VICTOR MONTOYA
LA CUEVA DEL TIO DE LA MINA
jueves, 29 de agosto de 2024
Sapo y
Bestia
Soy el sapo a la espera de un beso de la Bella. Si
la Bella no me estampa un beso, seguiré siendo la Bestia con aspecto de sapo,
un sapo que no deja de maldecir ni llorar su maldita suerte que, más que mala
suerte, es el castigo de una bruja con poderes mágicos y su varita de diosa.
El alcohol
Desde que entró en contacto
con el olor del alcohol, por medio del aliento de su abuelo, quien lo levantaba
en sus brazos para besarle en la mejilla, tenía la vida marcada por ese
sustituto del amor de sus padres, que lo abandonaron desde su más tierna
infancia. Nunca tuvo un pezón en la boca, sino su dedo pulgar como único
chupón.
Años después, apenas cruzó
el umbral de la pubertad, él mismo se llevó el gollete de la botella a la boca
y sorbió el embriagador elixir hasta ingresar en un mundo de alucinaciones,
satisfacción y olvido.
Desde entonces, como el niño
vuelve a la mamadera siempre que lo necesita, él volvía cada vez a la botella,
un efectivo sustituto del amor de sus padres, quienes un día se marcharon para
no volver más, como él nunca más se separaría del alcohol por el resto de sus
días.
El zoólogo
Desde que tuvo uso de razón, quería ser el zoólogo de los
zoólogos; cortejar como un pavo real, atrayendo a la pareja con su brillante
plumaje; hacer el amor como un chimpancé, con todas las hembras de la manada,
sin respetar las normas de la monogamia; tener hijos a montones como un conejo
en cautiverio, pero sin dejar de soñar con una yegua de fabulosas ancas, capaz
de enloquecer a cualquier mancho y girarse con el
movimiento de ballena en la cama, hasta quedar con los ojos contra la pared y
la cola expuesta ante la lujuriosa mirada del zoólogo.
El
otro dinosaurio
Cuando despertó, el hombre ya estaba muerto.
El
Hijo de Dios
Cuando María concibió al hijo de Dios, magdalena se
preguntó:
–¿Dónde estaba José cuándo esto sucedió?
–En su carpintería –contestó Judas–. Haciendo
Pinochos como yo.
Hijo
del vecino
–¿Por qué mi hijo no se me parece en nada? –preguntó
el hombre.
–Cómo se te va a parecer –contestó la mujer–, si su
padre es el vecino.
Día
del Mar
¡Un, dos, tres!…
Los niños marcan el paso y el desfile cívico, en
homenaje al Día del Mar, se hace interminable.
¡Un, un, un, dos, tres!…
Los niños siguen marcando el paso y la voz de mando
del profesor, agobiado bajo el calcinante sol de la mañana, pierde fuerzas y se
oye cada vez más lejana que las olas del mar cautivo.
La
Vieja
La Vieja –diablesa– es la querida del Tío de la
mina. Es malvada y perversa. Celosa de las mujeres que entran en su reino y
jueza implacable de los mineros que no cumplen con ella ni con el Tío. Es tan
poderosa como la Pachamama y más temida que el soberano de las galerías.
El minero sabe que la Vieja es rencorosa y vengativa
si no se le guarda respeto ni veneración. Pero cuando ella se encapricha y se
pone dura como la roca, el minero puede perder la paciencia y maldecir:
–¡Vieja, gran puta! ¡Te taladro y taladro, pero tú
no te no te abres ni me muestras tu veta llena de riquezas minerales!
El minero puede putear y putear, pero ella se hace
el del otro viernes, hasta que él, la coca amargada en la boca y al borde de un
ataque de nervios, se atreve a insultarla con palabras soeces. Entonces ella
reacciona y castiga con lo que mejor sabe hacer: un derrumbe en la galería, una
explosión de dinamitas o una caída en un “buzón” del que nadie sale con vida.
La Vieja, que representa el otro lado de la vida y la destrucción de la felicidad humana, es más malvada que el Tío, menos benevolente que la Pachamama, y no perdona el desprecios ni los insultos de grueso calibre; por cuanto no vale la pena que el minero la maldiga, porque la maldición, tarde o temprano, se vuelver hacía él como un bumerang.
miércoles, 21 de agosto de 2024
Este
Tío, que parece haber dejado su traje de luces en algún paraje de la mina, no
lleva pañoleta en el cuello ni pechera llena de lentejuelas resplandecientes
como el sol; tampoco viste pollerín, con una faja llena de monedas tintineantes
en la cintura; no usa buzo ceñido a las nalgas y piernas; no lleva una blusa
con piedras de fantasía ni hilos plateados de Milán; no lleva guantes rojos con
manguetas bordadas en las muñecas ni tiene botas cortas, con espuela en el
tacón izquierdo; tampoco lleva una capa con alimañas que forman parte de la
iconografía de los mitos ancestrales; no tiene pañoleta bordada en la mano
derecha ni una serpiente en la mano izquierda.
Este
Tío, con aspecto de diablo, no necesita usar peluca ni lucir alimañas como
víboras, sapos, lagartos y hormigas –seres de la mitología de los urus–;
tampoco tiene una máscara multicolor confeccionada en hojalata, ni pequeños
cuernos de carnero, ni piel de cabra, ni nariz ni caninos de cerdo. Le basta
con tener el semblante de ferocidad y espanto, cuernos retorcidos, ojos
saltones y orejas de asno, ya que su rostro, así como se contempla en esta
estatuilla, parece salido del mismísimo infierno, con un aspecto que, si se lo
escruta de cerca, parece una obra de arte; tiene un falo respetable y los
labios al borde de pronunciar palabras profanas destinadas a herir, como lanzas
con puntas de pedernal, el corazón de los creyentes y guerreros de Dios.
Si
bien podemos coincidir en que tiene el aspecto de un auténtico ángel rebelde,
también podemos coincidir en que luce una pinta impresionante y que la
expresión de sus redondos ojos, brillantes y mirada penetrante, reflejan la
vivacidad de su mente y alma, como si su cuerpo fuese el templo de todos los
saberes y demonios juntos, dispuestos a salir a la superficie, escabulléndose
entre los humanos, quienes lo miran con hondo temor y lo reprochan por haberse
rebelado contra el divino poder de las alturas.
Eso
sí, debe quedar clarito que este Tío no es la personificación del Mal, tampoco
es una fuerza hostil ni destructiva, menos una serpiente venenosa, un dragón de
siete cabezas o un dios de magia negra. Es, contrariamente a lo que muchos
piensan, la deidad de las culturas ancestrales, el Supay de la cosmovisión andina, el soberano de las profundidades y
el dueño de las riquezas minerales.
Si
en algunas estatuillas tiene cola, cuernos y patas de cabra, es porque la
catequización de los indígenas influyó en el imaginario de las culturas
ancestrales que fueron colonizadas por los inquisidores, que impusieron la
imagen de Satanás, comparándolo con el Tío, mientras combatían las creencias
indígenas calificándolas de idolatrías paganas, que debían ser exterminadas a
sangre y fuego, usando la cruz y la espada como las mejores armas más efectivas
de la conquista y la catequización.
Los
estudiosos de la mitología minera concluyen en que el Tío es una suerte de
metamorfosis de Wari, conocido en la
tradición oral de los urus como el dios de los camélidos y los habitantes del
lago Poopo, que sobrevivieron a los embates de aymaras, quechuas y españoles.
Es un dios indígena a quien los mineros, igual que los mitayos de antaño, le
ofrendan alimentos líquidos y sólidos, en rituales que no son satánicos, sino
actos de veneración para que les conceda vetas ricas en minerales, el principal
sustento de las familias mineras.
