martes, 19 de mayo de 2026

EL TÍO DE LA MINA Y SU ESCRIBANO

Ya les conté de cómo se dio mi encuentro con Freddy Mamani Mamani, el administrador del estudio de tatuajes en La Ceja de El Alto, donde conocí también a Dark y Dayko Requena, el autor de la fabulosa estatuilla del Tío, que ahora forma parte de mi colección particular.

Freddy es un personaje de nobles dotes y parco en las palabras, un diseñador gráfico de primera línea, aunque nunca pisó una Academia de Bellas Artes ni nunca expuso sus obras en las paredes de una galería, debido a que las creaciones nacidas de su ingenio se quedan tatuadas, de por vida y sin mediar objeciones, en la piel de sus clientes.

Apenas advertí su talento innato, me animé a insinuarle si sería capaz de dibujar o pintar un Tío de la mina. Me gusta la idea, dijo. Luego prosiguió: Lo intentaré. Y así lo hizo. Al cabo de un tiempo, cuando pasé a visitarlo en su estudio, me enseñó el boceto que realizó, dejándome gratamente sorprendido. Se trataba de un maravilloso trabajo de arte, donde yo aparecía como la criatura del Tío, quien me cargaba a sus espaldas en un colorido aguayo. Esta pintura digital te salió a todo dar, le dije, con el corazón latiéndome de hondo regocijo. Lograste captar, a la perfección y sin resquicios para la duda, la idea de que soy el verdadero escribano del Tío. En efecto, era cuestión de contemplar la pintura para advertir que el artista plástico tenía sobrada experiencia en los andares del diseño gráfico hecho con la pasión que demanda el oficio de poner el dedo en el gatillo y pegar el tiro en el blanco, sin pensar dos veces ni fallar un milímetro en el dominio del pulso.

Días más tarde, cuando me mostró en su celular la pintura terminada, me dije para mis adentros: ¡Qué maravilla, carajo! Qué aguayo más hermoso aunque envejecido por el uso y el paso del tiempo que eligió el Tío para cargarme, como si fuese una madre que adora a su criatura con todas las fuerzas de su corazón. La pintura, tal como quedó y tal como ustedes la contemplan, lleva la impronta del artista, donde se proyecta un estilo personal, original y de alto valor estético. No hizo falta que utilizara lienzos, paletas, pinturas, pinceles y brochas de costosa procedencia. Bastó con su imaginación para crear esta imagen casi surrealista, que habla por sí misma y donde cualquier explicación queda al margen de toda consideración explícita.

No sé exactamente qué técnicas de la pintura digital utilizó Freddy Mamani Mamani, pero sí sé que se esmeró en la creación de esta magnífica obra, conforme pudiera alcanzar un resultado concreto que superara sus propias expectativas como diseñador de tatuajes de asombrosa calidad estética.

El aguayo, en el que me carga el Tío, es un tejido andino tradicional hecho con ovillos de lana de llama, oveja o alpaca. No parece estar elaborado en máquina tejedora, sino por las diestras manos de las mujeres del altiplano, que aprendieron de sus antepasados a conservar la cultura ancestral por medio de este telar de  pampa sawa (de suelo), donde se refleja la identidad y la cosmovisión de los quechuas y aymaras, cuya historia milenaria está expresada en este tipo de aguayos de colores vivos y diseños geométricos, que parecen los plumajes multicolores de un ave tropical, simbolizando el universo mágico y, a veces, secreto de los habitantes del antiguo Tawantinsuyo.

El Tío, que conoce desde siempre esta belleza textil, no tuvo mejor idea que cargarme a las espaldas, quizás, por ser su legítimo escribano, o, quizás, porque quería tenerme en las galerías de los dantescos socavones, donde está su reino y donde soy su convidado especial; un privilegio que me lo gané a pulso desde que escribí los primeros cuentos que él me sopló en los oídos, a partir de su larga vida como amo y señor de los mineros, un testimonio personal que quedará escrito en los anales de la historia, como si fuese la mismísima Biblia del Diablo.

Freddy Mamani Mamani, excelente artista de los trazos y colores, no dudó en retratarme como una guagua raptada por el Supay (diablo) andino, que luce el guardatojo atravesado por sus cuernos, la indumentaria a la usanza de los cooperativistas mineros y un semblante que genera espanto como todo personaje de cola y patas de macho cabrío, que habitan en el subsuelo y es dueño de las riquezas minerales. Se lo ve como si huyera de la luz del día, volteando la mirada pícara y penetrante hacia lo que va quedando atrás, para luego meterse, chapoteando en las aguas de copajira, en el desmesurado bostezo de la montaña, donde no existe otra iluminación que la mortecina luz de la lámpara enganchada al guardatojo.

