miércoles, 1 de agosto de 2012



ANTOLOGÍA DE NARRADORES BOLIVIANOS
  
La aparición de la Antología del Cuento Boliviano Moderno (La Paz, 1995), publicada simultáneamente en alemán -con algunas modificaciones- por la prestigiosa editorial Rotpunkt, con el título de Die Heimstatt des Tío (El paraje del Tío), muestra la vitalidad de una literatura en constante superación.

Manuel Vargas (Vallegrande, 1952), cuya obra personal consta de varios volúmenes de cuentos y novelas, tuvo el acierto de reunir en esta antología lo más representativo de la narrativa contemporánea, injustamente relegada en el contexto de la literatura continental. Por eso, el hecho de que en el prólogo se advierta: Usted está entrando a un territorio desconocido, a una pequeña y casi perdida provincia de la literatura latinoamericana, es algo por demás sugerente; pero, a la vez, una realidad contundente que no se pude soslayar, puesto que la literatura boliviana, de un modo general, es una ilustre desconocida para la mayoría de los lectores europeos. Esto no quiere decir, empero, que Bolivia carezca de excelentes cultores de la palabra escrita; por el contario, la presente antología nos da las pautas necesarias para rescatar a una pléyade de escritores (entiéndase narradores), tanto por su calidad literaria como por el compromiso y la persistencia en su oficio.

La antología, como suele ocurrir en estos casos, obedece al gusto literario del antologador, quien tuvo el cuidado de seleccionar cuentos que, sin estar desarticulados del realismo social, el indigenismo o costumbrismo, revelan valores universales, innovaciones en el discurso narrativo y recursos que fortalecen el estilo.

Los cuentos, revisados uno por uno, son una suerte de cabos sueltos de ese gran tejido de la narrativa moderna, factor que se deja advertir en la nueva promoción de escritores, quienes, a diferencia de sus antecesores, se encuentran trabajando conscientemente con el texto de sus obras, exentas de consignas políticas y otros eufemismos de la literatura tradicional boliviana. 

Esta antología, siguiendo los criterios de selección de Manuel Vargas, reúne cuentos fantásticos, cuentos que presentan el tema rural y político, pero no desde la perspectiva del realismo social. Es decir, la intención del antologador fue, desde un principio, elaborar una obra que contemple la calidad literaria, tanto en la forma como en el contenido.

El libro parte con los tres precursores del cuento boliviano moderno, situados cronológicamente entre la guerra del Chaco (1932-36) y la revolución nacional de 1952. Ellos son: Oscar Cerruto, Augusto Céspedes y Jaime Saenz.

El segundo grupo está conformado por los narradores que escribieron bajo el impacto de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia (1967) y bajo las influencias del Boom de la literatura latinoamericana. Entre éstos figuran: Néstor Taboada Terán, Jorge Suárez, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Grover Suárez, Rolando Costa arduz, Edmundo Camargo, Renato Prada Oropeza, Adolfo Cáceres Romero, Enrique Rocha Monroy, Jesús Urzagasti, Raúl Teixidó, Alfredo Medrano, Oscar Ichazo Gonzáles y César Verduguez Gómez.

El tercer grupo está integrado por quienes experimentaron el despotismo militarista, iniciado con el golpe de Estado en 1971. Varios de estos escritores, que salen al exilio o aprenden a hablar con la boca cerrada, son protagonistas y testigos de la etapa más sombría de la historia boliviana, y cuyos cuentos, reunidos inicialmente en el libro El Quijote y los perros (literatura de la represión política), son claras denuncias contra los excesos cometidos por las dictaduras militares y un vivo testimonio personal y colectivo. En esta generación de escritores destacan: Jaime Nisttauz Parrilla, René Poppe, Hugo Murillo Bénich, Germán Aráuz Crespo, Félix Salazar Gonzáles, Juan Simoni Rocha, Carlos Condarco Santillán, Ramón Rocha Monroy, Alfonso Gumucio Dagrón, René Bascopé Aspiazu, Gustavo Soto Santiestéban, Manuel Vargas Severiche y Roberto Laserna.

En cuanto al cuarto grupo, compuesto por la última promoción de narradores, nacidos a partir de los años cincuenta, el antologador sostiene: Estamos en el presente, en un mundo tal vez con menos fronteras pero con nuevas guerras. En los tiempos de la caída del Muro, de la construcción de las democracias y del surgimiento de nuevos desencantos, como el neoliberalismo y la postmodernidad. El escritor boliviano se siente menos aislado, aunque aún lejos de una igualdad de oportunidades. En este grupo, a diferencia de los anteriores, hay una mayoría de escritores nacidos en el oriente del país (hasta ahora considerado rezagado en expresiones artísticas como la literatura) y por primera vez aparecen narradoras. Se constata además una tendencia hacia el cuento cada vez más corto. Estos escritores son: Adolfo Cárdenas Franco, Juan C. Rodríguez, Freddy Estremadoiro Romero, Gonzalo Lema Vargas, Blanca Elena Paz, Oscar Barbery Suárez, Marcela Gutiérrez, Homero Carvalho Oliva, Víctor Montoya, Ricardo Serrano Herbas, Gustavo Cárdenas Ayad, Paz Padilla Osinaga, Virginia Ruiz Prado y Edmundo Paz soldán.

Por último, esperamos que esta Antología del Cuento Boliviano Moderno, que presenta alrededor de cuarenta autoras y autores, sea una llave más para abrir las puertas de la literatura continental y un buen motivo para conocer las nuevas tendencias de la actual narrativa boliviana.

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