Ya
dijimos, en repetidas ocasiones, que durante la colonia fue confundido con el
diablo de la cultura cristiana, que los conquistadores trajeron en sus
carabelas junto a la Biblia, los
caballos y los cañones. Con la conquista, además de llegar un nuevo idioma al
Abya Ayala, llegó también la moral cristiana y una nueva forma de ver las
relaciones humanas –según los principios basados en las Sagradas Escrituras–, la misma moral sustentada por los poderes de
dominación en la Europa medieval. Desde entonces, toda conducta que atentara
contra la fe cristiana fue considerada como un acto inmoral y una amenaza
contra los mandatos de la sagrada familia;
por ejemplo, toda forma de relación carnal al margen de lo establecido por los jerarcas de la Iglesia no solo era
calificada como un acto sacrílego, sino que el acusado era condenado a atroces
torturas o a la hoguera por irreverencia y perversión.
Los
conquistadores, una vez impuesta la presencia del diablo en las comunidades
originarias, con todas sus características de maldad y fealdad, propagaron la
leyenda negra de que el Supay o Wari era el mismísimo demonio, generador
de vicios y maleficios, y que, por lo tanto, había que combatirlo y destruido a
nombre de Dios, para evitar que permaneciera en la mente y el corazón de los
nativos, que ofrecían ritos en su honor, sin obedecer las recomendaciones del
clero y el virreinato.
Aunque
los catequizadores se empeñaron en compararlo con el demonio bíblico, este Tío
no tiene la marca de Satanás ni su número de ficha es el seiscientos sesenta y
seis (666); tampoco vino al mundo para tentar a nadie, ni develar la hipocresía
y doble moral de los falsos profetas,
ni evitar que los sabios alcancen la iluminación y destruyan su Ego. Eso sí, a
veces, atenido a su sabiduría por causa de su esplendor, pretendía asemejarse
al Supremo todo poderoso, procurando milagros en el interior de la mina, en su
afán de proporcionarles a los topos humanos los mejores filones del preciado
metal.
El
Tío, convertido en el Lucifer de la danza de la diablada en el Carnaval
boliviano, es un personaje que corresponde al sincretismo religioso entre la
tradición católica y el paganismo ancestral, y representa al dios y al diablo
que habita en las galerías de la mina, donde los trabajadores le rinden
pleitesía, ofrendándole lo que ellos mismos consumen durante la ch´alla y la wilancha, todo para tenerlo risueño y satisfecho, no como manda
Dios, sino como manda el mismísimo Tío.
Algunos
de los escritores de la narrativa minera –entre los que me encuentro desde
siempre– lo han convertido en el personaje de sus poemas, cuentos, relatos y
novelas, haciendo gala de los mismos recursos literarios del llamado realismo mágico, que tuvo a sus mejores
exponentes en la generación del boom
de la literatura latinoamericana de la pasada centuria. Así es como en mis
novelas, cuentos y relatos, además de haber incursionado en el campo literario
del llamado realismo social, he
recreado mitos, leyendas y consejas del mágico mundo de los mineros, quienes,
desde los albores de la colonia, empezaron a venerar al Tío, una deidad
mitológica, mitad dios y mitad demonio, que reina en los tenebrosos socavones,
donde los mineros dejan sus pulmones a cambio de un mísero salario.
Palabras más, palabras menos, lo único cierto e indiscutible es que esta escultura, que ven aquí y ahora, es mi Tío; es decir, mi propio Tío. Lo esculpí con mis manos, como si fuese un escultor sin serlo; más todavía, mientras lo esculpía, tenía la sensación de estar reivindicándolo de la maldad del fanatismo religioso, como si lo estuviese salvando del mismísimo infierno, evitando que las piedras de fuego lo devoraran hasta reducirlo a cenizas. Lo esculpí tal como llegó al mundo, por eso no tiene traje alguno cubriéndole su desnuda humanidad; no tiene un manto de piedras preciosas ni pechera hecha con rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita y esmeralda; algo más, no lleva pendientes labrados en oro ni querubines que engalanen su personalidad. No es bello ni perfecto. Es como lo ven, con la fealdad al límite de la monstruosidad, como si fuese el reflejo de una horrible pesadilla huyendo de la muerte. Es mi Tío, mi propio Tío, y lo quiero como al fiel compañero de mi vida, como se quiere a una mujer sin condiciones ni límites de tiempo.
sábado, 3 de agosto de 2024
MICROTEXTOS III
Un clavo saca otro
clavo
El día
que el amor se le escapó de las manos, como el agua entre los dedos, lloró sin
consuelo, se rasgó las vestiduras y se arrancó los pelos de cuajo. Al cabo de
un tiempo, superada la desilusión del alma y curadas las heridas del corazón,
se metió en el mar y se bañó en la espuma de las olas, hasta que volvió a
renacer y volvió a creer en el amor, porque cuando un hombre se va, otro ocupa
su lugar, como si un clavo sacara otro clavo.
El Tío en mi vida
y obra
El Tío de la mina se metió sigilosamente en mi obra
literaria, como un personaje de contrabando, dispuesto a amargarme la vida.
–¿Por qué te metiste en mi obra? –le pregunté intrigado–.
¿Para joderme la vida?
Me miró sonriente, enseñándome los colmillo y la
lengua viperina. Encendió los ojos como focos de fuego y contestó enérgico:
–¡No fue para joderte la vida, sino para joderte la
obra!
La amada
Todas las noches, como
recién salida de la más pura niebla, estaba siempre cariñosa y fresca, como
recién bañada por el rocío del alba.
La
bruja y el parroquiano
La
joven bruja, después de haber volado toda la noche, aterrizó en la puerta de
una cantina, se desmontó de la escoba, se acercó a un parroquiano, que apenas
podía sostenerse de pie, lo agarró por las solapas y lo suspendió en el aire
como a un estropajo.
–Ahora
vienes conmigo –le dijo con voz de miel.
–¿Y por
qué yo? –preguntó muerto de miedo.
–Porque
quiero que lo conozcas a mi amo.
–¿Al
Diablo?
–Sí
–contestó–, al que te da de beber a cambio de comerte el alma.
El
parroquiano tocó el suelo con la punta de los zapatos y lloró
desconsoladamente, porque solo llorando podía salvarse del castigo del Diablo y
no volver a caer en las garras del alcohol.
Enloquecer
por amor
Los
hombres saben que una cosa es enloquecer por el amor de una mujer y otra muy
distinta enloquecer por el desamor de alguien de sentimientos gélidos y corazón
de hielo.
Sonido
nasal
Juan le
pidió a Pedro taparse con los dedos las fosas nasales y luego pronunciar, sin
cerrar los ojos y a todo pulmón, la palabra punta.
Pedro
se tapó la nariz, pronunció a viva voz la palabra punta y no se lo pudo creer el sonido nasal que transformó la
palabra.
Torres
No
construyas tu torre de Babel, creyendo alcanzar el reino de los cielos, si
sabes que las torres, construidas con los ladrillos de las bajas pasiones
humanas, conducen derechito al infierno, donde reina la confusión de las
lenguas y las ciegas ambiciones terminan en cenizas.
