lunes, 16 de marzo de 2026

UNA ENTREVISTA EXTRAVIADA

Aquí tenemos, después de mucho tiempo, una entrevista extraviada en los laberintos de los documentos almacenados en una computadora portátil. Las respuestas a las preguntas realizadas por la periodista Milenka Parisaca Carrasco, que era responsable del suplemento Crónicas del diario Ahora el Pueblo, son una muestra del compromiso cumplido por el escritor Víctor Montoya, quien se tomó el debido tiempo para contestar las preguntas que le llegaron por correo electrónico aproximadamente a mediados de 2024.   

1. ¿Cómo defines tu estilo a la hora de escribir microrrelatos, cuentos y novelas? ¿Existe alguna diferencia?

El estilo literario, que es como la identidad del autor, está determinado por el tipo de obra que se escribe. Por ejemplo, no es lo mismo escribir un ensayo que escribir una novela. Los recursos literarios varían dependiendo del género literario de la obra; en el ensayo se usan elementos fácticos, en cambio en la novela entran en juego tanto lo real como lo ficticio.  Sin embargo, el autor debe estar consciente de que cada vez que concibe una obra literaria, sea esta una novela, un cuento, un microrrelato o una crónica, debe considerar que la obra tenga altos valores éticos y estéticos, y que la temática que va a desarrollar le permitan explayar los diversos recursos técnicos de la moderna narrativa latinoamericana, sin trastocar su estilo personal ni deslucir su peculiar manera de convertir en literatura los elementos de la realidad y la ficción.

2. ¿Qué papel juega la investigación en tus obras y cómo encuentras el equilibrio entre la ficción y la realidad?

Muchos de los cuentos los he escrito luego de haber realizado una investigación previa de los temas que iban a tratar. De hecho, mis ensayos y crónicas están basados en trabajados de investigación, no en vano incluyen extensos datos bibliográficos al final del libro. El equilibrio ente la realidad y la ficción depende del género literario. En los ensayos, por ejemplo, no existe espacio para la ficción, pues se abordan temáticas que requieren estar pegadas a la realidad fáctica y al material bibliográfico; en cambio en las novelas, cuentos y relatos existen andamiajes literarios que permiten combinar la realidad y la ficción con absoluta libertad, pero siempre cuidando que la narración parezca lo suficientemente real o verosímil. Si el escritor no se cree la historia que está relatando, menos se lo creerá el lector. Entonces es importante que la realidad y la ficción se fundan  como el anverso y reverso de una misma moneda, sin que el lector note qué parte es real y qué parte es ficción en la novela o el cuento.

3. ¿Cómo describirías tu proceso creativo al concebir y desarrollar una historia? ¿Qué te inspira?

Como todo proceso de gestación, donde una idea concebida, sea en el contexto real o imaginario, debe tener un comienzo, un medio y un final, con la intensión de que la obra, que es como criatura espiritual del autor, pueda deleitar y satisfacer las expectativas del lector. A los escritores, de un modo general, nos inspiran, entre otras, las historias humanas y universales, relacionadas a la vida, el amor, el desamor, los conflictos sociales y la muerte. A mí, en lo personal, suelen inspirarme las temáticas que me tocan muy de cerca el corazón y la mente, temas en las que pueda reflejar mis propias inquietudes, frustraciones, ensueños, insatisfacciones y mis deseos de mejorar las condiciones sociales. Por lo general son temas con los que me identifico tanto en mi condición de escritor como en mi condición de lector.

4. ¿Cómo percibes la evolución de tu escritura a lo largo de tu trayectoria como autor?

Es un largo proceso de aprendizaje, como cuando un niño aprende a andar después de gatear. En el camino se cometen muchos errores, pero se aprende a corregir los errores con el tiempo, la autocrítica y la experiencia. El oficio de la escritura se parece a cualquier otro trabajo artesanal, donde la experiencia hace al maestro. Es decir, uno nunca deja de aprender. La escritura requiere de un constante ejercicio y uno debe machacar el oficio sin cesar, al menos, si uno quiere quedar relativamente satisfecho con su obra de creación. García Márquez decía que uno aprende a escribir escribiendo, como se aprende a nadar nadando.

5. Desde tu infancia, has mostrado una inclinación por la clase obrera. Sin embargo, ahora perteneces a la clase media. ¿Qué te lleva a seguir identificándote con esta clase social que aún enfrenta muchas reivindicaciones pendientes?

No solo he mostrado una inclinación natural hacia la clase obrera, sino que yo mismo soy hijo de entrañas mineras. He nacido y vivido en el seno de una familia minera. Mi abuelo, mi padre y muchos de mis parientes han sido mineros en el norte del departamento de Potosí. El hecho de que ahora pertenezca a la clase media, no es motivo para desconocer mi origen de clase; es más, siempre me he sentido orgulloso de ser hijo de esa clase social revolucionaria, que tanto ha aportado al desarrollo económico del país, a la toma de conciencia política de las mayorías desposeídas y la formación de Bolivia como nación. Me identifiqué con la clase obrera desde que tengo uso de razón. Los mineros han contribuido en mi formación personal. Ellos me han dotado de una conciencia política y ellos son los personajes de una gran parte de mi mundo literario.

6. ¿Cómo fue tu experiencia en Suecia, durante el exilio, bajo la dictadura de Hugo Banzer, y de qué manera influyó en tu trabajo como escritor?

La experiencia del exilio es casi siempre la de un desterrado, de aquel que es expulsado, contra su voluntad, de la tierra que lo vio nacer. No obstante, tuve la suerte de haber sido todavía un adolescente cuando la dictadura de Banzer me lanzó a las mazmorras de la prisión y me exilió a Suecia, país donde terminé mi educación secundaria y proseguí mis estudios de educación superior. Desde luego que una nueva realidad, un nuevo idioma y una nueva forma de vida influyen en la conducta y el pensamiento de cualquiera que acaba siendo un inmigrante en el país que lo acoge. Esta misma situación, de un modo consciente o inconsciente, hace que un escritor aborde temáticas que tienen que ver con su nueva realidad sociocultural, incluso ocurre que en el momento de escribir se piensa en dos idiomas, en  mi caso, en español y sueco.  

