados de perforistas, palliris, chivatos, carreros, perforistas y barreteros, son
los titanes de las montañas, los héroes de las enconadas luchas que se
libraron, plomo contra dinamita, contra los guardianes del Estado burgués y las
dictaduras militares a lo largo del siglo XX. Los mineros, sin resquicios para
la duda, son elementos comprometidos con el destino de los hombres y mujeres
condenados a sostener sobre sus espaldas el porvenir de un país en permanente
convulsión, donde las contradicciones sociales y raciales siguen siendo un buen
motivo para escribir poemas que penetran como dardos en la mente y el corazón
del lector enamorado del verbo y la conciencia hecha palabras.
Aquí
es donde se refleja, como en un espejo de cuerpo entero, la memoria colectiva
de un pueblo, de una realidad que no deja indiferentes al lector que se
identifica con una problemática social, económica, política y cultural, que
sacude las fibras más íntimas de la sensibilidad humana y las mentes abiertas a
los mensajes que hacen hincapié en los caros deseos de igualdad, justicia y
libertad.
Los
poetas compilados en la presente antología, que expresan un humanismo esencial
y crean una literatura de compromiso revolucionario, son una excelente muestra
de que los mejores cultores de una de las mayores artes de las letras, son un
puñado de ricas expresiones de las mentes sentipensantes
que, destilando metáforas y figuras de dicción en un su alma sensible, se
tornan en bellas piezas de la creación humana. En este contexto, los bolivianos
contamos con auténticos representantes de la poesía minera, como Héctor Borda
Leaño, Jorge Calvimontes y Calvimontes, Alicia Cardona Torrico, Alberto Guerra
Gutiérrez, Coco Manto, Mary Monje Landívar, entre otros.
Al
margen de los/las poetas contemplados en esta antología, en el panorama de la
literatura boliviana y latinoamericana hay más, muchos más cultores de este
género literario, no en vano se ha dicho que en la literatura nacional e
internacional, además de los narradores de ambiente minero, han descollado con
luz propia los poetas que han dedicado su tiempo y talento a la creación de
versos que enaltecieron la problemática minera con un alto valor ético y
estético.
Aquí
tenemos a poetas hispanoamericanos identificados con la clase obrera, como los
peruanos César Vallejo y Manuel Scorza, el mejicano Salvador Pliego, el
argentino Ernesto Che Guevara y el
español Alfonso Camín, cuyos versos transgreden las fronteras nacionales, con
mensajes precisos y un manejo lúdico del lenguaje lírico, que convierten sus
discursos en bellas estructuras lingüísticas, propias de los poetas que se
dedican a pulir el lenguaje como el joyero pule el diamante, hasta dejarlo con
su límpido fulgor.
Con
esta antología, elaborada con pasión y fuerza moral, se da un pantallazo a la
creación poética en torno a un tema que es por demás explosivo por su denuncia
social y su carácter de patrimonio histórico del movimiento obrero boliviano.
Los versos, coherentemente hilvanados como en un manto de tisú, llegan a los
lectores como lanzas brillantes como el rosicler, como las chispas que
desprenden los taladros de las perforadoras y como la explosión de dinamitas
reventando la roca pura y dura en los parajes que, unas veces, ofrecen esperanzas
de vida y, otras, de tragedias y muerte.
Los
autores compendiados en esta antología nos proponen una lectura atenta,
manejándose con recursos escriturales que nos deslumbran, dicho de algún modo,
por su belleza y precisión idiomática; una impronta que suele definir a los
poetas que se esmeran en transformar el lenguaje coloquial, como por arte de
magia, en una pirotecnia verbal revestida de calidad ética y estética; más
todavía, cada uno de ellos intenta transmitirnos lo que siente y piensa desde
lo más hondo de su ser, sin necesidad de embellecer el lenguaje con superfluos
sonsonetes, adjetivos y palabras rimbombantes, como suele ocurrir con el poeta
que se concentra en el contenido temático de cada una de sus creaciones, donde
se fundan dialécticamente la ética y la estética, como en toda creación artística
destinada a los lectores más exigentes de un género literario tan exquisito
como es la poesía, que, aun careciendo de rima y métrica, debe ser una suerte
de sinfonía con sus tonos altos y bajos.
