POESÍA
MINERA. ANTOLOGÍA HISPANOAMERICANA
La
poesía minera, que se constituye en una de las principales ramas del tronco de
la literatura boliviana, es un estremecedor grito emergente de los tenebrosos
socavones, donde los obreros rompen la roca a fuerza de exponer sus vidas a las
enfermedades pulmonares y los peligros que acechan a cada instante en las
dantescas galerías, donde los mineros, convertidos en clase en sí y clase para sí, se organizan en sindicatos y
partidos políticos para defender sus intereses de clase, en aras de conquistar
mejores condiciones de vida y trabajo.
La
poesía minera ha sido reunida en varias antologías desde mediados del siglo XX,
debido a su carácter realista, social y revolucionaria, que retrata el rostro
más visible y auténtico de un país que ha sido minero desde la época de la
colonia; una realidad, de despojo y violencia, que ha sido una formidable
fuente de inspiración para escritores, poetas y pintores de todos los tiempos,
que engrandecieron sus obras con la sangre y el sudor de los trabajadores del
subsuelo, sin eludir sus principios ideológicos que marcaron el rumbo de muchos
gobiernos desde la publicación de la Tesis
de Pulacayo en 1946 y el triunfo de la revolución nacionalista en 1952.
El
proletariado minero es el que mejor expresa la despiadada explotación
capitalista, desde que la minería se industrializó a fines del siglo XIX, de la
mano de los Barones del Estaño
(Patiño, Hoschild y Aramayo), que empezaron con una política extractivista de
los recursos naturales, que necesitaban las metrópolis de Europa y Estados
Unidos. Es entonces que los mineros, empleando su fuerza de trabajo a cambio de
un mísero salario, no demoraron en sindicalizarse a pesar de la prohibición
impuesta por los señores gringos de la
empresa. Esta hazaña les costó baños de sangre, que dejaron un reguero de
muertos y heridos desde las masacres de Uncía en 1919 y 1923, la masacre de
Catavi en 1942, la masacre de Siglo XX en 1949, La masacre de Milluni en 1965,
la masacre de San Juan en 1967, la masacre de Capacirca en 1979 y otras que
están registradas en la historia del movimiento obrero boliviano.
Los
poetas, comprometidos con los gritos de protesta de los mineros, son una suerte
de sirenas de las voces que se alzan desde los parajes donde reina el Tío,
dueño absoluto de las riquezas minerales y amo de los mineros, quienes le
rinden pleitesía ofrendándole cigarrillos, hojas de coca y botellas de
aguardiente, por tratarse de un ser ambivalente entre los profano y lo sagrado
en la mitología minera, tan importante como la Pachamama, que requiere del
respeto y la veneración de los trabajadores, ya que de él depende la bondad o
la maldad encerrada en los socavones que exhalan un aire hecho de tragedias y
esperanzas.
Los
poemas, parecidos a los discursos líricos de la Pachamama andina, que dio
tantas riquezas al mundo a cambio de pobreza, nos dan pistas de algunos
acontecimientos que no se consideraron en la historia oficial escrita por los
vencedores. Los poetas son quienes nos recuerdan las batallas beligerantes que
se libraron entre los mineros y los guardianes de la oligarquía minero-feudal,
retratándonos, con el poder de su palabra y su compromiso social, las tragedias
que dejaron su impronta en los anales de la historia nacional, que no es del
todo conocida por los estudiantes de escuelas, colegios y universidades.
Con
esta antología, donde se consignas a los mejores poetas de la temática minera, se
intenta despertar el interés de los educadores y educandos para que se lea y
difunda estas poesías que ya forman parte de los memorables episodios de la
historia nacional. Estos poemas, como una fiesta de palabras con melodía
propia, invitan al goce estético de un discurso que convierte la ruda realidad
en un ramillete de versos que los/las poetas entregan a los lectores enamorados
de la libertad y la injusticia social.
Los
mineros, en los distritos poblados de perforistas, palliris, chivatos, carreros, perforistas y barreteros, son
los titanes de las montañas, los héroes de las enconadas luchas que se
libraron, plomo contra dinamita, contra los guardianes del Estado burgués y las
dictaduras militares a lo largo del siglo XX. Los mineros, sin resquicios para
la duda, son elementos comprometidos con el destino de los hombres y mujeres
condenados a sostener sobre sus espaldas el porvenir de un país en permanente
convulsión, donde las contradicciones sociales y raciales siguen siendo un buen
motivo para escribir poemas que penetran como dardos en la mente y el corazón
del lector enamorado del verbo y la conciencia hecha palabras.