El Tío, con el cigarrillo encendido entre los dientes, la infaltable bolsa de coca y la botella de alcohol, me lleva a cuestas como un q’epiri (cargador), como si de veras me raptara por puro gusto y capricho, con la intención de tenerme como rehén en algún recóndito lugar de su paraje, donde los mineros pijchan, ofrendándole hojas de coca, cigarrillos y botellas de aguardiente, sin importarle mucho si su escribano se sentirá bien o mal en medio del silencio y la impenetrable oscuridad de las galerías, parajes, buzones y chimeneas

Sea como fuere, en mi condición de escribano del Tío, tengo la cabeza ladeada, la cabellera canosa, la barba plateada y los ojos entornados, como si cavilara en las aventuras y desventuras del personaje central de la mitología mineras, mientras se me caen los libros de la mano, que, en realidad, son más los libros del Tío que de este humilde servidor, quien, para bien o para mal, parece un pobre diablo.

El Tío, con decisión incuestionable y fuerza indomable, y según la interpretación del artista, prefiere llevarse a su escribano en el aguayo y no en la calcuta o q’epirina, la bolsa de lona que los mineros cargan a la espalda para llevar algunos elementos necesarios para la jornada, como dinamitas, guías con capsulas de percusión, hojas de coca, cigarrillos y hasta una botella de té o aguardiente, para pijchar y ch’allar en el paraje del Tío.

Es de suponer que el Tío dobló el aguayo cuadrado en forma de triángulo, me colocó con la espalda apoyada en la parte doblada, hizo pasar la punta inferior del triángulo entre mis piernas, a modo de crear un asiento firme y seguro. Luego agarró las otras puntas y, aventando el aguayo por encima de sus robustos hombros, me acomodó en su espalda, anudando las esquinas a la altura de su pecho. Como se ve en esta pintura, quedé acomodado de manera ergonómica para evitar cualquier dolor, con la cabeza fuera del aguayo, pero con el cuerpo pegadito contra las espaldas del Tío.

Freddy Mamani Mamani, como todo artista profesional, entregado a merced de su fantasía, jugó con la técnica de capas superpuestas, comenzando con tonos suaves y claros, para culminar en los tonos oscuros para crear volúmenes, sin más recursos que las herramientas puestas a disposición de cualquiera por las nuevas tecnologías digitales.

Esta innovadora técnica artística, a pesar de estar realizada en miniatura, está lejos de los graffitis y murales monumentales. El artista prefirió plasmar la obra de su creación en formato pequeño, no porque le faltó más superficie en la pantalla de la computadora, sino porque así se vería mejor incluso en un celular que apenas cabe en la palma de la mano.

En la pintura digital destacan tonos luminosos y semitransparentes, además de las formas y líneas que revelan el fuero interno de un artista que posee el espíritu altamente sensible y la pericia de un maestro que aprendió a dominar su oficio desde la adolescencia; por eso mismo, este arte visual resultó a la medida de la capacidad creativa de Freddy Mamani Mamani, digno de ser exhibido en la portada de un libro o en una galería de arte, donde los espectadores pudieran penetrar con la mirada en la imagen y dejarse llevar en los vuelos de la imaginación hacia el mundo mágico y fantástico del Tío y su escribano.

viernes, 8 de mayo de 2026

 

UNA ENTREVISTA INÉDITA EN BOLIVIA

Publicamos una entrevista con el escritor Víctor Montoya, que nunca se leyó en Bolivia. El periodista Mauricio Aira, en febrero de 2003, le contactó a Montoya para aborda algunos temas relacionados con la literatura boliviana y latinoamericana. Después de muchos años, reproducimos la entrevista por ser de interés general.

Leyendo a Montoya

Por Mauricio Aira

Es que Víctor Montoya no ha dejado de producir, con una constancia digna de encomio y quitándole tiempo al tiempo, ha sido capaz de mantenerse actualizado, hurtándole al exilio su intención de condenar al hombre al ostracismo, al olvido, para que pierda sus lectores y eventualmente a sus seguidores, restándole la capacidad de influir en la formación de la opinión pública. Víctor Montoya en la entrevista que sigue nos refiere parte de su biografía o historia de vida, ciertos detalles sobre su trabajo literario y los escenarios a los que llega con su producción. Sobran las palabras para ponderar un digno esfuerzo por mantener con vida las letras bolivianas en la gélida planicie donde nos toca vivir a muchos miles de kilómetros de la añorada Patria que, sin embargo, está siempre presente en sus recuerdos, en sus visiones de cada día.