Estos poemas de compromiso social, estructurados sobre la base de una historia personal y colectiva, son composiciones que dignifican el lenguaje poético, porque son capaces de canalizar un sentimiento de rebeldía o un airado repudio contra la barbarie y la ignorancia de quienes desprecian la condición humana de los corazones enamorados de las causas justas y las libertades democráticas de un Estado de Derecho.
lunes, 16 de marzo de 2026
UNA
ENTREVISTA EXTRAVIADA
Aquí
tenemos, después de mucho tiempo, una entrevista extraviada en los laberintos
de los documentos almacenados en una computadora portátil. Las respuestas a las
preguntas realizadas por la periodista Milenka Parisaca Carrasco, que era
responsable del suplemento Crónicas del
diario Ahora el Pueblo, son una
muestra del compromiso cumplido por el escritor Víctor Montoya, quien se tomó
el debido tiempo para contestar las preguntas que le llegaron por correo
electrónico aproximadamente a mediados de 2024.
1. ¿Cómo defines
tu estilo a la hora de escribir microrrelatos, cuentos y novelas? ¿Existe
alguna diferencia?
El
estilo literario, que es como la identidad del autor, está determinado por el
tipo de obra que se escribe. Por ejemplo, no es lo mismo escribir un ensayo que
escribir una novela. Los recursos literarios varían dependiendo del género
literario de la obra; en el ensayo se usan elementos fácticos, en cambio en la
novela entran en juego tanto lo real como lo ficticio. Sin embargo, el autor debe estar consciente
de que cada vez que concibe una obra literaria, sea esta una novela, un cuento,
un microrrelato o una crónica, debe considerar que la obra tenga altos valores
éticos y estéticos, y que la temática que va a desarrollar le permitan explayar
los diversos recursos técnicos de la moderna narrativa latinoamericana, sin
trastocar su estilo personal ni deslucir su peculiar manera de convertir en
literatura los elementos de la realidad y la ficción.
2. ¿Qué papel
juega la investigación en tus obras y cómo encuentras el equilibrio entre la
ficción y la realidad?
Muchos
de los cuentos los he escrito luego de haber realizado una investigación previa
de los temas que iban a tratar. De hecho, mis ensayos y crónicas están basados
en trabajados de investigación, no en vano incluyen extensos datos bibliográficos
al final del libro. El equilibrio ente la realidad y la ficción depende del
género literario. En los ensayos, por ejemplo, no existe espacio para la
ficción, pues se abordan temáticas que requieren estar pegadas a la realidad
fáctica y al material bibliográfico; en cambio en las novelas, cuentos y
relatos existen andamiajes literarios que permiten combinar la realidad y la
ficción con absoluta libertad, pero siempre cuidando que la narración parezca
lo suficientemente real o verosímil. Si el escritor no se cree la historia que
está relatando, menos se lo creerá el lector. Entonces es importante que la
realidad y la ficción se fundan como el
anverso y reverso de una misma moneda, sin que el lector note qué parte es real
y qué parte es ficción en la novela o el cuento.
3. ¿Cómo
describirías tu proceso creativo al concebir y desarrollar una historia? ¿Qué
te inspira?
Como
todo proceso de gestación, donde una idea concebida, sea en el contexto real o
imaginario, debe tener un comienzo, un medio y un final, con la intensión de
que la obra, que es como criatura espiritual del autor, pueda deleitar y
satisfacer las expectativas del lector. A los escritores, de un modo general,
nos inspiran, entre otras, las historias humanas y universales, relacionadas a la
vida, el amor, el desamor, los conflictos sociales y la muerte. A mí, en lo
personal, suelen inspirarme las temáticas que me tocan muy de cerca el corazón
y la mente, temas en las que pueda reflejar mis propias inquietudes,
frustraciones, ensueños, insatisfacciones y mis deseos de mejorar las
condiciones sociales. Por lo general son temas con los que me identifico tanto
en mi condición de escritor como en mi condición de lector.
4. ¿Cómo
percibes la evolución de tu escritura a lo largo de tu trayectoria como autor?
