APRENDIZAJE
DE LA ESCRITURA
De
la misma forma que existe un “centro cerebral del lenguaje”, existe también un
“centro de la escritura”, que dirige y coordina todos los movimientos delicados
de la mano que participan en el acto de escribir.
La escritura es, por lo tanto, un acto complejo y asociado, cuya realización
exige la colaboración armónica funcional de los centros ópticos, acústicos y
motores del cerebro.
Los
niños en edad preescolar, que aprenden a escribir las letras de su nombre, lo
hacen combinando el sonido y el signo alfabético que lo representa; un proceso
de aprendizaje que, como todo conocimiento adquirido, requiere de ciertas
destrezas físicas y facultades mentales, pues la estructuración de las letras
y, en cierto modo, el aprendizaje de los sonidos y nombres de las letras
implica una forma avanzada de coordinación sensorial y motriz. Así, el
aprendizaje de un sonido para una letra requiere de una capacidad lógica en la
percepción, una capacidad mental que no siempre está desarrollada en los niños
que aprenden a leer antes de la edad escolar.
El
niño, en su condición de sujeto pensante y principal artífice en el proceso de
aprendizaje, investiga desde un principio su entorno inmediato, constatando la
existencia de dimensiones como “arriba” y “abajo”, “izquierda” y “derecha”,
“delante” y “detrás”. Después adquiere un conocimiento mucho más detallado
sobre las relaciones cognitivas, a partir de sus experiencias y vivencias
cotidianas; un permanente proceso de asimilación que lo conduce al aprendizaje
paulatino de la escritura, que no siempre está exenta de dificultades en todos
los casos.
Los
especialistas en el tema recomiendan a los educadores del ciclo preescolar
estimular en los niños el ejercicio de dibujar, debido a que constituye una
práctica necesaria en el proceso de aprendizaje de la escritura. Según el
psicólogo norteamericano Jerome Bruner, la temprana creación pictórica ayuda a
entrenar las funciones de la memoria y es determinante en el desarrollo
idiomático. Bruner concibe la imagen gráfica y el idioma verbal como una
evolución ordenada durante el periodo preescolar y considera el lenguaje
escrito como algo único en el desarrollo cognitivo. Lo mismo que para el
psicólogo ruso Lev Vygotsky, el dibujo es el primer paso del lenguaje escrito y
una poderosa herramienta para el pensamiento, puesto que las letras no son más
que una suerte de dibujos en miniatura; es más, el educando debe hacer que el
niño asimile una conciencia idiomática, al menos cuando se sabe que vivimos en
una Era de comunicación tecnológica, en la que el lenguaje escrito constituye
un elemento funcional y fundamental.
El
niño tiene que aprender primero a reconocer y distinguir cada una de las letras
y grupos de letras, imprimiendo en su cerebro las respectivas imágenes o representaciones
visuales. Debe aprender los respectivos sonidos y “almacenar” en el cerebro las
correspondientes imágenes sonoras. De esta forma puede el niño empezar a
escribir, relacionando la imagen sonora y la visual de cada una de las letras y
grupo de letras. Al mismo tiempo, entra en función el
centro motor de los músculos de la mano (y del antebrazo), que realizan la
reproducción gráfica de las letras y palabras, primero copiando o al dictado
(con lo que se recuerdan las imágenes visuales y sonoras de las letras) y
después espontáneamente.
El aprendizaje de la escritura, que es un medio fundamental de expresión del pensamiento, depende, de un modo general, de los siguientes factores: 1. de una facultad mental que le permita asimilar el concepto de letra durante el proceso de aprendizaje. 2. de una organización necesaria y una destreza sensomotriz. 3. de una motivación social de parte de la familia y el entorno escolar. 4. de una metodología de enseñanza adecuada en la escuela primaria.

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