¿En los 20 años de tu producción literaria, cuántos volúmenes y qué títulos han salido a luz?

No son muchos, pero sí lo suficientes como para contar con los dedos de la mano. Mi primer libro, que es una obra testimonial de la represión, la tortura y la cárcel durante la dictadura militar de Hugo Banzer, se publicó en 1979, en una pequeña editorial de Estocolmo. Desde entonces han salido a luz: "Días y noches de angustia", que obtuvo el premio nacional de cuento otorgado por la Universidad Técnica de Oruro, en 1984, "Cuentos violentos" (1991), "El laberinto del pecado" (1993), "El eco de la conciencia" (1994), "Antología del cuento latinoamericano en Suecia" (1995), "Palabra encendida" (1996), "El niño en el cuento boliviano" (1999), "Cuentos de la mina" (2000), "Entre tumbas y pesadilla" (2002) y "Fugas y socavones" (2002).

Si tuvieras que escoger la más querida, ¿cuál y por qué sería esta obra?

Pienso que un escritor, como todos los padres, prefiere a todos sus hijos. Pero de elegir alguno o algunos, como en este caso, diría que están entre la novela "El laberinto del pecado" y los tres últimos libros de cuentos, porque en ellos se reflejan mis ángeles y demonios, las experiencias de mi vida y las ocurrencias de mi fantasía. Además, porque abordan los temas de la persecución política, las creencias mineras y las pesadillas del exilio. Se tratan de libros que, aparte de las consideraciones positivas de la crítica, han sido bien recibidos por los lectores.

¿Y la más difundida?

Es el libro de ensayos y los volúmenes de cuentos, y no solo porque se leyeron en forma de libros, sino también como textos sueltos. Se han reproducido en varios países, tanto en periódicos como en revistas especializadas, algunos cuentos incluso han sido traducidos a otros idiomas y publicados en antologías.

¿Cómo se lleva la difusión de tus obras en Bolivia? ¿Estás contento?

Mis libros, aunque se han publicado en su gran mayoría en Suecia, se difunden en varios países hispanoamericanos. En Bolivia se distribuyen a través de la editorial ”Los Amigos del Libro” y por otros medios particulares. Claro que de haber sido lanzados por una editorial comercial, que cuenta con un gran respaldo económico y publicitario, se hubiesen difundido más y, como es natural, yo hubiese estado mucho más contento. Pero no me quejo, a pesar no haber retornado a Bolivia desde cuando salí al exilio en 1977, mi obra es conocida en los círculos literarios del país.

¿Entiendo que alguno de tus libros se convirtió en texto escolar, te reporta algún beneficio concreto?

Sé que algunos de mis textos, sobre todo los de carácter pedagógico, se leen como material de estudio en algunas universidades y colegios. Pero nunca se me ha pedido autorización ni he recibido beneficio alguno. Mis textos, debido a mi ausencia, no han sido considerados por la famosa Reforma Educativa. Es una pena, pero esa es la realidad. Tampoco vivo con la ilusión de que algún día, cuando retorne, las instituciones pertinentes me estén esperando con el cheque en la mano, pues ese país es tan pobre, que ni siquiera permite que todos los niños asistan a la escuela.

Sabemos de tu viaje a China. ¿Qué ámbitos culturales alcanzó?

Mi viaje a China se debió a una conferencia sobre literatura minera boliviana que debía dictar en la Universidad de Pekín. Ahí nació el interés por traducir parte de mi obra. El trabajo quedó a cargo del profesor Ding Wen Lin, decano de la facultad de idioma español y literatura hispanoamericana, quien es el responsable directo de las traducciones. El trabajo está listo y está a la espera de su publicación, que se ha demorado un poco debido a algunos inconvenientes, entre otros, a la censura oficial que prohíbe la traducción y publicación de obras que tienen alusiones eróticas, como ocurre en varios de mis textos que, de haber dado mi visto bueno, corrían el riesgo de haber sido mutilados o procesados por la censura.

¿Existe interés por la literatura latinoamericana y por qué?