Es
un largo proceso de aprendizaje, como cuando un niño aprende a andar después de
gatear. En el camino se cometen muchos errores, pero se aprende a corregir los
errores con el tiempo, la autocrítica y la experiencia. El oficio de la
escritura se parece a cualquier otro trabajo artesanal, donde la experiencia
hace al maestro. Es decir, uno nunca deja de aprender. La escritura requiere de
un constante ejercicio y uno debe machacar el oficio sin cesar, al menos, si
uno quiere quedar relativamente satisfecho con su obra de creación. García
Márquez decía que uno aprende a escribir escribiendo, como se aprende a nadar
nadando.
5. Desde tu
infancia, has mostrado una inclinación por la clase obrera. Sin embargo, ahora
perteneces a la clase media. ¿Qué te lleva a seguir identificándote con esta
clase social que aún enfrenta muchas reivindicaciones pendientes?
No
solo he mostrado una inclinación natural hacia la clase obrera, sino que yo
mismo soy hijo de entrañas mineras. He nacido y vivido en el seno de una
familia minera. Mi abuelo, mi padre y muchos de mis parientes han sido mineros
en el norte del departamento de Potosí. El hecho de que ahora pertenezca a la
clase media, no es motivo para desconocer mi origen de clase; es más, siempre
me he sentido orgulloso de ser hijo de esa clase social revolucionaria, que
tanto ha aportado al desarrollo económico del país, a la toma de conciencia
política de las mayorías desposeídas y la formación de Bolivia como nación. Me
identifiqué con la clase obrera desde que tengo uso de razón. Los mineros han
contribuido en mi formación personal. Ellos me han dotado de una conciencia
política y ellos son los personajes de una gran parte de mi mundo literario.
6. ¿Cómo fue tu experiencia en Suecia, durante el exilio, bajo la dictadura de Hugo Banzer, y de qué manera influyó en tu trabajo como escritor?
La
experiencia del exilio es casi siempre la de un desterrado, de aquel que es
expulsado, contra su voluntad, de la tierra que lo vio nacer. No obstante, tuve
la suerte de haber sido todavía un adolescente cuando la dictadura de Banzer me
lanzó a las mazmorras de la prisión y me exilió a Suecia, país donde terminé mi
educación secundaria y proseguí mis estudios de educación superior. Desde luego
que una nueva realidad, un nuevo idioma y una nueva forma de vida influyen en
la conducta y el pensamiento de cualquiera que acaba siendo un inmigrante en el
país que lo acoge. Esta misma situación, de un modo consciente o inconsciente,
hace que un escritor aborde temáticas que tienen que ver con su nueva realidad
sociocultural, incluso ocurre que en el momento de escribir se piensa en dos
idiomas, en mi caso, en español y
sueco.
7. ¿Cómo ha sido
tu proceso de reconciliación o reflexión sobre las experiencias vividas en
Bolivia durante la dictadura de Banzer y en el exilio a tu retorno a tu país?
Mi
retorno al país, después de más de tres décadas de ausencia, fue una
experiencia que me generó emociones encontradas. Por una parte, vuelves a
reinsertarte en un contexto del que te apartaste por un buen tiempo, y, por
otra, sientes que estás dejando atrás, lejos de tu país de origen, una vida, un
trabajo, una familia, que no es solo boliviana sino también extranjera. Con
todo, mi retorno al país ha sido como la del pez que vuelve a nadar en sus
propias aguas. Ya no había dictaduras militares y se notaba que el país estaba
cambiando para el bien de todos. Causa una enorme satisfacción el saber que la
lucha que uno libró en el pasado, contra las injusticias sociales, las discriminaciones
raciales y los sistemas dictatoriales, no fue en vano, sino un sacrificio que
valió la pena, al menos, para demostrar que sí es posible construir una
sociedad distinta a la que nos ofrece el capitalismo salvaje.
8. ¿Qué mensaje
o reflexión esperas transmitir a través de tus escritos sobre la injusticia
social y la resistencia en situaciones políticas difíciles?