Aquí
es donde se refleja, como en un espejo de cuerpo entero, la memoria colectiva
de un pueblo, de una realidad que no deja indiferentes al lector que se
identifica con una problemática social, económica, política y cultural, que
sacude las fibras más íntimas de la sensibilidad humana y las mentes abiertas a
los mensajes que hacen hincapié en los caros deseos de igualdad, justicia y
libertad.
Los
poetas compilados en la presente antología, que expresan un humanismo esencial
y crean una literatura de compromiso revolucionario, son una excelente muestra
de que los mejores cultores de una de las mayores artes de las letras, son un
puñado de ricas expresiones de las mentes sentipensantes
que, destilando metáforas y figuras de dicción en un su alma sensible, se
tornan en bellas piezas de la creación humana. En este contexto, los bolivianos
contamos con auténticos representantes de la poesía minera, como Héctor Borda
Leaño, Jorge Calvimontes y Calvimontes, Alicia Cardona Torrico, Alberto Guerra
Gutiérrez, Coco Manto, Mary Monje Landívar, entre otros.
Al
margen de los/las poetas contemplados en esta antología, en el panorama de la
literatura boliviana y latinoamericana hay más, muchos más cultores de este
género literario, no en vano se ha dicho que en la literatura nacional e
internacional, además de los narradores de ambiente minero, han descollado con
luz propia los poetas que han dedicado su tiempo y talento a la creación de
versos que enaltecieron la problemática minera con un alto valor ético y
estético.
Aquí
tenemos a poetas hispanoamericanos identificados con la clase obrera, como los
peruanos César Vallejo y Manuel Scorza, el mejicano Salvador Pliego, el
argentino Ernesto Che Guevara y el
español Alfonso Camín, cuyos versos transgreden las fronteras nacionales, con
mensajes precisos y un manejo lúdico del lenguaje lírico, que convierten sus
discursos en bellas estructuras lingüísticas, propias de los poetas que se
dedican a pulir el lenguaje como el joyero pule el diamante, hasta dejarlo con
su límpido fulgor.
Con
esta antología, elaborada con pasión y fuerza moral, se da un pantallazo a la
creación poética en torno a un tema que es por demás explosivo por su denuncia
social y su carácter de patrimonio histórico del movimiento obrero boliviano.
Los versos, coherentemente hilvanados como en un manto de tisú, llegan a los
lectores como lanzas brillantes como el rosicler, como las chispas que
desprenden los taladros de las perforadoras y como la explosión de dinamitas
reventando la roca pura y dura en los parajes que, unas veces, ofrecen esperanzas
de vida y, otras, de tragedias y muerte.
Los
autores compendiados en esta antología nos proponen una lectura atenta,
manejándose con recursos escriturales que nos deslumbran, dicho de algún modo,
por su belleza y precisión idiomática; una impronta que suele definir a los
poetas que se esmeran en transformar el lenguaje coloquial, como por arte de
magia, en una pirotecnia verbal revestida de calidad ética y estética; más
todavía, cada uno de ellos intenta transmitirnos lo que siente y piensa desde
lo más hondo de su ser, sin necesidad de embellecer el lenguaje con superfluos
sonsonetes, adjetivos y palabras rimbombantes, como suele ocurrir con el poeta
que se concentra en el contenido temático de cada una de sus creaciones, donde
se fundan dialécticamente la ética y la estética, como en toda creación artística
destinada a los lectores más exigentes de un género literario tan exquisito
como es la poesía, que, aun careciendo de rima y métrica, debe ser una suerte
de sinfonía con sus tonos altos y bajos.
Estos poemas de compromiso social, estructurados sobre la base de una historia personal y colectiva, son composiciones que dignifican el lenguaje poético, porque son capaces de canalizar un sentimiento de rebeldía o un airado repudio contra la barbarie y la ignorancia de quienes desprecian la condición humana de los corazones enamorados de las causas justas y las libertades democráticas de un Estado de Derecho.

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