miércoles, 8 de agosto de 2012

LA MUJER BARBUDA

Cuando clavé la mirada en las luengas barbas de esta mujer, retratada con gorro de tela fina, vestido medieval de cuello ancho y pecho descubierto, se me erizaron los vellos y se me agolpó una sarta de ideas asociadas a las mujeres que, entre anuncios de pasen y vean aquello nunca visto en nuestras carpas, eran exhibidas como monstruos en los espectáculos circenses.

La mujer barbuda, quien responde al nombre de Magdalena Ventura, llegó a Nápoles procedente de Acumulo (región de los Abruzos). El duque de Alcalá, por entonces Virrey de Nápoles, impresionado por su aspecto de extremo hirsutismo, encargó a José Ribera inmortalizarla en una de sus pinturas en 1631. El pintor, consciente de haber encontrado el mejor motivo de su vida, echó mano a la paleta y los pinceles, y la retrató delante de su marido y junto al niño en pañales aupado en sus brazos. No se sabe con certeza si el niño era suyo, pero sí el dato de que esta mujer, según indica la inscripción pintada en el ángulo inferior izquierdo del cuadro, se dejó crecer la barba a los 37 años de edad. De seguro que desde entonces, al mirarse cada mañana ante el espejo, se llevaba las manos sobre el rostro y exclamaba: ¡Oh, madre mía! ¿Qué hice yo para merecer este castigo?

Esta pintura renacentista, que forma parte del Museo Tavera en Toledo, es una magnífica representación de la rareza humana, una obsesión compartida por los señores de las cortes y los pintores de gran maestría y talento, como fue el caso del Españoleto José Ribera, reconocido por su estilo basado en violentos contrastes de luz, un denso plasticismo de las formas, un gran detallismo y una propensión a la monumentalidad compositiva; virtudes que se aprecian en esta espeluznante pintura, donde la mujer barbuda, de frente amplia y mirada serena, tiene los bigotes al ras del labio y la barba crecida hasta el naciente de los senos. El niño de pecho, que yace en las manos robustas y velludas, parece rehuir como por aversión instintiva el pezón de la mujer barbuda, cuyo esposo, retratado en segundo plano por disposición del artista, emerge de las sombras con el rostro demacrado, como quien, por imposición ajena a su voluntad, deja revelar el secreto íntimo de su amada.

Esta mujer barbuda, sin lugar a dudas, sufrió lo indecible en el fondo del alma y maldijo la hora en que fue concebida, como la célebre Olga Roderick, quien, a pesar de haberse casado tres veces y haber dado a luz a dos niños, acabó su vida en una empedernida bohemia, tras haber sido exhibida en circos y películas como una monstruo incomparable. Lo mismo sucedió con la mexicana Julia Pastrana, primero sometida a la indagación de los hombres de ciencia y luego a la curiosidad de un público que la tenía por fenómeno natural. Julia era de sentimientos nobles, pero hirsuta de pies a cabeza, un perfecto híbrido entre humano y orangután. No es casual que su uniceja, bigotes, patillas y barba, se hayan convertido en recursos rentables en manos de un empresario artístico que, aparte de contraer matrimonio con ella, la exhibió por medio mundo como a su peluda cónyuge, hasta que en 1859, estando de gira por Moscú, Julia Pastrana descubrió que estaba embarazada. El 20 de marzo de 1860 vino al mundo, por apenas 35 horas de vida, su único hijo varón. Ella murió al quinto día del parto. Al caer el telón tras el trágico final, los cadáveres, por ordenes expresas del esposo y apoderado, fueron momificados y rematados a la Universidad de Moscú.

La  mujer barbuda, por lo menos hasta principios del siglo XX, se ganaba el pan diario en los circos ambulantes que iban de pueblo en pueblo, donde se la presentaba entre bombos y sonajas: ¡Venga usted, diviértase, admírese! Conozca las desgracias y las miserias de nuestros monstruos. Contemple usted a la auténtica, la genuina, la increíble mujer barbuda y, si se atreve usted, por un par de monedas más podrá tocarle la barba y conversar con ella. Observe usted no a la mujer sirena, no a la mujer más gorda. ¡No! Vea usted, con sus propios ojos, a la mujer barbuda. Sí señor, oyó usted bien, la mujer barbuda; aquélla que, por una maldición divina caída sobre su madre, tuvo la desgracia de nacer como el orangután...

Así, al lado del contorsionista que tocaba el violín con el pie y el malabarista que hacía proezas sobre el lomo del caballo, estaba la mujer barbuda. Ella constituía la pieza clave de un circo clásico, con olor a boñiga de elefante y orín de tigre; ella encarnaba el horror, el suspenso y la monstruosidad; ella era la principal atracción del circo. Por eso el público, a la hora de enfrentarse al espectáculo estelar, se llevaba las manos sobre la boca y los ojos, mientras en la carpa se alzaban voces de admiración y espanto: ¡Ah!... ¡Oh!... ¡Uschh!...