No
siempre tengo la intención de transmitir un mensaje o una reflexión a través de
mis escritos. En el mejor de los casos, me cuido mucho de ese maniqueísmo
didáctico de querer enseñar siempre lo qué es bueno y lo qué es malo, ver las
cosas en blanco y negro, sabiendo que la realidad presenta también tonalidades
grises. Las obras recargadas de demasiadas sentencias o advertencias censo-moralistas
no siempre son las que más gustan a los lectores, ya que estos prefieren libros
que estimulen su fantasía y los transporten, en las alas de la imaginación y de
la mano de los personajes inventados, hacia otras realidades distintas de su
entorno inmediato y cotidiano. La lectura debe darles el placer y la sensación
de haber sido partes de una historia que nació de la inventiva del autor. En mi
caso, incluso cuando escribo sobre la realidad dantesca de los mineros, intento
que mis obras no sean una suerte de panfletos literarios, con consignas del
sindicalismo revolucionario, sino obras donde el realismo social y el realismo
mágico se complementen, tal como ocurre el mundo minero, donde, además de darse
una explotación inhumana, se respira una cosmovisión donde prevalece la magia
de los cuentos, mitos y leyendas que provienen de la tradición oral de las
culturas ancestrales.
9. ¿Cuál es la importancia de una literatura social que mire a los sectores populares? ¿Crees que en la actualidad se perdió ese tipo de literatura?
Pienso
que en la pasada centuria se escribió mucha literatura entroncada en el realismo social. Este es el caso de la
literatura indigenista y minera. Los autores, identificados con las
reivindicaciones de los obreros y campesinos, creyeron que con sus obras podían
contribuir a la concientización de los oprimidos y la conquista de la
liberación nacional. En el presente siglo, los autores están más dedicados a
abordar temas que tienen que ver con las necesidades existenciales de los
individuos y las nuevas tecnologías de la sociedad moderna, y creo que están
más abocados a trabajar con el lenguaje, que en lanzar mensajes sociopolíticos
a diestra y siniestra. Tampoco se trata
de hacer una literatura por literatura, pues no es lo mismo escribir sobre los
pétalos de una flor que sobre un drama humano, que nos convoca a la reflexión y
a buscarle una solución. Por lo demás, la literatura contemporánea de Bolivia,
en los últimos años, ha ganado merecidos espacios a nivel continental y
mundial, gracias a su temática de carácter universal y su calidad
estética.
10. ¿Qué te
llevó a explorar el tema del Tío de las minas en tus escritos?
No
tuve que explorar nada ni hizo falta que lo invente. El Tío ya estaba ahí, en
el interior de la mina, esperándome para convertirme en su escribano, porque
él, más que yo, es quien cuenta sus historias de aventuras y desventuras. El
Tío estaba metido en el crisol de mi memoria y en mi mundo subconsciente desde
la niñez. Escuché hablar de él en boca de mi abuelo y de varios de mis
familiares que tenían que ver con la labor minera y sus asuntos. Ahora bien, el
Tío no es el único personaje central que habita en mi obra, aunque a él le he
dedicado lo mejor de mi tiempo y mi creación literaria. El Tío de la mina es un
excelente personaje literario no solo porque representa las contradicciones
entre lo profano y lo sagrado, sino también porque posee atributos que permiten
poner de relieve el realismo fantástico existente en los mitos, cuentos y
leyendas que abundan en la tradición oral de las poblaciones andinas y, sobre
todo, en los centros mineros, donde se lo venera y rinde pleitesía,
ofrendándole coca, cigarrillos y aguardiente a través de las ch’allas, wilanchas y otros ritos ancestrales.
11. ¿Cómo defines la relación entre el Tío de las minas y la figura del diablo en tu obra?
El
Tío de la mina y el diablo bíblico no son el mismo personaje, salvo para los
judeocristianos que creen que el Tío es el mismísimo demonio llegado del
infierno para promover el mal entre los humanos. Lo cierto es que los
conquistadores, desde los albores de la colonia, confundieron a la deidad de la
cosmovisión andina con el diablo, intentando atribuirle vicios y maleficios,
como parte del proceso de extirpación de idolatrías que los catequizadores
emprendieron en el seno de las culturas originarias. No obstante, para los
mineros –o los mitayos del pasado–, el Tío poseía más facultades de bondad que
de maldad, por cuanto lo reconocieron como al Supay (Diablo), deidad del ukhupacha
(mundo subterráneo), representado
más tarde por el Tío, protector de las riquezas minerales y los mineros,
quienes, asumiendo una actitud de respeto y sumisa veneración, lo incorporaron
con honda fe en su mundo familiar, asumiendo la idea de que el Tío es dios y
diablo en la cosmovisión andina y la mitología minera.
