martes, 21 de julio de 2026

 

MICROTEXTOS XVI

Amar con el corazón

El amor no es asunto del corazón, sino del cerebro. Las sensaciones del amor se procesan en el cerebro, donde se liberan químicos como dopamina, oxitocina y endorfina, generando placer y apego hacia el sexo contrario.

El corazón no recibe las sensaciones del amor, sino la sangre oxigenada de los pulmones, para luego suministrar, a través del sistema cardiovascular, a los órganos y tejidos del cuerpo; en tanto el cerebro, que actúa como el centro de mando y motor principal del cuerpo, tiene por función procesar los pensamientos y sentimientos del amor.

Lo cierto es que, lejos de toda explicación científica, la reacción física del amor se siente en el pecho, como burbujas de una gaseosa y como mariposas revoloteando en el estómago, a pesar de que una persona no ama con el corazón sino con la cabeza. Amar con el corazón es una simple metáfora, como cuando se dice que en el cielo está el reino de Dios.

Inmenso amor

Toda vez que repito tu nombre, se me anuda la lengua, como cada vez que te miro, se me derraman los ojos. ¿Acaso no te das cuenta que, cuando me hablas con pasión, respiro tu tibio aliento, teniéndote metida en mi corazón como te tengo metida en mis pensamientos?

Siento tu amor en el modo de hacer eso. Solo yo sé cómo se siente cada vez que estás conmigo, recostada sobre un manto de estrellas y un cielo raso desnudo como la luna, cobijándonos cual confidente amiga y escondiendo nuestros secretos que, más que secretos, son pruebas diáfanas de nuestro inmenso amor.

Estar contigo es sentir un mar de felicidad y estar lejos es como estar sumido en una impenetrable oscuridad. Ojalá que tu mirada iluminara siempre nuestros senderos y muestras vidas, que tienen más vida cada vez que nos fundimos en el fuego de nuestros cuerpos.

El amante

Abrió la puerta con la misma llave que ella le entregó, cogió la manilla y la empujé hacia adentro, franqueó el dintel y se enfrentó al rostro del amante de su mujer, quien estaba parado cerca, como a punto de abrir la puerta desde el otro lado. Penetró barriendo el helado aire y él se hizo a un lado, luego el amante cerró la puerta y se volvió como empujado por el viento, que le sopló en el rostro como anunciándole una inminente tragedia.

Ella estaba todavía tendida en la cama, desnuda y arreglándose los mechones. Al ver a su marido, se puso de pie, se cubrió los senos con los brazos y entornó los ojos como si nada hubiese pasado.

–¿Así que me engañabas? –preguntó con un soplo de desaliento.

–Así es –contestó ella–. Te engañaba porque tú nunca estabas en casa.

Él sacó el revólver del cinto y le plantó dos tiros en el pecho.

–¡Qué has hecho! –gritó el amante.

El marido de la mujer le apuntó con el revólver y, con los ojos empañados por las lágrimas y exhalando un profundo suspiro, le dijo:

–Tú no has visto nada, así que desaparece y no vuelvas a cruzarte en mi camino.

El amante abrió la puerta, ganó la calle y, mientras caminaba con rumbo desconocido, escuchó otros dos disparos en la vivienda que él frecuentaba cada día.

Una pareja perfecta

La mujer, siempre que hablaba con su esposo, hablaba en voz alta y hasta chillando, le reprochaba por todo y por nada; en cambio él hacía todo lo que se le venía en gana, galanteaba con cuanta mujer encontraba y hasta la engañaba sin que se diera cuenta. A pesar de todo, de puertas para afuera, parecían una pareja perfecta. Él era sordo y ella era ciega.  

El túnel

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Así comienza el primer capítulo de la novela El túnel, de Ernesto Sábato, que no es otra cosa que una poderosa confesión convertida en una metáfora existencial que simboliza la soledad absoluta. Juan Pablo Castel es el feminicida que comete un crimen pasional por amor obsesivo, celos enfermizos y que, por vivir de espaldas al mundo y la mente perdida en un túnel sin salida, es víctima de sus bajos instintos y pasiones destructivas, que desenlazan en el asesinato de la mujer amada, la locura y la tragedia sin retorno ni perdón.

Ritual mañanero

La gringa, cuya belleza tenía más fulgores que todas las luces del universo, era una mujer liberada de los prejuicios y las ataduras sexuales; por eso mismo, todas las mañanas, al salir a su exuberante jardín, se acercaba al palomar y, mirando a los curiosos que la observaban desde sus balcones, saludaba a la fresca madrugada con todos los poros de la piel y respiraba a todo pulmón. Después dejaba escapar de su mano una paloma blanca y de su blanca bata una blanca teta, aureolada por un pezón rosado, propio de las mujeres que superan el rubio platinado. Volvía a entrar en el dormitorio, cerraba las cortinas de la ventana y no volvía a aparecer en el jardín hasta el día siguiente, a la misma hora en que los curiosos acudían a sus balcones para verla repetir su ritual mañanero entre una bandada de palomas que revoloteaban alrededor y una explosión de flores que exaltaban su belleza. 