7. ¿Cómo ha sido tu proceso de reconciliación o reflexión sobre las experiencias vividas en Bolivia durante la dictadura de Banzer y en el exilio a tu retorno a tu país?

Mi retorno al país, después de más de tres décadas de ausencia, fue una experiencia que me generó emociones encontradas. Por una parte, vuelves a reinsertarte en un contexto del que te apartaste por un buen tiempo, y, por otra, sientes que estás dejando atrás, lejos de tu país de origen, una vida, un trabajo, una familia, que no es solo boliviana sino también extranjera. Con todo, mi retorno al país ha sido como la del pez que vuelve a nadar en sus propias aguas. Ya no había dictaduras militares y se notaba que el país estaba cambiando para el bien de todos. Causa una enorme satisfacción el saber que la lucha que uno libró en el pasado, contra las injusticias sociales, las discriminaciones raciales y los sistemas dictatoriales, no fue en vano, sino un sacrificio que valió la pena, al menos, para demostrar que sí es posible construir una sociedad distinta a la que nos ofrece el capitalismo salvaje.   

8. ¿Qué mensaje o reflexión esperas transmitir a través de tus escritos sobre la injusticia social y la resistencia en situaciones políticas difíciles?

No siempre tengo la intención de transmitir un mensaje o una reflexión a través de mis escritos. En el mejor de los casos, me cuido mucho de ese maniqueísmo didáctico de querer enseñar siempre lo qué es bueno y lo qué es malo, ver las cosas en blanco y negro, sabiendo que la realidad presenta también tonalidades grises. Las obras recargadas de demasiadas sentencias o advertencias censo-moralistas no siempre son las que más gustan a los lectores, ya que estos prefieren libros que estimulen su fantasía y los transporten, en las alas de la imaginación y de la mano de los personajes inventados, hacia otras realidades distintas de su entorno inmediato y cotidiano. La lectura debe darles el placer y la sensación de haber sido partes de una historia que nació de la inventiva del autor. En mi caso, incluso cuando escribo sobre la realidad dantesca de los mineros, intento que mis obras no sean una suerte de panfletos literarios, con consignas del sindicalismo revolucionario, sino obras donde el realismo social y el realismo mágico se complementen, tal como ocurre el mundo minero, donde, además de darse una explotación inhumana, se respira una cosmovisión donde prevalece la magia de los cuentos, mitos y leyendas que provienen de la tradición oral de las culturas ancestrales.

9. ¿Cuál es la importancia de una literatura social que mire a los sectores populares? ¿Crees que en la actualidad se perdió ese tipo de literatura?

Pienso que en la pasada centuria se escribió mucha literatura entroncada en el realismo social. Este es el caso de la literatura indigenista y minera. Los autores, identificados con las reivindicaciones de los obreros y campesinos, creyeron que con sus obras podían contribuir a la concientización de los oprimidos y la conquista de la liberación nacional. En el presente siglo, los autores están más dedicados a abordar temas que tienen que ver con las necesidades existenciales de los individuos y las nuevas tecnologías de la sociedad moderna, y creo que están más abocados a trabajar con el lenguaje, que en lanzar mensajes sociopolíticos a diestra y siniestra.  Tampoco se trata de hacer una literatura por literatura, pues no es lo mismo escribir sobre los pétalos de una flor que sobre un drama humano, que nos convoca a la reflexión y a buscarle una solución. Por lo demás, la literatura contemporánea de Bolivia, en los últimos años, ha ganado merecidos espacios a nivel continental y mundial, gracias a su temática de carácter universal y su calidad estética. 

10. ¿Qué te llevó a explorar el tema del Tío de las minas en tus escritos?

No tuve que explorar nada ni hizo falta que lo invente. El Tío ya estaba ahí, en el interior de la mina, esperándome para convertirme en su escribano, porque él, más que yo, es quien cuenta sus historias de aventuras y desventuras. El Tío estaba metido en el crisol de mi memoria y en mi mundo subconsciente desde la niñez. Escuché hablar de él en boca de mi abuelo y de varios de mis familiares que tenían que ver con la labor minera y sus asuntos. Ahora bien, el Tío no es el único personaje central que habita en mi obra, aunque a él le he dedicado lo mejor de mi tiempo y mi creación literaria. El Tío de la mina es un excelente personaje literario no solo porque representa las contradicciones entre lo profano y lo sagrado, sino también porque posee atributos que permiten poner de relieve el realismo fantástico existente en los mitos, cuentos y leyendas que abundan en la tradición oral de las poblaciones andinas y, sobre todo, en los centros mineros, donde se lo venera y rinde pleitesía, ofrendándole coca, cigarrillos y aguardiente a través de las ch’allas, wilanchas y otros ritos ancestrales.

11. ¿Cómo defines la relación entre el Tío de las minas y la figura del diablo en tu obra?

El Tío de la mina y el diablo bíblico no son el mismo personaje, salvo para los judeocristianos que creen que el Tío es el mismísimo demonio llegado del infierno para promover el mal entre los humanos. Lo cierto es que los conquistadores, desde los albores de la colonia, confundieron a la deidad de la cosmovisión andina con el diablo, intentando atribuirle vicios y maleficios, como parte del proceso de extirpación de idolatrías que los catequizadores emprendieron en el seno de las culturas originarias. No obstante, para los mineros –o los mitayos del pasado–, el Tío poseía más facultades de bondad que de maldad, por cuanto lo reconocieron como al Supay (Diablo), deidad del ukhupacha  (mundo subterráneo), representado más tarde por el Tío, protector de las riquezas minerales y los mineros, quienes, asumiendo una actitud de respeto y sumisa veneración, lo incorporaron con honda fe en su mundo familiar, asumiendo la idea de que el Tío es dios y diablo en la cosmovisión andina y la mitología minera.

12. ¿Podrías explicar si realmente mantienes conversaciones con el Tío, o si más bien es una estrategia para llevar a tus lectores más allá de la imaginación?