12. ¿Podrías
explicar si realmente mantienes conversaciones con el Tío, o si más bien es una
estrategia para llevar a tus lectores más allá de la imaginación?
El
Tío es un personaje tanto real como ficticio, el que mejor simboliza el
mestizaje cultural y el sincretismo religioso entre el paganismo ancestral y la
religión católica. Eso me da la posibilidad de fantasear en torno a una serie
de temas donde no están exentos los tratados filosóficos, la sabiduría popular,
los postulados religiosos y una fuerte dosis de humor que genera encendidas
polémicas en torno al presente y el pasado de nuestra esencia multicultural. En
los supuestos diálogos que mantengo con el Tío, como si de veras se tratara de
un ser vivo como cualquiera que tiene sentimientos y pensamientos, no me olvido
de recrear los mitos, leyendas y consejas del mundo fantástico de los mineros,
quienes, desde los albores de la época colonial, empezaron a venerar a este
personaje mitológico, mitad dios y mitad demonio, que reina en los tenebrosos
socavones. Desde luego que todos estos diálogos, que se supone son ficticios o
imaginarios, son una suerte de estrategia literaria que me permite llegar a los
lectores interesados por conocer el mundo mágico y mítico de los mineros
bolivianos, pero también para estimular su imaginación y demostrarle que, a
veces, la realidad puede superar a la ficción y que la fantasía puede trocarse
en realidad.
13. ¿Hay algún
otro personaje o historia que hayas escrito que sea especialmente significativo
para ti?
Existen
varias historias y varios personajes que son significativos en mi obra
literaria y en mi vida existencial como escritor. Solo por citar algunas de mis
obras, puedo afirmar que los personajes y las historias narradas en mis Cuentos violentos o Cuentos en el exilio son de carácter más íntimos, más personales,
porque abordan hechos reales y de primera mano. Lo mismo se repite en mis
libros El laberinto del pecado y Huelga y represión, cuyos personajes y
temas son una suerte de espejos donde se reflejan varias de las experiencias
que me tocó vivir en carne propia. El hecho de que estén presentadas como obras
de ficción, no les quita su valor testimonial ni autobiográfico, por lo que se
constituyen en obras que tienen un gran significado para mí y que, a su vez,
ocupan un sitial especial entre los libros que he publicado hasta el presente.
Otros ejemplos son mis crónicas que están pobladas de personajes del mundo
real.
14. ¿Qué consejo les darías a los escritores aspirantes que están empezando su viaje en el mundo de la escritura?
Que
lean mucho y aprendan lo mejor de otros autores, en cuanto a recursos
narrativos y temáticos, como los que nos legaron los más descollantes
escritores de la literatura universal. Los aspirantes a escritores tienen que
ser consciente de que para aprender a domar el lenguaje y manejar con destreza
las técnicas escriturales, no hay otra alternativa que forjar el oficio sin
cesar, con paciencia y conocimientos, como se forja el acero en el yunque. Todo
lo demás, como el reconocimiento a la inventiva y al trabajo del escritor,
viene por añadidura, sabiendo que la creación de una obra literaria requiere
más transpiración que inspiración.
15. ¿Qué
significa para ti tener lectores que se conectan con tus historias y
personajes?
Para
cualquier escritor es una enorme satisfacción saber que sus libros se venden y
llegan a manos de los lectores. Ahora si estos se conectan con las historias y
los personajes del libro es doble la satisfacción, sobre todo, si se considera
que un autor debe buscar a sus lectores, llevándoles un producto que no los
defraude tanto por su forma como por su contenido. Todo escritor debe ser
consciente de que su existencia en el ámbito literario depende de los lectores,
porque ellos son los jueces que determinan el destino que tendrá el libro, de
ellos depende que una obra sobreviva al tiempo o sucumba en las catacumbas del
olvido. En síntesis, así como no hay escritores sin libros, tampoco hay escritores
sin lectores. El escritor debe tener lectores para legitimar su existencia en
un contexto cada vez más exigente y competitivo.
16. ¿Tienes
algún proyecto futuro del que te gustaría hablar o del que estés especialmente
entusiasmado?