Cada época imaginó sus propios monstruos. Las leyes de la naturaleza y la ciencia instauraron los límites más allá de los cuales el exceso desbordó en mostrar fenómenos naturales. Por eso la mujer barbuda, soportando una suerte de desprecio colectivo, pasó a simbolizar las deformidades, desviaciones, gigantismos, enanismos y otras anomalías. Su aspecto físico no sólo suscitaba escándalos y controversias, sino que fue incorporado a las representaciones y ficciones en las diversas artes, llegando incluso a conformar géneros literarios o cinematográficos que la tenían como figura central.

Durante la Inquisición, la mujer barbuda fue comparada con la bruja, de quien se decía que representaba las pasiones y los instintos reprimidos por el mundo masculino. Claro está, si era tan grande el desprecio, entonces es lógico deducir que esta mujer, retratada con impactante realismo por José Ribera, sufrió los miramientos de su entorno y las presiones sociales de su época, obligándola a vivir recluida entre las cuatro paredes del hogar, donde el único que la miraba a la luz de las candelas era su legítimo marido, ese hombre que encontraba la magia de lo sensual en las zonas pilosas de su mujer, quien, desnuda sobre las pieles de la alcoba, era diferente a las muchachas que, a fuerza de pinzas, navajas y ceras, se depilaban el cuerpo hasta quedar como las crías de una rata.

Una parte de la literatura inquisitorial retrató a la santa barbuda como un reflejo de misoginia. Las mujeres consideradas malignas estaban sintetizadas en la expresión: demonio de mujer. No pocos exploraron el personaje mítico de la mujer barbuda, como expresión del travestismo, para indicar un doble no deseado para la mirada masculina; más todavía, algunos señalan que la mujer masculinizada ocupó un espacio importante en la hagiografía cristiana, a través de la hembra disfrazada de hombre en conventos y mediante la adquisición de abundante pelo que neutralizaba el apetito sexual masculino.

La mujer barbuda, que en esta pintura provoca un vértigo entre lo real  y lo imaginario, es un caso extremo de hirsutismo, un fenómeno natural que llama la atención de la mujer lampiña y provoca la envidia del hombre imberbe; de ese hombre que, desde los umbrales de su pubertad, abrigó el sueño de lucir una hermosa barba al estilo de Marx o Engels.

Por lo demás, el tema tabú del pelo en la mujer ha llegado a tal extremo que hoy es repugnante que alguien tenga zonas pilosas. Quien opine lo contrario debe abstenerse por temor a que lo tilden de perverso y asqueroso, así le fascinen las mujeres que ostentan abundante vello allí donde se los puso Dios.

miércoles, 1 de agosto de 2012



ANTOLOGÍA DE NARRADORES BOLIVIANOS
  
La aparición de la Antología del Cuento Boliviano Moderno (La Paz, 1995), publicada simultáneamente en alemán -con algunas modificaciones- por la prestigiosa editorial Rotpunkt, con el título de Die Heimstatt des Tío (El paraje del Tío), muestra la vitalidad de una literatura en constante superación.

Manuel Vargas (Vallegrande, 1952), cuya obra personal consta de varios volúmenes de cuentos y novelas, tuvo el acierto de reunir en esta antología lo más representativo de la narrativa contemporánea, injustamente relegada en el contexto de la literatura continental. Por eso, el hecho de que en el prólogo se advierta: Usted está entrando a un territorio desconocido, a una pequeña y casi perdida provincia de la literatura latinoamericana, es algo por demás sugerente; pero, a la vez, una realidad contundente que no se pude soslayar, puesto que la literatura boliviana, de un modo general, es una ilustre desconocida para la mayoría de los lectores europeos. Esto no quiere decir, empero, que Bolivia carezca de excelentes cultores de la palabra escrita; por el contario, la presente antología nos da las pautas necesarias para rescatar a una pléyade de escritores (entiéndase narradores), tanto por su calidad literaria como por el compromiso y la persistencia en su oficio.

La antología, como suele ocurrir en estos casos, obedece al gusto literario del antologador, quien tuvo el cuidado de seleccionar cuentos que, sin estar desarticulados del realismo social, el indigenismo o costumbrismo, revelan valores universales, innovaciones en el discurso narrativo y recursos que fortalecen el estilo.

Los cuentos, revisados uno por uno, son una suerte de cabos sueltos de ese gran tejido de la narrativa moderna, factor que se deja advertir en la nueva promoción de escritores, quienes, a diferencia de sus antecesores, se encuentran trabajando conscientemente con el texto de sus obras, exentas de consignas políticas y otros eufemismos de la literatura tradicional boliviana. 

Esta antología, siguiendo los criterios de selección de Manuel Vargas, reúne cuentos fantásticos, cuentos que presentan el tema rural y político, pero no desde la perspectiva del realismo social. Es decir, la intención del antologador fue, desde un principio, elaborar una obra que contemple la calidad literaria, tanto en la forma como en el contenido.

