MICROTEXTOS XIV
Racismo
El antirracista, a diferencia del xenófobo, no se fijaba en el color de
piel que su amada tiene por fuera, sino en los valores humanos que tiene por
dentro.
Experiencia
De joven le gustaban las mujeres voluptuosas, de pechos y nalgas
enormes, hasta que un día, su abuelo, como todo viejo que hablaba con la voz de
la experiencia, le dijo: “A la mujer, mientras más delgada, el clavo le entra
mejor”.
Justicia por mano propia
Una turba enfurecida sepultó vivo a un adolescente de 16 años, acusado
de violar y descuartizar a una niña de 5 años. Todos estaban de acuerdo en
hacer justicia por mano propia. Primero, lo capturaron como a una bestia
salvaje, lo maniataron y obligaron a asistir al velorio de la víctima. Luego,
entre golpes y gritos, lo condujeron hacia el cementerio, donde lo tiraron en
una fosa profunda, con las manos todavía amarradas a la espalda, y le echaron
palas de tierra, hasta provocarle la muerte por asfixia.
Amigo imaginario
Mi amigo imaginario, mientras había luz, siempre fue mi sombra, con
quien hablaba, reía, lloraba y jugaba, hasta que caía la noche y mi sombra, que
no era un muñeco ni un animal de peluche, se despedía y desaparecía pidiéndome
esperarlo a la luz de un nuevo día.
Varón domado
Desde que ella lo tenía bajo su dominio, él ya no era el mismo, parecía
un hombre sin alma ni cerebro. Ella lo manejaba, sin mirarle ni dirigirle la
palabra, como a cualquier don nadie; incluso, desde que perdió su autoridad y
dignidad de hombre, ella pensaba y sentía por él, quien no se reconocía ni
estando delante del espejo. Ella lo envolvía en un dedo y él no decía nada, lo
desenvolvía y tampoco decía nada. Lo envolvía una y otra vez en el dedo, como
se envuelve el hilo en el carrete, y él no decía nada, solo movía los ojos,
mirándola como el esclavo mira a su amada ama.
Soledad
El hombre vivía solo en la soledad, amparado en la pobreza y el olvido.
Nadie lo visitaba ni se preocupaba por él, salvo un famélico perrito convertido
en su única compañía, el que le daba cariño y lo seguía por donde iba.
Femimachista
Una feminista de marras, como las que andan por ahí, alguna vez me dijo
que el peor enemigo de la mujer no es el hombre, sino otra mujer machista.
Olores
El autobús se detuvo en un tramo de la carretera. Se
abrió la puerta, subió un hombre, miró en derredor y dijo:
–Sube un nuevo pasajero con olor a indio. No me van a
discriminar, ¿ya?
–Aquí no hay gringos –contestó uno–. Todos somos
indios, pero con olor a gringos.
–¿Y cómo es el olor a gringos? –preguntó otro.
–A gringos –contestaron los pasajeros al unísono.
El autobús estalló en risas y bromas, mientras se
cerraba la puerta para proseguir el trayecto.
Paro
del transporte
Cuando
el transporte se declara en paro, por falta de diésel y gasolina, para todo,
para la vida y para la muerte. La ciudad de El Alto se viene abajo. No se oyen
motores en las calles y los peatones viajan sobre sus pies, como si el mundo
dejara de orbitar alrededor del sol y dejara de girar sobre su eje. Cuando el
transporte se declara en paro, por la escasez de combustible, paran las agujas
del reloj, callan los motores, paran los conductores y no queda otro camino que
movilizarse en autopie.
Una granja al revés
En esta granja, donde las leyes de la naturaleza no siguen las normas de
Darwin ni de Dios, los animales viven a su libre albedrio: el gato ladra y el
perro maúlla; la vaca relincha y el caballo muge; el sapo trina y el pájaro
croa; el gallo gruñe y el cerdo cacarea…
En este reino animal, donde las
leyes de la naturaleza están al revés, el loco es el más curdo entre los
cuerdos, mientras el cuerdo, que no habla pero rebuzna, es un auténtico loco de
remate.
Necrofilia
Cuando murió su amada, la mujer a quien no podía apartarla de su vida, él no soportó la soledad y decidió profanar la tumba donde ella yacía bajo una cruz de hierro y una lápida de mármol. Se metió en el cementerio a medianoche, escarbó la tierra con las manos, desenterró el cadáver con la misma desesperación de un violador de sepulturas. Y, sin que nadie lo viera bajo el reflejo plateado de la luna, llevó el cuerpo a su casa y lo recostó en la cama. Lo restauró, maquilló y vistió con sus mejores galas. La perfumó, la devoró a besos, la exploró con las manos y, excitado como un perro azuzado, le hizo el amor como la primera vez que la poseyó en la misma cama.

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