Se fue para no
volver
Porque estás que te vas, y te vas./ Y te vas, y…/ Y no te has ido, tarareó la canción de Alfredo Jiménez, mientras se duchaba con agua tibia. Después se vistió con la elegancia de siempre, cogió las maletas que estaban listas. Sujetó la empuñadura de la puerta, la abrió y la cerró a sus espaldas. Esta vez se fue para no volver, sin recordar la sentencia que su mujer le repitió hasta el cansancio: Al ausente, por muerto le da la gente, así se lo haya amado con todas las fuerzas de la razón y el corazón.
miércoles, 17 de julio de 2024
UNA
CONFERENCIA DE PRENSA Y UN FOLLETO PARA HOMENAJEAR
A
LAS VÍCTIMAS DEL GOLPE MITAR DE 1980
Hoy,
17 de julio, como parte de las actividades político-culturales que desarrolla
el Archivo Regional Catavi, se rindió un ferviente homenaje en la población
minera de Siglo XX, por medio de una conferencia de prensa, a las víctimas del
golpe militar de 1980, cuando un grupo de paramilitares, asesorado por el
criminal nazi Klaus Barbie, asaltó a mano armada el edificio de la Federación
Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), ubicado en El Prado de la
ciudad de La Paz, donde se reunían miembros del Comité de Defensa de la
Democracia (CONADE).
Durante
el asalto, además de causar heridos y destrozos materiales, se apresaron a
varios dirigentes políticos y sindicales, y, como si fuese poco, se asesinó a
mansalva al dirigente político Carlos Flores Bedregal, al líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz y al dirigente sindical
Gualberto Vega Yapura, declarados póstumamente mártires de la democracia y la liberación nacional.
Lourdes
Peñaranda Morante, responsable del Archivo Histórico de la Minería Nacional de
COMIBOL/Regional Catavi, aprovechó la conferencia de prensa, efectuada en la
sede sindical de Siglo XX, para presentar el Nº 23 de la Serie de Literatura Minera, con dos textos del escritor Víctor
Montoya y, en la contratapa, el poema El
Padre Nuestro de un minero, que el cataveño Gualberto Vega Yapura escribió
en 1976, mientras se encontraba encarcelado en la prisión de alta seguridad de
Chonchocoro,
El folleto, Gualberto Vega Yapura - Marcelo Quiroga Santa Cruz, es un justo
homenaje a dos de las víctimas del golpe militar del 17 de julio de 1980. En la
introducción se menciona que estos
valerosos luchadores sociales, junto a otras víctimas del régimen criminal de
García Meza y Arce Gómez, son símbolos del coraje y la lucha revolucionaria del
movimiento obrero boliviano.
La
actividad impulsada por el Archivo Histórico de la Minería Nacional de
COMIBOL/Regional Catavi, aparte de haber sido un excelente espacio para
conmemorar a los mártires que ofrendaron su vida a la causa de la justicia
social y la liberación nacional, ha demostrado que la memoria histórica de un
pueblo se mantiene viva a pesar de los años y la impunidad en que quedaron
varios de los crímenes de lesa humanidad cometidos, entre otros, por las
dictaduras militares de los años ´60, ´70 y ´80 de la pasada centuria.
La nueva publicación de la Serie de Literatura Minera, cuyo primer número, dedicado a la masacre minera de San Juan de 1967, salió a luz en junio de 2016, es una prueba más de la infatigable labor del Archivo Regional Catavi, que no ha dejado de rescatar ni difundir la historia concerniente a la realidad minera del norte de Potosí, donde nació, creció y se formó políticamente el dirigente obrero Gualberto Vega Yapura, quien trabajó en la Empresa Minera Catavi y fungió como secretario de culturas de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, hasta el día en que fue abatido a tiros por los mercenarios al mando de los criminales Luis García Meza y Luis Arce Gómez.
lunes, 15 de julio de 2024
ESCANCIAR LA SIDRA ES TODO UN ARTE
Estando en la ciudad de Gijón, ubicada en el centro de
la costa cantábrica del Principado de Asturias, España, unos amigos me
invitaron a una sidrería que tenía botellas verdes por doquier y las paredes
decoradas con recreaciones de lugares emblemáticos, toneles de sidra y prensas
para sacar el zumo de las manzanas.
En esta parte del continente europeo, la sidra no está
considerada como una bebida más del montón, sino como una parte intrínseca de
la cultura y el folklore. En Gijón, por ejemplo, existen varias fiestas
tradicionales, especialmente en primavera y verano, dedicadas a los descorches de la sidra, conocidos como espichas, donde se promueve también la
gastronomía típica de la región.
La sidra, cuyo grado alcohólico oscila entre cuatro y
seis, alegra romerías y reuniones, tanto públicas como familiares, ya que esta
bebida, desde hace siglos, se ha integrado totalmente en la vida social de los
asturianos. Y las espichas son
motivos para celebrar, reír, gozar y darle una fiesta al paladar.
–En realidad, ¿de dónde proviene la palabra espicha? –pregunté con cierto rubor en
la cara y poniendo al descubierto mi ignorancia en la materia.
La respuesta no se dejó esperar, porque uno de los
amigos se dio la molestia de explicarme de manera clara y concisa:
–Espicha es
el nombre que se le da al trocito de madera, con forma cónica, que se utiliza a
modo de tapón de los toneles, donde se almacena la sidra.
El último fin
de semana de agosto tiene lugar en Gijón la Fiesta de la Sidra Natural,
declarada un evento de interés turístico regional, en el que todos los años se
bate el récord mundial de escanciado simultáneo. Otra de las fiestas más
importantes dedicada a esta bebida, que se realiza el segundo fin de semana de
julio, es el Festival de la Sidra, que se lleva a cabo en la villa de Nava, donde
está el Museo de la Sidra, una verdadera atracción turística que permite ver
todo el proceso de elaboración de esta bebida, desde el cultivo de la manzana hasta el
embotellado, pasando por el prensado y el fermentado.
Uno de los amigos, que tenía hartas ganas de hacerme
conocer el arte de escanciar la sidra, pidió una botella descorchada, la agitó
brevemente, la tomó por el culín,
levantó el brazo por encima de la cabeza y vertió el líquido en el vaso de
cristal sujeto en la mano izquierda, a la altura de la pierna y a una distancia
de más de un metro desde el cuello de la botella, haciendo que el chorro castaño
cayera contra el lateral del vaso, de manera que, al impactar contra el mismo,
se oxigenara haciendo espuma como una gaseosa cualquiera, o, más bien, como la
cerveza servida en una límpida copa de cristal.
De estos amigos asturianos aprendí que para la degustación de la sidra se debe escanciar (tirar el líquido desde lo alto para que rompa al caer en el vaso), y bebérsela de una sola vez, pero no todo el contenido del vaso, sino dejando un poco en el fondo para limpiar la parte que han tocado los labios, ya que todos los amigos comparten del mismo vaso; es más, uno de ellos me sorprendió echando al piso la sidra que quedó en el culín, arguyendo que era una forma de devolverle a la tierra lo que ella nos da.
–A esta acción se llama ch’allar –les dije–. En mi tierra se tiene la costumbre de ch’allar o rociar el suelo con la
cerveza o el alcohol, antes de beber del vaso, como un agradecimiento a la Pachamama,
que alimenta a sus criaturas terrenales con los frutos de su vientre.
Ellos me miraron y no pararon de hacer circular el
vaso de mano en mano, mientras picaban las exquisiteces que contenía una
bandeja: chorizo a la sidra, tablas de quesos, huevos cocidos, tortillas y una
serie de embutidos de jabalí y cerdo asturiano.
–En el país de ustedes, más conocido en el exterior
por sus buenos vinos, quesos y jamones, beber sidra es todo un arte –les dije dispuesto
a celebrar nuestra amistad.
–Sí –corroboró uno de ellos, con aplomo y buen humor–,
sobre todo, si se considera que escanciar es todo un arte.
–Además –acotó otro–, se debe tomar con medida. Si uno
está pasado de copas, no podría llenar el vaso, porque todo lo echaría al
suelo.
Me quedé mirándolos con cierto asombro y un soplo de
desaliento, como quien está acostumbrado a servir las bebidas espirituosas
apoyando el gollete de la botella en el borde de la copa y no como los expertos
escanciadores que tienen el pulso firme y la experiencia de tirar la sidra de
un metro de altura entre la botella y el vaso.