El libro parte con los tres precursores del cuento boliviano moderno, situados cronológicamente entre la guerra del Chaco (1932-36) y la revolución nacional de 1952. Ellos son: Oscar Cerruto, Augusto Céspedes y Jaime Saenz.

El segundo grupo está conformado por los narradores que escribieron bajo el impacto de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia (1967) y bajo las influencias del Boom de la literatura latinoamericana. Entre éstos figuran: Néstor Taboada Terán, Jorge Suárez, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Grover Suárez, Rolando Costa arduz, Edmundo Camargo, Renato Prada Oropeza, Adolfo Cáceres Romero, Enrique Rocha Monroy, Jesús Urzagasti, Raúl Teixidó, Alfredo Medrano, Oscar Ichazo Gonzáles y César Verduguez Gómez.

El tercer grupo está integrado por quienes experimentaron el despotismo militarista, iniciado con el golpe de Estado en 1971. Varios de estos escritores, que salen al exilio o aprenden a hablar con la boca cerrada, son protagonistas y testigos de la etapa más sombría de la historia boliviana, y cuyos cuentos, reunidos inicialmente en el libro El Quijote y los perros (literatura de la represión política), son claras denuncias contra los excesos cometidos por las dictaduras militares y un vivo testimonio personal y colectivo. En esta generación de escritores destacan: Jaime Nisttauz Parrilla, René Poppe, Hugo Murillo Bénich, Germán Aráuz Crespo, Félix Salazar Gonzáles, Juan Simoni Rocha, Carlos Condarco Santillán, Ramón Rocha Monroy, Alfonso Gumucio Dagrón, René Bascopé Aspiazu, Gustavo Soto Santiestéban, Manuel Vargas Severiche y Roberto Laserna.

En cuanto al cuarto grupo, compuesto por la última promoción de narradores, nacidos a partir de los años cincuenta, el antologador sostiene: Estamos en el presente, en un mundo tal vez con menos fronteras pero con nuevas guerras. En los tiempos de la caída del Muro, de la construcción de las democracias y del surgimiento de nuevos desencantos, como el neoliberalismo y la postmodernidad. El escritor boliviano se siente menos aislado, aunque aún lejos de una igualdad de oportunidades. En este grupo, a diferencia de los anteriores, hay una mayoría de escritores nacidos en el oriente del país (hasta ahora considerado rezagado en expresiones artísticas como la literatura) y por primera vez aparecen narradoras. Se constata además una tendencia hacia el cuento cada vez más corto. Estos escritores son: Adolfo Cárdenas Franco, Juan C. Rodríguez, Freddy Estremadoiro Romero, Gonzalo Lema Vargas, Blanca Elena Paz, Oscar Barbery Suárez, Marcela Gutiérrez, Homero Carvalho Oliva, Víctor Montoya, Ricardo Serrano Herbas, Gustavo Cárdenas Ayad, Paz Padilla Osinaga, Virginia Ruiz Prado y Edmundo Paz soldán.

Por último, esperamos que esta Antología del Cuento Boliviano Moderno, que presenta alrededor de cuarenta autoras y autores, sea una llave más para abrir las puertas de la literatura continental y un buen motivo para conocer las nuevas tendencias de la actual narrativa boliviana.

jueves, 12 de julio de 2012


VÍCTOR MONTOYA EN ANTOLOGÍA INTERNACIONAL

El escritor boliviano integra, con un cuento que aborda el tema del exilio, la antología Raíces Latinas, narradores y poetas inmigrantes, lanzada recientemente por Vagón Azul Editores, en Lima-Perú.

El libro, con el claro propósito de defender y difundir la lengua de Cervantes, recoge las experiencias de las migraciones de mexicanos, centro y sudamericanos a Estados Unidos y Europa. El éxodo de españoles al continente Americano conforma parte de esta antología que reúne a dieciocho narradores y poetas hispanohablantes dispersos en Estados Unidos, Dinamarca, Suecia y Australia.

El cuento de Víctor Montoya, titulado En el país de las maravillas, rememora la historia de un expreso político que llega exilado a Suecia, un país que en los años setenta recibió solidariamente a cientos de latinoamericanos que, tras haber sido víctimas de la represión sistemática desencadena por las dictaduras militares, buscaron asilo en los países que gozaban de una democracia formal y un remarcable bienestar social.

El compilador de esta antología, Hemil S. García Linares (Perú, 1971), que actualmente combina sus actividades literarias con estudios de maestría en lenguas extranjeras en la Universidad George Mason de Virginia, ha tenido el acierto de elegir cuentos y poemas sobre la inmigración, el racismo, la soledad, los usos y las costumbres de otras culturas ajenas a las latinoamericanas, pero también sobre el desarraigo y la nostalgia de los inmigrantes que se ven forzados a dejar sus países de origen en busca de mejores horizontes de vida.
   