El Tío es un personaje tanto real como ficticio, el que mejor simboliza el mestizaje cultural y el sincretismo religioso entre el paganismo ancestral y la religión católica. Eso me da la posibilidad de fantasear en torno a una serie de temas donde no están exentos los tratados filosóficos, la sabiduría popular, los postulados religiosos y una fuerte dosis de humor que genera encendidas polémicas en torno al presente y el pasado de nuestra esencia multicultural. En los supuestos diálogos que mantengo con el Tío, como si de veras se tratara de un ser vivo como cualquiera que tiene sentimientos y pensamientos, no me olvido de recrear los mitos, leyendas y consejas del mundo fantástico de los mineros, quienes, desde los albores de la época colonial, empezaron a venerar a este personaje mitológico, mitad dios y mitad demonio, que reina en los tenebrosos socavones. Desde luego que todos estos diálogos, que se supone son ficticios o imaginarios, son una suerte de estrategia literaria que me permite llegar a los lectores interesados por conocer el mundo mágico y mítico de los mineros bolivianos, pero también para estimular su imaginación y demostrarle que, a veces, la realidad puede superar a la ficción y que la fantasía puede trocarse en realidad.

13. ¿Hay algún otro personaje o historia que hayas escrito que sea especialmente significativo para ti?

Existen varias historias y varios personajes que son significativos en mi obra literaria y en mi vida existencial como escritor. Solo por citar algunas de mis obras, puedo afirmar que los personajes y las historias narradas en mis Cuentos violentos o Cuentos en el exilio son de carácter más íntimos, más personales, porque abordan hechos reales y de primera mano. Lo mismo se repite en mis libros El laberinto del pecado y Huelga y represión, cuyos personajes y temas son una suerte de espejos donde se reflejan varias de las experiencias que me tocó vivir en carne propia. El hecho de que estén presentadas como obras de ficción, no les quita su valor testimonial ni autobiográfico, por lo que se constituyen en obras que tienen un gran significado para mí y que, a su vez, ocupan un sitial especial entre los libros que he publicado hasta el presente. Otros ejemplos son mis crónicas que están pobladas de personajes del mundo real.

14. ¿Qué consejo les darías a los escritores aspirantes que están empezando su viaje en el mundo de la escritura?

Que lean mucho y aprendan lo mejor de otros autores, en cuanto a recursos narrativos y temáticos, como los que nos legaron los más descollantes escritores de la literatura universal. Los aspirantes a escritores tienen que ser consciente de que para aprender a domar el lenguaje y manejar con destreza las técnicas escriturales, no hay otra alternativa que forjar el oficio sin cesar, con paciencia y conocimientos, como se forja el acero en el yunque. Todo lo demás, como el reconocimiento a la inventiva y al trabajo del escritor, viene por añadidura, sabiendo que la creación de una obra literaria requiere más transpiración que inspiración.

15. ¿Qué significa para ti tener lectores que se conectan con tus historias y personajes?

Para cualquier escritor es una enorme satisfacción saber que sus libros se venden y llegan a manos de los lectores. Ahora si estos se conectan con las historias y los personajes del libro es doble la satisfacción, sobre todo, si se considera que un autor debe buscar a sus lectores, llevándoles un producto que no los defraude tanto por su forma como por su contenido. Todo escritor debe ser consciente de que su existencia en el ámbito literario depende de los lectores, porque ellos son los jueces que determinan el destino que tendrá el libro, de ellos depende que una obra sobreviva al tiempo o sucumba en las catacumbas del olvido. En síntesis, así como no hay escritores sin libros, tampoco hay escritores sin lectores. El escritor debe tener lectores para legitimar su existencia en un contexto cada vez más exigente y competitivo.

16. ¿Tienes algún proyecto futuro del que te gustaría hablar o del que estés especialmente entusiasmado?

Como todo escritor, cuya vida gira en torno a la actividad literaria, tengo varios proyectos en marcha, pero prefiero mantenerlos en secreto hasta que llegue la hora de revelarlos públicamente. No creo que valga la pena meter el pan en un horno que todavía no está caliente. Todos los proyectos saldrán a luz a su debido tiempo. Por ahora no queda más que seguir trabajando con el mismo empeño y entusiasmo de siempre.

jueves, 12 de marzo de 2026

ÓSCAR ALFARO A VUELO DE PÁJARO

A Óscar Alfaro me parecía haberlo conocido en el sueño, cuando mi madre, sin saber al cuidado de quién dejarme, me llevó, siendo niño, a la Escuela Jaime Mendoza, en la población de Llallagua, donde ella ejercía como directora del establecimiento educativo.

Me dejó jugando en el patio, mientras ella trabaja atendiendo los asuntos de sus colegas, los alumnos y los padres de familia, hasta que, bajo un límpido cielo y en medio de la algarabía de los niños, que revoloteaban como abejas en un panal, apareció un hombre de contextura delgada, con un maletín en la mano y un extraño modo de caminar; tenía los lentes casi redondos y una barbita de chivo, dándole la apariencia de ser un ser extraordinario. No era el nuevo profesor, ni el supervisor escolar, sino el poeta tarijeño Óscar Alfaro, el Príncipe de la literatura infantil boliviana, quien llegó a las poblaciones de Llallagua, Siglo XX y Catavi, como parte de un recorrido por las escuelas de la COMIBOL, programado por la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, para que leyera y difundiera sus poemas infantiles entre los profesores de enseñanza primaria.

Cruzó el patio de cemento, en compañía de mi madre, y se metió en un aula, donde estaban reunidos los profesores, sentados ya en los estrechos pupitres, donde el poeta les saludó amablemente, antes de tomar asiento en una silla, cerca de la pizarra y la mesa del profesor. Abrió su maletín y sacó varios libros, con ilustraciones en colores, que los puso sobre la mesa a modo de exposición. Luego les dirigió unas palabras, explicándoles el porqué de su visita. Los profesores le miraron atentos y en silencio, como hipnotizados por las mágicas frases de un mago. Él se levantó de la silla, hojeó uno de sus libros y leyó su poesía, con una voz suave pero firme.  

