lunes, 2 de marzo de 2026

CUENTOS BREVES

Los cuentos, cada vez más breves, ganan en vigor y en tiempo. El microcuento hace gala de una técnica narrativa que gira en torno a la brevedad brevísima. Toda palabra tiene un significado específico, como si la connotación semántica del significante constituyera el eje principal del principio, la trama y el desenlace de estas brevedades que, por sí mismas, se acomodan al poco tiempo que dispone el lector para experimentar un goce estético de la lectura de un relato estructurado sobre la base de una invención sintetizada y un puñado de palabras que componen una historia comprimida como el gas en una garrafa del tamaño de un puño.

Los cuentos breves, por su propia naturaleza, corresponden a un género literario que fue cultivado desde la antigüedad tanto en Oriente como en Occidente. Los autores, desde siempre y de un modo intuitivo, sintieron el deseo y el reto de crear microcuentos, que tuviesen la virtud de abreviar las historias que, de otro modo, podían extenderse tanto en el tiempo como en el espacio. El desafío consistía en contar un hecho real o ficticio en pocos minutos y en pocas palabras, como los buenos chistes, que son mejores, muchísimo mejores, mientras menos tiempo requieran para dar la estocada final, como lo hace el matador en el ruedo de toros.

No hay nada más valioso que un autor/a, después de haber pergeñado un cuento breve, sorprenda a los lectores con su ingenio y su capacidad de no quitarle tiempo al tiempo ni el poco tiempo que tiene el lector en una sociedad cada vez más intensa y estresante, donde el hábito de leer un libro impreso es cada vez menos atractivo. Así que el microcuento debe durar, en el mejor de los casos, lo que dura un orgasmo breve pero intenso.