Con mis amigos asturianos aprendí, como en todo en la
vida, que la sidra es una bebida alcohólica de baja graduación, fabricada con
el zumo fermentado de la manzana, una delicia más espumosa que embriagadora,
con bastante aguja y ácida, que sabe algo diferente a las sidras gasificadas
que solía consumir en Suecia, toda vez que había celebraciones especiales o en
las fiestas de fin año.
En Gijón aprendí también que la diferencia entre el
vino y la sida está en que el primero se elabora de uvas y el segundo de
manzanas, las cuales se clasifican en tres tipos en función de su sabor:
dulces, imprescindibles para transformar el azúcar en alcohol; ácidas, para
mantener el color natural del mosto y la limpieza de la misma; y amargas o
salvajes, que aportan el tanino en la bebida.
En síntesis, antes de terminar, quiero contarles que aprendí las siguientes lecciones: la primera, que escanciar es todo un arte; la segunda, que la sidra natural no se filtra ni clarifica como el resto de las bebidas espirituosas; la tercera, que el vaso se debe vaciar de un solo trago, sin perder tiempo ni respirar; y la cuarta, quizás la más importante, que el descorche de la botella de sidra es un modo de compartir con los amigos que, haciendo honor al adagio popular que reza: entre enfermos no hay contagio, usan el mismo vaso para sellar una amistad que nace y permanece toda la vida.
jueves, 11 de julio de 2024
GUALBERTO VEGA YAPURA, MÁRTIR DE LA DEMOCRACIA
Y LA LIBERACIÓN NACIONAL
El
dirigente sindical y mártir obrero Gualberto Vega Yapura, en tiempos en que
había que andar con el testamento bajo el
brazo, fue acribillado a tiros en el edificio de la Central Obrera Boliviana
(COB) y la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB),
donde se realizaba la reunión del Comité Nacional de Defensa de la Democracia
(CONADE) y las organizaciones sociales que aspiraban a una sociedad más justa y
democrática, la mañana del 17 de julio de 1980; fecha luctuosa en que el pueblo
boliviano se vistió de luto y los golpistas, tras pedir la renuncia de la
presidenta interina Lydia Gueiler, se encaramaron en el poder por la fuerza de
las armas y el respaldo del Alto Mando Militar Boliviano.
Todo
sucedió cuando decenas de oficiales y paramilitares, entre los que había
mercenarios argentinos al servicio de la Operación
Cóndor, que asoló a los países del Cono Sur de América Latina, llegaron en
ambulancias de la Caja Nacional de Seguridad Social a la histórica sede de los
trabajadores bolivianos y asaltaron, a gritos y armas de fuego en mano, el
edificio de la FSTMB, ubicado en El Prado de la ciudad de La Paz, dispuestos a
desencabezar al movimiento obrero y popular. Fue en esas circunstancias que los
paramilitares, entre ellos los mercenarios Stefano Delle Chiaee, Joachim
Fiebelkorn y Ernesto Milá, conocidos como los novios de la muerte, dispararon ráfagas contra la humanidad del
líder político Marcelo Quiroga Santa Cruz, el diputado Carlos Flores y el
dirigente cataveño Gualberto Vega Yapura, a la sazón representante del
Sindicato de Catavi y secretario de cultura de la Federación Sindical de Trabajadores
Mineros de Bolivia.
Los
directos responsables de este horrendo crimen fueron los golpistas militares
Luis García Meza y Luis Arce Gómez, quienes, obedeciendo órdenes de la CIA y
los carteles de narcotraficantes asesorados por el Carnicero de Lyon, Klaus Barbie Altmann, estaban dispuestos a
imponer su política antinacional y proimperialista a sangre y fuego. Durante
este régimen de facto se prohibieron las libertades democráticas y se
desencadenó una sañuda persecución contra los dirigentes políticos y
sindicales. Se cometieron crímenes de lesa humanidad y se demolió el edificio
de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros en un vano intento por
destruir el rico legado de las luchas políticas y sindicales de los
trabajadores del subsuelo boliviano.
Si
en más de cuatro décadas no se realizó un justo homenaje en honor a Gualberto
Vega Yapura, en la tierra que lo vio nacer, fue porque Catavi, como todas las
minas nacionalizadas, sufrió los embates del nefasto D.S. 21060, que provocó el
cierre de las empresas de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y la
desocupación de miles de trabajadores que fueron echados de sus fuentes de
trabajo y expulsados de sus viviendas con el epíteto de relocalizados. Sin embargo, ahora que la población de Catavi está
en un proceso de repoblarse gracias al ritmo de la construcción de nuevas
viviendas y la expansión de la Universidad Nacional Siglo XX, que está construyendo nuevos establecimientos para algunas
de sus carreras, incluida la de Formación Política Sindical, es indispensable
desempolvar la memoria de los trabajadores de la Empresa Minera Catavi y
rescatar la gloriosa historia de esta población que, durante la pasada
centuria, fue el centro motor de la economía nacional y el escenario donde
floreció el sindicalismo revolucionario.
Asimismo,
es digno reconocer el valioso esfuerzo de las dirigentes del ex Comité de Amas
de Casa Mineras de Catavi y del Archivo Regional de Catavi, dependiente del
Archivo Histórico de la Minería Nacional de la COMIBOL, que tuvieron la
encomiable iniciativa de realizar el 17 de julio de 2023, en la sede del
Sindicato Mixto de Trabajadores de Catavi, un sencillo pero emotivo acto en
homenaje al mártir obrero Gualberto Vega Yapura, quien fue acribillado a
mansalva, a los escasos 35 años de edad, por los mercenarios al mando de los
militares que asaltaron el poder, arrebatándoles a los bolivianos la democracia
y el derecho al fuero sindical.
A
pesar de los años transcurridos y la forzosa relocalización de 1986, los cataveños han decidido recordar a
quienes ofrendaron su vida por defender la causa de los proletarios y de los
más pobres de este pobre país, donde la lucha revolucionaria estuvo encarnada
en personas honestas y modestas como fue Gualberto Vega Yapura, cuya conducta
personal estuvo determinada por la impronta de sus convicciones ideológicas y
religiosas.
El golpe militar de facto, analizado a
estas alturas de la historia, no tomó por sorpresa a nadie. Bolivia había
sufrido ya varios golpes de Estado, entre otros, el protagonizado por René
Barrientos en no-viembre de 1964, responsable de la masacre minera en la noche
de San Juan de 1967; el liderado por el entonces coronel Hugo Banzer Suárez,
con apoyo del Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR) y Falange Socialista Boliviana
(FSB), desde el 21 de agosto de 1971 hasta 1978; el promovido por el coronel
Alberto Natusch Busch, con apoyo de mili-tantes de algunos partidos políticos,
del 1 al 16 de noviembre de 1979; y el último por el general Luis García Meza
Tejada, que inició el 17 de julio de 1980 y terminó en agosto de 1981.
Aunque el régimen de García Meza y Arce
Gómez fue relativamente corto, dejó una trágica secuela en el alma del pueblo
boliviano, porque se secuestró, torturó y asesinó al padre Luis Espinal, cineasta
y director del semanario Aquí, y se
asesinaron a ocho dirigentes del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria
(MIR) en la calle Harrington en 1981. En
homenaje a las víctimas de las dictaduras suscitadas entre 1964 a 1982, en
Bolivia se recuerda, cada 17 de julio, el Día
Nacional de la Memoria.