Entre los escritores publicados figuran varios que ejercen la cátedra de literatura en universidades de Estados Unidos y Europa, tampoco faltan los poetas y narradores dedicados a la edición de revistas ni los que tienen a la literatura como la actividad principal en sus vidas. Todos cuentan con varios libros en su haber y con una amplia trayectoria en el oficio de la escritura; un factor que garantiza la calidad de este libro que, allá donde encuentre lectores, tendrá éxitos tanto por su temática como por el indiscutible prestigio de quienes lo integran.

Hemil S. García Linares y Vagón Azul Editores presentarán esta antología el miércoles 18 de julio del 2012, a las 6:15 pm, en la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Ancash 207, Centro Histórico de Lima). Los comentarios estarán a cargo de Raúl Castro Pereyra (periodista), Eduardo Borjas Benites (editor) y Raúl Heraud Alcázar.

martes, 3 de julio de 2012


SE PRESENTÓ CUENTOS DE LA MINA EN POTOSÍ

Víctor Montoya, autor de obras cuyo eje central es el mundo minero, presentó la segunda edición boliviana de Cuentos de la mina, lanzada recientemente por el Grupo Editorial Kipus de Cochabamba. El acto contó con la presencia de personalidades del ámbito político y cultural de esta ciudad que en 1987 fue declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la Unesco.

El libro, además del prólogo del español Benigno Delmiro Coto, incluye fotografías de Jean-Claude Wicky, Stanislas de Lafon, Barbara Lindell, Christopher Hines, Joson Devit y Manuel L. Acosta; se tratan de imágenes que destacan la figura del Tío de la mina; personaje mitológico de la cosmovisión andina, cuyo reino se encuentra en los tenebrosos socavones, donde los mineros le rinden pleitesía antes de empezar a excavar la montaña en busca de filones de mineral.

El autor explicó que el tema central de los cuentos gira en torno a los mitos y las leyendas que se conservan en la tradición oral y la memoria colectiva de los pobladores de los Andes, donde los conquistadores ibéricos explotaron uno de los mayores yacimientos de plata durante la colonia y donde los magnates mineros amasaron fortunas con la explotación del estaño hasta medidos del siglo XX.

Víctor Montoya manifestó también que no existe mejor lugar que esta ciudad colonial para promocionar el libro, no sólo porque aquí se inició la Era de la minería en Bolivia, que durante casi cinco siglos deslumbró al mundo entero con sus riquezas, sino también porque esta ciudad llena de montañas y lagunas es el escenario constante donde nacen, viven y mueren los personajes de mis cuentos

La presentación del libro en la Casa Nacional de Moneda fue, al mismo tiempo, un homenaje a la memoria de quienes escribieron sobre los usos y las costumbres del Potosí virreinal y republicano, como el cronista Bartolomé de Arzans Orzúa y Vela, autor de Historia de la Villa Imperial, y Jaime Mendoza, quien escribió En las tierras de Potosí, la primera novela minera en Bolivia.

Cuentos de la mina, según comentó el autor, está siendo traducido a otros idiomas. Están ya en circulación las versiones en francés y alemán. Las ediciones en español aparecieron en España, Suecia, México y Bolivia. Este libro, como muy pocos, es un referente indispensable para los lectores y estudiosos que desean conocer los mitos y las leyendas del Tío de la mina, pero también a la realidad dantesca de los trabajadores del subsuelo boliviano.

Imagen:

Víctor Montoya en la sala de conferencias de la Casa Nacional de Moneda de Potosí

domingo, 1 de julio de 2012



VÍCTOR MONTOYA RECONOCIDO EN POTOSÍ 

Varias organizaciones potosinas, el pasado viernes 29 de junio y en un acto realizado en la sala de conferencias del Centro Museológico de la Casa Nacional de Moneda, reconocieron al escritor Víctor Montoya, quien estuvo en la ciudad para presentar su libro Cuentos de la Mina.  

El Director de la Casa de la Moneda, Ing. Rubén Ruiz, dijo que este autor boliviano, después de 34 años de ausencia, retornó al país con una obra que magnifica los mitos y las leyendas del Tío de la mina. Este libro, que constituye la columna vertebral en la obra de Víctor Montoya, es un vivo testimonio de que nuestra ciudad, durante casi cinco siglos, deslumbró al mundo entero con sus riquezas e historias que se han conservado en la memoria colectiva y la tradición oral.  

El responsable del Centro Cultural Nuevos Horizontes, Tomás Cortés, subrayó que Víctor Montoya sufrió la persecución, la tortura, el encarcelamiento y el exilio durante el régimen de Hugo Banzer. Estando en Suecia, en calidad de refugiado político, creó su obra literaria con pasión y añoranza por la patria que lo vio nacer. De ahí que gran parte de sus libros reflejan la experiencia del exilio y el desarraigo de un boliviano en tierras extrañas.

