EL TÍO DE LA MINA EN MONTREAL
Mi amigo Michel Gladu, canadiense con amores en Bolivia,
me contó que mientras paseaba por el Jardín Chino, un día de otoño, disfrutando
del espectáculo de La Magia de los
Faroles, que cada año tiene lugar en el Jardín Botánico de Montreal, se vio
sorprendido por algo que le pareció inusual.
Ya había recorrido por caminos sinuosos, adornados de
linternas rojas y ovaladas, ya había atravesado por una montaña artificial, un
pequeño lago y un edificio de viviendas con una colección de bonsái y penjing,
acompañado por el ritmo del melodioso lamento del erhu y guiado por hermosas
mujeres ataviadas con ropas de seda, cuando, de repente, en un retirado recodo
del Jardín, tropezó con un árbol en cuyo tronco, que parecía estar siendo
devorado por las hormigas, divisó la imagen del Tío de la mina, con el miembro
viril erecto y un ojo abierto, como atisbando de sesgo a los visitantes del
Jardín Botánico.
Primero pensó que el árbol, de macizo tronco y abundante
follaje, adolecía de alguna enfermedad o defectuosidad natural, pero después
pensó que lo que tenía ante sus ojos era una verdadera maravilla. Lo contempló
por un instante y, como atravesado por un rayo, llegó a su mente la idea de que
se trataba de un árbol monstruoso, dentro del cual se escondía el guardián del
Jardín, con un aspecto semejante al del Tío de la mina.
Al día siguiente, volvió al lugar y tomó una fotografía
desde el ángulo más perfecto y retrató la insólita imagen que parecía no haber
advertido ningún otro visitante del Jardín Botánico, debido a que ellos, sin
verlo ni saberlo, pasaban y repasaban por ese lugar de apariciones mágicas.
¡Qué raro!, se
dijo... ¿Nadie lo ha visto? Quizás,
porque la imagen, como tallada en el tronco, solo puede verse desde un ángulo
especial, ése que él descubrió la noche de La
Magia de los Faroles.
Es el Tío, se
volvió a decir, sin dudar un solo instante. ¿Y
cómo habrá llegado hasta aquí?, se preguntó una y otra vez.
La respuesta es que el Tío está en todas partes sin estar
en ninguna. Sólo quienes quieren verlo y conocerlo, tienen la oportunidad de
encontrarlo donde menos se lo imaginan, como en el tronco de este árbol que
está lejos de las minas de la cordillera andina y tan cerca de la provincia de
Quebec, entre el río San Lorenzo y la Rivière des Prairies.
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