Yo observé la escena desde la ventana, sin que los profesores advirtieran mi presencia de niño curioso y desobediente. Al cabo de la lectura, algunos de los profesores se le acercaron al poeta, le dieron la mano y hasta le compraron sus libros, que él, con muestras de gratitud y cariño, se los autografió uno por uno.    

Mi madre se compró Cien poemas para niños, un libro que después leí con mucho entusiasmo, con la sensación de que, en cada verso, me parecía escuchar su voz, como si él mismo me lo estuviese leyendo al oído, con esa misma entonación melódica que escuché aquel maravilloso día en que el poeta pasó por la Escuela Jaime Mendoza, como un pájaro peregrino que vuela de jardín en jardín, ofreciendo ramilletes de versos y llevando en su maletín las joyas más preciadas por los niños.

Concluida su visita, salió del aula en compañía de mi madre y, rengueando de una pierna, cruzó el patio sin apuros, hasta perderse tras la puerta que daba a la calle, donde estaba la Plaza 6 de Agosto y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

domingo, 8 de marzo de 2026

LA SERENA

Juana tenía 32 años y era madre de dos hijos. Nació al pie del Cerro Rico de Potosí, donde trabajaba como serena en una cooperativa minera. Quedó viuda y a cargo de la familia desde el fatídico día en que su marido, obrero de la misma cooperativa, voló en pedazos tras la explosión de una descarga de dinamitas. Así enviudó siendo todavía joven, como muchas mujeres casadas con mineros.

Ella vivía en dos pequeños cuartos, con sus hijos y un perro que era guardián de la casa. Ingresó a trabajar en la cooperativa minera en lugar de su marido, quien, según sus confesiones, era un hombre borracho, machista y maltratador.

La casa no tenía agua potable, luz eléctrica ni cocina a gas. Nunca contó con ingresos propios ni fue dueña de nada, mucho menos del paupérrimo salario de su marido, que no alcanzaba para llenar la canasta familiar ni para que sus hijos asistieran a la escuela.

Desde que empezó a trabajar como serena, en los depósitos de minerales de la cooperativa, aprendió a luchar para sobrevivir en un infierno no apto para las mujeres, teniendo como únicas armas el coraje, una piedra y una dinamita en mano. Se convirtió en experta en el manejo del explosivo, siempre listo para estallar ante el primer atisbo de peligro.

Todas las noches trabaja acompañada de su perro y, a veces, también de sus hijos, para ahuyentar a los jukus, que merodean la zona, queriendo robar las bolsas de mineral que los cooperativistas extraían de la mina y dejaban en unos depósitos, con paredes de adobes y techos de calamina, construidos de manera improvisada cerca de la bocamina.

Juana era compañera de los cooperativistas que, a pesar de trabajar sin seguridad industrial y en condiciones infrahumanas, le seguían metiendo barreno y dinamitas a los parajes que dejaron los trabajadores de la COMIBOL. Ellos trabajaban en el interior de mina y ella como serena encargada de vigilar los bienes de la cooperativa, enfrentándose a jukus que, noche tras noche, se aparecían al amparo de la oscuridad para robar el mineral.

Juana estaba ya acostumbrada a enfrentarse a los jukus y a los mineros atrevidos que, aun teniendo una mujer en casa, intentaban abusarla y violarla delante de su perro; por eso ella, precavida desde el día de su nacimiento, andaba siempre con una piedra en el bolsillo de la pollera y una dinamita cargada en la mano, para defenderse de los desgraciados que amenazan su integridad de mujer, viuda y madre.

Juana le rezaba al Tata Q'ajcha para que no le pasara nada y le suplicaba al Tío de la mina para que la protegiera siempre, por ser viuda de un minero cooperativista y por el bien de sus hijitos huérfanos de un padre que murió en un paraje lejano, donde las vetas de estaño estaban ya agotadas.

Juana era el ejemplo de una mujer que no se dejaba vencer por las adversidades, consciente de que la vida no era fácil para una viuda y serena de una cooperativa, pero sí una gran escuela donde se aprendía que no hay mal que por bien no venga, hasta que un día, mientras trabajaba como de costumbre, llegó un gringo turista, interesado por conocer el Cerro Rico de Potosí. Apenas la vio cerca de la bocamina, en compañía de sus hijos y su perro, se sintió atraído por la belleza exótica de esa mujer de sombrero, manta y pollera.

El gringo la enamoró con buenas intenciones, la acompañó en su trabajo por las noches y, al cabo de un tiempo, le propuso matrimonio con el propósito de llevársela a su país. Así fue como Juana y sus hijos se libraron de las temibles garras del laboreo minero.

Los cooperativistas, conocedores de la miserable realidad de una serena, decían que Juana tuvo suerte, que recibió la bendición del Tata Q'ajcha y el consentimiento del Tío de la mina para encontrar un hombre de sentimientos nobles, quien, además de amarla con la sinceridad de su corazón, la haría feliz por el resto de sus días.

Desde entonces no se volvió a saber nada de Juana ni de sus hijos, salvo que dejó de ser serena en la cooperativa minera y que se marchó a tierras lejanas para no volver más a la ciudad donde nació. 

Glosario

Guardatojo: Casco de protección usado en el laboreo minero.

Jukus: Ladrones de mineral.

Paraje: En el interior de la mina: sitio o lugar de trabajo.

Serena: Mujer que cumple la función de vigilar por las noches los depósitos de mineral y los bienes de la cooperativa minera.

Tata K’ajcha: Cristo Minero. Santo Patrono. Crucifijo situado en los primeros metros de la galería principal. En Potosí, según la tradición popular, su imagen aparece como un Cristo moribundo con su “guardatojo” de minero.