En
el ámbito de las palabras de circunstancia vertidas por los panelistas –el
exdirigente de la FSTMB y ex ministro de Estado, Guillermo Dalence, la ex presidenta
del Comité de Amas de Casa, compañera Elena Pacheco, la responsable del Archivo
Histórico Minero, Lourdes Peñaranda Morante, y el ex dirigente del Sindicato de
Catavi, Octavio Carvajal (+)–, se trazó una semblanza de Gualberto Vega Yapura,
destacando su límpida trayectoria política, en defensa de la democracia, los
derechos de los trabajadores y la lucha antiimperialista de movimiento popular.
También se hizo hincapié en su actividad sindical, cultural, deportiva y
poética de este insobornable luchador social, cuya contribución al pensamiento
revolucionario y la democracia nacional, es un buen ejemplo para las nuevas
generaciones de Catavi y el país entero.
El
acto contó con la presencia de una joven estudiante de la Unidad Educativa Ayacucho, quien, con voz firme y actitud
altiva, declamó el poema El Padre Nuestro
de un minero, que Gualberto Vega Yapura escribió con probada sensibilidad
humana, consumada vocación lírica y alta conciencia de clase en 1976, durante
su cautiverio en la prisión de Chonchocoro,
De acuerdo a los testimonios de quienes lo conocieron en vida, se sabe que este mártir de la liberación nacional se inició en la actividad política como militante del Partido Revolucionario de Izquierda Nacionalista (PRIN). Desde su adolescencia dedicó su vida a las actividades deportivas y culturas en provecho de la niñez y juventud cataveña. Fue varias veces dirigente del Sindicato Mixto de Trabajadores de Catavi y director de Radio 21 de Diciembre. En 1976, tras la ocupación militar a los centros mineros, fue detenido, torturado y encarcelado. En el XVIII Congreso Nacional Minero, realizado en la población de Telamayu, entre el 31 de marzo y el 6 de abril de 1980, fue electo, en su condición de obrero de la Empresa Minera Catavi, como secretario de organización de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, una función que supo cumplir con altura moral y ética, hasta el día en que fue victimado por los chacales de una dictadura militar que dejó un reguero de muertos y heridos a lo largo y ancho del territorio nacional.
En
consecuencia, es imperiosa la necesidad de mantener vivo su pensamiento entre
los niños, jóvenes y adultos de la población de Catavi, donde Gualberto Vega Yapura
tuvo su cuna de nacimiento y fue el escenario de sus actividades culturales y
deportivas, pero también el escenario de sus luchas por una Bolivia más justa y
libre de dictaduras civiles y militares; más todavía, es preciso que uno de los
salones del Sindicato Mixto de Trabajadores de Catavi lleve su nombre, a modo
de enaltecer su lucha a favor de los más desposeídos y explotados, pero también
a modo de perpetuar su combativa trayectoria en el sindicalismo revolucionario
y para que el pueblo boliviano lo tenga siempre en la memoria.
En
síntesis, poniendo la lógica de la razón sobre las mezquindades y voces
discordantes, es justo que a Gualberto Vega Yapura se lo declare: MÁRTIR DE LA
DEMOCRACIA Y LA LIBERACIÓN NACIONAL.
miércoles, 19 de junio de 2024
EL ESCULTOR DESAPARECIDO
El Monumento al Minero es
una magnífica obra realizada por un artista orureño, cuyos datos personales no
quedaron en la memoria de los obreros que protagonizaron la revolución
nacionalista de 1952. Nadie recuerda su nombre completo, tampoco se sabe si
está vivo o está muerto.
Algunos dicen que fue un
solterón solitario y solidario a la vez, un hombre empeñoso y trabajador, y que
todo el tiempo que tenía, quitándole tiempo al tiempo, era para levantar obras
de arte escultórico en plazas y parques. Otros, los pocos que lo conocieron
mientras estaba modelando, con sus callosas manos y su deslumbrante ingenio, el
Monumento al Minero, aseveran que soñaba con irse al Brasil en busca de una
mulata que tuviera los atributos que les faltaba a las altiplánicas.
Lo cierto es que el
escultor dejó plantado el Monumento al Minero en la histórica Plaza de la
población de Siglo XX y que luego desapareció sin dejar rastro alguno, como si
se hubiese esfumado como el humo del cigarrillo. Nadie recuerda su físico ni su
rostro, salvo que era un artista que daba la vida por el arte.
Los mineros más antiguos
dicen que lo vieron entrar a la mina, que lo vieron vagar como un demente por
las oscuras galerías y que nunca más volvió a salir a la luz del día. ¿Será que
el Tío se lo tragó huesos y todo? ¿Quién sabe? Los mineros cuentan que lo que
es del Tío es del Tío, devorador de vidas humanas cuando olvidan tributarle
alimentos sólidos y líquidos.
El Monumento al Minero luce estoico sobre su pedestal, la mirada altiva y el cuerpo fornido, la perforadora en una mano y el fusil en la otra. Pero del escultor, su creador y artífice, no se sabe nada, absolutamente nada, nada y nada…
domingo, 2 de junio de 2024
MICROTEXTOS II
Pesadilla
Cuando desperté jadeante y sudoroso, tras huir de una
espantosa pesadilla, ellos estaban todavía en el cuarto, contemplándome como
condenados retornados al reino de los vivos, luego de escabullirse del reino de
los muertos, solo para acusarme de ser el autor de su desgraciada muerte.
El plan
–Dios tiene un plan para ti –me dijo el evangelista.
–¡No jodas! –le repliqué–. ¿Qué plan?
–El plan de joderte por irreverente y ateo.
Perros modernos y
perros de pueblo
En cierta ocasión, un amigo sueco, mirándome con una
chispa de ironía en los ojos, me preguntó:
–¿Es verdad que los perros de tu pueblo duermen en el
patio?
–Sí –contesté–. Los perros no son objetos de adorno, como
en Suecia, sino los candados de la casa, los guardianes de los bienes de sus
dueños. Los perros, como los humanos, tienen sus derechos y sus deberes, y,
aunque se los cuida y ama demasiado, no se les cepilla los dientes ni se les
atusa el pelo. Los perros de mi pueblo no están acostumbrados a consumir
alimentos envasados sino a comer lo que sobra en el plato o en la mano. Los
perros de mi pueblo se crían a cielo abierto y no como pájaros enjaulados. No
necesitan que nadie los sobreproteja ni limpien el trasero. Son perros que
responden a su propia naturaleza, sin que por esto dejen de ser los animales
más nobles y los mejores amigos del hombre.
–Lo que es aquí –dijo, resignado, el amigo sueco–, el
perro ha dejado de ser perro para convertirse en amo y señor de la casa. Por si
fuese poco, los perros ya no ladran ni muerden, son perros modernos en una
sociedad moderna.
–Así es –le dije–. Los perros son como los humanos,
mientras más tienen, menos ladran.
El diablo siempre
vuelve
Desde que la muerte entró a través del pecado en el reino
de los humanos, el diablo no ha dejado de aparecerse donde menos se lo espera.
Si los ángeles celestiales, después de victoriosas batallas, lo arrojan al
infierno, el diablo vuelve, vuelve y siempre vuelve, una y otra vez, como el
mundo gira, gira y siempre gira, sea de noche o sea de día. Lo único que no
vuelve ni gira es la efímera vida de los humanos, quienes un día son luz y otro
día son penumbra, cual pecadores sentenciados a nacer y morir como los luceros
del alba.
Ganar y perder
Toda su vida abrigó dos sueños: ganar el premio gordo de
la lotería y jugar póquer en un casino de Las Vegas. Cuando alcanzó el
meridiano de su vida, se cumplieron los dos sueños; primero, ganó la lotería y
se hizo millonario de la noche a la mañana; segundo, viajó a Las Vegas y visitó
uno de los casinos más famosos de la ciudad. Una noche de juerga y juego de
naipes, como todo jugador empedernido, apostó los millones que llevaba en el
maletín, esperanzado en multiplicar su valor con un golpe de suerte, pero nada
resultó como lo tenía pensado. Tiró las cartas sobre la mesa y lo perdió todo
en un cerrar de ojos.
