lunes, 12 de diciembre de 2022

DOS HISTORIAS DE AMOR EN TATUAJE MAYOR

La novela juvenil de Gaby Vallejo Canedo, Tatuaje mayor, le permite al lector reconocerse en sus páginas, cuya temática se mueve sobre dos andamios que narran las historias de vida y de amor, por una parte, de la difunta abuela y, por otra, de la nieta de diecisiete años de edad, que se yuxtaponen a lo largo de la novela, aunque las historias están contextualizadas en tiempos y espacios diferentes.

Toda la novela comienza el día en que Ylonka entra en el cuarto de su abuela, donde encuentra una caja que contenía un fajo de papeles escritos a pulso, con pluma y tinta morada, metidos en un extraño álbum de cuero. Los papeles son una suerte de diario que su abuela escribió en su adolescencia, registrando la relación romántica, recatada e inocente que sostuvo con Antonio Eguez, un muchacho de familia humilde, a quien ella llamó Lucero misterioso. Se trata de una relación amorosa distinta a la que mantiene su nieta Ylonka con Andrés, quien prefiere mantener en secreto sus señas de identidad y los antecedentes de su vida familiar.

Según la confesión que dejó la abuela, es fácil deducir que el romance entre un hombre y una mujer era más sentimental y recatada a mediados del siglo XX, en la que un beso era un acto premeditado y hasta una demostración de amor envuelto en un halo de misticismo y hasta de cierto temor. En cambio, la relación amorosa de las muchachas del presente, donde las relaciones humanas y los conflictos sociales son algo distintos, es más espontánea, relajada y directa, con menos temores y prejuicios que en la pasada centuria.

Ambas historias tienen sus propias particularidades, marcadas por el contexto sociocultural, la época y las costumbres que caracterizan a dos mentalidades y comportamientos diferentes, pero son similares cuando se trata de desnudar los sentimientos universales como el amor y el desamor. En este contexto, los sentimientos de la abuela y de la nieta son similares, porque corresponden a instintos naturales que son universales. Por lo tanto, la autora nos da a entender que el amor no conoce límites ni está determinado por condiciones socioeconómicas o, dicho de otro modo, cuando llega el amor, llega sin avisar y mientras menos se lo espera.

La nieta lee los papeles de la abuela, página tras página, y se comunica imaginariamente con ella, como si todavía estuviese viva, como si sus almas, experiencias y vidas formaran parte de un mismo puente. Ylonka está empeñada en descubrir las emociones de alegría y las dificultades que le planteaba su relación con un muchacho de una condición social modesta, sin muchas oportunidades de estudio ni prosperidad, hasta el día en que el Lucero misterioso realiza un viaje a Santa Cruz para no retornar más, haciendo que la distancia y el olvido conviertan el apasionado amor en un dulce engaño, con promesas e ilusiones rotas por el destino.

Desde un principio se advierte que la relación amorosa de la nieta es distinta a la que mantuvo la abuela, porque en una sociedad moderna y globalizada, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, aparecen fenómenos sociales, como son las tribus urbanas, que determinan el pensamiento y la conducta de los jóvenes y adolescentes.

Esta novela juvenil demuestra que su autora, conocida por sus novelas destinadas a los lectores adultos, es capaz de sorprendernos con obras infantiles y juveniles, que están elaboradas a partir de un amplio conocimiento pedagógico, cuyos instrumentos educativos sirven para transmitir enseñanzas de vida a los jóvenes lectores que necesitan de escritores/as que cuenten historias que les toquen las fibras más íntimas y los convoquen a una reflexión individual y colectiva.

Gaby Vallejo Canedo nos entrega, con la misma entereza y convicción de siempre, una obra que vale la pena ser leída por su temática y su fuerza literaria, pero también por el mensaje aleccionador de humanismo, luchas y esperanzas. A los lectores solo les queda disfrutar de su escritura que, sin didactismos ni moralejas, permite aprender de su experiencia personal y su manera de contar historias dignas de ser promovidas dentro del sistema educativo, como si estas formaran parte de nuestras propias vidas, ya que los relatos amorosos tanto de la abuela como de la nieta reflejan los sentimientos más profundos que experimentan las personas en su adolescencia, cuando asoma por primera vez el amor, con sus luces y sus sombras, dejando sus tatuajes en la mente y el corazón.