Tío: Deidad. Diablo y dios tutelar que habita en el interior de la mina. Los mineros le temen y le brindan ofrendas. Su estatuilla es de greda y rocas, está colocada en el lugar de paso obligado de los mineros.

lunes, 2 de marzo de 2026

CUENTOS BREVES

Los cuentos, cada vez más breves, ganan en vigor y en tiempo. El microcuento hace gala de una técnica narrativa que gira en torno a la brevedad brevísima. Toda palabra tiene un significado específico, como si la connotación semántica del significante constituyera el eje principal del principio, la trama y el desenlace de estas brevedades que, por sí mismas, se acomodan al poco tiempo que dispone el lector para experimentar un goce estético de la lectura de un relato estructurado sobre la base de una invención sintetizada y un puñado de palabras que componen una historia comprimida como el gas en una garrafa del tamaño de un puño.

Los cuentos breves, por su propia naturaleza, corresponden a un género literario que fue cultivado desde la antigüedad tanto en Oriente como en Occidente. Los autores, desde siempre y de un modo intuitivo, sintieron el deseo y el reto de crear microcuentos, que tuviesen la virtud de abreviar las historias que, de otro modo, podían extenderse tanto en el tiempo como en el espacio. El desafío consistía en contar un hecho real o ficticio en pocos minutos y en pocas palabras, como los buenos chistes, que son mejores, muchísimo mejores, mientras menos tiempo requieran para dar la estocada final, como lo hace el matador en el ruedo de toros.

No hay nada más valioso que un autor/a, después de haber pergeñado un cuento breve, sorprenda a los lectores con su ingenio y su capacidad de no quitarle tiempo al tiempo ni el poco tiempo que tiene el lector en una sociedad cada vez más intensa y estresante, donde el hábito de leer un libro impreso es cada vez menos atractivo. Así que el microcuento debe durar, en el mejor de los casos, lo que dura un orgasmo breve pero intenso. 

miércoles, 11 de febrero de 2026

 

EL ESCRITOR COMO APRENDIZ DE OTROS ESCRITORES

Eduardo Galeano era uno de esos escritores empeñados en atrapar las palabras andantes, en rescatar la memoria colectiva, en reescribir los grafitis, los cuentos apócrifos, los chistes populares y hasta las diversas versiones de una misma historia, quizás, porque más que un creador de narraciones personales, era un modulador de voces anónimas.

Él mismo, más que un inventor o escritor original, fue un auténtico cazador de historias no oficiales y un escribidor al servicio de los de abajo, de los marginados, ninguneados y nadies, que necesitaban de la magnífica pluma de un escritor contestatario e irreverente.

En consecuencia, ni las palabras ni las ideas eran completamente suyas. Toda su obra era –y sigue siendo– una suerte de coro sinfónico, donde se justaban voces diversas en una disposición de querer contar una misma historia contemplada desde todos los ángulos, con sus más diversos olores, sabores, tonos, colores y matices.

Galeano enseñaba que nadie es el inventor de un tema, y mucho menos, si se trata de las epopeyas luminosas de un continente o una civilización. Las fuentes que usan los escritores son las mismas, las que provienen de los ancestros, la tradición oral y los protagonistas tanto reconocidos como anónimos de la historia.

El propio Galeano, como la totalidad de los escritores, era un simple copión de la realidad, un recopilador de lo que por ahí andaba suelto. Él mismo hablaba con voces prestadas y usaba los mismos documentos, a los que, aun siendo patrimonios colectivos, les estampaba su impronta personal, pero conservando las fuentes primarias de los hechos históricos, convencido de que nadie es dueño de la historia de América Latina y el mundo.

Nadie pueda darse ínfulas de ser original, cuando se sabe que no existe nada nuevo bajo el sol, y que todos manejan las mismas fuentes, las mismas palabras y los mismos relatos que se transmiten, con ciertas modificaciones, por medio de la tradición oral y la memoria colectiva. Esto lo saben los poetas que escriben las variantes de un mismo tema y una misma metáfora universal, inventadas en un pasado remoto por otros poetas anónimos.

Todos los escritores, de un modo consciente o inconsciente, son aprendices de otros escritores, por cuanto la originalidad es relativa, así la calidad estética esté revestida de un estilo propio. Desde luego que un escritor puede seguir de cerca las técnicas narrativas y las frases bien estructuradas de otro, pero a condición de que las añada, al menos, una interpretación personal, con un estilo que lo diferencie del resto en la inmensa fauna literaria.

Los escritores latinoamericanos hoy consagrados en la constelación de las letras universales, luego de haber superado su complejo de originales, reconocen sus influencias de otros cultores del arte literario. Nadie es enteramente original, salvo que haya vivido sin libros y en una isla solitaria. Los demás aprenden de los demás, de los autores que los precedieron en el tiempo y el espacio. 

No en vano Eduardo Galeano, con la humildad de un aprendiz de escribano, decía: Mucho aprendí de Juan Carlos Onetti, el narrador uruguayo, cuando yo me estaba iniciando en el oficio (...) De Onetti aprendí, también, el placer de escribir a mano...

miércoles, 4 de febrero de 2026

LECTURA DE LA SUERTE EN PLOMO

En La Ceja de la ciudad de El Alto, en plena feria de la Alasita, vi a un yatiri sentado detrás de una pequeña mesa, atendiendo a sus clientes del más diverso linaje, quienes le solicitaban que les leyera la suerte y el futuro en un trozo de plomo que, entre volutas de espeso humo, era derretido en un cucharón colocado sobre el brasero calentado con carbón, para luego ser vertido en un recipiente de agua fría.

El yatiri, originario de una provincia del norte paceño, era un sujeto serio y maduro, de pelo blanco y rala barba; tenía un punto de sorna en la mirada y, supuestamente, mucha experiencia en el arte de adivinación; vestía con poncho rojo, gorro de lana, pantalón negro y calzados envejecidos por las interminables caminatas.

Delante del yatiri estaba una mujer que, tras la interpretación espiritual de las formas metálicas, que le predijeron su desdichado destino, se levantó batiendo las polleras y enjugándose las lágrimas que le brotaban de sus hermosos ojos negros. Fue entonces que, impulsado por la curiosidad de conocer lo que me deparaba la vida, decidí que el enigmático personaje me adivinara el futuro, nada menos que en un trozo de plomo derretido al fuego y solidificado en agua fría.