En China, aunque parezca extraño, existe un gran interés no solo por la literatura latinoamericana, sino por la suerte de nuestro continente. Por razones de expansión cultural y política, desde la llamada "revolución cultural", el gobierno ha incentivado en colegios y universidades el aprendizaje del idioma español. En la actualidad, la facultad de lenguas romances es una de las más grandes en la Universidad de Pekín. Hay mucho interés de parte de los chinos por mantener una relación más fluida y estrecha con el continente latinoamericano, que en su visión sigue siendo un mundo remoto y extraño.

¿Piensas continuar difundiendo en el medio chino?

Siempre que se me ofrezcan las posibilidades editoriales, puesto que se trata de un país donde la literatura boliviana apenas se conoce por referencias. No hay obras traducidas, salvo la novela "El metal del diablo", de Augusto Céspedes, y catorce poesías que forman parte de un libro bilingüe titulado "Antología de poesía latinoamericana", donde figuran Jaimes Freyre, Tamayo, Reynolds, Cerruto, Suárez, Saenz, Camargo y Urzagasti, entre otros.

¿Qué satisfacciones te ha producido tu viaje a México?

Varias satisfacciones, tanto en lo personal como en lo profesional. México es un enorme abanico donde se confunde lo real con lo fantástico. Es, como decía André Breton, una país surrealista, lleno de contrastes por donde se lo mire. Yo tuve la satisfacción de estar por segunda vez en Ciudad de México. La primera vez fui en calidad de estudiantes en 1984 y ahora en calidad de escritor. Aprendí y gocé mucho, como suele ocurrir en estos viajes que se viven con intensidad y desmesura desde todo punto de vista. Con decirte que, de haber tenido la posibilidad, hubiera elegido México como país de refugio, te lo digo todo. Además, cabe recordar que los bolivianos nos reconocemos mucho en México, puesto que durante decenios hemos tenido grandes influencias de su cultura a través del cine, la música y la literatura.

¿Pudiste cumplir un programa a la altura de tus expectativas?

Sí, mi viaje obedeció a dos razones fundamentales. Por una parte, asistí en representación de Bolivia a la Tercera Conferencia Regional del PEN-Club (Asociación Mundial de Escritores), que se realizó en San Miguel de Allende, para tratar el tema de la libertad de expresión y los derechos del autor; y, por otra, fui a cumplir con una invitación que me extendió la Casa del Libro de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde dicté una conferencia sobre literatura boliviana y presenté mi libro "Fugas y socavones", que en esos días apareció bajo el sello de la editorial mexicana Ficticia. Aproveché también mi estadía para visitar las pirámides de Teotihuacán, el museo antropológico, el museo de León Trotsky, Diego Rivera y Frida Kalho. Cumplí con un programa apretado pero provechoso. Ah, también tuve la satisfacción de compartir momentos inolvidables con algunos amigos entrañables como Coco Manto, Mario Miranda Pacheco, Rodolfo Saavedra, Gonzalo Torrico y Carlos Vargas, entre otros.

¿Cuáles son las diferencias entre la literatura mexicana y la boliviana?

Considero que cada literatura, como cada país, tiene sus propias peculiaridades. Empero, entre la literatura mexicana y boliviana existen más similitudes que diferencias, debido a que provenimos de un mismo pasado histórico y de una misma tradición literaria, que en idioma español se inicia a partir el descubrimiento de América y el sometimiento de las culturas precolombinas. Asimismo, no es casual que varios de los escritores bolivianos hayan escrito, consciente o inconscientemente, bajo las influencias de autores como Azuela, Rulfo, Paz o Fuentes. Si bien es cierto que los mexicanos carecen de una literatura minera, a diferencia de lo que ocurre en Bolivia, es cierto también que cuentan con obras de ambiente rural, que son análogas a nuestra literatura de carácter indigenista. Otra cosa que llama la atención es el hecho de que si en México se recreó literariamente los episodios de la revolución de 1910, en Bolivia no existe una sola obra que tenga como eje temático la revolución nacionalista de 1952. Salvo estas y otras diferencias, considero que, de modo general, tanto los mexicanos como los bolivianos compartimos una misma tradición literaria.

Hablar de otras obras y de otros autores siempre es difícil, ¿pero cuáles son en la hora presente los autores bolivianos más difundidos?