El libro tiene varias facetas que pueden ser aprovechadas por los educadores para entablar discusiones sobre temas que conciernen a los alumnos de educación media. No pocos de ellos se identificarán con las emociones, los secretos y la problemática de los protagonistas, que son seres arrancados de una realidad social conocida por quienes viven en urbanizaciones cosmopolitas como Cochabamba, donde las pandillas, cuya presencia no pasa desapercibida en las calles céntricas de la ciudad, buscan distinguirse del orden social dominante y desafiar los códigos culturales como un mecanismo de descontento y rebelión.

El libro, a través del relato de la nieta, que conversa con su abuela, ya fallecida, a partir de un diario que ella escribió en su adolescencia, retrata los amores entre adolescentes , que se inicia de manera ingenua e incondicional, pero también la historia de una familia de clase media y socialmente disfuncional de la que proviene el enamorado de la nieta, Andrés Pereira Cuba, con una madre alcohólica y un padre ausente en su vida; una existencia con vacíos emocionales que lo empujan a buscar refugio, respeto y reconocimiento en una pandilla dedicada a actividades ilícitas en el underground (subterráneo), donde no interesan los apellidos familiares ni las condiciones sociales, salvo que el nuevo miembro esté interesado en integrarse a la pandilla, porque cuando un adolescente se une a un grupo es porque, de manera consciente o inconsciente, se identifica tanto con el pensamiento de sus miembros como con sus símbolos.

Al lector le queda claro que el enamorado de Ylonka, un muchacho que se dedica a tatuar signos e imágenes en la piel de los clientes, como a ella le tatuó en una zona sensible de su cuerpo, es miembro de una agrupación marginal, cuyos integrantes se resisten a las normativas de la sociedad tradicional, pero que, al mismo tiempo, emprenden un modelo de subcultura, propia del capitalismo en su fase de crisis y descomposición, donde no faltan los seres insensatos involucrados en el acoso sexual, la violación grupal y el tráfico de órganos humanos.

Las tribus urbanas son, en esencia, agrupaciones de adolescentes en la sociedad contemporánea, organizadas en pandillas o bandas citadinas que comparten un universo de intereses comunes contrarios a los valores socioculturales de la sociedad normalizada, mediante códigos y conductas subyacente a la cultura oficial o hegemónica, con identidades compartidas de manera grupal y expresadas a través de ciertos hábitos y comportamientos que los diferencia del resto por su estilo de vida, que se exteriorizan por medio de la ropa, gusto musical, lenguaje, maquillaje, danza y símbolos tatuados en la piel, incluidos el consumo de drogas y alcohol.

La lectura de Tatuaje mayor, con toda la carga psicosocial implícita en el modus vivendi de los personajes, ayuda no solo a desentrañar el complejo mundo de ciertas familias que, a veces, está oculto entre las cuatro paredes del hogar, sino también a comprender mejor el oscuro mundo de los pandilleros.

A pesar del desenlace trágico del enamorado de Ylonka, quien es asesinado en una reyerta de pandillas, la autora nos deja el mensaje de que la vida sigue su curso y que las esperanzas no se pierden jamás. Aquí es donde la voz de la abuela, que Ylonka parece escuchar como cada vez que estaba triste, le dice: Resiste. Los sufrimientos solo sirven cuando van a construir algo. De modo que al final, a la protagonista principal de la novela no le queda otra alternativa que abrazarse a su guitarra, como si fuese un instrumento que ayuda a superar las penas y la pérdida de los seres queridos, para acceder a canciones poéticas interpretadas por voces privilegiadas como la de Andrea Bocelli.

Este libro es un buen ejemplo de que la literatura juvenil puede cumplir una función terapéutica para los adolescentes que buscan una luz de esperanza en un túnel oscuro que se presentan en algún momento de sus vidas. Las historias narradas, con sus ilusiones, dificultades, dramatismos y esperanzas, son elementos que ayudan a respirar aires que, después de las desilusiones y la muerte, recuerdan que la vida sigue su marcha y que uno no tiene el porqué desmayar ante las vicisitudes que, una y otra vez, se manifiestan como tatuajes plasmados en la mente, la piel y el corazón.

 

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