El yatiri, acostumbrado a predecir el futuro de la gente en cuestión de salud, amor, negocios y viajes, se decía a sí mismo que estaba conectado con los achachilas, espíritus que moran en las cumbres nevadas de los Andes, quienes le concedían el prodigio de ser un agorero del género humano.

–Toma asiento –dijo con su boca llena de coca, presto a explorar mi futuro por unas pocas monedas.

Me senté en la pequeña banca de madera y me dispuse a esperar, con infinita paciencia y mucha expectativa, el resultado que arrojaría el plomo fundido.

Encima de la mesa, de un metro por un metro, yacía una bolsa de coca, una botella de aguardiente, un crucifijo y un brasero ardiente, con un cucharón donde ponía el trozo de plomo para que fuese derretido por las llamas del carbón que ardía al rojo vivo.

El yatiri andino, que atendía a sus clientes furtivos, sentados en la pequeña banca, mientras avivaba las llamas de las brasas, procedió a colocar el pedazo de plomo dentro del cucharón. Después sorbió un trago de aguardiente directamente de la botella y, mirando cómo el fuego fundía el metal entre burbujas, dijo:

–La fe mueve montañas.

Al cabo de un tiempo, retiró el cucharón del brasero, con el plomo todavía en ebullición, y lo vació rápidamente en el recipiente de agua fría, formando figuras caprichosas y sólidas al instante, que fueron escrupulosamente interpretadas por el adivino andino, como quien quiere encontrar las futuras claves de la vida en un trozo de metal tóxico.

Yo miraba en derredor, casi perdido en medio de la multitud que asistió a la Alasita, y el yatiri parecía rezar para sus adentros, invocando a sus recursos internos, que emanaban desde el fondo de su alma, como si pusiera en acción otros poderes sobrenaturales lejos de la ciencia y la razón.

Al advertir que estaba algo distraído pero inquieto, aguardando que leyera mi suerte en las figuras amorfas formadas en el plomo solidificado, movió la cabeza de arriba abajo y, sorbiendo otro trago de aguardiente, exclamó:

–¡Tendrás un brillante futuro! Las figuras son elevadas, claras y sin manchas…

Esbocé una ligera sonrisa y no dije nada. Le pagué las monedas por su servicio, me levanté de la banca con el cuerpo pesado y me dispuse a proseguir mi camino.

–Espera un momento –dijo, deteniéndome en seco.

Me volví con parsimonia, sin saber lo que quería el yatiri, quien me invitó a sentarme otra vez.

–No sé por qué –dijo–, pero me t’inka que tú eres la persona indicada para contarte en qué consiste mi trabajo.

De entrada, se definió como un hombre dedicado al estudio de los fenómenos paranormales, esotéricos y místicos, una sabiduría que le permitía escuchar voces en medio del silencio, ver espíritus del más allá, conversar con ellos y transmitir energías cósmicas a través de la palma de las manos; más todavía, me confesó que se dedicaba a practicar rituales andinos desde siempre, ritos para encontrar a la pareja ideal y sanar a los enfermos, ritos para hacer milagros y prever con anticipación las catástrofes naturales.

No en vano, en el tronco del árbol, donde apoyaba su robusta espalda, colgó un letrero en cuyo texto se leía: Yatiri aymara ausculta la suerte en plomo derretido. Aquí se da respuesta sobre la infidelidad de la pareja, la forma de salir de la pobreza o revelar el nombre de la persona que te embrujó por celos o por envidia. Aquí se le lee la suerte y lo qué depara el mañana, con solo derretir un metal que atrae la energía de las personas y tiene los mismos poderes provenientes de Dios.

El hombre, dedicado a la lectura de la suerte en plomo, al advertir interrogantes y dudas en mi frente, sacó de su bolsa de lana una serie de piedras talladas y me las ofreció, a buen precio, como talismanes para mejorar mi vida, hacer cumplir mis deseos y evitar el mal de ojo o los maleficios a los que podían someterme mis enemigos.

Le miré a los ojos, diminutos como los de un ratón, y recorrí por el mapa de su rostro, que dibujaba gestos parecidos a los de un p’ajpaku, con una verborrea a flor de labios y una actitud de hombre pícaro.

Poco después, en medio del bullicio de la calle, me levanté del asiento y, sin ni siquiera despedirme, me alejé del lugar, sin dejar de pensar en que todos, en épocas de crisis económica, buscan la manera de ganarse el pan del día, así sea con las tradiciones propias de una comunidad ancestral, donde las supersticiones forman parte de la vida y la mente de sus habitantes.

Glosario

Achachilas: Espíritus ancestrales en la cosmovisión andina. Protectores de las comunidades, personificados en las montañas o cerros.

Alasita: Feria tradicional de miniaturas dedicada a la abundancia y la prosperidad.

P’ajpaku: Charlatán, embustero, embaucador callejero.

T’inka: Corazonada, presentimiento, intuición o impulso espontáneo, a menudo irracional.

Yatiri: Curandero, adivino, chamán, guía espiritual en la comunidad aymara.

miércoles, 28 de enero de 2026

PRESENTACIÓN DE LIBRO EN LA CIUDAD DE EL ALTO

El viernes 6 de febrero, a Hrs. 19:00, se presentará el libro Cuentos violentos, del escritor Víctor Montoya, en el local del Centro de Poesía, Cultura y Arte ALBOR. Dirección: Plaza Obelisco, Zona C.6, Villa Dolores.

viernes, 23 de enero de 2026

 

LAS LAMAS DEL K’ENKO EN CATAVI

¡Ah, carajo! ¡Todo se fue a la mierda!, exclamó un cataveño, mientras miraba las imágenes, que se transmitían por medio de las aplicaciones de TikTok, sobre la catástrofe medioambiental que tuvo como escenario la pequeña comunidad de Andavilque.

La laguna artificial el K’enko, que estaba ubicada al lado de la población de Catavi, conservaba una gran reserva de mineral en forma de lama, ya que durante mucho tiempo se bombearon a esta laguna las colas o los desperdicios provenientes de la planta de concentración de estaño denominado Ingenio Victoria. Así se conservó varias décadas, desde la época en que el empresario minero Simón I. Patiño perdió su imperio en este sitio del municipio de Llallagua, al norte del departamento de Potosí.