Debo confesar que no tengo problemas de hablar positivamente de las obras y los autores bolivianos, porque hace tiempo ya que me liberé de ese horrible pecado humano que es la envidia, quizás porque vivo fuera de Bolivia y porque no tengo la mínima intención de quitarle el espacio a nadie. Una prueba de lo que afirmo es el hecho de que, además de pensar en mi propia obra, pienso en la obra de otros autores. Ahí están las antologías que elaboré con la obra de autores bolivianos y latinoamericanos. No creo en el "sálvese quien pueda", sino en el "salvémonos todos", dándonos la mano el uno al otro. Con todo, debo reconocer que en la actualidad son varios los escritores bolivianos que se van abriendo espacios cada vez mayores en el mercado internacional del libro, debido, en parte, a los certámenes literarios respaldados por el Estado y las iniciativas privadas, como son el Premio Nacional de Novela, el Premio de Poesía ”Yolanda Bedregal”, el incremento de nuevas casas editoriales y, sobre todo, la buena y oportuna intención de difundir la literatura boliviana más allá de nuestras fronteras.

¿Puedes citar algunas obras que te hubieran impactado y por qué?

En el contexto boliviano creo que ninguno en particular, aparte de alguna novela y algunos cuentos que, por razones más personales que literarias, han calado hondo en mi sensibilidad o subjetividad de lector. Por ejemplo, el relato "Tempestad en la cordillera", de Guevara Arce, quien, sin ser un escritor de profesión, tuvo el acierto de describir la majestuosidad del altiplano y la tragedia de los protagonistas con una prosa llana e impactante. Ahora, sin lugar a duda, hay varias obras de mi preferencia y que muy bien podrían parangonarse con lo mejor de la literatura latinoamericana. Ahí tenemos: ”Juan de la Rosa”, ”Raza de Bronce”, ”El metal del diablo”, ”Los fundadores del alba”, ”Felipe Delgado”, ”En el país del silencio”, solo por citar algunos que ahora tengo en mente.

Los escritores más galardonados son Paz Soldán y Eduardo Mitre. ¿Los conoces personalmente?, ¿conoces sus obras?

No los conozco personalmente, pero he leído sus obras. Es un avance para la literatura boliviana que estos escritores, junto a otros, estén ayudando a consolidar nuestras letras en el ámbito de la literatura latinoamericana. Con respecto a los premios o galardones, debo decirte que es un asunto muy relativo. Obtener un premio nacional o internacional no es una garantía para que el autor sea más leído o conocido. Esto ha pasado incluso con varios premios Nobel de Literatura, de cuyos nombres y obras nadie se acuerda, a diferencia de lo que pasa con otros escritores que, sin haber recibido premio alguno, están más vivos que nunca, como Cervantes, Tolstoi, Kafka, Proust, Yoyce, Borges, Vallejo, Rulfo, Cortázar, Saenz y un largo etcétera. Ahora bien, en un país como Bolivia, donde no se lee mucho y menos a los autores nacionales, hace falta, y es hasta saludable, que alguien se atribuya los méritos de ser el más leído y conocido internacionalmente. Pero, como digo, las celebridades, a veces prefabricadas por la mercadotecnia, tienen mucho más que ver con las modas pasajeras y el afán de ganar dinero, que con las virtudes reales del autor o la calidad de su obra. En estos casos, como en muchos otros, más vale la pena dejar hablar al tiempo.

¿Qué es de los clásicos bolivianos, todavía se leen?

Sin duda alguna, se leen porque son los padres de la moderna literatura boliviana. No se los puede echar a la basura, so pretexto de que han pasado de moda. Más de un escritor de la "nueva ola", con la arrogancia propia de los jóvenes y principiantes, ha manifestado en más de una ocasión que eso de escribir sobre la realidad del campo o las minas es una pérdida de tiempo, como diciendo que escribir sobre las discotecas de moda, la pichicata, las hijitas de papá y las innovaciones de la cibernética son temas más afines a la realidad boliviana. Da la impresión de que estos escritores viven fuera de su entorno social, soñando en que se puede hacer literatura boliviana con temas ajenos y lenguajes prestados al contexto nacional. Tampoco comparto la opinión de quienes creen que es lo mismo escribir sobre el filamento de un foco, que sobre la realidad dramática de los hambrientos y marginados del mundo. Más todavía, no creo en la literatura comercial, sino en aquella que circula de boca en boca y de mano en mano.

¿Existe algún movimiento popular para incentivar la lectura en Bolivia?