Como todo escritor, cuya vida gira en torno a la actividad literaria, tengo varios proyectos en marcha, pero prefiero mantenerlos en secreto hasta que llegue la hora de revelarlos públicamente. No creo que valga la pena meter el pan en un horno que todavía no está caliente. Todos los proyectos saldrán a luz a su debido tiempo. Por ahora no queda más que seguir trabajando con el mismo empeño y entusiasmo de siempre.
jueves, 12 de marzo de 2026
ÓSCAR
ALFARO A VUELO DE PÁJARO
A
Óscar Alfaro me parecía haberlo conocido en el sueño, cuando mi madre, sin
saber al cuidado de quién dejarme, me llevó, siendo niño, a la Escuela Jaime Mendoza, en la población de
Llallagua, donde ella ejercía como directora del establecimiento educativo.
Me
dejó jugando en el patio, mientras ella trabaja atendiendo los asuntos de sus
colegas, los alumnos y los padres de familia, hasta que, bajo un límpido cielo
y en medio de la algarabía de los niños, que revoloteaban como abejas en un
panal, apareció un hombre de contextura delgada, con un maletín en la mano y un
extraño modo de caminar; tenía los lentes casi redondos y una barbita de chivo,
dándole la apariencia de ser un ser extraordinario. No era el nuevo profesor,
ni el supervisor escolar, sino el poeta tarijeño Óscar Alfaro, el Príncipe de la literatura infantil boliviana,
quien llegó a las poblaciones de Llallagua, Siglo XX y Catavi, como parte de un
recorrido por las escuelas de la COMIBOL, programado por la Federación Sindical
de Trabajadores Mineros de Bolivia, para que leyera y difundiera sus poemas
infantiles entre los profesores de enseñanza primaria.
Cruzó
el patio de cemento, en compañía de mi madre, y se metió en un aula, donde
estaban reunidos los profesores, sentados ya en los estrechos pupitres, donde
el poeta les saludó amablemente, antes de tomar asiento en una silla, cerca de
la pizarra y la mesa del profesor. Abrió su maletín y sacó varios libros, con
ilustraciones en colores, que los puso sobre la mesa a modo de exposición.
Luego les dirigió unas palabras, explicándoles el porqué de su visita. Los
profesores le miraron atentos y en silencio, como hipnotizados por las mágicas
frases de un mago. Él se levantó de la silla, hojeó uno de sus libros y leyó su
poesía, con una voz suave pero firme.
Yo
observé la escena desde la ventana, sin que los profesores advirtieran mi
presencia de niño curioso y desobediente. Al cabo de la lectura, algunos de los
profesores se le acercaron al poeta, le dieron la mano y hasta le compraron sus
libros, que él, con muestras de gratitud y cariño, se los autografió uno por
uno.
Mi
madre se compró Cien poemas para niños,
un libro que después leí con mucho entusiasmo, con la sensación de que, en cada
verso, me parecía escuchar su voz, como si él mismo me lo estuviese leyendo al
oído, con esa misma entonación melódica que escuché aquel maravilloso día en
que el poeta pasó por la Escuela Jaime
Mendoza, como un pájaro peregrino que vuela de jardín en jardín, ofreciendo
ramilletes de versos y llevando en su maletín las joyas más preciadas por los
niños.
Concluida su visita, salió del aula en compañía de mi madre y, rengueando de una pierna, cruzó el patio sin apuros, hasta perderse tras la puerta que daba a la calle, donde estaba la Plaza 6 de Agosto y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
domingo, 8 de marzo de 2026
LA
SERENA
Juana
tenía 32 años y era madre de dos hijos. Nació al pie del Cerro Rico de Potosí,
donde trabajaba como serena en una
cooperativa minera. Quedó viuda y a cargo de la familia desde el fatídico día
en que su marido, obrero de la misma cooperativa, voló en pedazos tras la
explosión de una descarga de dinamitas. Así enviudó siendo todavía joven, como
muchas mujeres casadas con mineros.
Ella
vivía en dos pequeños cuartos, con sus hijos y un perro que era guardián de la
casa. Ingresó a trabajar en la cooperativa minera en lugar de su marido, quien,
según sus confesiones, era un hombre borracho, machista y maltratador.