La laguna el K’enko era un lugar casi turístico, donde los enamorados iban a caminar por las orillas y a tomarse fotografías, No faltaban los cataveños que, motivados por la nostalgia de los años idos y vividos, retornaban desde el interior del país para ir a contemplar las aguas plomizas de la laguna que se les quedó grabada en la memoria desde la más tierna infancia. 

Todo era asombro y maravilla en esta zona de la pampa de Catavi, hasta el día en que la laguna, tras la falta de mantenimiento y las intensas precipitaciones pluviales, colapsó y se desbordó, generando una gigantesca mazamorra, mezcla de lama, agua y residuos minerales, que se descolgó desde las alturas y, llevándose todo a su paso, se precipitó cuesta abajo, hasta inundar el pequeño poblado de Andavilque.

El desastre ocurrió aproximadamente a las 5:00 de la madrugada del 16 de marzo del 2025. Los testigos cuentan que se oyó un repentino estrépito que sacudió la parte sud de Catavi. Los pobladores ni siquiera alcanzaron a ponerse de pie, cuando la mazamorra inundó la comunidad precolombina de Andavilque, perteneciente al ayllu Chullpa, cuya población se dedicaba a la producción agrícola, crianza de ovinos, camélidos, vacunos, curtiembre y hasta a la elaboración de chicha y chicharrón.

La laguna artificial el K’enko, un dique que se encontraba en la parte alta de Andavilque, cerca de los desmontes de colas-arenas, fue vencida por las fuerzas de la naturaleza y sus espesas aguas se desbordaron como en una película de ciencia ficción. Los pobladores quedaron en estado de espanto y de llanto. El rebalse causó graves daños medioambientales, porque el dique contenía plomo, zinc, cadmio, sulfuros y estaño de baja ley.

El pánico y la zozobra alcanzaron dimensiones apocalípticas. Las personas y los animales, en un intento por poner a salvo sus vidas, se abrieron paso entre el lodo plomizo y espeso, mientras los gritos de auxilio se oían junto al zumbido de las aguas y la lama encajonándose río abajo.

Varios animales, entre ellos perros y gatos, fueron sorprendidos y enterrados por la lama. La mazamorra primero se comió la cancha de fútbol y luego las viviendas de adobes y techos de calamina. Por suerte, algunos pobladores alcanzaron a huir hacia las partes altas del terreno y a subirse a los techos para evitar ser llevados por el material de arrastre.

En poco tiempo todo estaba consumado. El lodazal, que descendió hasta apoderarse de Andavilque, dejó un panorama pintando de color plomizo, como si toda la lama de Catavi, acumulada durante décadas por la industria minera, se hubiese rebelado contra la codicia humana, que no dejó de horadar el vientre de la Pachamama ni dejó de explotar los yacimientos estañìferos del norte de Potosí.

Ese mismo día, los medios de comunicación y las redes sociales difundieron imágenes capaces de erizar la piel y golpear los sentidos. Los informes oficiales de lo sucedido, de las causas y consecuencias del lago artificial, considerado por muchos un atractivo turístico, dieron cuenta de que el 80% de las viviendas y los cultivos quedaron como navegando en medio de la desgracia y bajo un cielo cargado de nubes. No solo quedaron cientos de damnificados, sino que la laguna el K’enko contenía minerales tóxicos, que dañarían la salud de los pobladores, constituyéndose en una irreparable catástrofe medioambiental, que afectó también a otras comunidades campesinas a lo largo del río.

La laguna artificial el K’enko, que causó una colosal catástrofe en Andavilque, desapareció del mapa de la noche a la mañana, como desaparecen los malos proyectos de un soplo. Por cuanto lo que un día fue una de las reservas más importantes de la Empresa Minera Catavi, un sitio donde los enamorados y turistas acudían para darse besos y tomarse fotografías, otro día se convirtió en un paisaje desolado y en un ejemplo del manejo irresponsable de una industria minera que la abandonó a su suerte, tras el maldito Decreto Supremo 21060 de 1985, que provocó el cierre de las minas nacionalizadas y una relocalización sin precedentes en la historia de Bolivia.

Glosario

Colas-arenas: Residuos de mineral procedentes de la planta de procesamiento de estaño del Ingenio de Catavi.

Chicha: Bebida alcohólica hecha con jugo de maíz fermentado.

K’enko: Laguna artificial ubicada cerca de la población de Catavi. Conserva una gran reserva de estaño, debido a que durante décadas se bombardearon los residuos minerales provenientes del “Ingenio Victoria” de la Empresa Minera Catavi.

Lama: Greda pegajosa que se produce durante la perforación. Residuos de mineral fino (polvo) procedentes de la planta de procesamiento de estaño del Ingenio de Catavi.

Relocalización: Despido masivo de trabajadores mineros, que buscan nueva residencia.

miércoles, 7 de enero de 2026

MICROTEXTOS XII

Los muñecos

En varias calles de la ciudad de El Alto, acechadas por la delincuencia diurna y nocturna, los vecinos colgaron enormes muñecos de las luminarias. Están hechos de ropas embutidas con trapos de todos los colores y tamaños. No tienen rostros, ni edades, ni nombres, pero sí un letrero en el pecho y un texto parecido a la sangre: Ladrón pillado será linchado y quemado.

El líder

Sembraba la palabra, con vehemencia y coherencia, sin saber si sus partidarios eran tierras fecundas, donde un día podían cosecharse sus ideas revolucionarias  y sabias enseñanzas. Hablaba y hablaba, en las asambleas, congresos y reuniones, no por ser un hablador, sino un auténtico líder de las masas y un magnífico representante de las aspiraciones populares. 

La corrupción

En un país bananero, donde todo anda de cabeza, el político que roba es aplaudido y el policía honesto es ridiculizado, el que miente es aplaudido y el que dice la verdad es abucheado. En un país bananero, donde todo anda patas arriba, la honestidad es plata y la corrupción es oro.