Sí, conozco algunos que, a nivel de ONGs e instituciones educativas, están incentivando la lectura sobre todo entre los niños y jóvenes. En Cochabamba, por ejemplo, sé que el Centro Portales cumple esta función, lo mismo que el proyecto "T'huruchapitas", dirigida por la escritora Gaby Vallejo. Sin embargo, pienso que debería de ser un deber del gobierno la promoción de la lectura a escala nacional. Pero, así como están las cosas, es cada vez mayor la deserción escolar y existe el riesgo de que se multipliquen los analfabetos funcionales.

¿La Sociedad de Escritores, funciona?

Tengo entendido que la Sociedad de Escritores Bolivianos ha funcionando, sin recursos ni sede propia, desde 1984. No hace mucho que eligieron a su nuevo directorio, presidido por Eusebio Gironda y Mariano Baptista Gumucio. Es una organización amplia de la cual tengo el honor de ser uno de sus representantes en Europa. Tiene planteado un proyecto que engloba aspectos como el incentivo de actividades culturales con la juventud, la participación más activa a nivel internacional, la creación de un premio nacional de Ensayo y un registro de la bibliografía de los autores. Espero, pues, que todo lo acordado en su última reunión no se quede, como tantas veces, en puras palabras y buenas intenciones, justo ahora que necesitamos anudar lazos para oponernos, desde la palabra escrita, contra la llamada globalización cultural, que pone en peligro nuestra identidad cultural como nación.

Gotemburgo, Suecia, febrero de 2003

Mauricio Aira, periodista boliviano radicado en Suecia.

lunes, 4 de mayo de 2026

MICROTEXTOS XIII

El surfista de novelas negras

El lector aficionado a las novelas negras debe tener siempre una tabla de salvación. Si la ola de novelas de crimen ponen en jaque su vida, el surfista debe asirse a la tabla de salvación y surfear, surfear y surfear sobre la cresta de las novelas negras, para que no lo alcancen los disparos que salen de las páginas como una lluvia de afiladas estrellas en un combate entre samuráis.

Releer

Algunos lectores, a contrapelo de la abundante oferta editorial, se ocupan más de releer que de leer, salvo que para releer se necesita haber leído, una y otra vez, el mismo libro que se releerá por enésima vez.

Hijos del alma

Los libros son como los hijos inmortales del alma, sobre todo, si se tratan de auténticas autobiografías, donde el fuero interno se plasma en letras de molde, dejando traslucir los pensamientos y sentimientos de quien se refleja de cuerpo entero en una suerte de espejo, donde las imágenes e ideas quedan perpetuadas para siempre.

Metáfora

La metáfora dice mucho en pocas palabras, como esa que se repite en todas las lenguas: Echaré la casa por la ventana; metáfora de la que nacieron muchas otras como las correas nacen del mismo cuero.

Cambio de grafía     

En un texto, en verso o en prosa, un error de tipografía puede cambiar el significado de una frase, como cuando se cambia el grafema V por la F. Por cuanto escribir: En el inVierno hace frío, no es lo mismo que escribir: En el inFierno hace frío.

Género literario para la inmensa minoría

La poesía, en su condición de arte mayor entre las letras, es el género más brillante de la literatura, el que más cultores y aficionados tiene en el mundo. No obstante, aun siendo uno de los géneros literarios más extendidos, es uno de los menos leídos y valorados por la vorágine comercial, casi siempre impuesta por las leyes de la oferta y la demanda del mercantilismo editorial. Quizás por eso, a diferencia de los lectores militantes de la prosa, Juan Ramón Jiménez no dudó en aseverar que la belleza de la poesía solo estaba dirigida a la inmensa minoría.

Albor

El Centro de Arte y Cultura Albor es el teatro de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano.

La Feria del Libro de los libreros

La gran fiesta de los libreros está en la Feria del Libro, donde se dan cita las letras del mundo, con la finalidad de encantar a los apasionados de la literatura.

En la Feria del Libro, los lectores encuentran libros grandes y libros pequeños, libros gruesos y libros delgados, libros en colores y libros en blanco y negro, libros para los enamorados de la lectura, libros para estimular la inteligencia de los intelectuales y libros para cultivar el hábito de la lectura de los niños, jóvenes y adultos.

La Feria del Libro de los libreros es un ponderable evento festivo, que tiende puentes entre los escritores y los amantes de los libros, esos maravillosos objetos hechos de papel, tinta y letras, que son una suerte de cajitas mágicas, donde están encerrados los tesoros creados por los escritores de todos los tiempos, países y culturas.

La Feria del Libro de los libreros es fiesta, feria, fiesta…