La
casa no tenía agua potable, luz eléctrica ni cocina a gas. Nunca contó con
ingresos propios ni fue dueña de nada, mucho menos del paupérrimo salario de su
marido, que no alcanzaba para llenar la canasta familiar ni para que sus hijos
asistieran a la escuela.
Desde
que empezó a trabajar como serena, en
los depósitos de minerales de la cooperativa, aprendió a luchar para sobrevivir
en un infierno no apto para las mujeres, teniendo como únicas armas el coraje,
una piedra y una dinamita en mano. Se convirtió en experta en el manejo del
explosivo, siempre listo para estallar ante el primer atisbo de peligro.
Todas
las noches trabaja acompañada de su perro y, a veces, también de sus hijos,
para ahuyentar a los jukus, que
merodean la zona, queriendo robar las bolsas de mineral que los cooperativistas
extraían de la mina y dejaban en unos depósitos, con paredes de adobes y techos
de calamina, construidos de manera improvisada cerca de la bocamina.
Juana
era compañera de los cooperativistas que, a pesar de trabajar sin seguridad
industrial y en condiciones infrahumanas, le seguían metiendo barreno y
dinamitas a los parajes que dejaron
los trabajadores de la COMIBOL. Ellos trabajaban en el interior de mina y ella
como serena encargada de vigilar los
bienes de la cooperativa, enfrentándose a jukus
que, noche tras noche, se aparecían al amparo de la oscuridad para robar el
mineral.
Juana
estaba ya acostumbrada a enfrentarse a los jukus
y a los mineros atrevidos que, aun teniendo una mujer en casa, intentaban
abusarla y violarla delante de su perro; por eso ella, precavida desde el día
de su nacimiento, andaba siempre con una piedra en el bolsillo de la pollera y
una dinamita cargada en la mano, para defenderse de los desgraciados que
amenazan su integridad de mujer, viuda y madre.
Juana
le rezaba al Tata Q'ajcha para que no
le pasara nada y le suplicaba al Tío
de la mina para que la protegiera siempre, por ser viuda de un minero cooperativista
y por el bien de sus hijitos huérfanos de un padre que murió en un paraje lejano, donde las vetas de estaño
estaban ya agotadas.
Juana
era el ejemplo de una mujer que no se dejaba vencer por las adversidades,
consciente de que la vida no era fácil para una viuda y serena de una cooperativa, pero sí una gran escuela donde se
aprendía que no hay mal que por bien no
venga, hasta que un día, mientras trabajaba como de costumbre, llegó un
gringo turista, interesado por conocer el Cerro Rico de Potosí. Apenas la vio
cerca de la bocamina, en compañía de sus hijos y su perro, se sintió atraído
por la belleza exótica de esa mujer de sombrero, manta y pollera.
El
gringo la enamoró con buenas intenciones, la acompañó en su trabajo por las
noches y, al cabo de un tiempo, le propuso matrimonio con el propósito de
llevársela a su país. Así fue como Juana y sus hijos se libraron de las temibles
garras del laboreo minero.
Los
cooperativistas, conocedores de la miserable realidad de una serena, decían que Juana tuvo suerte,
que recibió la bendición del Tata Q'ajcha
y el consentimiento del Tío de la
mina para encontrar un hombre de sentimientos nobles, quien, además de amarla
con la sinceridad de su corazón, la haría feliz por el resto de sus días.
Desde
entonces no se volvió a saber nada de Juana ni de sus hijos, salvo que dejó de
ser serena en la cooperativa minera y
que se marchó a tierras lejanas para no volver más a la ciudad donde
nació.
Glosario
Guardatojo: Casco de protección usado en el laboreo minero.
Jukus: Ladrones de mineral.
Paraje: En el interior de
la mina: sitio o lugar de trabajo.
Serena: Mujer que cumple
la función de vigilar por las noches los depósitos de mineral y los bienes de
la cooperativa minera.
Tata K’ajcha: Cristo Minero. Santo Patrono. Crucifijo situado en los primeros metros de
la galería principal. En Potosí, según
la tradición popular, su imagen aparece como un Cristo moribundo con su
“guardatojo” de minero.
Tío: Deidad. Diablo y dios tutelar que habita en el interior de la mina. Los mineros le temen y le brindan ofrendas. Su estatuilla es de greda y rocas, está colocada en el lugar de paso obligado de los mineros.