La cama

La cama es el territorio más libre de la vida, donde el acto sexual adquiere dimensiones sacramentales, como en el rito hindú, donde tanto el hombre como la mujer, antes de acostarse, deben bañar cuidadosamente sus intimidades, limpiarse los dientes, aplicarse una cantidad limitada de ungüentos y perfumes.

Luego acostarse en la cama, predispuestos a someterse a las llamas del amor, trenzarse con brazos y piernas, devorarse a besos, acariciarse las concavidades del cuerpo y estallar en vibrantes sensaciones, hasta fundirse en una entrega total, practicando el estilo 69, con el cunnilingus y la felación, que es una variante sexual en la que cada uno puede estimular, con labios y lengua, los órganos genitales de la pareja. Luego entregarse a las pasiones carnales sin ninguna inhibición ni ataduras morales, abriéndose a un paraíso de prácticas eróticas, desde la postura del “misionero”, hasta la postura del perrito, cuando la mujer se pone de cuatro y el hombre la embiste por atrás.

Siempre es mejor practicar el amor en la cama, con sábanas o sin ellas, porque la cama, sin importar el material del que esté fabricada, el precio, la forma y el tamaño, es el único escenario donde los enamorados pueden alcanzar las estrellas con las manos y el clímax con la imaginación.

Los besos

Si el hombre logra hacer un nudo con el tallo de la cereza, solo con la lengua y sin tocarlo con las manos, significa que sabe besar como un amante perfecto; lo mismo que la mujer que puede comer una salteña jugosa, sin derramar una sola gota del jigote, sabe besar como succionando un chupete de cerezas.

El amor

En una discusión de pareja, la mujer le recriminó a su esposo, diciéndole que él no le mostraba su amor ni en sus gestos ni en sus acciones. A lo que él, postrándose de rodillas y besándole la mano, le replicó: El amor se siente, pero no se ve, mi amor, porque lo esencial es invisible a los ojos, como afirmó el zorro, en El principito, la obra clásica de Antoine de Saint-Exupéry.

miércoles, 15 de julio de 2026

NUEVO LIBRO DE VÍCTOR MONTOYA

Subterránea Editores acaba de publicar el libro Erotismo a flor de piel, del escritor Víctor Montoya; un volumen de cuentos y relatos de tendencia erótica, que muestra una nueva vertiente en la extensa y prolífica creación literaria del autor boliviano, quien ha cultivado la narrativa erótica desde hace tiempo, como una forma de transgredir los tabúes sexuales y los prejuicios sociales en el seno de una colectividad relativamente conservadora.

El libro está a la venta en Librería Subterráneo de la ciudad de La Paz, edificio Torres Ferrara Of. 7, Avenida 6 de Agosto N° 556.

domingo, 12 de julio de 2026

 

LECTURA EN MOVIMIENTO EN LOS BUSES PUMAKATARI

El escritor Víctor Montoya, el viernes 10 de julio y dentro del marco de las Fiestas Julias, fue invitado a participar en la inauguración de Tu Puma Lee; un proyecto impulsado por La Paz Bus PumaKatari y el Gobierno Autónomo Municipal de la Ciudad Maravilla. El acto se llevó a cabo en Plaza Camacho.

Víctor Montoya, en su condición de escritor paceño, manifestó que la lectura en movimiento y la existencia de bibliotecas itinerantes en los buses PumaKatari, son excelentes iniciativas para que los usuarios pueden acceder a materiales con textos breves, para una lectura breve, mientras viajan en los buses, donde, por otra parte, se tiene previsto crear cápsulas o cabinas de lectura para niños y adolescentes, con el objetivo de desarrollar actividades como Te Cuento un Cuento.

Promover el hábito de la lectura en los estudiantes y población en general, dentro de los buses PumaKatari, es una forma efectiva de acercar a los lectores y escritores en un ámbito poco habitual en Bolivia. Asimismo, esta iniciativa, loable desde todo punto de vista, es una forma de promocionar y difundir la literatura de los autores nacionales.

La idea de la lectura en movimiento no es reemplazar el celular por el libro, revista o periódico, sino la de proporcionar herramientas para que los ciudadanos se acerquen a la lectura de los libros en soporte de papel. Actualmente, las personas -niños, jóvenes y adultos-, que se movilizan en los buses PumaKatari, lo primero que hacen es sentarse y luego sacar el celular.