Por su parte, Pastor Segundo  Mamani, miembro del Tribunal Supremo de Justicia de Bolivia, dijo que  la gran imaginación de este autor, considerado contestatario y comprometido con la realidad social, le ha permitido recrear también las experiencias de su infancia y adolescencia en las minas del Norte de Potosí, donde conoció el sufrimiento humano y compartió las luchas de los trabajadores mineros. Y que de estos recuerdos le brotaron los Cuentos de la Mina, en cuyas páginas se refleja de cuerpo entero el Tío de la mina, quien, siendo un personaje ambiguo de la mitología andina, mitad dios y mitad diablo, tiene atributos que lo asemejan a los seres humanos; por eso estos cuentos respiran y vibran junto al lector, como si él mismo les estuviese contando en los oídos sus mitos y leyendas.

Al acto de reconocimiento se sumaron varias instituciones y organizaciones de la ciudad, como la Central Obrera Departamental, la Dirección de Cultura de la Municipalidad, la Federación de Juntas Vecinales, Las Organizaciones de Campesinos del Norte de Potosí y la Corte Suprema de Justicia de Potosí; todas con el afán de reconocer el aporte a la literatura y cultura bolivianas de este escritor que durante más de tres décadas difundió las letras nacionales más allá de las fronteras nacionales.

Todos coincidieron en señalar que Víctor Montoya se merece éste y muchos otros reconocimientos más en virtud de su lucha por los Derechos Humanos y por la reconquista de la democracia en nuestro país que fue desolado por las dictaduras militares en los años 70 y 80.

sábado, 9 de junio de 2012


CUENTOS DE LA MINA EN POTOSÍ

Salió a luz la nueva edición boliviana de Cuentos de la mina, publicada por el Grupo Editorial Kipus de Cochabamba. El libro, de 183 páginas y algunas fotografías de Jean-Claude Wicky, Stanislas de Lafon, Barbara Lindell, Christopher Hines, Joson Devit y Manuel L. Acosta, se ha convertido en un éxito editorial no sólo en Bolivia, sino también en otros países como España, Suecia y México, donde fue editada anteriormente esta obra cuyo tema central  gira en torno a los mitos y las leyendas referentes al Tío de la mina y al modus vivendi de las poblaciones mineras en los Andes bolivianos.

El libro, debido a sus peculiaridades en el manejo del lenguaje y la temática, es una apología del departamento de Potosí, donde los conquistadores ibéricos explotaron uno de los mayores yacimientos de plata durante la colonia. No en vano el Cerro Rico de Potosí aparece mencionado incluso en Don Quijote de la Macha, la célebre obra de Miguel de Cervantes y Saavedra. Por eso mismo, el autor de Cuentos de la mina, Víctor Montoya, anunció que el libro será presentado en la Casa Nacional de la Moneda de Potosí, el 29 de junio, a las 19:00 hrs.

No existe un mejor lugar que esta ciudad colonial para promocionar el libro, manifestó Montoya. Potosí, aunque ya no es la Villa Imperial como en su pasado glorioso, sigue siendo una ciudad minera por excelencia. De ahí que ‘Cuentos de la mina’ merece ser leído por los ciudadanos potosinos que, de un modo u otro, aparecen retratados en los cuentos de este libro escrito con todo el furor del alma.


 La presentación del libro en la Casa Nacional de la Moneda de Bolivia será, además, una suerte de homenaje a los escritores que dedicaron su tiempo a escribir y describir los usos y costumbres del Potosí virreinal y republicano, como el cronista Bartolomé de Arzans Orzúa y Vela, quien escribió a principios de 1700 la Historia de la Villa Imperial de Potosí, y el escritor e historiador Jaime Mendoza, quien, a principios del siglo XX y mientras ejercía como médico en la provincia Rafael Bustillo de este departamento, escribió la primera novela minera En las tierras de Potosí, que, aún no siendo una obra maestra, describe la vida de un estudiante de leyes fracasado que se marcha de Sucre a Llallagua, creyendo que en esas minas de estaño amasaría abundantes riquezas, cuando en verdad lo único que logra es empaparse de la realidad trágica de los trabajadores mineros.

Cuentos de la mina, que ya cuenta con varias ediciones nacionales y extranjeras, y está siendo motivo de traducciones a otros idiomas, es un libro que destaca en el ámbito de la literatura de ambiente minero y que, gracias a sus valares éticos y estéticos avalados por la crítica especializada, constituye una de las obras destinadas a ser referente imprescindible para los lectores y estudiosos que se acercan a conocer la historia de la minería del departamento de Potosí, pero también los mitos y las leyendas del Tío de la mina.

Imágenes:

1. Portada del libro
2. Casa de la Moneda de Potosí

jueves, 31 de mayo de 2012



VÍCTOR MONTOYA CONDECORADO EN CHUQUISACA

El Gobierno Autónomo Municipal de Sucre y el Tribunal Supremo de Justicia de Bolivia condecoraron al escritor boliviano

En un acto solemne que se llevó a cabo en el Salón Rojo del Palacio Consistorial de Sucre, el 28 de mayo y bajo programa especial, el H. Alcalde Municipal, Arq. Moisés Rosendo Torres Chivé,  hizo entrega de la distinción de HUÉSPED GRATO DE LA CIUDAD DE SUCRE al meritorio escritor y periodista boliviano Víctor Montoya, quien agradeció con palabras efusivas este reconocimiento en la ciudad que fuera la cuna de libertadores y tumba de tiranos, haciendo hincapié en la efemérides de la capital constitucional de la república, que cada 25 de mayo celebra el primer grito libertario, y que este año, además, celebró el sesquicentenario de la muerte de la valerosa Teniente Coronela Juana Azurduy de Padilla.