El pecado

Dicen que en el Paraíso, el diablo tomó la forma de una serpiente, una criatura dotada del don de la palabra y capaz de expresar sus pensamientos con deslumbrante lucidez. Se alzó sobre su cola y le convenció a Eva para que le diera de comer el fruto prohibido a Adán, ya que si ambos comían del árbol de la sabiduría, de lo Bueno y lo Malo, no morirían, como les dejó dicho Dios, sino que se les abriría los ojos y los oídos, y serían como su Creador. Ella le obedeció como mujer sumisa y probó el fruto prohibido del árbol de la sabiduría, que Dios, por alguna divina equivocación, puso en medio del jardín del Edén. Poco después, Eva le entregó la fruta prohibida a Adán, quien, como hombre sumiso, hincó los dientes en la manzana. Así fue como nuestros primeros padres, incitados por la serpiente y desobedeciendo el mandamiento de su Creador, introdujeron el pecado y la muerte en este mundo.

Cuestión de gatos

Eduardo Mondragón no compartía la idea de que los gatos eran animales sagrados, como se imaginaban los antiguos egipcios, y mucho menos dioses protectores de la salud y la fortuna. Tampoco había por qué venerarlos y mimarlos como lo hacían los budistas tibetanos, que los consideraban acompañantes en el tránsito obituario y que en la vida eran como hermanos del alma, sobre todo, si se los trataba con consideración y cariño.

Tampoco le interesaba si  Julio Cortázar tuvo una extraordinaria afición por los gatos en París, si Ernest Hemingway criaba numerosos gatos en su casa de Cuba, si Carlos Monsiváis vivía rodeado de gatos, si Edgar Allan Poe inmortalizó a su gato negro y si Stephen King, en su novela, Cementerio de animales, retrató a un gato capaz de resucitar a los muertos, ni para qué citar a los otros querendones de felinos como T.S. Eliot, Mark Twain, Charles Dickens y otros.

Le tenía sin cuidado que también las escritoras como Charlotte Brontë, Colette, Patricia Highsmith, Elizabeth Bishop, Elena Poniatowska y Doris Lessing, entre otras, hayan sido amantes de los gatos. Lo único que le interesaba a Eduardo Mondragón, el enemigo principal de los gatos, era que estos felinos, que por las noches se tornaban en pardos, desaparecieran del mapa por ser carniceros de dientes afilados. Los odiaba con todas las fuerzas de su alma, desde el día en que un gato se entró por la ventana de su cuarto y se comió al canario de su vida.

sábado, 3 de enero de 2026

APRENDIZAJE DE LA ESCRITURA

De la misma forma que existe un “centro cerebral del lenguaje”, existe también un “centro de la escritura”, que dirige y coordina todos los movimientos delicados de la mano que participan en el acto de escribir. La escritura es, por lo tanto, un acto complejo y asociado, cuya realización exige la colaboración armónica funcional de los centros ópticos, acústicos y motores del cerebro.

Los niños en edad preescolar, que aprenden a escribir las letras de su nombre, lo hacen combinando el sonido y el signo alfabético que lo representa; un proceso de aprendizaje que, como todo conocimiento adquirido, requiere de ciertas destrezas físicas y facultades mentales, pues la estructuración de las letras y, en cierto modo, el aprendizaje de los sonidos y nombres de las letras implica una forma avanzada de coordinación sensorial y motriz. Así, el aprendizaje de un sonido para una letra requiere de una capacidad lógica en la percepción, una capacidad mental que no siempre está desarrollada en los niños que aprenden a leer antes de la edad escolar.                                           

El niño, en su condición de sujeto pensante y principal artífice en el proceso de aprendizaje, investiga desde un principio su entorno inmediato, constatando la existencia de dimensiones como “arriba” y “abajo”, “izquierda” y “derecha”, “delante” y “detrás”. Después adquiere un conocimiento mucho más detallado sobre las relaciones cognitivas, a partir de sus experiencias y vivencias cotidianas; un permanente proceso de asimilación que lo conduce al aprendizaje paulatino de la escritura, que no siempre está exenta de dificultades en todos los casos.

Los especialistas en el tema recomiendan a los educadores del ciclo preescolar estimular en los niños el ejercicio de dibujar, debido a que constituye una práctica necesaria en el proceso de aprendizaje de la escritura. Según el psicólogo norteamericano Jerome Bruner, la temprana creación pictórica ayuda a entrenar las funciones de la memoria y es determinante en el desarrollo idiomático. Bruner concibe la imagen gráfica y el idioma verbal como una evolución ordenada durante el periodo preescolar y considera el lenguaje escrito como algo único en el desarrollo cognitivo. Lo mismo que para el psicólogo ruso Lev Vygotsky, el dibujo es el primer paso del lenguaje escrito y una poderosa herramienta para el pensamiento, puesto que las letras no son más que una suerte de dibujos en miniatura; es más, el educando debe hacer que el niño asimile una conciencia idiomática, al menos cuando se sabe que vivimos en una Era de comunicación tecnológica, en la que el lenguaje escrito constituye un elemento funcional y fundamental.

El niño tiene que aprender primero a reconocer y distinguir cada una de las letras y grupos de letras, imprimiendo en su cerebro las respectivas imágenes o representaciones visuales. Debe aprender los respectivos sonidos y “almacenar” en el cerebro las correspondientes imágenes sonoras. De esta forma puede el niño empezar a escribir, relacionando la imagen sonora y la visual de cada una de las letras y grupo de letras. Al mismo tiempo, entra en función el centro motor de los músculos de la mano (y del antebrazo), que realizan la reproducción gráfica de las letras y palabras, primero copiando o al dictado (con lo que se recuerdan las imágenes visuales y sonoras de las letras) y después espontáneamente.

El aprendizaje de la escritura, que es un medio fundamental de expresión del pensamiento, depende, de un modo general, de los siguientes factores: 1. de una facultad mental que le permita asimilar el concepto de letra durante el proceso de aprendizaje. 2. de una organización necesaria y una destreza sensomotriz. 3. de una motivación social de parte de la familia y el entorno escolar. 4. de una metodología de enseñanza adecuada en la escuela primaria.