Niño eterno
Era ese niño que no quería crecer ni ser adulto, deseaba
seguir siendo un niño de por vida en el país de Nunca Jamás, donde vivían,
secretamente, piratas, hadas, duendes y, para su felicidad, su única felicidad,
la diminuta hada Tinker Bell de quien estaba perdidamente enamorado.
Si alguien, recordándole que no podía ser un niño eterno,
le decía:
–Tú tienes que hacerte un día, como todos los demás, un
hombre hecho y derecho. No puedes ser por siempre un adulto por edad y un niño
por conducta.
Peter Pan se ponía furioso, refunfuñaba y replicaba:
–¡No! ¡No quiero ser un hombre mayor! ¡Quiero ser un niño
eterno y pasármelo bien, así tenga que enfrentarme interminablemente contra el
capitán Hook, ese monstruoso pirata que tiene un gancho de hierro por mano y un
témpano por corazón.
La maldición de la
belleza
Érase una vez en que la belleza era la maldición de las
esclavas, raptadas y recluidas en fastuosas mansiones, como hermosas aves en
doradas jaulas, donde debían satisfacer los libidinosos deseos de sus amos y
parir hijos a montones.
Cansada
La mujer estaba cansada de tener un marido maniático, que
le seguía los pasos por donde iba, sin otro afán que celarla con su propia
sombra y hasta con el perfume que usaba para salir de casa. Ella estaba cansada
de todo, hasta de su propio aliento. Lo único que deseaba era borrarse del
mapa, antes de que su marido acabara con su vida a punta de puñaladas.
Hombre pez
De tanto bañarse en el río, bajo el sol y bajo la luna,
sea a la hora que sea, acabó convirtiéndose en pez.
Ideologías
Las ideologías vienen y van, nacen y mueren. Sólo las más
aptas sobreviven en la sociedad y la conciencia humana.
Máquina Remington
Desde que estoy tirado en la cama, paralizado de cuerpo
entero por una enfermedad letal, tengo un monstruo metido en el cuarto,
acechándome de noche y de día, como riéndose de mi fatal desgracia. Me mira de
frente y de reojo, y hasta parece amenazarme de muerte por haberlo sometido a
mi voluntad y haberlo convertido en mi esclavo durante décadas. Es cierto, no
puedo negarlo, antes era mi herramienta de trabajo y ahora es la pesadilla que
atormenta mi alma.
¿Quién es el monstruo?
La vieja máquina de escribir Remington, que escupió
cientos de artículos y una decena de libros, y que ahora está sobre la mesa,
donde la dejé tras haber perdido las facultades de movimiento de mis
extremidades. Lo malo no es que esté en el cuarto, contemplándome mientras
estoy tendido en la cama, sino su mirada de odio y desprecio, como cuando se
abandona a una mujer después de haberla amado tanto, con todo el cuerpo y todas
las fuerzas del corazón.
jueves, 30 de mayo de 2024
UN BAÑO HIGIÉNICO SIN HIGIENE
En un restaurante del pueblo, cuyo nombre prefiero no
mencionar, un patio empedrado y en declive conduce hacia un callejón donde está
el baño, con un pozo ciego a la antigua usanza. Quizás algo incómodo al momento
de ponerse de cuclillas, pero más simple que el inodoro de un mingitorio
público, donde el agua del estanque se vacía manipulando una palanca o
apretando un botón. En el baño del restaurante del pueblo, bastante concurrido
los días festivos y fines de semana, los baldes de agua, que se extraen de un
turril ubicado cerca de la puerta, se vierten directamente en el orificio circular
del pozo ciego, salpicando chorros por doquier.
El baño es de madera y el techo de calamina. Por las
paredes se cala el viento frío y uno siente el soplo en las partes desnudas y,
sobre todo, en las nalgas que parecen expuestas a la intemperie, hasta que
alguien golpea la puerta exigiendo celeridad en el uso del baño, que no tiene
lavabo, ni secadora de manos, ni espejo y mucho menos papel higiénico.
El baño no es nada confortable, pero es un espacio indispensable
para satisfacer las necesidades fisiológicas, así sea un ambiente que parece
cloaca por las evacuaciones, como si el pozo ciego fuese un bostezo a cielo abierto
y las pisaderas, hechas de madera y con forma de planta de zapato, fuesen
patillas destinadas a evitar las excreciones.
El baño del restaurante es visitado por los comensales
más apurados por vaciar la vejiga o el colon, sin importarles que un proceso
biológico natural les haga sentir vergüenza ajena, debido a las condiciones
inadecuadas del sanitario. De hecho, la puerta no cierra del todo y todos deben
hacer sus necesidades, como ocurre en la vida campestre donde se practica la
defecación al aire libre, ante las miradas curiosas de quienes hacen fila
aguardando su turno.
El baño del restaurante, si se lo define a calzón
quitado, es en extremo precario, pero indiscutiblemente necesario, porque quien
come con gusto tiene también la necesidad de ir al baño sin susto, así se tenga
que pujar soltando gases que suenan como estampidos de pirotecnia y se tenga
que dejar el baño hecho un espacio salpicado de heces de diferentes colores y
tamaños.
miércoles, 15 de mayo de 2024
El
libro de historia estaba llora que llora en el sótano de la casa, donde el
dueño lo encerró, junto a otros libros, desde que lo compró a un módico precio,
pero no para leerlo, sino para coleccionarlo entre los libros de interesantes
temáticas y atractivas ediciones.
El
libro no entendía por qué estaba depositado allí, si su destino era otro, como
el de cualquier transmisor de la historia, que necesitaba estar entre la gente,
pasando de mano en mano y de lector en lector, enseñando el pasado y el
presente de un país rico en acontecimientos épicos, sabiduría popular y
tradiciones culturales.
Qué
triste la vida de un libro que, siendo una cajita de sabias resonancias, fue
puesto en un viejo estante después de ser comprado en una librería de
antigüedades, donde el librero le puso un precio y lo ofreció al mejor postor
que, a su vez, lo metió en una bolsa de plástico y se lo llevó a casa.
Desde
luego que esta historia es apenas un detalle, lo peor es que el comprador, que
no era un auténtico lector, sino un coleccionista de libros con valor agregado,
no abrió sus tapas ni hojeó sus páginas, antes de bajarlo al sótano y abandonarlo
como a cualquier objeto sin alma ni cerebro.
El
libro de historia no entendía cómo podía estar encerrado en un frío y oscuro
sótano, como si fuese un prisionero condenado a perecer y desaparecer bajo los
polvos del olvido. ¿Acaso la historia de un pueblo no vale nada, cuando todos
sabemos que un pueblo sin historia está condenado al olvido? La pregunta es
para todos quienes dicen leer libros de historia.
No
importa cuál sea la respuesta, lo único que importa es que la historia de este
libro, así como se las cuento, era una suerte de tragedia sin justificación ni
perdón. Y, a pesar de todo y al cabo de un tiempo, el libro dejó de llorar y
llorar, porque tuvo la suerte de caer en manos de un verdadero lector, el hijo
del coleccionista, quien no solo le sacó del frío y oscuro sótano, sino que
también le entregó su cariño, mientras lo leía de “pe a pa”, con la misma
pasión con que se leen los libros que, más que libros, son amigos y compañeros
de vida, en las buenas y en las malas.