El proyecto Tu Puma Lee tiene el interés de impulsar el hábito de la lectura, entregando textos de lectura a los pasajeros del PumaKatari, para que lean mientras aguardan la partida del bus municipal y mientras se desplazan hacia su destino, de una parada a otra.

El objetivo central de Tu Puma Lee, en opinión del escritor paceño, es que los ciudadanos no pierdan el gusto por la lectura de un libro en soporte de papel que, además de su forma y contenido, puede proporcionar otras sensaciones como el olor de la tinta y del papel, que están ausentes en los libros digitales o electrónicos.

Víctor Montoya recordó que no faltan las propuestas para programar actividades de lectura en fechas específicas, como el Día Plurinacional de la Lectura (5 de septiembre, recordando el natalicio del poeta y narrador tarijeño Óscar Alfaro), el Día Internacional del libro Infantil y Juvenil (2 de abril, en homenaje al natalicio del escritor danés Hans Christian Andersen), el Día Mundial del Libro y del  Derechos de Autor (23 de abril, en homenaje al fallecimiento de grandes figuras de la literatura universal, como Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, entre otros.). Y, por qué no, programar actividades literarias en homenaje a los destacados escritores paceños.   

miércoles, 8 de julio de 2026

EL TÍO VESTIDO DE DIABLO

El día que me enteré que José García, miembro del elenco de teatro Albor, realizaba accesorios para los danzarines de la fiesta de la Virgen del Carmen en la ciudad de El Alto, no dejé de preguntarle si acaso me lo podía hacer una estatuilla del Tío de la mina. Él me comentó que su trabajo artesanal lo realizaba junto a su esposa, a quien la conoció en el mismo Centro de Arte y Cultura Albor.

Mientras caminábamos por la Avenida Antofagasta y conversábamos sobre su trabajo como artesano, me confesó que tenía un manojo de cuentos a la espera de su publicación. No edité hasta ahora el libro dijo–, porque primero falta que alguien lo corrija.

En ese mismo instante, como iluminado por una brillante idea, le dije que podía corregírselo, si estaba de acuerdo, a cambio de la estatuilla del Tío. De acuerdo, replicó de inmediato, con voz firme y sin disimular su entusiasmo. Ahora mismo me estoy mudando de vivienda, pero una vez que esté listo con este asunto, me pondré manos a la obra.

El trato estaba hecho, era cuestión de esperar un tiempo para ver la obra de su creación. No dudé de su palabra, sabía que José García, uno de los pilares más importantes del grupo de teatro Albor, era un hombre que cumplía con sus compromisos así se cayera el cielo.

Al cabo de un tiempo, nos contactamos por WhatsApp y acordamos vernos en la Plaza Juana Azurduy de Padilla. Yo corregí sus cuentos y él prometió entregarme la estatuilla del Tío.

El día que nos encontramos, trajo la estatuilla dentro de una bolsa. No me la enseñó en ese momento, dejó simplemente que mirara la bolsa, como si pusiera a prueba mi capacidad de resistir la curiosidad y mantener a jaque mi insoportable paciencia. Cerca del mediodía, la plaza era un hervidero de gente. Ahora qué hacemos, le pregunté, sin quitar la mirada de la bolsa. Él me propuso comprar una granada de singani y luego ir a almorzar en algún restaurante. Ahí te entregaré la estatuilla, dijo, mientras caminábamos rumbo a las casetas donde vendían la granada de singani.

Una vez en el restaurante, sentados cerca de la puerta que daba a la calle, pedimos el menú del día y dos vasos de cristal para el singani. Me acomodé lo mejor que pude en la silla, sin dejar de mirar a los comensales que ocupaban todas las mesas. Él sacó la estatuilla de la bolsa y me la enseñó: ¿Qué te parece?, preguntó. ¡Es una maravilla!, contesté. Luego, con la misma satisfacción de quien recibe un precioso regalo, proseguí: ¡Lo hiciste con su traje de diablo! José García se sonrió, volteó la mirada hacia la estatuilla y aclaró: Este Tío lo hice con la ayuda de mi esposa. Ella modeló su pene.

El Tío, visto desde cualquier ángulo, estaba vestido de diablo; tenía la máscara colorada, el iris de los ojos ardientes como brasa, la nariz estallada, los dientes afilados, las orejas enormes y los cuernos terminados como la punta de una lanza. Lucía la pechera engastada con piedras preciosas y el pollerín dorado como el sol. Además, llevaba una bolsa de coca en una mano y el bastón de mando en la otra. Y, como si fuera poco, el bastón tenía la cabeza de una serpiente con la lengua colgante y el aspecto de dragón.