El H. Alcalde Municipal de la Sección Capital Sucre, a tiempo de referirse a la vida y obra del escritor Víctor Montoya, dijo en su elocución: 

El exilio es el estado en el que una persona se encuentra lejos de su lugar natural, ya sea de su ciudad o su propia nación… Una expatriación, generalmente forzada, de un gobierno hacia un individuo…

Esa es la realidad en la que vivió Víctor Montoya y que, por varios años, estuvo alejado de la tierra que lo vio nacer, La Paz, y de la región que lo vio crecer, el Norte Potosí minero, Llallagua.

La forma obligada de dejar Bolivia, seguramente le trajo consigo varios inconvenientes familiares, económicos y, por ende, el sufrimiento; viendo coartadas sus posibilidades de vida, locomoción y ejercicio libre de ciudadanía… Eso es lo que Víctor Montoya nos trae, una buena literatura, para contarnos en sus libros y sus cuentos la vida y la experiencia en otras latitudes del mundo.

El Gobierno Autónomo Municipal de Sucre declaramos como Huésped Grato a Víctor Montoya, personaje muy notable en el ámbito del periodismo y la literatura bolivianas que, en el marco de las fiestas de Mayo, presentará sus libros ´Cuentos en el exilio’ y ‘Literatura infantil. Lenguaje y fantasía’ hoy (28 de mayo de 2012), en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia.

Amigo Víctor Montoya, que las virtudes suyas hagan que las nuevas generaciones de hombres y mujeres vivan su libertad con dignidad y respeto a la democracia.

Y que su ejemplo sea leído en sus obras y trabajo literario…

Felicidades y éxitos en su retorno a su tierra…


Este mismo día, después de la presentación de sus libros Cuentos en el exilio y Literatura Infantil - Lenguaje y fantasía, que se efectuó en el auditorio del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, con la participación de su directora Ana María Lema G., el Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia Pastor Mamani Vilca y la escritora María Teresa Lema, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia del Estado Plurinacional de Bolivia, Gonzalo Hurtado, otorgó una plaqueta de distinción a Víctor Montoya, por su valioso aporte intelectual-literario, su identificación con la cusa de los explotados en Bolivia y su lucha por la recuperación de la democracia.

Asimismo, la Central Obrera Departamental de Chuquisaca y la Confederación de Trabajadores Campesinos Originarios hicieron entrega de diplomas de reconocimiento a la prolífica labor de Víctor Montoya en el ámbito de la cultura y la literatura, y su valioso y desinteresado aporte a la causa de las luchas revolucionarias de Bolivia.

El autor de El laberinto del pecado y Cuentos de la mina, conmovido por el reconocimiento a su quehacer literario y su compromiso social, dio muestras de agradecimiento profundo, sobre todo, porque se trataban de instituciones representativas del pueblo las que, a través de sus dirigentes natos, estaban valorando su actividad que por más de tres décadas desarrolló fuera del país, debido a que Víctor Montoya salió al exilio en 1977, declarado como persona no grata y subversivo del orden establecido por la entonces dictadura militar de Hugo Banzer Suárez.

Las condecoraciones y reconocimientos son una muestra de que el pueblo de Bolivia no se queda indiferente ante los triunfos y éxitos que alcanzan algunos de sus ciudadanos gracias a sus esfuerzos y talento que contribuyen decisivamente al desarrollo del país y a los conocimientos de nuestros valores culturales más allá de las fronteras nacionales. Víctor Montoya, en este contexto, es un vivo ejemplo de lo que son capaces de hacer nuestros intelectuales por Bolivia y los bolivianos.

Imágenes:

1. El alcalde Moisés Torres Chivé, el presidente del Concejo Municipal Juan Nacer Villagómez y Víctor Montoya, durante la condecoración en el Salón Rojo de la H. Municipalidad de Sucre.

2. Víctor Montoya, con la plaqueta de reconocimiento del Tribunal Supremo de Justicia de Bolivia, junto a los magistrados Gonzalo Hurtado y Pastor Segundo Mamani.

miércoles, 30 de mayo de 2012



VÍCTOR MONTOYA COMPARTE OBRAS Y VIVENCIAS 
EN SUCRE

El escritor boliviano Víctor Montoya compartió ayer una emotiva velada en la que, al margen de presentar parte de su obra literaria, compartió algunas de sus vivencias personales, su experiencia en el exilio y cómo ese hecho influyó en su actividad creativa.


