martes, 4 de febrero de 2014

HUGO MOLINA VIAÑA,
EL ETERNO POETA DE LOS NIÑOS

Hugo Molina Viaña (Oruro, 10 de octubre de 1931 – La Paz, 13 de noviembre de 1988). Profesor y escritor de literatura infantil. Egresó de la Escuela Nacional de Maestros de Sucre y prosiguió estudios de especialización en Venezuela y Costa Rica. Trabajó en las escuelas de Oruro, La Paz y en varios distritos mineros, donde publicó boletines literarios que tuvieron una amplia recepción.

Se desempeñó como libretista en la radio de la Universidad Técnica de Oruro y ejerció como empleado público en el Departamento Nacional de Currículum del Ministerio de Educación (1969-1987). Fue uno de los organizadores de la segunda generación del Grupo Literario Gesta Bárbara, co-fundador del Comité Nacional de Literatura Infantil, presidente de la sección boliviana de la Organización Internacional para el Libro Infantil y Juvenil (IBBY), colaborador de varias publicaciones internacionales y nacionales, como Presencia Literaria y GOYI, suplemento estudiantil del diario Hoy.

A lo largo de su vida asistió, como invitado especial, a Congresos, Encuentros y Seminarios de escritores de Literatura Infantil y Juvenil. Obtuvo, asimismo, merecidos reconocimientos, como el Premio Literario de la Escuela Nacional de Maestros (1948), Nacional de Literatura Minera-Comibol (1964), Nacional de Poesía de la Universidad Técnica de Oruro (1965), Juegos Florales Leonísticos Nacionales (Comité de Damas Club de Leones, Oruro, 1967), Premio Internacional Hans Cristian Andersen de IBBY por sus obras Vicuncela (1978) y El Duende y la marioneta (1982).

Este poeta de espíritu soñador, que siendo adulto sentía y pensaba como niño, no sólo defendió los derechos de la infancia, sino que consagró su vida a la creación de una literatura que atrapara el mundo fantástico de aquellos pequeños lectores que le tocaban como tiernas aves su corazón. No en vano escribió una brillante obra por y para los niños, consciente de que uno de los alimentos espirituales para ellos era la poesía y la narrativa, que llegaba con fulgor y ternura a lo más profundo del espíritu infantil.

La revista nacional Educación, evocando las fibras más sensibles del poeta eterno de los niños, señala en uno de sus números: Los niños se apoderan en forma inmediata y con agrado de su poesía, porque las cualidades que encierra se integran con naturalidad a los intereses del mundo infantil. Así, Molina Viaña es el poeta militante que le hacía falta a la niñez boliviana, él escribe para los niños sin importarle la opinión que puedan tener los adultos sobre su poesía que, como don espiritual, se desliza secretamente entre él y los niños.

En su abundante poesía, llena de sabiduría, simbología y metáforas sencillas, destacan las composiciones dedicadas a la meseta andina, donde el autor vivió desde su infancia, soñando con los vegetales y animales de su entorno. De este modo nació su poemario Martín Arenales, desde cuyas páginas –en las cuales desfilan, en finos versos, los animales más comunes de nuestra geografía- lanza un mensaje pedagógico para la protección y conservación de la fauna boliviana, como la del quirquincho (armadillo), animal típico de los arenales de Oruro.

Hugo Molina Viaña, al igual que Óscar Alfaro, dedicó su vida y obra a los pequeños lectores, desde el instante en que se preocupó, en su condición de educador nato, por el futuro de la niñez, que se merece la atención de las autoridades gubernamentales, pero también de los profesores y padres de familia, ya que en la población infantil están los cimientos del futuro de la nación. Tampoco se cansó de fustigarles a los maestros con certeras palabras: Educadores de Bolivia, escuchad el latido de los poetas para que ellos contribuyan a la educación del gusto estético de la Escuela, porque de ellos es el reino de la infancia (…) Es imprescindible subrayar que la poesía formará el alma del niño en su educación ética y estética, contribuyendo al desarrollo de una personalidad. La poesía nutre su vida espiritual y de relación. La creación en el niño está a flor de piel. Crea en sus sueños. Crea en sus juegos. Crea en su propio lenguaje, maneja la sílaba y la palabra con su interés lúdico.

No está por demás sugerir que sus libros El Duende y la marioneta y Martín Arenales, que explayan una hermosa prosa lírica, deben ser leídos por los niños de Bolivia, como tampoco está por demás recordar que alguna institución cultural se haga cargo de editar su ensayo La Escuela de Negro Pabellón, en el cual plantea la necesidad de aplicar una pedagogía del amor en cada escuela donde reina la amargura y el dolor. 

Asimismo, es oportuno señalar que su hijo Gonzalo Molina Echeverría, quien trabaja como archivista e investigador en la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia, con sede en la ciudad de La Paz, está preparando una bibliografía completa y una biografía de Hugo Molina Viana, cuya figura cimera en las letras orureñas es digna de ser destacada en todos los ámbitos culturales de la ciudad que lo vio nacer. Esperemos que las instancias pertinentes apoyen la edición de la biografía y que las autoridades edilicias, por medio del Honorable Concejo Municipal, determinen perpetuar su nombre con una calle, una plaza, un establecimiento educativo o una institución cultural; es lo menos que se puede hacer para rendirle un justo homenaje a este escritor que dedicó su vida a la educación boliviana y su talento a la literatura infantil.

Apuntes bibliográficos

Poesía: Palacio del Alba (1955); Lucero de Seda (1956); Martín Arenales (1963), Bonquis y sus Canciones (1965); Ratonela (1974); Viajeros del espejo (2007); Martín Pescador (2007); Pilicitu Pilinín (2008); Poemas para llevar en la mochila (2010); El Duende y la Marioneta (1970); Vicuncela (1977); El País de Nunca Jamás. Expomágica (1979, 1981 Catálogo: ilustraciones de Marcelo Arduz Ruiz); La Niña de la Glorieta (1987); El Reino de Nomeolvides (2007). Cuento: Ratonciélago y otros cuentos (2008); El diario de un gato (2008); El quirquincho y su caparazón (2008); El quirquincho Bolita y otros cuentos (2010). Ensayo: La Poesía, los niños y su mundo (1969). Antología: El Mundo del Niño Poemas I (1968); Selección del cuento boliviano para niños (1969); Breve Antología de la Poesía Infantil de la Región Andina (1974); Adivina..., adivinador (1987).

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