El
libro de historia estaba agradecido al buen lector que lo rescató del sótano y
lo sacó a la luz del día, para el gozo de los lectores que lo estaban esperando
como cuando se espera a un maestro, quien enseña todo sin pedir nada a cambio,
sin más esperanza que cumplir la función para la que fue escrito por su autor,
cuyo espíritu e intelecto se ven reflejados en las páginas del libro, un bello
objeto que no tiene por qué estar encerrado en un frío y oscuro sótano ni tiene
por qué llorar su desgracia por la desatinada decisión de un desamorado
coleccionista de libros de historia.
sábado, 4 de mayo de 2024
MICROTEXTOS I
Capacidades
diferentes
Éramos una pareja perfecta, aunque estábamos mutilados
por la explosión de una garrafa de gas. Ella quedó sin piernas y yo sin brazos.
Nos amábamos locamente, complementándonos en las buenas y en las malas, hasta
el día en que, tras la explosión de otra garrafa de gas, ella perdió los brazos
y yo las piernas. Entonces ya no podíamos acariciarnos ni con los brazos ni con
las piernas. Lo peor es que dejamos de amarnos y, como bultos de carne, nos
separamos sin hablarnos ni mirarnos, porque, además de estar mutilados, éramos
ciegos y mudos, una pareja con capacidades diferentes.
En el infierno
No hay paz, ni tiempo, ni espacio. Es un mar en llamas
habitado por seres monstruosos nacidos y crecidos en las entrañas más profundas
de la Pachamama. El infierno está cercado de ríos y valles de fuego, donde todo
es dolor, pena y olvido.
El amo del infierno, hecho de luces y piedras preciosas,
tiene el aspecto de macho cabrío, cuernos pequeños, ojos grandes y espantosos,
nariz ganchuda, barba de chivo, manos corvas como garras de aves de rapiña;
lleva una corona en la nuca y un enorme cuerno entre las piernas.
En el infierno arden los hombres y las mujeres que
pecaron en el reino de los vivos, en vez de ganarse la divina llave para entrar
en el paraíso de los muertos. En el infierno no hay compasión ni perdón, todo
se paga caro entre tridentes y latigazos de fuego. En el infierno…
Engaños
La engañó a su esposa con todas las mujeres del pueblo.
La engañó desde que se conocieron, desde que se comprometieron y se casaron. No
hubo un solo día que no estuviese con alguna de ellas, que también engañaban a
sus maridos con todos los hombres del pueblo.
Los gramáticos
En el principio era el verbo y el verbo era Dios. Después
era el sustantivo y el sustantivo era el Diablo. Después del verbo era el
adverbio y después del sustantivo era el adjetivo. Después el sujeto y el
predicado. Así fue desarrollándose el lenguaje de los humanos, hasta que
aparecieron los gramáticos, complicándolo todo lo que empezó siendo un simple
verbo.
El principito
Antoine de Saint Exupéry, autor de El principito, antes
de desaparecer misteriosamente a bordo de su avioneta en un desierto del norte
de África, volvió a encontrarse con su pequeño amigo en un asteroide lejano,
donde las flores tenían voz y pensamientos; pero esta vez, en lugar de dibujar
un elefante dentro de la serpiente-boa, con apariencia de un sombrero, dibujó
un elefante con la trompa que tenía la apariencia de una serpiente-boa.
–¿Qué hay dentro del elefante? –preguntó el aviador, que
era el alter ego de Antoine de Saint Exupéry.
El principito, quien antes pudo ver con asombrosa
facilidad al elefante digerido por una serpiente-boa, contestó:
–Dentro del elefante hay una caja, dentro de la caja un
carnero con cuernos y, como tú bien sabes, hay también una serpiente-boa
fugándose por la trompa del elefante.
Detective
Su sombra era el detective que le seguía y perseguía los
pasos pisándole los talones.
Fidelidad
Era el único hombre fiel en el pueblo y, sin embargo, el
que más engaños amorosos soportó.
La muerte
Es un largo camino por donde irás y no volverás.
Canibalismo
Cuando su esposa se negó a obedecer sus palabras, él
remontó en cólera y reavivó su canibalismo. La cogió por las trenzas y la
arrastró hasta el oscuro sótano de la casa, sacó el combo de la caja de
herramientas y la golpeó en la cabeza hasta destaparle los sesos. Después
empuñó el machete, la decapitó y le cercenó las extremidades. Bebió su sangre y
comió sus restos, empezando con la lengua y terminando con los pechos. Con las
partes que no pudo engullir, cocinó guisos para dárselos de comer a sus hijos.
Mi cadáver
Una voz temblorosa anunció el descubrimiento de mi cadáver. Desde ese instante, se puso en marcha una compleja maquinaria de investigación, todo con el objetivo de explicar el crimen y dar con el culpable. Un policía tomó fotografías del lugar, de la posición de mi cadáver y mis heridas, mientras otro recogía objetos en busca de huellas, pelos, manchas somáticas o cualquier otro posible indicio del crimen. Pero lo que nadie sospechaba era que toda la investigación para encontrar al culpable se tornaría en una labor inútil, debido a que el asesino, que me quitó la vida con premeditación y alevosía, se escondía dentro de mi cadáver.
viernes, 12 de abril de 2024
DOS RECONOCIMIENTOS PARA VÍCTOR MONTOYA EN ORURO
En el marco de la Feria del Libro Oruro Lee, Hacia el Bicentenario, que se realizó en el Salón Luis Ramiro Beltrán de la municipalidad
orureña, entre el 8 y 9 de abril del 2024, el escritor boliviano Víctor Montoya
fue merecedor de dos reconocimientos.
El primero de parte del Concejo del Gobierno Autónomo
Municipal. El reconocimiento dice al pie de la letra: A Víctor Montoya, escritor periodista y pedagogo, por su destacado e importante
aporte intelectual y literario a la sociedad. Siendo merecedor de este
reconocimiento, hacemos llegar felicitaciones y éxitos. Otorgado en la ciudad
de Oruro, a los ocho días del mes de abril del año dos mil veinticuatro.
El segundo fue entregado por la Asamblea Legislativa
Departamental. En la resolución se lee: La
comisión de educación, derechos humanos y política social de la Asamblea
Legislativa Departamental de Oruro, en mérito a sus facultades y atribuciones
establecidas por el ley, otorga el presente reconocimiento al escritor Víctor
Montoya, por su exitosa y destacada trayectoria en la literatura nacional;
aportando favorablemente en la redacción de libros y el fortalecimiento de la
lectura de nuestros habitantes, brindando de esta manera un alto nivel de
enseñanza a los lectores de nuestro departamento y de todo el territorio
boliviano. Asimismo, es menester enaltecer el compromiso de trabajo, esfuerzo y
dedicación de quienes son sembradores del saber y cosechadores de conocimientos
formando nuevas generaciones a través de sus enseñanzas mediante sus libros
elaborados. Oruro, abril, 2024.