Montoya, que después de 34 años retorna a Bolivia, luego de haber sido exiliado a Suecia durante la dictadura de Hugo Banzer, ayer fue distinguido como ciudadano ilustre por la Alcaldía de Sucre y, en la noche, en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB), compartió con la audiencia dos de sus libros: Literatura infantil, lenguaje y fantasía y Cuentos en el exilio.


La presentación del primer título estuvo a cargo de María Teresa Lema, quien desarrolló una profunda y lúcida lectura crítica de la obra. Consideró que uno de los aspectos más importantes del trabajo de Montoya es la premisa de respetar al niño como lector, mirándolo no como un adulto en miniatura, sino como un ser pleno, abierto a descubrir nuevos mundos.


Pero el acto, especial por naturaleza, también contó con la presencia del magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, Pastor Mamani, quien fuera su profesor en el colegio 1° de Mayo de Llallagua. Éste manifestó su alegría por el reencuentro con su alumno, a quien recordó como inquieto, inteligente y contestatario frente a las injusticias.


A su turno, el autor hizo una vívida relación de los antecedentes de su obra y cómo las peripecias por las que se vio obligado a atravesar a raíz de su exilio, encontraron en la literatura una suerte de catarsis. Mi obra no es más que el reflejo de lo que a mí me tocó vivir, pero lo que yo viví se convierte en una experiencia colectiva de los miles de compañeros que pasaron por sistemas de persecución, manifestó al conectar su experiencia de tortura con el Plan Cóndor. A raíz de lo vivido, expresó enfáticamente que espera que nunca más haya dictaduras.


La presentación también fue la oportunidad para que el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Gonzalo Hurtado, entregara una plaqueta de reconocimiento a Montoya en reconocimiento a su vida y obra.

Correo del Sur, 29 de mayo de 2012.
Imagen:

Víctor Montoya en el Salón Rojo de la H. Municipalidad de Sucre.


CONFERENCIA EN LA UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA

Víctor Montoya dictó una conferencia magistral en la Universidad Pedagógica de Chuquisaca, la mañana del 29 de mayo del presente año, en torno al tema de La fantasía en la literatura infantil. El auditorio de la Universidad se llenó de alumnos, docentes y escritores interesados por escuchar al narrador boliviano, quien escribió el ensayo teórico: Literatura Infantil. Lenguaje y fantasía, que, tras ser reeditado por el Grupo Editorial Kipus de Cochabamba, en abril del 2012, concitó un interés inusitado entre los lectores de todo el país.

Montoya, además de abordar algunos aspectos de la actual pedagogía nacional, como la Ley de Educación Avelino Siñani-Elizardo Pérez, se refirió al rol esencial que juega la literatura infantil en el proceso del desarrollo lingüístico, emocional e intelectual de los niños y las niñas. Aconsejó también a los profesores incorporarlo como materia dentro del sistema educativo y exhortó a los escritores a tomar muy en serio su papel de creadores y recreadores del mundo fantástico de los pequeños lectores.

Al término de la conferencia, la escritora Marina Ibáñez Ferrufino, presidenta del Comité de Literatura Infantil y Juvenil, filial Sucre, y la presidenta del Club del Libro Jaime Mendoza, le hicieron entrega de un Diploma de Honor, en reconocimiento a su amplia producción literaria y teórica, su permanente actividad de difusión de obras y temas de la literatura boliviana dentro y fuera del país, y por su valioso aporte al estudio de la literatura infantil, como medio privilegiado para que los niños y las niñas desarrollen su fantasía, su lenguaje, su identidad y el conocimiento de otros ámbitos de la vida.

Víctor Montoya fue calurosamente aplaudido por los asistentes a la conferencia, mientras agradecía el reconocimiento de parte de sus colegas, quienes hicieron todo lo posible para que sus actividades se desarrollaran de la mejor manera posible en la capital constitucional de la república de Bolivia.

Imagen:

Víctor Montoya junto a un grupo de escritoras de Literatura Infantil y Juvenil de Sucre.

domingo, 13 de mayo de 2012



VÍCTOR MONTOYA DIRIGE TALLER DE LITERATURA

El Centro Albor -Arte y Cultura-, en coordinación con el Círculo Literario de El Alto, anunciaron el curso en la formación literaria con el escritor Víctor Montoya, considerado uno de los mejores narradores de la moderna literatura boliviana.

El curso destinado a los jóvenes alteños tiene el propósito de fortalecer las iniciativas literarias como la edición de textos en el laboratorio literario, los clubes de lectura y los festivales poéticos que se realizan desde la urbe alteña.

El curso se desarrollará en los ambientes de Albor este sábado y domingo, 12 y 13 de mayo.

El Alto está listo para exportar ideas, sólo nos falta unos toques necesarios para afirmar que en nuestra ciudad existe capacidad intelectual y que a cuatro mil metros es posible producir literatura de alto nivel, sostuvo Willy Flores, director de Albor.

