martes, 19 de julio de 2016


CLAUDINA, UNA OBRA RESCATADA DEL OLVIDO

Cuando me enteré de la existencia de la primera novela boliviana, titulada Claudina, lo primero que me llamó la atención fue el hecho de que este libro de autor desconocido se hubiese encontrado, como único ejemplar e impreso en agosto de 1855, en el repositorio de la biblioteca del Banco Central de Bolivia.

El segundo aspecto que despertó mi interés fue saber que se reeditó con las mismas características de la primera edición. Es decir, no se modificó la sintaxis ni la ortografía, incluso las comas estaban separadas de las palabras precedentes y las páginas tenían un diseño parecido a los pergaminos.

El día en que los responsables de la publicación presentaron el libro, que circuló a través del diario La Razón en octubre de 2012, se dijo que se trataba de la primera novela boliviana ignorada en los anales de la literatura nacional y que esta reedición sería un valioso aporte a la memoria del patrimonio histórico de las primeras décadas de la vida republicana.

Claudina está escrita por José Simón de Oteiza, cuyos antecedentes biográficos son en extremo descocidos como desconocidos son los datos sobre la existencia de otras obras de su autoría. El novelín -por llamarlo de alguna manera- está dividido en 12 capítulos y el narrador hace gala de un estilo literario ponderable, es rico en metáforas y expresiones figuradas; detalles que traslucen las aficiones poéticas del autor, quien se empeñó en embellecer los diálogos, las descripciones del clima, los paisajes y las sensaciones del alma, a pesar de que, según él mismo confesó en el breve preámbulo, su intención no fue escribir un libro sino simplemente narrar y salvar del olvido un suceso real acaecido a mediados del siglo XIX.


En efecto, en la obra se aborda un tema que, aun estando contextualizado en un ámbito local, alcanza dimensiones universales como pocos temas concernientes a los sentimientos humanos, como es el caso de los amores imposibles que, por su propia naturaleza, están condenados a tener un desenlace fatal. José Simón de Oteiza narra la trágica historia de amor entre Julián, un joven oficial de infantería, y Claudina, una quinceañera de origen humilde, quien, huyendo de su casa en Tarija, se junta con su amado en los valles de La Paz.

El autor, que asevera no haber modificado la realidad, salvo los nombres de los principales protagonistas, nos revela la mojigatería de una época en la que las relaciones amorosas entre personas de distintas condiciones sociales no estaban libres de críticas y controversias. Aun así, los protagonistas deciden proseguir con su romance, hasta que Julián, en vísperas de una posible guerra con el Perú, debe unirse al ejército en su condición de sargento; un desafortunado acontecimiento que le impide casarse con Claudina antes de marcharse a la contienda, pero como ella está embarazada y profundamente enamorada, sufre una irreparable desilusión y decide suicidarse despeñándose desde una quebrada de Hurmiri, ubicada al sud del majestuoso Illimani.

Muerta Claudina, Julián pierde la razón e intenta también acabar con su vida precipitándose desde la misma roca hacia el fondo del abismo, pero sus camaradas se lo impiden a tiempo, aunque los recuerdos de Claudina permanecerán en su mente y su corazón por el resto de sus días.

La tragedia estaba consumada, pero el autor no da pistas sobre la ascendencia de Julián, probablemente, por no mellar la dignidad de una respetable familia entroncada en una época llena de prejuicios sociales, raciales y morales, en la que las relaciones informales, sin previo matrimonio civil y religioso, estaban mal vistas tanto en las familias de alto abolengo como en las familias de humilde cuna.

En Claudina, aparte de narrarse una historia de amor que, de un modo consciente o inconsciente, sigue siendo una temática actual en sociedades jerárquicas y conservadoras, el autor no sólo logra rescatar una tragedia humana que pudo haber sucumbido entre las brumas del olvido, sino que, asimismo, deja constancia de que las relaciones entre personas de diferentes condiciones sociales son tan atractivas como dramáticas.

Me parece excelente todo lo que se hizo por poner al alcance de los lectores el libro de José Simón de Oteiza y, como parte inherente de la promoción, todo lo que se dijo en torno a la trama y los personajes. En lo que no estoy muy de acuerdo es en que la obra haya sido definida como novela; cuando en realidad, debido a su extensión -apenas 51 páginas-, podía haber sido clasificada dentro de otro género literario.

Si bien es cierto que en español no se dispone de una denominación concreta para este tipo de narraciones, como ocurre en el francés (nouvelle) o el inglés (short-story), es cierto también que la obra Claudina, tanto por su estructura como sus recursos narrativos, merecía ser definida como novela corta o novela breve, pero no como una novela a secas.

La novela, por lo general,  es una narración extensa, que aprovecha todos los recursos narrativos para desarrollar los temas  y se extiende en exhaustivas caracterizaciones físicas y psicológicas de los personajes. La novela, a diferencia del cuento o el relato, resulta ser una suerte de campo abierto que le permite al escritor moverse con mayor soltura y libertad, sin subordinarse demasiado a los límites de tiempo y espacio. Además, suele redundar en largas digresiones y descripciones de acciones, escenarios y circunstancias, aparte de que, en el mejor de los casos, está integrada por varios personajes, múltiples historias cruzadas o subordinadas unas a otras, sin descartar la posibilidad de insertar en los capítulos, a modo de intercontextualidades, otros elementos literarios como los textos epistolares o los documentos relacionados con la temática central de la novela.

Por los factores arriba mencionados, podemos deducir que Claudina, de José Simón de Oteiza, no fue concebida como una novela propiamente dicha, sino como una prosa nacida de la necesidad de relatar un trágico suceso, pero sin predefinir la extensión que debía tener la obra, la misma que no presenta las características propias de una novela de largo aliento, en cuanto al desarrollo de los personajes y la trama, ni la economía de palabras y recursos condensados propios del cuento; razones por las que nos atrevemos a definirla no como un cuento largo, sino como una novela corta o novela breve.

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