Los reconocimiento fueron entregados en la Sala del Concejo
Municipal de Oruro y en el Salón Luis
Ramiro Beltrán, ante la presencia de autoridades ediles, escritores/as,
docentes de educación primaria/secundaria y público en general.
viernes, 5 de abril de 2024
FERIA
DEL LIBRO Y CONFERENCIAS EN ORURO
En el marco de la Feria del Libro, a realizarse entre el 8 y 9 de abril, se dictarán tres conferencias en torno a la literatura infantil y juvenil, en el Salón “Luis Ramiro Beltrán”, el martes 9, a Hrs. 18:00. El evento está organizado por la Secretaria Municipal de Oruro, la Asamblea Legislativa Departamental y el Centro de Investigación y Estudios Lingüísticos y Literarios. Las conferencias, destinadas principalmente a los/las docentes, estarán a cargo del escritor potosino Rimberty Mamani Herrera, el escritor y pedagogo Víctor Montoya y la Dra. Práxides Hidalgo Martínez.
lunes, 1 de abril de 2024
CUENTOS
DEL MÁS ALLÁ
En
todas las épocas y culturas, al margen de las nuevas tecnologías de
comunicación, se han creado y recreado cuentos de espanto y aparecidos, ya que
forman parte de nuestra condición humana más primitiva, de nuestros instintos
de supervivencia y de nuestro inevitable temor a lo desconocido. Los humanos,
perdidos en medio de la naturaleza salvaje, sostenía Federico Engels, han sido
capaces de formularse preguntas sobre el porqué de las cosas materiales e
inmateriales, aunque no siempre hallaron respuestas racionales y científicas. Así que, desde
la más remota antigüedad, se han dedicado a desentrañar los misterios que
esconden los fenómenos físicos y paranormales. Es ahí donde entroncan mis Cuentos
del más allá, que no son otra cosa que narraciones vinculadas a las
creencias ancestrales de nuestras culturas y al sincretismo religioso que se
generó en nuestro continente tras la circunnavegación de Cristóbal Colón.
Los
bolivianos, desde la niñez, hemos crecido escuchando cuentos de espanto y
aparecidos en boca de nuestros padres y abuelos. Son narraciones que no pasan
de moda; por el contrario, se reinventan y se actualizan sin cesar. De ahí que
los Cuentos del más allá, al menos
para los aficionados al género de terror, siguen siendo tan actuales como en el
pasado. No es casual que los internautas modernos, que manejan con destreza las
diversas aplicaciones del celular, Facebook, Twitter, YouTube, TikTok o
WhatsApp, hagan circular por las redes una infinidad de cuentos que los
transportan a otras dimensiones, donde es posible disfrutar de las aventuras y
desventuras de los personajes fantásticos y extraterrenales creados tanto por
los autores como por el poder de la imaginación popular, que no conocen
barreras temporales ni espaciales.
La
mayoría de los cuentos de espanto y aparecidos, que fueron rescatados de manera
literaria por los escritores de todos los tiempos, para evitar que sucumban en
los polvos del olvido, forman parte del patrimonio cultural de un pueblo, con
la impronta que caracteriza a cada uno de los autores que recrean –y recrearon–
la tradición oral, que está en el
origen de todas las grandes culturas, respetando la esencia impuesta por
los valores ético-morales de una determinada época en el desarrollo de la
colectividad.
Los
Cuentos
del más allá, que se publicaron como cuenta gotas en el suplemento sabatino
del diario Extra, tuvieron una
excelente acogida entre los fanáticos del género de terror, incluidos los
estudiantes de secundaria de varios establecimientos educativos, que adoptaron
como material de lectura entra en sus clases de lenguaje y literatura.
No
está por demás decir que la publicación del libro, hecho de magia, fantasía y
supersticiones, me ha colmado de enormes satisfacciones y, a la vez, me planteó
un reto que puso a prueba mi vocación de narrador y mi capacidad de crear y
recrear cuentos paranormales, con las mismas técnicas y los mismos recursos
escriturales que requieren otros géneros para el tratamiento de otros temas
ajenos a la literatura de terror y ciencia ficción.
Los
Cuentos
del más allá, además de tocar la sensibilidad emocional de los
lectores, transmiten una sensación de miedo, horror y suspenso como parte del desarrollo de la trama,
con un lenguaje elíptico y una fuerza imaginativa que inducen hacia un universo
de espanto y aparecidos, donde se complementan lo real y lo ficticio, como una
forma de despejar las dudas concernientes a los fenómenos físicos de la
naturaleza, los instintos de la condición humana, los misterios de la muerte y,
consiguientemente, la existencia de otras formas de vida en el más allá.
Este
espeluznante volumen de cuentos intentan convencer a los lectores de que es
posible lo imposible, a través de cincuenta historias protagonizadas por
criaturas fabulosas y seres que, después de muertos, retornan al reino de los
vivos en forma de fantasmas, espíritus o almas en pena, produciendo sonidos, desprendiendo
aromas y desplazando objetos en el mismo lugar donde habitaron o enfrentaron
una violenta muerte, que los condenó a vagar sin poder encontrar la paz eterna
en la tumba.
Los
cuentos son una propuesta literaria en la que no faltan los argumentos
imaginativos y, por supuesto, ficticios, con un gran despliegue del lenguaje simbólico
y la descripción de ambientes tétricos que, de por sí mismos, conceden un dejo
de suspenso a las narraciones de hechos paranormales que son clasificados como sucesos insólitos y del más allá, debido
a que las mismas historias están contextualizadas en sitios desolados o sombríos,
como catacumbas, cementerios, galerías mineras o casas abandonadas, ámbitos que
provocan un sensación de temor a lo desconocido o sobrenatural que ha
acompañado a la humanidad desde tiempos remotos, como una condición genética
que nos heredaron los animales prehistóricos.
Es
evidente que el género de terror, que forma parte de la literatura fantástica y
gótica, tiene la propiedad de causar susto o miedo en el lector, a partir de
elementos que juegan con la fantasía, los sentimientos más fuertes y primitivos
del ser humano. El autor, durante el proceso de creación de su obra, imagina
personajes y ambientes que permitan desarrollar una historia que, revestida de
realismo y verosimilitud, penetre en la fantasía del lector como si de veras
estuviese envuelto en una atmósfera de misterio, permitiéndole experimentar
sensaciones emocionales vinculadas a una secuencia de hechos que le causan
zozobra y espanto, aunque la historia narrada no sea más que una invención
ficticia capaz de confundirse con la realidad cotidiana de una sociedad.
En
estos cuentos, escritos sobre la base de factores sobrenaturales, ambientes
inquietante y personajes repulsivos que provocan sensaciones de miedo en el
lector, se retratan a las almas condenadas, a los fantasmas sin nombre ni
rostro, a los asesinos en serie, a los monstruos infernales y a los animales
creados por el imaginario popular, con descripciones estremecedoras y escenas
espeluznantes, donde andan sueltos los reaparecidos, brujas, vampiros, hombres
lobos, mutantes y una serie de personajes con atributos ajenos a los que poseen
los simples mortales.
La
literatura de terror, muchas veces denominada literatura gótica, se caracteriza
por ser un género relacionado con el miedo, como si se quisiera explorar el
lado oscuro de la naturaleza humana, a partir de acontecimientos que contienen
elementos psicológicos o psicoanalíticos, comunes al género humano,
indistintamente de la época, condición social y tradición cultural a la que
pertenece el lector. Los cuentos de espanto y aparecidos no distinguen
fronteras ni nacionalidades, debido a que son narraciones que llegan, con la
misma fuerza, a los lectores que gustan y disfrutan leyendo cuentos que
estimulan la imaginación y despiertan los instintos de horror ante los
fenómenos que no tienen asidero en el pensamiento lógico y racional. Sin
embargo, pese a las críticas por su inverosimilitud y sus escenas de sangre,
son leídos con la misma avidez tanto en Oriente como en Occidente, tanto en
África como en América.
En
los últimos años se ha incrementado la edición de libros de terror destinados a
los adultos, niños y jóvenes, razón por la que es necesario aproximarnos a
algunas de las características de esta temática, que cada vez tiene más autores
y autoras que abordan la temática del terror desde distintos puntos de vista.
Los libros de terror, por su propia naturaleza, están basados en elementos fantásticos y, casi siempre, en fenómenos sobrenaturales y extraordinarios, con la intención de horrorizar al lector, tocándole las partes más sensibles de su ser, con historias que parecen emergidas de ultratumba o llegadas del más allá, del otro lado de la vida, donde se producen hechos escabrosos y sobrenaturales, cuyos sucesos aceleran la adrenalina y ponen la piel de gallina.