Asimismo, una de las organizadoras del círculo literario, Leticia Guarachi, sostuvo que es un orgullo tener escritores que triunfan en Europa como es el caso de Víctor Montoya y que es un privilegio que deje un legado a los jóvenes escritores bolivianos para seguir sus pasos y que el inicio es precisamente este taller.

Consultados ambos, sobre la importancia para los escritores alteños, de tener este curso, los organizadores manifestaron que el expositor representa a una generación de escritores que vivieron en carne propia el pasaje trágico de las dictaduras, por tanto es un autor comprometido con el arte crítico y principalmente con la sociedad es un escritor que puede a portar a la transformación social.

El curso escritura creativa en poesía y cuento es un espacio para alentar la imaginación de los participantes sin restricción de edad, entre los objetivos está la edición de una antología colectiva como resultado del taller literario. Recordar que Montoya es uno de los embajadores culturales en Suecia y representa a Bolivia en las principales ediciones y encuentros.

Víctor Montoya nació en La Paz en 1958, conoció en su infancia y juventud el mundo minero de las regiones al norte de Potosí, cuya dureza y grandeza reflejaría en su obra narrativa.

Siendo aún niño presenció la Masacre de San Juan, acaecida el 24 de junio de 1967: unidades del ejército abrieron fuego contra mineros, mujeres y niños, causando la muerte de 27 personas en la población minera de Siglo XX.

Por su activismo estudiantil fue perseguido por la dictadura militar de Hugo Banzer a mediados de 1976. Hubo de refugiarse clandestinamente en el interior de una mina y luego en una casa de Oruro, donde acabó siendo detenido junto a dirigentes sindicales.

Fijó su residencia en Estocolmo, donde trabajó en una biblioteca municipal impulsando proyectos culturales, dio clases de quechua y dirigió Talleres de Literatura para los que preparó el libro Cuentos de jóvenes y niños latinoamericanos en Suecia (1985). Posteriormente, siguió sus estudios de pedagogía en el Instituto Superior de Profesores y ejerció la docencia durante varios años. Fundó además las revistas literarias PuertAbierta y Contraluz.

El Diario, La Paz, 11 de mayo de 2012

sábado, 12 de mayo de 2012



EL TÍO Y LA REEDICIÓN DE CUENTOS DE LA MINA

Uno de los libros más representativos del escritor boliviano Víctor Montoya será reeditado dentro de poco por el Grupo Editorial Kipus de Cochabamba. Se trata de una obra que anteriormente fue publicada en Suecia (2000), México (2002) y España (2006).

El libro, desde su primera edición, ha sido reeditado varias veces y traducido a otros idiomas, debido a que los cuentos recrean con destreza narrativa algunos de los aspectos relevantes del mundo andino, teniendo como a protagonista central al Tío de la mina; un personaje de carácter ambiguo, mitad dios y mitad demonio, que no sólo simboliza el sincretismo religioso entre la tradición cristiana de Occidente y el paganismo ancestral de las culturas precolombinas, sino también la síntesis del mestizaje que se originó durante la colonia en América Latina.

Víctor Montoya, que recoge en sus cuentos partes de la tradición oral en torno al mito del Tío, está consciente de que este personaje, debido a sus atributos excepcionales, está destinado a convertirse en una de las figuras más notables de la narrativa minera tanto dentro como fuera de Bolivia.

El autor manifestó en repetidas ocasiones que el Tío de la mina forma parte de su vida y su obra. Es probable que este ser mitológico, a quien los mineros le rinden pleitesía y le tributan hojas de coca, alcohol y cigarrillos, suplicándole que los proteja de los peligros y les provea los mejores filones de estaño, sobreviva no sólo en la memoria colectiva y el imaginario popular, sino también en las obras que testimonian su presencia entre las altas montañas de cordillera andina, como en los Cuentos de la mina de Víctor Montoya.

La reedición de la obra demuestra que existe un interés general por conocer los mitos, las leyendas y tradiciones provenientes del ámbito minero, donde se proletarizaron los indígenas de origen quechua y aymara una vez que Simón I. Patiño descubrió  la veta de estaño más grande del mundo a finales del siglo XIX.  

Cuentos de la mina, cuya reedición será presentada en la Casa de la Moneda de Potosí, a mediados del mes de junio, es uno de los libros en el que mejor se retrata al Tío, porque está exento del realismo social, tan manido en la literatura minera, y porque rescata el realismo fantástico que está presente en los socavones y campamentos mineros, donde casi todas las familias viven y conviven con el Tío de la mina, como si se tratara del único amo y señor de las riquezas minerales.

No cabe duda que Víctor Montoya encontró en el Tío de la mina a su mejor aliado y, al mismo tiempo, a su mejor personaje hecho de realidad y fantasía, ya que esta deidad de la cosmovisión andina es asombro y maravilla, pero, sobre todo, una criatura que nace de la imaginación popular para trocarse en literatura pura. Nuestros parabienes para el autor de esta excelente obra que, una vez más, estará a disposición de los lectores ávidos por conocer el mundo secreto de la mina y sus asuntos.