jueves, 26 de noviembre de 2015


UN LIBRO DE LECTURA BREVE

Esta pequeña obra, de apenas 114 páginas y 50 microficciones, se deja leer de un tirón, como cualquier libro que quiere ganarle tiempo al tiempo y no restarle su escaso tiempo al lector. Lo que nos presenta Gonzalo Llanos Cárdenas, a diferencia de los cuentos de largo aliento, son narraciones que duran algo más que un suspiro. Ninguna de ellas llena una página y todas están ilustradas por el ingenio de este autor paceño que, desde un principio, nos sorprende un cachito con el intenso flash de sus textos e imagen, que se complementan en perfecta armonía como mellizas tomadas de la mano.

Esta antología de Cuento Feroz, que asusta con su título pero que entretiene con su contenido, no lleva un sello editorial, no al menos en su primera edición de 2011, aunque sabemos que una gran parte de su producción literaria fue publicada por la editorial El Aparapita, propiedad del periodista cultural y bibliógrafo Elías Blanco Mamani, reconocido promotor de la cultura y gran amigo de los amigos.

Para justificar la publicación de esta antología mínima, que reúne los mejores textos de tres libritos anteriores al que tenemos entre manos, el mismo autor explica en la presentación, que lleva el sugestivo título de Había una vez un cuento mínimo, las razones que le impulsaron a juntar sus mejores minicuentos en un solo libro: Escribí lo que se llamaría Cuento Feroz 1, el nombre viene del desafío que tiene cada cuento: sorprender al lector; fue un librito pequeño para cobijar el tamaño preciso de los cuentos. Y así, vinieron los lectores, los fans, los críticos, los sufrimientos, las observaciones y llegamos al Cuento Feroz 2, y luego al Cuento Feroz 3. Se formaron tres libritos que reunían más de un centenar de cuentos, por supuesto no todos buenos.

Los cuentos breves, como los concebidos por Gonzalo Llanos Cárdenas, requieren una economía de lenguaje y la capacidad de sintetizar una historia que, comprimida en su forma y contenido, pueda deslumbrar al lector con la misma fuerza que tiene un pantallazo instantáneo, cuyo principio y final se asemejan a un abrir y cerrar de ojos. El mismo autor, que da la impresión de ser un asiduo lector de los maestros del microcuento, está consciente de que este género literario cumple diversas funciones que son del interés tanto del escritor como del lector. No en vano se afirma en la contratapa: El cuento mínimo por su dinámica interna, audaz y violenta, como se la ha descrito, también es lúdica. El lector no sólo disfruta de una historia contada, además, imagina otras posibilidades que el cuento le sugiere. Es obra abierta. Es un texto que divierte y exige una respuesta creativa del lector, lugar donde radica su carisma.

Ya se ha dicho que los cuentos hiperbreves, más que ser un subgénero del cuento, manejan sus propios recursos y técnicas concernientes al arte narrativo que, en este específico caso, lo convierten en una suerte de microcosmos, con autonomía y luz propia, dentro de la constelación de la literatura universal; un género literario que no es nada moderno sino tan antiguo como la narración oral, y que, a lo largo de los siglos y en todas las culturas, se han tenido a innumerables cultores cuyo principal afán consistía en concentrar una historia, ya sea real o ficticia, en pocas palabras y en pocos minutos.

Los 50 textos que conforman esta mínima antología de Gonzalo Llanos Cárdenas, quien puso todo su empeño incluso en el cuidado de la edición del libro, no tienen otro propósito que entretenernos, al mejor estilo de los buenos creadores de este género literario, con los meteóricos chispazos de su fantasía y su verbo.

En la mayoría de las narraciones, que abordan temas inherentes a la condición humana y sus asuntos, los personajes aparecen retratados en situaciones adversas y diversas, donde las tristezas y alegrías se amalgaman con las ilusiones y esperanzas, como en un caleidoscopio que permite apreciar una infinidad de figuras que se yuxtaponen con sus más variados matices.

La zoología no podía estar ausente en este pequeño libro, por eso en algunos de los cuentos, a contraparte de las fábulas de Esopo o Samaniego, los animales, sin dictaminar sentencias ni enseñar moralejas, demuestran, a través de sus dichos y acciones, su naturaleza hecha de astucia y picardía, y con rasgos similares a la de los humanos.
 
En otros, revelándonos su carácter dado a la juerga y el humor, el autor juega con el doble sentido de las expresiones y con una ácida ironía, que afloran de manera natural, quizás con la intención de provocar una sonrisa espontánea entre los lectores. En El papito rey, por ejemplo, se narra: Todos los días, desde hace tres años, el padre y la madre se ponían juntos para mirar almorzar a su pequeño hijo. Esperando cualquier demanda, cualquier orden, cualquier rechazo. Pensaban que no debería sufrir de ninguna carencia como ellos sufrieron. Hasta que una mañana, el hijo feliz pidió a su madre que cerrara los ojos y el niño se orinó en la cara de la madre. Sorprendida la pareja recordó que ellos siempre fueron muy respetuosos con sus padres. Tomaron al niño y lo ahogaron.

Los microcuentos de este autor, que demuestra un diestro manejo del lenguaje coloquial y un obsesivo interés por comprimir las historias, son un buen ejemplo de que, a veces, todo lo bueno viene en formato pequeño, como si quisiera recordarnos que en el mundo de Liliput existían también seres que pensaban y sentían con alma de gigantes. Esto es lo que se aprecia en esta pequeña obra que, a pesar de su tamaño, es un libro hecho y derecho. 

Noticias del autor

Gonzalo Llanos Cárdenas, más conocido por el seudónimo de Golla, nació en La Paz, en 1964. Egresado de la Academia de Bellas Artes Hernando Siles. Cursó estudios de comunicación social en la Universidad Mayor de San Andrés. Como artista realizó varias exposiciones individuales. Fue ilustrador del semanario La Época. Profesor del Centro de Formación Técnica de Aldeas Infantiles SOS en Mallasa (2004-2005). Fue parte del Taller de Cuentos Correveidile. Dirigió el grupo de lectura de cuentos Los Chavelos. Es autor de cuatro libros de cuentos breves publicados como una suerte de serie bajo el título común de Cuento Feroz (2001-2011) y Circo de perros calientes (2014), con hermosas ilustraciones creadas por el mismo autor.

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