Después, antes de almorzar, abrimos la granada de singani, llenamos los vasos y, tras rociar algunas gotas de aguardiente en honor a la Pachamama, ch’allamos junto a la estatuilla, que llamó la atención de los comensales, quienes nos miraban por el rabillo del ojo, como cuando se mira un objeto sacrílego en la “Casa de Dios".

Apenas terminamos de comer y ch’allar, me hice de la estatuilla del Tío y ganamos la ajetreada calle, donde nos despedimos con un fuerte abrazo, como cada vez que coincidíamos en alguna actividad cultural que se llevaba a cabo en la ciudad de La Paz o El Alto.

Ya se sabe que la diablada de Oruro se remonta a  la época de la colonia y que tuvo su origen a finales del siglo XVIII, probablemente el año 1789, cuando los “mitayos” de una mina de plata en la Real Villa de San Felipe de Austria (actualmente Oruro), decidieron disfrazarse de diablos, a semejanza del Tío de la mina, para bailar la danza de la diablada en presencia de la Virgen de la Candelaria –o Virgen del Socavón–, cuya imagen, según cuenta la leyenda, apareció, de manera milagrosa, pintada en un muro de la guarida del Chiru-Chiru, el legendario ladrón que asaltaba a los ricos para distribuir el botín entre los pobres.

Todo hace suponer que esta festividad pagano-religiosa, cuyos usos y costumbres tienen su origen en el sincretismo religioso entre el catolicismo occidental y el paganismo de las culturas ancestrales, se inició cuando los mineros nativos de la época, influidos por la catequización y los extirpadores de idolatrías, confundieron al Supay –deidad protectora de los humanos y sus bienes en la cosmovisión andina– con el diablo de la liturgia católica, cuyo personaje central es Lucifer, el príncipe de las tinieblas.

Se cuenta que los mitayos de la mina de plata fueron los primeros en practicar la danza de la diablada, desde el día en que determinaron disfrazarse de diablos, personificando al Tío de la mina, que no era otro que el Supay o el dios Wari de la mitología Uru-Uru, el protector de los auquénidos y los habitantes de las cercanías del Lago Poopo, y para rendirle devoción y veneración a la Virgen del Socavón, a quien la reconocieron como la mamita y patrona protectora de los trabajadores y sus familias desde que su imagen fue hallada en la guarida del Chiru-Chiru. Así comenzó la tradición cultural del Carnaval de Oruro, en las faldas del cerro Pie de Gallo, con la danza de la diablada, donde destacan el Arcángel San Miguel y Lucifer, el ángel rebelde que fue expulsado del reino de los cielos.

La estatuilla hecha por José García y su señora esposa, nos reafirma la teoría de que la diablada se inició en los socavones, donde los mineros adoraban al Tío, quien es una suerte de encarnación del Supay y el Wari de la mitología de los Uru-Uru, un ser ambivalente entre los sacro y lo profano, que está considerado como el dueño de los metales preciosos como el oro, la plata, el estaño y otros; un ser que premia con ricos filones de mineral a quienes realizan en su honor ch’allas, k’oas y q’arakus.

Ya dijimos que la danza de la diablada representa el sincretismo religioso entre el paganismo ancestral y la religión Católica, que tiene su origen en los inicios del período colonial, cuando los “mitayos” creyeron encontrar al Tío en las entrañas de la montaña; más todavía, la diablada fue la primera fraternidad que dio origen al fastuoso Carnaval de Oruro, en cuya festividad, declarada “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” por la UNESCO, no puede faltar el Tío, quien sale después de un año de encierro en las profundas y oscuras galerías, para encabezar la danza de la diablada. Es en el fastuoso Carnaval donde el Tío luce su lujoso traje de Lucifer, con su capa confeccionada con luces y ricas pedrerías, sus botines de cuero repujado y una espectacular máscara en la que destacan el lagarto, la víbora y el sapo; seres pertenecientes a la mitología Uru-Uru y, por tanto, al Carnaval de Oruro.

José García, consumado actor de teatro y artesano de accesorios que los danzarines lucen en la festividad de la Virgen del Carmen, estaba convencido de que el Tío se veía mejor con su traje de diablo. Y así lo hizo, debido a que la danza de la diablada está inspirada en el Tío de la mina. ¿Acaso?, se preguntarán algunos, que desconocen la tradición de esta danza infernal que, año tras año, se baila en la Capital Folclórica de Bolivia. 

Hasta aquí la explicación sobre el diablo y la diablada, y volviendo al tema de la estatuilla del Tío de la mina, que es la mejor representación de la mitología minera, solo falta añadir que esta obra de arte, realizada por José García  y su señora esposa, se constituye en una magnífica muestra de que el sincretismo religioso ha sido capaz de dar nacimiento a manifestaciones culturales que son fuentes de inspiración para quienes se dedican a enriquecer las diversas expresiones artísticas en un país esencialmente minero como el nuestro.